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Valladolid presenta la exposición “Japan Now¡. Yoshitomo Nara, Takashi Murakami and Factory” con medio centenar de obras de arte japonés

La muestra, que se presenta por primera vez en España, recoge las principales tendencias del movimiento neopop japonés, vinculadas en su mayoría a los artistas Takashi Murkami y Yoshitomo Nara

Publicada el 30 de septiembre de 2016
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La Sala Municipal de la Iglesia de las Francesas, de Valladolid, presenta "JAPAN NOW¡. Yoshitomo Nara, Takashi Murakami and Factory", una exposición de arte japonés contemporáneo compuesta por más de cincuenta obras de ocho artistas, que analiza las principales tendencias del movimiento neopop japonés, principalmente vinculadas a los artistas Takashi Murakami y Yoshitomo Nara.


Al acto han asistido la concejala de Cultura y Turismo, Ana María Redondo García, y la directora de exposiciones de Arte Contemporáneo GACMA y comisaria de la muestra, Antonella Montinaro.


Además de los ya citados, la muestra incluye obras de Aya Takano, Chiho Aoshima, Mr, Chinastu Ban, Mahomi Kunikata o Akane Koide jóvenes artistas de la Factory de Murakami, KaiKai Kiki Company.


En lo últimos veinte años Murakami ha explorado la cultura de masas contemporánea japonesa para establecer una referencia contextual desde la cual concebir su producción unificándola con el arte y la cultura tradicional para resolver el problema identitario del Japón contemporáneo.


La mayoría de los artistas contemporáneos japoneses presentan un mundo personal lleno de visiones extrañas y crean un universo onírico y delicado, a menudo vinculado con las imágenes de la cultura popular japonesa que se mueven en un terreno entre la tradición y la innovación.


No obstante la mayoría de ellos pueden encajarse dentro del Superflat (superplano), el movimiento artístico posmoderno fundado por Murakami donde confluyen tanto elementos de la cultura popular como de la tradición clásica japonesa.


Esta herencia estética se refleja en una composición pictórica, donde destaca la bidimensionalidad de los elementos, a través la ausencia de luces y sombras, y el múltiple punto de vista, donde todos los elementos de la obra tienen la misma importancia.


Al evitar el único punto de vista, Murakami pretende que la información acerca de la obra se reciba mediante capas, así que además de un estilo caracterizado por ser bidimensional, Superflat se refiere a la disolución de los límites entre la alta y baja cultura y proporciona una perspectiva crítica de la propia estructura del arte.


Este estilo moderniza la tradición pictórica japonesa de las imágenes planas, ya propia de Hokusai, mezclándola con las principales culturas contemporáneas metropolitanas, como es el caso del fenómeno sociológico y estético de la cultura Kawaii, caracterizado por exceso de iconos dulces y pueriles, que se materializa en el cristalizar la edad infantil a tiempo indeterminado, o lo de los otaku, término con el que vienen definidos todos los que nutren una pasión obsesiva hacia manga, anime o videjouegos.


A pesar del gran poder económico que ha proyectado al mundo la imagen de un país con tecnología punta, Japón vive desde hace unos años el pinchazo de la burbuja económica: el paro y la precariedad laboral han pasado a ser corrientes en la vida cotidiana de los japoneses y en las creaciones de los artistas. Esta situación en lugar de mostrarse como una constatación del estado del mundo, se convierte en una oportunidad para abrir la puerta a la imaginación y lo extraño.


Así muchos creadores contemporáneos japoneses presentan un mundo personal lleno de visiones extrañas, casi poéticas, y se cuestionan la frontera entre visión y percepción, creando un mundo onírico y delicado en el que además sobresale un lado subversivo y falsamente inocente.


Entre las temáticas más recurrentes se encuentran una mirada crítica al consumismo y el fetichismo sexual que prevaleció tras la occidentalización de la cultura japonesa de la post-guerra, claramente reconocible en la obra de todos estos artistas.


Contenido de la muestra


El vertiginoso desarrollo económico de Japón en las últimas décadas y el éxito de la industria japonesa (en tecnología, diseño, cine, animación, manga, videojuegos, etc.) explican el contexto de una nueva etapa en la que la influencia japonesa se produce en un mundo más globalizado y en el que se han diluido las líneas que separaban la alta y la baja cultura. La publicidad, la televisión, los productos comerciales y, en definitiva, la cultura de masas presentan una intensa tendencia por lo japonés, especialmente en el consumista mercado juvenil.


