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Ayuntamiento de Valladolid

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Listado de entradas

  • Añadido el 16 de octubre de 2017
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    Radio Valdeprado instaló en su escaparate un receptor donde los atónitos vallisoletanos pudieron disfrutar de las primeras emisiones de televisión
    La hacedora del milagro fechado el 19 de julio de 1959, una emisora provisional de 50 watios instalada en la sierra de Navacerrada.
    «La TV ha llegado a Valladolid», recordaba el extinto Diario Regional, que (y como si de un serial de suspense se tratara) venía informando de los pasos tecnológicos que posibilitarían la irrupción de las aventuras de Cisco Kid y el Agente X o las propuestas musicales de Hoy es fiesta y Alta Fidelidad en los salones de algunos privilegiados y en las vidas de quienes frecuentaban El Café del Norte, el Salón Ideal y el Ideal Nacional, los tres establecimientos de la ciudad que estrenaron "contertulio". «Estos días hemos visto cómo la charla bajaba de tono cuando la acción de la pantalla tenía más interés y había quien se olvidaba de su café, ya frío, pendientes de las predicciones meteorológicas de don Mariano Medina», describía el reportero Rafael González en la edición del 8 de agosto de 1959, en la que se publicaba una curiosa foto tomada en el antiguo café Ideal Nacional. En ella, un técnico «montando guardia junto al receptor», subido a una escalera para vigilar su correcto funcionamiento. Escenas de las que fue protagonista el fundador de la empresa de telecomunicaciones Reantel y padre de quien habla, Josué Santiago. «Las primeras instalaciones fueron en bares y teleclubes de pueblo. Era muy poquita la gente que compró uno, sobre todo del entorno de la Acera de Recoletos y la Plaza Mayor, porque los televisores salían carísimos». De 16.500 a 32.000 pesetas, el salario de seis meses a un año del español medio.
    Y así, a cuenta gotas, los pedidos a Marconi, Telefunken y General Eléctrica Española fueron llegando al almacén de Ruano, principal abastecedor de los vecinos de Las Delicias, Pajarillos o Vadillos-San Juan. «Teníamos las justas», recuerda Eladio Miguel, gerente del comercio fundado en la calle Labradores en 1954, «y el 99% se adquiría a plazos, con letras a pagar de 12 a 18 meses». Aparatos de 20 pulgadas «y mucho fondo» como el que, poco tiempo después, entraría en el piso de la calle de la Pólvora del que Bernardina Vallés hizo un hogar. Eso sí, pagado «al contado» con los ahorros de años.
    «Nunca se me olvidará la primera vez que la vi. Si prácticamente no había pisado ni Segovia cuando vinimos a vivir a Valladolid desde Navas de Oro...», y Vallés deja en suspenso la frase para recuperar las sensaciones de la joven madre que contemplara absorta los fastos que rodearon la boda de Balduino de Bélgica y Fabiola de Mora y Aragón en diciembre de 1960. El escaparate escogido en aquella ocasión por un tumulto de curiosos, «el de un comercio que había frente al salón de helados Ideal. Uno de los primeros de la ciudad en el que podías encontrar de todo». Estampas públicas que pronto dejaron paso a las reuniones de salón como las que congregaban cada viernes a los vecinos de esta segoviana, «éramos los únicos que teníamos televisor», con la interminable huida de El fugitivo como excusa. «La televisión se extendió enseguida, casi diría que más rápido que la radio porque en España ya se andaba mejor de manteca», apunta el septuagenario Eliodoro García mientras chasquea los dedos de su mano derecha e incide en que los más mayores «tardaron tiempo en comprender» cómo funcionaba aquel artilugio que popularizó «la voz del cordobés Matías Prats». El tenis de santana. En casa de Mª Carmen Gonzalo, hija del vigilante jurado de la fábrica textil de la calle Titán, el doctor Kimble cedió protagonismo al nacional Manolo Santana y «sus pantaloncitos cortos». «Los jefes pasaban por casa a ver los partidos», aclara quien rescata de la parrilla de los 60 y 70 Un millón para el mejor, Cesta y puntos, Crónicas de un pueblo... Pero, sobre el resto de la programación, aquellos primeros boletines informativos (la emisión comenzaba a las 20.45 horas) leídos en directo y sin imágenes. Telediarios que hablaban de lo sucedido a cientos o miles de kilómetros y que contribuyeron a construir un mundo globalizado y modificar el pequeño horizonte pucelano.
