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Ayuntamiento de Valladolid

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  • Añadido el 21 de abril de 2015
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    El Puente que nunca fue Colgante

    El segundo puente más antiguo de Valladolid, el Puente Colgante –que, pese a su nombre, no lo es-, celebra este mes 150 años desde su inauguración oficial. Después de 800 años con un único paso sobre el río Pisuerga, el Puente Mayor, la ciudad inauguró su segundo puente el 20 de abril de 1865 . […]
  • Añadido el 5 de abril de 2016
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    El desaparecido Hospital Esgueva: cuando Valladolid perdió la casa de su fundador

    La pérdida de patrimonio que sufrió Valladolid a mediados del siglo pasado tiene uno de sus episodios más tristes en el derribo de la casa de su fundador en 1970, sustituida por un edifico de viviendas en consonancia con el crecimiento demográfico de la ciudad. El palacio del conde Ansúrez, situado en lo que hoy es la […]
  • Añadido el 26 de junio de 2014
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    150 años de espectáculo: el Teatro Calderón

      Valladolid era un ciudad en ebullición a mediados del siglo XIX. La llegada de la industria y el desarrollo económico fue también la llegada de la clase burguesa, que puso sus miras en las altas clases europeas. Este afán de europeizar Valladolid fue el caldo de cultivo en el que crece una gran vida cultural en la […]
  • Añadido el 9 de febrero de 2016
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    Adiós al Octógono: el incendio de la Academia de Caballería de Valladolid

    Cuando la Academia de Caballería llegó a Valladolid, en 1852, mucho distaba su imagen de la que ofrece en la actualidad –la más compartida de la ciudad en Internet, según Sightsmap -. Su primera sede en la ciudad, conocida como el octógono ,se encontraba en la misma parcela en la que hoy se levanta la […]
  • Añadido el 20 de enero de 2016
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    Valle de aguas: una historia de inundaciones en Valladolid

    Una de las teorías acerca del nombre de Valladolid apunta a su posible relación con la expresión ‘vallis toletum’, valle de aguas. Asentada sobre el río Pisuerga y sobre los tres ramales de su hermano menor, el Esgueva, la ciudad ha sido testigo de numerosas inundaciones que hacen honor al posible origen de su toponimia. […]
  • Añadido el 2 de marzo de 2012
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    Valladolid bajo las bombas.


    Por Enrique Berzal
    Terror a la represión, por supuesto, pero también a los bombardeos de la aviación republicana: de hecho, Valladolid fue la sexta ciudad de la retaguardia más bombardeada después de Córdoba, Palma de Mallorca, Granada, Ávila y Sevilla. El ruido de sirenas era algo aterrador: De súbito, familias enteras bajaban a los sótanos para ponerse a salvo. Junto a los refugios improvisados, las autoridades terminaron proyectando otros en la Plaza Mayor y en Fuente Dorada, mientras los vallisoletanos costeaban la construcción del aeropuerto de Villanubla para hacer frente a los aviones «enemigos».
    A la izquierda, sede de 'Diario Regional', donde se
    registró un fuerte bombardeo en abril de 1937

    Según la prensa, fueron nueve los bombardeos en la capital y otros once en seis localidades de la provincia; hay quien habla de más de 50 muertos, mientras otros aportan una cifra precisa: 68 y 325 heridos. El Norte de Castilla, por su parte, consigna 412 afectados por los 20 bombardeos acontecidos en la provincia.
    Hace unos años, José Delfín Val tuvo la deferencia de hacerme llegar un informe sencillo, elaborado en marzo de 1938 por la Delegación local de Falange, que daba cuenta, con todo detalle, de los bombardeos acaecidos en la capital. Arrojaba la cifra de diez ataques, 183 muertos y 861 heridos.
    He aquí los datos concretos: todo comenzó un 1 de agosto de 1936 a las 8:30 de la mañana: 30 cuerpos sin vida y 120 heridos. Dos días después los aviones asediaban la capital mañana y tarde, con 12 horas exactas de diferencia. Entre uno y otro bombardeo fueron 29 las víctimas mortales y 126 los heridos. El día 5 no dejaron que llegase la hora del aperitivo: a la una de la tarde se cobraban 25 muertos y 110 heridos. Luego, un mes y 18 días de tranquilidad. El 23 de septiembre, a las 12:30, una bomba acababa con la vida de dos personas y 130 quedaban afectadas con heridas de distinta envergadura.
    Combatientes de Valladolid, en el Alto del León.