Esta influencia se define por dos elementos: la innovación tecnológica y la agradable estética de lo kawaii, en todos los aspectos estilísticos y sociológicos de este fenómeno.


La exposición contiene principalmente obras de Takashi Murakami, considerado el Andy Warhol Japonés y reconocido internacionalmente por su particular síntesis entre arte tradicional y contemporáneo japonés mezclados con el arte pop estadunidense.


Son presentes también algunas obras de Yoshitomo Nara, un artista de culto en el mundo pop japonés, influenciado tanto por anime y manga como por las principales subculturas urbanas occidentales, por la música punk rock o el graffiti, resultando una obra perversa y naif. En algunos de los trabajos de Nara presentes en la muestra encontramos unos dibujos realizados, de una manera infantil, sobre obras de ukiyo-e japonés antiguo con influencias muy heterogéneas tanto del manga como de la música punk.


La muestra incluye obras de algunos de los más prometedores talentos de la escena nipónica: Aya Takano, Chiho Aoshima, Mr, Chinastu Ban, Mahomi Kunikata o Akane Koide jóvenes artistas de la Factory de Murakami, KaiKai Kiki Company.


Cada uno de ellos ha desarrollado una propia personal poética y peculiaridad: Aya Takano crea tanto maliciosas cuanto raras figuras femeninas, el mundo imaginado por Chiho Aoshima es un universo sorprendente de colores ácidos generados por el ordenador, un mundo que se mueve a menudo entre la pesadilla y la angustia y sus personajes dudan entre la magia y la violencia de la realidad. Los delicados adolescentes de Mr., son inspirados por los manga, la peculiar estética desarrollada por Chinatsu Ban está claramente vinculada al mundo de la infancia, la obra de Mahomi Kunikata es conectada con la cultura otaku y ligada al fenómeno cosplay, las atmósferas inquietantes de la joven Akane Koide, retratan las preocupaciones propias de la adolescencia.


Detrás de todo esto no solo el deseo de traer una nueva ola en el panorama artístico japonés, sino sobre todo la voluntad de dar una forma concreta a las ansias, los desórdenes y las contradicciones de una generación, una polémica estética, social y existencial que es evidente en todos los artistas seleccionados.

TAKASHI MURAKAMI


Takashi Murakami ha devorado -metafóricamente- enormes cantidades de historias y experiencias, demostrando saber combinar de manera original la creatividad occidental y la tradición japonesa, plasmando en toda su producción artística el pasado con la cultura del presente.


El universo fantástico de sus trabajos evoca a la condición mental de la sociedad japonesa, que ha superado inconscientemente el trauma bélico, desarrollando un lado infantil consumístico y oscuro, que recuerda al Pop de Warhol, aunque se aleje de la matriz densamente espiritual que caracteriza la poética de este autor.


Sus esculturas y cuadros bien representan a una espiritualidad fantacientífica y metafórica que pertenece a nuestro presente en el que el mal, se esconde de forma sutil en la melancolía de sus personajes.


Nacido en Tokyo en 1962, se licencia en Nihon-ga, pintura japonesa tradicional, en la Tokyo National University of Fine Arts and Music, en Japón.


En 1990, todavía estudiante, abandona el estilo japonés tradicional empieza la experimentación en otros ámbitos, sin olvidar la tradición de la pintura japonesa.


Su poética se centra en torno al concepto de Superflat/Superplano, término utilizado para describir a la falta de profundidad prospectiva de la obra Katsushika Hokusai y más en general de la representación del espacio en la pintura oriental.


A partir de 1993 Murakami empieza a realizar esculturas inspiradas en la cultura popular japonesa. El universo de los comics es el mundo preferente del artista que reelabora en sus cuadros y en sus esculturas imágenes de manga y anime.


Personajes de la fisonomía híbrida entre alíenos y dibujos-animados, colores y formas nacidos de un mundo completamente inventado.


En los años ’90 se crea la Hiropon Factory del ejemplo de la célebre "factoría" de Andy Warhol, y será el centro de investigación y experimentación del artista, donde el realizará sus obras y que será además un observatorio y laboratorio para jóvenes valores del arte contemporáneo japonés.


En los últimos años el trabajo de Murakami se ha mezclado con diferentes ámbitos del arte, particularmente significativas las colaboraciones con el estilista Issey Miyake, la casa de automóviles Nissan, y la marca Louis Vuitton.


