Tras el partido del pasado sábado frente al Alcorcón, el Real Valladolid ha culminado una gran temporada recompensada con el ascenso a Primera División, un cambio de categoría que conllevará, sin duda, efectos positivos tanto para la ciudad como para el club. Durante la campaña reciñen terminada, los blanquivioletas han logrado una destacada regularidad que queda plasmada en algunos datos incuestionables.
El Real Valladolid tan sólo ha perdido seis encuentros, siendo el equipo menos goleado de la Segunda División y sobresaliendo como uno de los más goleadores. Unos números posibles gracias al esquema de juego de un entrenador que ha acertado de pleno, que ha conseguido mantener al equipo unido –a pesar de las dificultades- y ha realizado una admirable labor de vestuario. Esa constancia y ese esfuerzo merecen nuestra más sincera felicitación.
La llegada a la División de Honor supondrá, además, un importante alivio para la continuidad del histórico club, ahora en concurso de acreedores, al estar asegurados unos ingresos superiores que permitirán hacer frente a los pagos. Es decir, al mérito puramente deportivo, se suma una estabilidad económica imprescindible para afrontar el futuro a corto plazo con mayor solvencia ante el complicado panorama actual.
Dentro del capítulo económico y de proyección de Valladolid, tampoco debemos olvidar los beneficios que reportará el ascenso. Cada dos semanas, la capital recibirá a cientos e incluso miles de aficionados de los equipos que jueguen en el José Zorrilla, sin olvidar los llenos cuando se disputen partidos frente a los grandes del fútbol español. Sin duda, una elevada cifra de visitantes que realizará gastos en la ciudad (hostelería, alojamiento, comercio…) ya cuantificados.
Además, la difusión de Valladolid al jugar en Primera resultará enorme, tanto en medios nacionales como internacionales. Es, por tanto, de un valor añadido nada desdeñable, que representa un magnífico escaparate de promoción de la capital de Castilla y León y sus múltiples atractivos, aspecto en el que venimos trabajando con insistencia en los últimos años.
Por último, para Valladolid como “ciudad deportiva” tener a nuestro primer club en la División de Honor representa un importante estímulo para los niños que realizan deporte escolar y otros tantos federados. El Real Valladolid aparece ahora, más que nunca, como un espejo donde mirarse esos chavales que aman el deporte y sus valores. Por eso, hoy los vallisoletanos, llenos de orgullo y emoción, gritamos¡Aúpa Pucela!