    «Los programas de radio nos mantuvieron embelesados de niños, pero la magia de la televisión era incuestionable», sentencia Eladio Miguel antes de invocar con nostalgia las tardes-noche de «bares de barrio y vino», de «sillas en la calle, de tertulia y juegos al sereno del verano» desbancadas por los encuentros frente a la (ahora más que nunca) caja tonta que ocupara un sitio privilegiado en la casa molinera de una tía. «Nos cambió y, poco a poco, acabó con la vida social»
  • Añadido el 5 de septiembre de 2017
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    Uno de los empresarios mas emblemáticos en la tierra de Campos fue Osmundo Margareto. Su primera incursión en el mundo del cine fue en el año 1939, cuando adquirió la subasta municipal para la utilización del Teatro Principal.
    A partir de estos momentos liderara el mercado comarcal de explotación cinematográfica, al abrir otras dos salas en Rioseco y también en otros pueblos de la comarca.
    La modernización del Teatro Principal y la búsqueda de superproducciones cinematográficas y teatrales inician los años dorados del cine.
    En 1950 pone las siglas de su nombre a la nueva sala que edifica en el antiguo Salón Ideal. Nacía así el cine Omy hasta su cierre en 1986.
    Las instalaciones fueron de las mas modernas para la época, llegando a tener, incluso, generador eléctrico para subsanar eventuales perdidas de luz.
    La capacidad superaba las trescientas cincuenta personas en butacas, principal y general. La película ¨ Las zapatillas rojas ¨ inauguro el establecimiento.
    El inmueble actualmente se encuentra en estado de ruina, esperando una improbable rehabilitación, lo que le condenará casi con toda seguridad a su desaparición.
  • Añadido el 27 de agosto de 2017
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    Por Raúl Benito González
    A principios de los años 40 del siglo XX, llegó a Cigales un matrimonio procedente de Cataluña. Él era catalán, se llamaba José Ferrer, ella de Cigales y se llamaba Antonina, aunque todos la conocían como Nina-.
    Venían con gran ilusión de construir un cine en Cigales, el pueblo de la Nina, porque según se comentaba entonces, este señor Ferrer llevaba varios cines en Barcelona y de ahí el gusanillo de querer construir un cine en Cigales.
    Había que buscar un terreno adecuado y se eligió un lugar llamado Glorieta, un descampado en círculo que estaba rodeado de acacias y donde solían hacer parada las ovejas merinas que hacían trashumancia de Extremadura a Soria y viceversa. De modo que allí comenzaron las obras con un resultado muy positivo.
    El cine se empezó en el año 1944 y se inauguró en 1946, el 1 de noviembre, con la obra de teatro Don Juan Tenorio, representada por la compañía de Ángel Velasco. El 25 de diciembre se estrenó con la película Sin novedad en el Alcázar y un documental. De esta forma nació el CINEMA FERRER. Fueron unos años muy bonitos y de esplendor para Cigales.

    Ya con el cine en su apogeo, teníamos el rito de los domingos a la salida de misa mayor, acercarnos la mayoría a ver la cartelera de la película que pondrían por la tarde -había una sesión de tarde y otra de noche- y además nos gustaba llegar a su hora para no perdernos el NO-DO, y también el reportaje que ponían de la película que pasarían al domingo siguiente.
    Pasó un tiempo de explotación del cine por el señor Ferrer, pero bien por motivos de salud, por los años, o por lo que fuera, el caso es que un día decició venderlo. Ferrer dejó el cine al último día de 1947.
    El 1 de enero de 1948 se hizo cargo del cine Heraclio Sanz, un labrador del pueblo de Cigales, y entonces se cambió de nombre. Pasó a llamarse CINEMA SANZ. 
    Pero por los años 60 empezaron a llegar las televisiones y entonces ya no hacía falta ir al cine, porque le tenías en casa a diario. De ahí el fracaso de los cines, no sólo en Cigales, sino en todos los pueblos.
    Con tal decadencia de público el cine se cerró. Estuvo unos años así, hasta que la fiebre de la construcción, o del ladrillo se lo engulló. Así que el terreno lo adquirió una constructora, lo derribó y el resultado, es un bloque de casas, que al menos se sigue conociendo como el edificio del cine. Y he  aquí el significado de ello. Y Cigales se va haciendo más grande y cada vez más y más... grande.