Murakami ha expuesto su obra en diferentes galerías y museos japoneses in y muchas exposiciones y manifestaciones internacionales entre las que se encuentran la Bienal de Venecia del 1995 y del 2003, el Museum of Modern art de San Francisco (1999), el PS1 de New York (2000), el Palais de Tokyo en Paris (2005). Ha expuesto además en exposiciones monográficas personales en el Walker Art Center di Minneapolis (2001), en la Fundación Cartier de Paris (2002), en el Museum of Contemporary Art di Tokyo (2001), en el Museum of Fine Arts di Boston (2001), en el MOCA (2007) o en el Museo Guggenheim de Bilbao (2009).


Superflat: la teoría artística


El Superflat/superplano es el paraguas bajo el cual se pueden agrupar todas las actividades de Murakami.


Esta idea artística recuerda la falta de profundidad emotiva de la sociedad japonesa contemporánea y reclama el "plano" como valor autóctono, derivado de la pintura japonesa tradicional, del mundo de los comics y de los dibujos animados.


Para comprender la teoría en profundidad, es esencial comprender la idea de Murakami de que en Japón la idea de cultura alta o popular nunca existió de la misma forma que en Occidente. Con esto en mente, Murakami pone a prueba a su público occidental.


Sus esculturas en miniatura son un ejemplo claro. Estos grupos de obras recuerdan las figuras de acción fabricadas a raíz de los éxitos de taquilla de Hollywood, juguetes coleccionables que representan a todos los personajes clave de la película. La serie de las películas de Star Wars sacó jugo a este campo con profundidad pasmosa, por lo que no puede sorprendernos que Murakami haya mencionado al director y productor de estas cintas, George Lucas, como una de sus más importantes influencias. La colección de miniaturas de Murakami, de las cuales ya lleva fabricadas varias series, son recopilaciones de sus principales personajes.


De modo que, si bien el proyecto de Murakami se denomina Superflat, se trata de una reflexión fascinante y ricamente multidimensional sobre las tensiones en los intercambios culturales entre Japón y Norteamérica. Como comenta el teórico Hiroki Azuma: "La cultura otaku es el resultado de la japonización de la cultura pop norteamericana. Sin embargo, Murakami aquí tiene la intención de retrotraerla a sus orígenes, o sea, reamericanizar la cultura otaku, reamericanizar la cultura norteamericana japonizada. Superflat no es un sucesor auténtico del "Pop" sino su hijo ilegítimo y falso, mezclado e híbrido.


El concepto de "Factory" - Kaikai Kiki


Warhol se hizo famoso por su uso de técnicas de serigrafía de modo que sus pinturas podían producirse a un ritmo sin precedentes y a manos de otra persona que no fuera el propio artista. Este enfoque provocador se materializó en lo que él denominó The Factory, un estudio de puertas abiertas y un avispero de creatividad, así como de decadencia.


Kaikai Kiki, la empresa que Murakami estableció en 2001 cuando comenzó a aumentar la demanda de sus obras, se parece mucho más a una fábrica de lo que nunca se asemejó el extraordinario estudio de Warhol, ya que da empleo en sus tres sedes (dos en las cercanías de Tokio, una en Nueva York) a más de cien personas, cada una con responsabilidades independientes en lo que respecta a la creación de obras de arte, animación y comercialización, posterior distribución, exhibición y promoción, así como en el apoyo a nuevos talentos artísticos.


Su página de Internet es muy similar a la de una empresa, con las diversas actividades comerciales descritas en claros términos económicos: "Kaikai Kiki es la primera empresa japonesa que mira al futuro para desarrollar y promover obras de arte contemporáneo modernas".


Al igual que Warhol, Murakami siempre da comienzo a sus obras, al ocuparse de los primeros bocetos para después escanearlos y desarrollarlos mediante software. Sin embargo el detalle minucioso y el laborioso proceso de pintar los trabajos y de realizar las esculturas se los confía a otros empleados de la empresa.


Antes de que las obras salgan del estudio, siempre las firma Murakami en persona.


La importancia de Warhol para Murakami reside en que, tanto en el nivel formal como en el moral, le mostró a Murakami un amplio abanico de posibilidades:


"Warhol estableció las bases de un mundo artístico donde los artistas como Yoshitomo Nara y yo, armados con la cultura contemporánea japonesa, o incluso aquellos que están en el centro de ese mundo, como Jeff Koons y Damien Hirst, pueden libremente ascender, y subir y bajar sin restricciones la escala social.