    La mañana del 8 de abril de 1937 fue estremecedora: un nuevo avión segaba la vida de 60 vallisoletanos y hería a 24. El 21 de mayo ocurrió a las tres de la tarde: esta vez dejó 15 muertos y 60 heridos. No habían pasado 24 horas cuando otro artefacto acababa con la vida de 7 personas y hería a otras 20. El bombardeo del 16 de agosto produjo la muerte de una mujer y dejó cinco heridos. De ahí que a finales de año la Cámara de la Propiedad Urbana hiciera un llamamiento a los vallisoletanos para que engrosasen «las Mutualidades para cubrir el riesgo de bombardeos».
    Hasta que llegó el fin. Era enero de 1938 y el ejército republicano atravesaba malos momentos. La batalla de Teruel aún no había decidido nada y los dos ejércitos se mantenían con las espadas en alto. Todos se preparaban para el combate decisivo.
    El día 25, la aviación republicana bombardeó Sevilla y Valladolid en una operación auspiciada por el general ruso 'Duglas' e Hidalgo de Cisneros, comandante en jefe del arma. En la ciudad del Pisuerga se cobró la vida de 14 personas e hirió a otras 70. Indalecio Prieto, ministro republicano de Marina y Aire, protestó: la decisión había sido tomada a espaldas suyas. 48 horas más tarde, los nacionalistas respondían con un violento raid sobre Barcelona que produjo 150 muertos y 500 heridos. Un mes después, el 'Nuevo Estado' franquista recibía una nota de Prieto proponiendo el cese de los bombardeos de ciudades por ambos bandos. La respuesta de Franco fue que allá donde existiera industria de guerra se seguiría bombardeando.

  • Añadido el 16 de noviembre de 2012
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    Valladolid ve la luz

    Edificio de la Electra Popular Vallisoletana

    Por Joaquín Martín de Uña
    Si a los primitivos habitantes del caserío vallisoletano se les hubiera ocurrido pensar que llegaría el momento en que la iluminación de sus vías públicas dejaría de ser un problema y se convertiría en algo tan habitual que únicamente la falta de suministro haría recordar lo imprescindible de la iluminación nocturna, quizá hubieran pensado que se trataba de un sueño irrealizable que tendría lugar muchos años después. Y estarían en lo cierto.
    Quizá primero fueran las rondas nocturnas de las fuerzas de orden de la ciudad quienes aportaran la luz vacilante de sus rudimentarios medios, luz y compañía a los transeúntes en las oscuras noches.
    Años más tarde las vías públicas principales comenzaron a iluminarse con antorchas y recipientes de barro que contenían aceite y una mecha situados en lugares oportunos y de forma constante, sistemas de iluminación utilizados en la celebración de fiestas públicas uno de cuyos complementos fue la iluminación de algunos edificios públicos, así como la de fachadas y altares de las iglesias penitenciales.
    A mediados del siglo XIX, cuando ya la iluminación pública correspondía a los ayuntamientos, comenzaron a instalarse en las esquinas de las calles faroles de reverbero de aceite (1837), gas (1850) y petróleo (1870), así como en paseos y plazas se situaron farolas de candelabro, con un número variable de brazos, alimentadas por dichos combustibles, lo que dio lugar a que se hiciera familiar en las calles vallisoletanas la presencia de los faroleros, llevando una escalera y una larga caña con una mecha y un cono de zinc, con el cual encendían y apagaban faroles. Al final del siglo llegó la revolución de la luz eléctrica.


    Traslado a los Filipinos de los restos de Fray Alonso de Orozco el 8 de diciembre de 1882. / M. DE U.

    Inauguración
    En una noticia publicada por EL NORTE DE CASTILLA en 1882 se comunicaba la inauguración de la luz eléctrica «en todos los establecimientos de esta capital y algunos particulares», si bien continuaron en servicio mil farolas de reverbero y gas, como recoge María Antonia Virgili en 'Urbanismo y Arquitectura en Valladolid en el siglo XIX'. En 1906 comenzó a funcionar la Electra Popular VallisoletanaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, tras acuerdos con El Porvenir de Zamora y Electricista Castellana, siendo propietaria del salto de agua del Cabildo e inaugurándose la central el 20 de febrero en 1906. En 1908 la firma vallisoletana Anselmo León SA inauguró el salto de agua situado en la desembocadura del Esgueva.
    Las ferias y fiestas de San Mateo fueron una de las grandes beneficiadas por el nuevo descubrimiento, no solo por la iluminación de paseos y templetes durante su celebración, sino por su utilización en las primeras proyecciones cinematográficas y en la música de los discos que alegraron dichas celebraciones. 
    En las ferias de 1885 se resaltó «la brillante iluminación de gran novedad y sorprendente efecto», así como «la iluminación de forma caprichosa del templete de la glorieta de la Plaza Mayor». En 1888 se iluminaron el Campo Grande y el templete de la Plaza Mayor «por medio de seis arcos voltaicos». La iluminación electrónica, las lámparas de bajo consumo y un largo etcétera vendrían más tarde.
    -Fuente:  El Norte de CastillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva
  • Añadido el 24 de octubre de 2012
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    El derrumbe de la torre de la Catedral

    Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes (www.azulín.esEste enlace se abrirá en una ventana nueva), portada del libro La buena MozaEste enlace se abrirá en una ventana nueva
    de Miguel Ángel Galguera

    El mes de mayo de 1841 había comenzado en Valladolid con muy mal tiempo, con lluvias torrenciales y vientos de mucha fuerza. Durante todo el mes siguió más o menos la lluvia y el viento. El día 31, segundo día de la Pascua de Pentecostés, se celebraron en la catedralEste enlace se abrirá en una ventana nueva los Oficios correspondientes y los vallisoletanos se disponían a ir a la romería del Carmen, según la costumbre. A las 12 de la mañana arreció el temporal de agua, viento y granizo y los ciudadanos tuvieron que ponerse a refugio en sus casas. A las 3 de la tarde cesó la tormenta y la vida volvió a su quehacer diario. Horas después, cerca de las 5 de la tarde Valladolid se vio conmocionada con un ruido terrible y las casas cercanas sintieron una gran trepidación como consecuencia del derrumbe de la torre que se había venido abajo casi por completo, a partir del último cuerpo, el ochavado, donde estaban colocadas las campanas, arrastrando gran parte del tercer y segundo cuerpo, con el reloj incluido. Parte del derrumbe cayó a plomo sobre la fábrica de la catedralEste enlace se abrirá en una ventana nueva, sobre la capilla del Sagrario, destrozando la bóveda, y parte cayó sobre el lado que daba a poniente, cegando momentáneamente el cauce del río Esgueva. En su caída se llevó por delante las bóvedas, vigueteados, escaleras, balaustradas y cornisamientos y el antiguo rollo conocido como el león de la catedralEste enlace se abrirá en una ventana nueva que había sido trasladado desde la plaza de Santa María al atrio de la catedral. Tanto el historiador Matías Sangrador y Vítores como el periodista José Ortega Zapata narraron punto por punto estos acontecimientos. Ortega Zapata lo comentaba así:
    […] fue como si hubiesen disparado muchos cañones a la vez; y la ciudad y las habitaciones de las casas se vieron envueltas en densísima nube de polvo, casi impalpable, pero que asfixiaba […]
    Grabado de Fournier que muestra la fachada de la catedral
    de Valladolid antes de la caída de la torre en 1841

    No hubo ningún muerto y sólo dos personas resultaron dañadas: el campanero Juan Martínez y su esposa Valeriana PérezEste enlace se abrirá en una ventana nueva que tenían su vivienda en la torre en un cuarto junto al campanario. Al campanero le dio tiempo de cobijarse en uno de los vanos del tercer cuerpo que por fortuna no cayó con el derrumbe, pero la campanera cayó junto con los elementos de la torre que la "depositaron" entre escombros en la capilla del Sacramento, protegida por una viga. La mujer pasó 30 horas en aquella posición hasta que fue rescatada; estaba maltrecha y muy golpeada pero con vida.
    Intervención de las autoridades
    Las autoridades municipales, civiles, militares y religiosas acudieron sin demora al lugar de los hechos y se reunieron para decidir urgentemente los pasos a seguir. Llegó el alcalde Mariano Campesino, las tropas de guarnición, organizaron grupos de observación para estar alertas a posibles nuevos desprendimientos, otros grupos para el orden público, otros para salvaguardar el resto de la catedralEste enlace se abrirá en una ventana nueva y evitar el pillaje. También fue incluido como ayuda y mano de obra un grupo de presidiarios de los que estaban confinados en las dependencias del monasterio de San Pablo. A continuación llegaron los arquitectos, los maestros de obra y varios albañiles provistos con sus herramientas.
    Decidieron trasladar todos los objetos de la iglesia a otras parroquias y el alcalde tomó posesión de las llaves de las puertas para dejarlas bien cerradas y abrirlas sólo para que los obreros pudieran entrar y salir en el transcurso de las obras que empezarían muy pronto. El Cabildo catedralicio agradeció a todos su presencia y ayuda y así lo hizo constar en el Libro de Actas.
    Dibujo de Isidoro Domínguez Díez que muestra el derrumbamiento de la torre de la catedral de Valladolid.