    Fuente:  CIGALES, HISTORIA VIVA: EN ESTA VILLA CONTAMOS TODOS (RAÚL BENITO GONZÁLEZ) , 2007
    ISBN: 9788478522590
  • Añadido el 12 de agosto de 2017
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    El Escudo de España en una fotografía de mediados de los años 60
    Su historia es la historia de tres generaciones que se remonta al 14 de marzo de 1914, cuando un emprendedor industrial vallisoletano, Julián de la Fuente Turienzo, que tenía una tienda en la calle Santiago dedicada a mercería y camisa a medida, adquiere un local en el número 12 de la Acera de San FranciscoEste enlace se abrirá en una ventana nueva (hoy calle Ferrari) y lo bautiza con el nombre de ‘El Escudo de Bilbao’, debido al gran número de universitarios de Bilbao que entonces estudiaban en Valladolid, pero por motivos políticos durante la guerra le taparon la fachada para evitar lios y le cambiaron el nombre por el de "El Escudo de España".
    Foto: J.M. Lostau para El Mundo Castilla y León
    Alfonso de la Fuente de Barrio, nieto del fundador, fue el único de los tres hermanos -el más pequeño- que continuó al frente del negocio hasta su cierre en 2008. Los otros dos hermanos, Julián y Conchita, también estuvieron ligados al mismo hasta que se jubilaron, aunque no de una manera tan directa como Alfonso.
    Los tres conformaban la tercera generación de una "familia de comerciantes de toda la vida", explica Alfonso, ya que tras el fallecimiento del fundador, siguió con el negocio su hijo y padre de los tres hermanos: Eugenio de la Fuente Álvarez, fallecido en 1973.
    Alfonso de la Fuente posa tras el mostrador en el que trabajó durante medio siglo.
    Foto: EL DÍA DE VALLADOLID
    Eugenio, que en su juventud fue jugador de fútbol y llegó a militar en las filas del C.D. Español de Valladolid, fue uno de los fundadores en el año 1928, junto con el Real Unión, del Real Valladolid Deportivo (Real por Unión y Deportivo por el Español). Su gran conocimiento del mundo deportivo fue también decisivo para la incorporación al negocio de artículos relacionados con esta parcela como escudos, insignias, bufandas, banderines... llegando a suministrar balones, camisetas o botas a los equipos pioneros de fútbol local.
    "Quién nos iba a decir, recuerda Julián, que todos estos artículos despertarían, sesenta años después, en 1982 -el año de la celebración del Mundial de Fútbol en España- el interés de los integrantes de las selecciones de KuwaitEste enlace se abrirá en una ventana nueva y Francia y de sus aficionados. Incluso a la televisión francesa le debieron resultar tan peculiares los artículos que emitieron un reportaje sobre la tienda".
    La verdadera transformación se produjo en los años 50. Botones, camisas y calcetines fueron relegados a un segundo plano. Su puesto fue ocupado paulatinamente por artículos de regalo y recuerdos destinados fundamentalmente al turismo extranjero como abanicos, toreros, sevillanas... lo que convirtió a ‘El Escudo de España’ en uno de los establecimientos de Valladolid pioneros en esta actividad.
    Foto: El día de Valladolid
    "El atractivo de todos estos artículos para el turismo extranjero es innegable, explica Alfonso, pero no podíamos ni queríamos dejar de lado ‘lo nuestro’. Por eso fuimos incorporando productos propios y totalmente identificativos de Valladolid como la alfarería de Portillo, muñecas con el traje típico de Valladolid, cerámicas, camisetas con estampaciones de los principales edificios de la ciudad...".
    Un día una norteamericana vio en la tienda una bandera con el toro y me dijo literalmente: "Quiero esta misma bandera pero con los cojones más grandes".
    ‘El Escudo de España’ uno de los pocos reductos de comercio tradicional cerró sus puertas el 1 de abril de 2008, Alfonso dijo entonces que, como ocurre en la mayoría de negocios familiares, la cuarta generación "opta por ejercer otras actividades al haber vivido muy de cerca los sacrificios que exigen estos pequeños negocios".
    De los diez biznietos que integran la cuarta generación, ninguno sintió el ‘gusanillo’ de continuar con esta tradición centenaria. 
    Pero Valladolid no se quedó sin tienda de souvenires. Pocos meses antes del cierre abrió en la Plaza del OchavoEste enlace se abrirá en una ventana nueva un nuevo establecimiento regentado por Montse Corrales- "Alfonso nos animó mucho porque la ciudad necesita una tienda así", concluye ilusionada.
