La creciente conciencia de respeto al medio ambiente que cada día, por fortuna, se consolida más entre la sociedad española, conlleva una clara apuesta por las energías alternativas, por su carácter no contaminante, y también un hábito de ahorro en el uso, muy necesario no sólo por la actual coyuntura de recesión, sino porque a veces se producen situaciones de despilfarro sangrante.
Desde el Ayuntamiento, además de impulsar la implantación de bombillas de bajo consumo en buena parte del alumbrado público de la ciudad -con la opción de reducir su intensidad a partir de ciertas horas-, realizamos ahora un ensayo muy interesante sobre el empleo de biomasa como combustible en una dependencia municipal. Me refiero a la Casa del Barco, sede de la Concejalía de Desarrollo Sostenible, donde se acaban de instalar dos calderas de este tipo que sustituyen a la anterior, de gas natural.
Son dos calderas en cascada, de 110 kW cada una, que operarán en la modalidad de pago por consumo de energía. Expresado de otra manera, la inversión -de casi 100.000 euros- se paga a lo largo del periodo de amortización económica de la instalación, lo que supone una ventaja. El contrato, de quince años de duración, representará un ahorro para las arcas municipales de 60.000 en este tiempo.
Pero aún más importante es la desaparición de emisiones de CO2, cifrado en 48 toneladas anuales, ya que el uso de biomasa no genera este gas. Los restos vegetales de las limpiezas de espacios forestales como El Pinar de Antequera o el del Esparragal -que suman más de 1.800 hectáreas-, junto a los obtenidos en parques y zonas verdes municipales, serán el combustible a utilizar una vez transformado el pellets.
Del resultado de la experiencia inicial dependerá acometer un proyecto más ambicioso actualmente en estudio: el uso de este tipo de energía en varios inmuebles municipales del entorno de la Plaza Mayor, como la Consistorial, San Benito, Santa Ana, Archivo Municipal...