    Desmantelamiento de las ruinas
    El informe de los arquitectos a la vista de cómo había quedado la torre fue desalentador. "El estado que presenta la torre es completamente desesperado". El Ayuntamiento tenía prisa por emplear medidas eficaces para evitar daños mayores de futuros desprendimientos de las ruinas que aún quedaban en pie. Se procedió en primer lugar a despejar toda la zona de los escombros caídos y una vez realizado este trabajo y siguiendo los consejos de los profesionales, se tomó la decisión de hacer el desmonte de la parte de la cúpula y del octógono que se mantenía en pie de forma muy insegura. Tanto el Ayuntamiento como el Cabildo se encontraban bastante escasos de fondos pero además no era fácil encontrar gente que quisiera hacer un trabajo tan peligroso. Fue entonces cuando se presentó voluntario Francisco González, un presidiario que cumplía condena por homicidio y que presentó un plan para proceder al derribo, con un presupuesto bastante bajo de 10.500 reales y como pago de su trabajo, la exención de su pena; los arquitectos estudiaron y aprobaron el plan que se fue desarrollando con éxito y que concluyó el 14 de agosto de 1841.
    Pero las autoridades no se conformaron con el desmonte de lo estrictamente ruinoso considerándolo insuficiente y decidieron que debía continuarse hasta llegar al primer cuerpo de la torre, es decir a la misma altura en que se encontraba la base de la torre de la parte este. Francisco González estuvo de acuerdo en seguir con la obra emprendida, pero esta vez cobrando, ya que había cumplido con lo pactado anteriormente. El Ayuntamiento le entregó 170.000 reales y la demolición continuó hasta la altura en que puede verse en la actualidad. Mientras tanto se iba haciendo muy despacio la labor de despejar los escombros acumulados de nuevo, salvando en lo posible los materiales que pudieran servir. Los compró el Ayuntamiento y se ocupó de su traslado, pero el resto de cascotes y escombro inútil permaneció en el sitio hasta el año 1843. También se fueron abriendo las calles afectadas, para que la ciudad volviera poco a poco a la normalidad.
    Restos de la torre hundida en 1841 tras el proceso de demolición, con
    la cornisa destrozada por el efecto de la caída de las piedras.

    Así quedó la primera y única torre de la catedral que nunca más fue levantada de nuevo. La catedral se vio sin torre, sin campanas y sin reloj. Las campanas y el reloj eran todo un símbolo y una necesidad para la población que confiaba tanto en unas como en otro, para los acontecimientos religiosos y de otra índole y para la distribución de su tiempo. La torre de la catedral y su reloj se veían desde cualquier punto de Valladolid y esa referencia se había perdido para siempre. Así, la vecina Universidad tuvo que construir una torre propia en 1857 para poder colocar un reloj en ella, pues hasta 1841 se había regido por el reloj catedralicio.
    Torre del lado de la epístola
    La segunda torre, la que se conserva, es obra del siglo XIX. Su primer cuerpo, de planta cuadrada, estaba ya edificado en simetría con la torre de poniente.
    En 1848 hubo un primer intento de reconstruir la torre perdida, pues el Cabildo pidió al arquitecto Epifanio Martínez de Velasco un estudio sobre el particular. Esto no siguió adelante hasta que en 1861 el Cabildo pidió al arquitecto Vicente Miranda un informe para levantar la torre en el mismo lugar que la anterior. El arquitecto, abrumado por la responsabilidad, pidió la creación de una comisión de arquitectos para ello, lo que se llevó a cabo. Estaba formada por Miranda, Jerónimo Ortiz de Urbina, Segundo Rezola y José Fernández Sierra, bajo la dirección de Antonio Iturralde Montel. Decidieron llevar a cabo una serie de catas en la base de la torre perdida y en la del lado de la Epístola. Un año después, en 1862, firmaban el proyecto. Éste trataba de construir ambas torres de la fachada de la Catedral siguiendo la forma de la torre desaparecida (es decir la torre trazada por Herrera más el remate ochavado) pero suprimiendo el segundo cuerpo de la torre, que tenía en los alzados dos ventanas superpuestas. Así, las torres proyectadas eran notablemente más bajas que la desaparecida, pero más económicas. No obstante, el proyecto no se pudo realizar por falta de fondos.
    En 1878 se decidió construir la torre del lado de la Epístola siguiendo el proyecto de 1862. La dirección recayó en Antonio Iturralde Montel. En 1879 se subastaron las obras y empezaron a agruparse materiales en la Plaza de la Universidad. En 1880 se iniciaron las obras, con gran fuerza. Para subir las piedras, se instalaron dos máquinas de vapor. A finales de año, el cuerpo de base cuadrada con los grandes arcos (el segundo piso) estaba ya a la altura de los arranques de los arcos y se empezaban a montar las cimbras para realizarlos. Sin embargo, la falta de fondos hizo que las obras se pararan poco después. En la primavera de 1884 las obras comenzaron de nuevo. A finales del verano, estaba ya concluido el segundo piso, con sus grandes arcos, hasta la barandilla. Durante el otoño e invierno, se construyó el cuerpo octogonal y se subieron las campanas el 27 de marzo.
    La Catedral sin las dos torres