    -Fuente: El Día de Valladolid
  • Añadido el 10 de agosto de 2017
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    En la calle Ferrari, se ubica Mentaberry, la juguetería que a finales de los años 30 del pasado siglo nació de la mano de Enrique Mentaberry. Hoy su nieto, Juan José Viloria, es quien regenta este negocio familiar que trata de conservar el espíritu de los grandes bazares. Los juegos de mesa y otros aparatos electrónicos comparten escaparate donde antes lo hacían vehículos de hojalata, peonzas... «Antes los juguetes "estrella" eran los muñecos y caballitos de cartón. Con la televisión todo ha cambiado. Triunfa lo que sale en las series», comenta el actual propietario.
    Juanjo recuerda cómo la llegada de las grandes superficies revolucionó el negocio, que se vio abocado a buscar otros productos que lo diferenciasen de la competencia. «Hemos tendido hacia el juguete más tradicional, aquél que el padre quiere casi más que el hijo». Hoy a Mentaberry acuden a comprar los hijos y nietos de sus primeros clientes. «Es gente a la que no le gustan las aglomeraciones y prefieren un trato más personal». Dice Juanjo que en estos últimos setenta años no ha cambiado el perfil del consumidor «niño», que mantiene la misma ilusión, pero sí de los mayores. «Antes se buscaban cosas más curiosas y ahora se tiende a lo práctico: ropa y poco más».
    Foto: F. HERAS (ABC)
    Juan José Viloria, frente a la juguetería Mentaberry que regenta
  • Añadido el 8 de agosto de 2017
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    En el año 1326, Alfonso XI de Castilla entrega el lugar de Mucientes "con su castiello" a su mayordomo mayor Alvar Núñez Osorio. El documento es la primera mención escrita de lo que fue un edificio modesto, utilizado hasta el siglo XVII como palacio residencial por los sucesivos condes de Ribadavia, señores de Mucientes.
    En sus, al menos, 400 años de existencia, la fortaleza fue testigo de visitas reales, de confinamientos, de asaltos… Pero, sin duda, su momento de mayor esplendor lo alcanza cuando es utilizado como Palacio Real –y por tanto capital de los reinos de Castilla– durante la primera semana de julio de 1506. En aquellos días de ambiciones e intrigas, Felipe I de Castilla 'el Hermoso' intentó –sin éxito– que los procuradores castellanos inhabilitaran para las labores de gobierno a Juana I de Castilla 'la Loca'. Cuentan las Crónicas que "doña Juana estaba sola, en una sala oscura, sentada en una ventana, vestida de negro y unos capirotes puestos en la cabeza que le cubrían el rostro".
    Durante la guerra de las Comunidades de Castilla, las tropas de la Junta, al mando de Padilla, conquistan Mucientes el 5 de febrero de 1521 y ponen a Juan de Mendoza al frente de la defensa del castillo. Aunque la Junta de Valladolid ordenó el "derrueque" de la fortaleza, esta orden no llega a ejecutarse.
    En 1751, el Catastro de Ensenada aporta las medidas de la fortaleza: 60 varas de frente por 220 varas de fondo [50 x 185 metros], describiéndolo ya como "un castillo arruinado, con diferentes trozos de muralla en su circunferencia". En 1823 se autoriza a sacar piedra de dos paredes para "obras de utilidad común". Un siglo después, en 1932, siguen arrancándose sillares "para las obras de los lavaderos de la fuente nueva". El fin estaba próximo: diez años después, la 'cantera' se había agotado.
    En 2006, con motivo de las celebraciones del V Centenario de aquellas Cortes de Mucientes, el Ayuntamiento protege en su planeamiento urbanístico el altozano, el foso y sus alrededores para que, en unos años, se convierta en un gran parque público con los restos recuperados del castillo como eje central.
    La excavación arqueológica comenzó en el mes de octubre de 2006. Seis meses después ya habían sido descubierto los arranques de los muros de las caras norte y este, además de buena parte del pavimento original del patio de armas y de la torre del homenaje, capiteles y tambores de columnas, el aljibe, etc.