He denominado a esta característica única el "Superflat", como eslogan de una teoría que espero suceda al Pop".


Múltiples de escultura


La colección de múltiples de Murakami, de las cuales ya lleva fabricadas varias series, son recopilaciones de sus principales personajes. Los dos niños pequeños que le dieron a la empresa de Murakami su nombre, el ultra kawaii Kai Kai y Kiki -de tres ojos y dientes de perro- se erigen como una de las flores sonrientes de la marca comercial Murakami. Hyakume ("cien ojos"), oval y basado en parte en un personaje manga, pero que también recuerda a Buda, pertenece a los hongos estilizados de Murakami. Y, al igual que en las serigrafías, Mr. Dob aparece en una variedad de aspectos, desde angelical a demoníaco.


Además existen también recreaciones de miniaturas de dos de las primeras esculturas de Murakami, Miss Ko2 e Hiropon. Esta última es una controvertida escultura que Murakami realizó en 1997 donde representa a una mujer desnuda, con los estereotípicos ojos enormes y la sonrisa de personaje manga que lanza por sus pechos un torrente de leche que corre detrás de ella para formar una soga para saltar. Muy inteligentemente Murakami ha llamado a estas colecciones de figuras "Museos", presentándola en diferentes exposiciones en los principales museos internacionales. Por supuesto admiradores de todo el mundo coleccionan de forma fanática las figuras de acción y con especial voracidad en Japón.


Una generación de artistas con un imaginario fantástico y perverso


A pesar del gran poder económico que ha proyectado al mundo la imagen de un país con tecnología punta, Japón vive desde hace unos años el pinchazo de la burbuja económica: el paro y la precariedad laboral han pasado a ser corrientes en la vida cotidiana de los japoneses y en las creaciones de los artistas.


Esto, no obstante, en lugar de mostrarse como una constatación del estado del mundo, se convierte en una oportunidad para abrir la puerta a la imaginación y lo extraño. Así muchos artistas contemporáneos japoneses presentan un mundo personal lleno de visiones extrañas, casi poéticas, y se cuestionan la frontera entre visión y percepción, creando un mundo onírico y delicado.


Muchas obras de artistas contemporáneos se inscriben en esta esfera, destacando su lado subversivo y falsamente inocente: las muchachas en quimono de grandes ojos y gráciles cuerpos evocan tanto las estampas tradicionales japonesas como las chicas emancipadas que pululan por las calles de Tokio.


En algún caso es un mundo onírico y sorprendente con colores ácidos generados por ordenador: un universo que se mueve a menudo entre la pesadilla y la angustia, y sus personajes dudan entre la magia y la violencia de la realidad.


En otros casos la peculiaridad radica en la originalidad y el poder de sus imágenes de la cultura popular japonesa, las cuales se mueven en un terreno intermedio que va de lo más tradicional a lo más innovador.


Teniendo como punto de partida el arte Nihonga, un estilo pictórico en el que prima el uso de técnicas y materiales tradicionales japoneses, nacido a finales del siglo XIX como reacción a la fuerte influencia de occidente en el país del sol naciente, muchos artistas llegan hasta realizar las figuras de colores planos provenientes del mundo del manga, (comic, papel) y del anime (dibujos animados), que tanto obsesionan a la sociedad japonesa.


Sobre los artistas:


Akane Koide (Tokio, 1991): En 2006 Akane Koide fue descubierta en GEISAI por Kaikai kiki con solo 15 años. Las temáticas de sus trabajos como "Wrist list" (Raja de muñeca) o "The distance between me and my cell phone" (La distancia que mantengo con mi móvil) o hablan de los juicios y de los problemas de los jóvenes estudiantes de instituto, expresados por una joven estudiante de instituto, la misma Koide.


Mahomi Kunitata (Kanagawa,1967): Fuertemente influenciado por la cultura otaku y en particular modo por el manga sexualmente explícito, el trabajo de Mahomi Kunikata adopta las convenciones del género para explorar y comunicar los problemas de abandono, el masoquismo y la depresión. El resultado es una obra cruda, potente e innovadora. Fue introducida en el mundo del arte contemporáneo gracias a Kaikai kiki, factoría artística de Takashi Murakami y en los eventos de GEISAI. La obra de Mahomi Kunikata ha sido presentada también en varias exposiciones colectivas a nivel internacional, incluyendo Little Boy en la Sociedad Japonesa en Nueva York y J'en Rêve en la Fondation Cartier pour l'art Contemporáneo de París.


