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Un representante de la ciudad hermana de Morelia visita Valladolid

El ingeniero Rubén Ahumada Alvarado se ha reunido con el consejero delegado de Presidencia y Relaciones Internacionales y ha presentado su poema dedicado a Miguel Hernández con motivo del centenario del nacimiento del poeta oriolano

Publicada el 28 de junio de 2010

El consejero delegado de Presidencia y Relaciones Internacionales, Fernando Rubio Ballestero, ha recibido esta mañana en el Ayuntamiento de Valladolid la visita del ingeniero Rubén Ahumada Alvarado, director de Planificación y Desarrollo en el Departamento de Coordinación Ejecutiva del Centro Histórico y Zonas Monumentales de la Ciudad de Morelia.

El representante municipal de la ciudad de Morelia ha visitado España con motivo de un Congreso de Caminería Hispánica que organizaba la Asociación Internacional de Caminería en Madrid. Otro de sus destinos en nuestro país será Sevilla, ciudad a la que acudirá para visitar el Archivo General de las Indias, donde se encuentran los planos de la cimentación de la Catedral de Morelia, uno de sus monumentos más representativos.

Durante su estancia en Valladolid, ciudad hermanada con Morelia desde 1978, ha tenido ocasión de exponer el Proyecto PROALA, una iniciativa dedicada al rescate de los niños de la calle, en la que confluyen el cuidado y la formación de los más pequeños.

Ahumada Alvarado también presentó su nueva obra, aún inédita, escrita con motivo del centenario del nacimiento de Miguel Hernández. Dicha obra surge de un conocido poema del poeta José Agustín Goytisolo del que nacen unas glosas homenaje dedicadas a Miguel Hernández. A continuación se cita la primera glosa de su obra:

Hace tiempo hubo un hombre entre nosotros

Alegre, iluminado...

Amó, vivió, cantaba hasta en la muerte

Libre como los pájaros...

J. Agustín Goytisolo

Hace tiempo hubo un hombre entre nosotros

Niño yuntero que se mezclo entre el pueblo

Que respiro sus aires y los exhalo en vientos

Como no recordarlo ahora que está muerto

Como olvidar su huella si el hombre acecha

Para arrebatarnos su verso que es fortuna

Y los sueños del esposo soldado perito en lunas

Si pareciera que fue ayer cuando su ausencia

Nos dejó la mirada infinita y libre como herencia

Apenado de estar lejos y tan cerca de su querencia

Pájaro de fuego con los sueños en ciernes y rotos

En otras ciudades acaso de tierra descontenta

Levantó la voz, con tres heridas y 31 tormentas

Para cantarle a la vida, a la libertad, a nosotros.

Alegre, iluminado

Recordadle a plena luz que su voz pervive

A fuerza de golpes fuerte y desamparado

Nos ha dejado la esperanza que sobrevive

Porque su rayo-estrella que no cesa

Iluminando a fuerza de claridades

El rastro de los pobres y la sombra de mis cejas

Y dale que dale al hambre pan sin soledades

Se alzó contra la dictadura bestia

Se rindió a la vocación del amor, casi bruno

Y peleó como nadie por la libertad

Dejándonos anímica y anónima la herencia

Del hombre más apenado que ninguno

El pueblo reclama con derecho su potestad.

Amó, vivió, cantaba hasta en la muerte

Porque los pájaros humildes mueren con las alas puestas

Y con el canto aventando la garganta

Para que no hubiera rincón clandestino

Al que no llegara su canto tan fuerte

Porque nada tendría sentido

Si sabiéndose toro y masculino

Dejaba que otra garra le arrebatara la suerte

Le dejara el hambre como yugo y destino

Entre escarchas, sobre el fruto del vientre

En que el baldío, cambió el vacío por simiente

Y sabiendo que las cartas de amor son vino

Puso dos piedras de mirada naciente

A pesar de los cardos que tenía el camino.

Libre como los pájaros

No podría menos un corazón enamorado

Cuyo instinto presintió lo corto de la vida

Y buscó instalarla en el amanecer mas claro

Hasta que un manotazo duro, un golpe helado

Cercenó los sueños de libertad aún regados

Y heredados en las lenguas de su España

Con su convocatoria de esperanzas y de hazañas

Sin temores de tormentas, fieras, ni conversos

Quiso la libertad y la luz para su hijo y el de vos

Y para el hermano que alimentó sus versos

Porque solo el que ama vuela...y da vida

Y si vencen tus alas y encierran tu voz

Es aceptar que morirás respirando por la herida.

Rubén Ahumada Alvarado

Gabinete de Prensa

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