    Fuente texto : Wikipedia
  • Añadido el 22 de diciembre de 2016
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    Charles Ebbets es el autor de la fotografía superior tomada en los años 30 durante las construcción del Rockefeller Center de Nueva York. Se puede observar cómo los obreros toman un descanso sentados en una viga de acero a más de  200 metros sobre el nivel del suelo. El título original de la fotografía es Lunch a top a skyscraper (Almuerzo en la cima de un rascacielos). Es una de las fotografías más vendidas del mundo. Fue tomada en Nueva York el 29 de septiembre de 1932, y la publicó el New York Herald Tribune en el suplemento dominical del 2 de octubre del mismo año.
    Valladolid no es Nueva York, de eso no cabe duda y el edificio más alto de la ciudad no le llega a la suela de los zapatos al más vulgar de los rascacielos neoyorkinos, Pero estos obreros que aquí aparecen demuestran que también tenían el valor y la pericia de los "MohawksEste enlace se abrirá en una ventana nueva" (ciudadanos de la reserva de Kahnawake en Montreal, Canadá, mejor conocidos como los caminantes de hierro debido a su común participación en proyectos de gran altura).

    La imágenes me las ha cedido amablemente Rodrigo Rojo Herrera. Uno de los trabajadores es su padre Elías Rojo.  Trabajaba en Talleres Ergio, año 1963 /1964. Construían las estructuras metálicas de los edificios. Entonces no eran de hormigón como ahora. Este edificio fue uno de los primeros con estructura de hierro en Valladolid. Elías era soldador. En las fotos están construyendo la estructura del edificio situado en la esquina Teresa GilEste enlace se abrirá en una ventana nueva con Regalado enfrente de la antigua tienda "Casa del Plástico". Cree recordar que eran siete plantas más los dos sótanos. Ahora en el sótano esta Calzados Regalado. La estructura metálica de dicho edificio se tardó en construir dos años. Los soldadores y montadores sacaban dos plantas a los albañiles, estos iban haciendo la estructura mientras ellos ponían las bovedillas e iban haciendo el enfoscado de cada planta.

    En la foto en que se ve el Sagrado Corazón están en la cuarta o quinta planta los albañiles, montadores y soldadores. Elías se acuerda de sus compañeros. En la viga, de pie, en la foto que están los cinco, dos soldadores de izquierda a derecha, Elías Rojo, Elias Alvarez y los montadores Antonio Alvarez, encargado, Andrés García y Ricardo del cual no recuerda el apellido. En la que están los cuatro no está Antonio.
    En las fotos de las vigas creemos que se ve la Iglesia de las AngustiasEste enlace se abrirá en una ventana nueva y al fondo la torre de la Iglesia de San Martín.Este enlace se abrirá en una ventana nueva

    Superando la temeridad, son el recordatorio de tiempos pasados, que desde luego no fueron mejores.
  • Añadido el 10 de octubre de 2016
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    Las labores de adecentamiento que se llevaron a cabo en 2008 con motivo del primer centenario de la construcción de edificio del AyuntamientoEste enlace se abrirá en una ventana nueva de Valladolid sacaron a la luz los disparos que un grupo de falangistas hicieron contra la ventana del despacho del alcalde (por aquel entonces Antonio García Quintana) durante el levantamiento militar de 1936 que dio origen a la Guerra Civil. El propio alcalde, el último socialista que tuvo en sus manos el bastón de mando municipal hasta la restauración de la democracia, dio la orden de evacuar el edificio por las puertas traseras después de que los sublevados «acribillaran a balazos la fachada desde la Plaza MayorEste enlace se abrirá en una ventana nueva», según relata Julio del Olmo, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), quien desvela que la fachada de la Casa ConsistorialEste enlace se abrirá en una ventana nueva aún luce 53 desconocidos impactos de bala concentrados, sobre todo, en torno a la ventana del aún despacho del alcalde –situado en la primera planta del lateral derecho–. Los ladrillos desconchados y los agujeritos en la piedra sobreviven al paso de los años como testigos mudos de la simbólica caída del último vestigio republicano al día siguiente del alzamiento nacional.
    Fachada del Ayuntamiento engalanada con motivo del centenario de su construcción
    Los agujeros que produjo una ráfaga de ametralladora llevaban allí y estaban perfectamente localizados pero la suciedad acumulada se había encargado de camuflarlos durante años hasta que esta última limpieza los ha vuelto a dejar perfectamente visibles en el ventanal de la primera planta situado más a la derecha según se mira de frente a la casa consistorial.
    "Al verlos, los técnicos preguntaron si se tapaban o los manteníamos y decidimos dejarlo como constancia de lo sucedido", explicó el consejero delegado de Presidencia, Fernando Rubio, de quien dependían las obras de recuperación del Ayuntamiento con motivo del centenario.