    La torre, sin la cúpula de remate ni el cuerpo ochavado finalizado (de los ocho arcos para las campanas sólo tenía terminados dos), se inauguró el 4 de abril de 1885, día de Sábado Santo, en la Vigilia Pascual, que antes de 1951 se celebraba el sábado por la mañana en vez de por la noche. El acto comenzó con el toque a Gloria de la campana dedicada a San Miguel Arcángel, que procedía de la antigua torre derrumbada y que se había guardado y conservado.En agosto de este mismo año de 1885 se terminaron los arcos restantes y a las 5 de la tarde del día 11, el arzobispo de Valladolid Benito Sanz y Forés, en otra solemne ceremonia bendijo los arcos concluidos y la colocación de las otras cinco campanas.
    La torre durante la fase de construcción
    Pronto empezaron las críticas por la escasa esbeltez y altura de la torre (es fácil imaginarse el efecto sustrayendo de la torre actual la estatua del sagrado Corazón, cúpula, y el piso del reloj y tercer piso del cuerpo ochavado) y porque las campanas no se oían por ser demasiado baja la torre. Así, Antonio Iturralde se vio obligado a hacerla más alta que lo proyectado en un principio. A principios de 1886 se aprueba el proyecto de reforma de la torre, que añadía sobre lo construido dos pisos más, ochavados, uno con el reloj y otro con una nueva sala de campanas, rematando con cúpula. A principios de la primavera de 1887 se terminaba el cuerpo del reloj y a finales del verano se estaban terminando los arcos del último piso ochavado, la nueva sala de campanas. En ese momento, surgen dudas sobre la estabilidad de la torre, pues Iturralde no había hecho cálculos de pesos ni de resistencia de materiales. Solventados estos problemas, en 1888 se subían las campanas al tercer piso del cuerpo ochavado, donde hoy se siguen encontrando. La torre se remató en 1890 con un tejado de escasa pendiente en lugar de la cúpula proyectada y un pararrayos.
    Todavía quedaba por terminar el remate de la balaustrada, la cúpula y una linterna con que debía rematarse el proyecto. La falta de recursos hizo que de momento se cubriera de forma provisional a la espera de su culminación que llegaría años después.
    Fachada de la catedral de Valladolid. La fotografía es anterior a1923 por lo que la torre se encuentra sin la estatua del Sagrado Corazón.

    Fin de las obras
    En 1911 se instaló en la torre un reloj de cuatro esferas. En 1923 continuaron las obras para la culminación. Se construyó la cúpula, pero la linterna proyectada fue sustituida por la estatua del Sagrado Corazón, obra del escultor Ramón Núñez y en 1924 con la instalación del pararrayos en la estatua, se dio por finalizada la obra de la construcción de esta torre que se había iniciado en 1880.
    Estado actual de la Catedral

    Es lunes de Pentecostés del años 1841, mientras la gente regresaba de la romería del Carmen de Extramuros, la torre de la catedral de Valladolid -a la que los ciudadanos llamaban con orgullo la Buena Moza- se vino al suelo con gran estrépito arrastrando en su caída a Valeriana, la mujer del campanero. Recuperando algunos personajes reales e inventando otros, Miguel Ángel Galguera nos traslada, a partir de este singular episodio de la historia, a una época de bravucones y señores, guapas y trabajadores, gitanos y alguaciles, que verán cómo un gallego es el único capaz de tumbarse él solo a la Buena Moza de Valladolid.