Chinatsu Ban (Aichi Prefecture, 1973): Comenzó haciendo arte en 1997, desarrollando una estética muy singular, haciendo pinturas acrílicas y dibujos de elefantes que flotan sobre el fondo blanco de papel arroz o frente a una serie de líneas en color pastel. La primera escultura formal de Ban, nos recuerda e éstas pinturas y dibujos de coloridos elefantes con grandes ojos, redondeados cuerpos, trompas pequeñas y sin boca. Los elefantes de Chinatsu Ban, tienen una relación talismánica con su propia infancia. Esto nos remite a una pequeña figurilla que una vez compró, el cual se convirtió en amuleto y símbolo de paz y protección. La lindura es una obsesión para Ban y su obra está cargada con un palpante tinte psicológico. La palabra japonesa para lindo o cute es "kawaii". Más que un simple adjetivo, la palabra ha tomado una tremenda resonancia cultural en la década reciente.

Mr. (Cupa, 1969): Es un artista que forma parte de la factory Kai Kai Kiki de Takashi Murakami. Su nombre proviene de una estrella del béisbol también con el alias míster. Es un artista profundamente influenciado por la cultura otaku nipona, con personajes cute dentro de los típicos contextos de la industria del manga. Su trabajo incluye desde dibujos a esculturas a gran escala. En sus trabajos retrata bonitos personajes de dibujos animados en un contexto sexual, donde Mr. Abarca la fascinación para la "lolita", las jóvenes que encontramos frecuentemente con la industria del comic japonés. Se trata de por un lado de una denuncia y por otro de una exploración sobre esta cultura.


Aya Takano (Saitama, 1976): Es protegida de Murakami y una de las artistas más brillantes de esa Factory del S. XXI que es Kaikai Kiki. Las muchachas en quimono de grandes ojos y gráciles cuerpos, evocan tanto las estampas tradicionales japonesas como las chicas emancipadas que pululan por las calles de Tokio. "Escenas orgiásticas con adolescentes medio desnudas que devoran tentáculos de pulpos o jabalíes bajo la luz festiva de los farolillos; visiones nocturnas de un Tokio bañado por una iluminación que le confiere un aspecto onírico; escenas de intimidad erótica entre dos muchachas en quimono, con las mejillas sonrojadas por una primera emoción amorosa: Aya Takano crea un mundo, que es el suyo, donde confluyen los aspectos más contradictorios y fascinantes del Japón contemporáneo".


Chiho Aoshima (Tokio, 1974): Imagina un mundo onírico y sorprendente en sus dibujos de colores ácidos generados por ordenador. Su universo se mueve a menudo entre la pesadilla y la angustia, y sus personajes dudan entre la magia y la violencia de la realidad. Su obra está incluida dentro del movimiento superflat, y se caracteriza por estar realizada con medios digitales y a menudo impresa en grandes superficies, que cubren del suelo al techo los espacios donde expone. Mezcla en ella el terror y la seducción, lo kawaii con la violencia explícita pero delicada, las ciudades con los elementos de la estética japonesa tradicional, los paisajes de colores oníricos con fantasmas y demonios de pesadilla. También ha presentado varios trabajos escultóricos y una animación de 7 minutos.


Yoshitomo Nara (Hirosaki, 1959): Yoshitomo Nara surgió del movimiento art pop japonés de los años 1990. Su trabajo parece increíblemente simple: los sujetos, que copan el primer plano sin timidez, suelen ser niñas aparentemente vulnerables, cuando no perros que podrían ser los mejores amigos de cualquier cándida criaturita. Los colores acompañan esta aparente placidez porque la paleta de Nara es predominantemente pastel. La imagen completa recordaría a la más tierna infancia si no fuera porque las niñas suelen tener armas o cigarrillos humeantes en las manos y porque siempre lucen irritadas y con mirada acusadora. Dicho de otro modo, los niños –con sus enormes cabezas, sus ojitos de cómic japonés– distan bastante de la inocencia. Ellos lucen, más bien, un poco perversos, pero tampoco parecen culpables. Más bien, tienen caritas desencantadas y con cierta impotencia.


La Exposición, permanecerá abierta en la Sala Municipal de Exposiciones de las Francesas, hasta el próximo día 27 de noviembre.

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