    No es el único disparo que hay en el Ayuntamiento ya que uno de los cuadros de la Sala de Comisiones alberga en su marco una bala que también se ha decidido mantener. Otros vestigios de la Guerra Civil es una placa del General Mola que queda oculta en el despacho del alcalde y que nadie en Democracia se ha replanteado su retirada.
    Fuentes:
  • Añadido el 8 de octubre de 2016
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    En la actualidad en Valladolid no es el único edificio con esfera en su cima, pero hace años a este bloque le llamaban la casa del reloj porque era el único que lo tenía y no es para menos, las manecillas de este emblemático reloj comenzaron a moverse en el año 1953. A las doce del mediodía sonaba el ángelus, la gente se paraba y rezaba. Pero hace mucho tiempo que el ángelus que un día hizo las delicias de los vallisoletanos con sus notas, puso fin a su musicalidad matinal por las molestias que causaba a los vecinos.
    Parece que poco a poco las energías del reloj se fueron agotando, hasta hace unos años, nadie sabe concretar exactamente cuántos, el reloj se paró y se despidió del frenético ritmo de la ciudad. «Hace lustros que no funcionaba. Al edificio le faltaba vida. 
    Con mucho empeño y cariño en 2014 se reparó y se consiguió que volviese a funcionar y sus manecillas volviesen a retratar el tiempo. Se mordernizó reparándolo y actualizándolo para disfrute de todos y ahora, a partir de las 22:30 el reloj se ilumina con luces de ‘led’ para que no pase desapercibido a nadie. Un total de cuatro meses de esfuerzo y perfección para que este histórico reloj que un día marcó el ritmo de la ciudad volviese a contar el tiempo.
  • Añadido el 13 de mayo de 2016
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    Su historia comienza en 1902, cuando Gregoria Rodriguez (Goya) compra la finca de labranza Biarritz, "que va de puente a puente". "Esto era un merendero. El comedor -indica su hija Matilde, era una caballeriza; el bar, en el mismo sitio que el actual, lo regentaba Goya y por las mañana ponía vinos para los que iban y venían de la Fábrica Nacional de Armas, de las fincas de Palero, de Calero... y por las tardes; aquí había unos bancos de piedra -indica señalando hacia la pared del comedor- y se jugaba a la rana, se ponía tortillas, ensaladas...". Aún conservan en el patio dos juegos de ranas. Goya no estaba sola. Con ella trabajaban su hermano Nicolás y su cuñada Matilde Molina, padres de las hermanas que siguen al frente del negocio. 
    En esta fotografía de principios de los 70 podemos ver a la izquierda de la imagen parte del restaurante.
    La guerra del 36 también interrumpió la vida del merendero. "Los italianso lo confiscaron -la caballeriza- y lo utilizaron para recauchutar ruedas, aunque el bar siguió funcionando" indica Matilde.
    La familia lo recuperó tras el conflicto, sin embargo nada volvería a ser lo mismo. Poco después falleció Gregoria y Nicolás y Matilde continuaron con el merendero.
    Las caballerizas, que años antes ya se habían transformado en comedor, vivieron una tercera vida. Allí se comenzaron a servir bodas y comidas de postín. 

    De izq. a der. Aurora Rodriguez Molina, Roberto Álvarez, Matilde Barrientos y María Luisa y Pilar Rodriguez Molina (Photogenic/ M.A.SANTOS)
    El paso del tiempo se ha dejado sentir en la finca. El patio, donde estaban los bancos de piedra bajo un emparrado, se transformó a mediados de los 70 en un comedor de verano cuyo espacio central está marcado por el brocal de un pozo rodeado de la más variada vegetación. En el interior, además del comedor principal, con chimenea en invierno y siempre vistas al río, hay otro más pequeño, de 22 plazas.
    Lo que no ha variado es la cocina. Las recetas. "Son las de mi madre", señala Pilar mientras alimentala cocina de carbón. "Antes había dos bilbaínas pero se quedaron pequeñas y ésta la hizo hace más de 60 años el mejor fumista de Valladolid, Balbino de Diego.
    Es una eterna cocina de mercado. Solo hay un problema: cierra el mes de agosto, la noche del domingo y todo el lunes. El resto de los días abre a la hora del café de media mañana.
    Fuente: La Posada del El Mundo (Mar Torres)
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