    -Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/Torres_de_la_catedral_de_ValladolidEste enlace se abrirá en una ventana nueva
  • Añadido el 20 de agosto de 2012
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    El incendio de la Iglesia de San Pablo de 1968


    El pavoroso incendio se declaró el 9 de septiembre de 1968. El fuego fue descubierto durante la celebración de una de las misas de primera hora de la tarde. Inmediatamente se dio orden a los fieles para que abandonaran el templo, cosa que llevaron a cabo con relativa calma. 
    Rápidamente comenzaron a verse las llamas en la bóveda de la iglesia. A las tres y media de la tarde ya se habían perdido, por lo menos, la mitad de la bóveda, obra de mediados del siglo XV, pintada por Carducho.
    Con la mayor celeridad fueron avisados los bomberos del parque de esta ciudad. También fueron avisados los de Palencia.
    Tan pronto como fue divulgada la noticia del incendio, se presentaron en el lugar del suceso el capitan general, gobernador civil, alcalde de la ciudad, jefe superior de Policía, delegado provincial del Ministerio de Información y Turismo, jefe de la Policía Armada, otras autoridades y arquitectos municipales.
    Se trabajó intensamente para evitar que el fuego se propagase al Museo Nacional de Escultura PolicromadaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, edificio contiguo a la iglesia de San PabloEste enlace se abrirá en una ventana nueva.
    Las pérdidas fueron de gran consideración, debido a las obras de arte que contiene el referido monumento. El siniestro se inició en la bóveda superior del altar mayor.

    -Fuente: Diario ABC
  • Añadido el 8 de mayo de 2012
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    FASA 00001. El primer Renault fabricado en Valladolid

    El miércoles 12 de agosto de 1953 desfilan sin matrícula por las calles de Valladolid los primeros Renault 4/4 fabricados en FASA. Hicieron el recorrido partiendo de la fábrica y se estacionaron en la Plaza Mayor, delante del Ayuntamiento, para la presentación oficial.
    De aquel primer desfile se hacía eco la prensa local, con titulares como "Once Renaults por las calles de Valladolid" o "Los primeros once automóviles de la FASA desfilaron ayer por las calles ".
    Enrique Martín Mingarro (Madrid 1949). Restaurador y conservador, localizó en 1997 en un desguace de Madrid el primer Renault 4/4, denominado FASA 00001, que sorprendentemente había sido "tirado" por la mismísima FASA. 
     Estado en que fue encontrado el coche antes de ser "rescatado del desguace"
    Tras ser adquirido, en marzo de 2002 comenzó el laborioso proceso de restauración dado el pésimo estado en que se encontraba el vehículo y que finalizaría 18 meses después. Enrique organizó la celebración de 50 años de la Fabricación del 4/4 en Valladolid en Septiembre de 2003, donde se presentó por primera vez el FASA 00001, con matrícula M-106741, ya restaurado y colaboró activamente en la exposición "El 4/4 y FASA. De Valladolid al éxito", celebrada en el Museo de la Ciencia de Valladolid entre mayo y octubre de 2005, cediendo el nº 00001 y aportando mucho del material expuesto. El pequeño 4/4 fue trasladado pero, sin embargo, volvería al lugar que lo vio nacer el 16 de mayo de 2007: al Museo de la Ciencia, donde permanecerá de manera permanente como muestra fundamental del patrimonio.
     El vehículo una vez restaurado
     No cabe duda de que este coche supuso en su época toda una revolución social, empresarial y económica, y que su rescate es un acontecimiento importante para la historia de Valladolid. De ahí que la Junta de Castilla y León lo declarase el 17 de diciembre de 2004, Bien de Interés Cultural, una distinción única con la que hasta el momento sólo cuenta esta pequeña joya.
    "La restauración del FASA 00001 ha consumido una parte importante de mi vida, llevándose dedicación, favores, desembolsos y sacrificios. Se la dedico a mi mujer y mis hijos, con el deseo de que sepan valorar lo que una ilusión hecha realidad puede significar"
    Enrique Martín Mingarro
    -Fuente de las fotografías: FASA y el 4/4. Así comenzó todo. ISBN: 978-84-92535-14-9. Coordinación editorial: Enrique Berzal de la Rosa. Publicado por el diario El Mundo en 2009.
    -Fuente del texto: FASA y el 4/4. Así comenzó todo. ISBN: 978-84-92535-14-9 y      http://blogmuseocienciavalladolid.esEste enlace se abrirá en una ventana nueva
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