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Edificio

De solemne iglesia conventual, sepultura de la nobleza más encumbrada, a polvorín y ruina. Una premiada restauración ha devuelto su esplendor a la Iglesia de San Agustín, convirtiéndola en sede del archivo municipal.


- El convento de San Agustín: esplendor y ruina

La Iglesia de San Agustín constituye el elemento arquitectónico más significativo del desaparecido convento de Agustinos Calzados de Valladolid, cuya historia se inicia a comienzos del siglo XV, cuando los monjes se instalan en el palacio del Condestable Ruy López Dávalos, situado en el barrio de Reoyo, en una de las zonas más antiguas de la ciudad.

Los siglos XV y XVI serán testigos de la constante ampliación del espacio del convento a costa de los predios colindantes, así como de la edificación de las distintas dependencias monacales. Este proceso culmina con la construcción de la iglesia (segunda mitad del siglo XVI y primer cuarto del siglo XVII) según trazas de Rodrigo Gil de Hontañón (cabecera) y Alonso de Tolosa y Diego de Praves (nave, capillas laterales y portada).

La época de máximo esplendor del convento se iniciará con la estancia de la corte de Felipe III en Valladolid, época de la que data el patronato que de iglesia y convento adquieren los condes de Villamediana, Correos Mayores del reino. La ocupación y saqueo del convento por parte de las tropas francesas a comienzos del siglo XIX marcarán, en contraposición, el momento más crítico de su historia, hasta que la Desamortización de 1835 ponga fin, pocos años después, a su existencia.

A partir de este momento convento e iglesia dependerán, sucesivamente, del Ejército y del Ayuntamiento de Valladolid, que se hace con el control efectivo del edificio en el año 1966. Durante todos estos años se agudizará el deterioro del convento, que verá desaparecer las dos capillas funerarias del crucero –la de Fabio Nelli y la del doctor Espinosa-, el claustro y el resto de dependencias monacales hasta acabar convertido en un solar, con la sola excepción de los cerramientos exteriores de la iglesia, únicos restos del complejo que logran mantenerse en pie.

La recuperación de la iglesia se hará esperar hasta el final del siglo XX. Tras años de abandono y de los más diversos usos (polvorín, almacén y aparcamiento de vehículos), el Ayuntamiento la utilizará a mediados de la década de los noventa como espacio cultural antes de decidir por fin, en el año 1999, su rehabilitación para albergar el Archivo Municipal.

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- Una rehabilitación respetuosa

El proyecto de rehabilitación de la iglesia y de los restos del convento, firmado por los arquitectos Gabriel Gallegos y Primitivo González, estuvo presidido por un doble objetivo estético y funcional. La intervención debía, por un lado, respetar al máximo los valores y la esencia de los restos conservados, aunque sin renunciar, por otro, a que el edificio cumpliera todos los requisitos funcionales que se le exigen a un archivo.

Desde el punto de vista estético, el diseño, los materiales y las texturas de las estructuras y elementos añadidos (cubierta, paramentos, carpinterías, luminarias, estanterías, mobiliario) armonizan con los restos conservados de la iglesia y del convento, de tal manera que permiten tanto la contemplación del pasado como su integración con el presente.

De la misma forma, el diálogo establecido entre arquitectos y archiveros posibilitó que la intervención satisficiera las necesidades de un archivo del siglo XXI, con la creación de los espacios necesarios para el desarrollo de las tareas archivísticas. De esta forma, los cerca de 4300 m2 construidos de la obra se distribuyen de la siguiente forma:
◾Dos plantas subterráneas de depósitos documentales con capacidad para 4.500 metros lineales de estantería, que se comunican con el resto del edificio mediante un ascensor.
◾Una gran sala de consulta ubicada en la nave de la iglesia, con capacidad para 58 usuarios, a la que se abren las capillas del lado Norte, en las que se aloja la biblioteca.
◾Un área de trabajo en las capillas del lado sur, en la que se ubican las oficinas y salas de trabajo técnico. Adosado a ella, y en el espacio que en su día ocupara el ala Norte del claustro, se construyó un nuevo edificio que alberga el muelle de descarga, dos airosas escaleras y los pasillos que permiten la comunicación entre todas las dependencias.

La intervención tuvo un coste de 6.000.000 de euros, de los que 1.873.307,02 fueron aportados por los fondos FEDER. Fue finalista en la VIII Bienal de Arquitectura Española de 2005, y Premio ARQano en la categoría Restauración y Rehabilitación en 2007.

- El recinto arqueológico de San Agustín

La rehabilitación de la iglesia se completó con la realización de excavaciones arqueológicas en su entorno inmediato. Estas excavaciones permitieron recuperar tres fragmentos de la historia de la ciudad, estratificados en distintos niveles: el más antiguo es el del barrio medieval de Reoyo, adosado a la desaparecida muralla que la ciudad tenía junto al Pisuerga. El más moderno corresponde al bastión que se edificó con ocasión de la defensa frente a la ofensiva carlista en la segunda mitad del XIX. Entre ambos se sitúa el nivel más extenso y mejor representado: el correspondiente al convento, en el que son bien visibles las soleras de algunas dependencias, así como el espacio que ocuparon en su día la capilla del doctor Espinosa y el claustro. Pero no se limita la intervención a dibujar en el suelo los restos arquitectónicos. También el vuelo ha sido reconstruido mediante la instalación de las dos arquerías del claustro alto (que habían sido desmontadas y trasladadas a distintos edificios de la ciudad en el año 1925) en el lugar exacto que ocuparon en el pasado.

Estas actuaciones nos ayudan hoy día a situar el conjunto arquitectónico del convento de San Agustín en el contexto urbano en el que fue creado. Un contexto caracterizado por la omnipresencia de lo conventual en el tejido de toda la ciudad, y muy especialmente en el de este barrio. Conventos como el poderoso de San Benito, o los de Santa Isabel, Santa Catalina y San Quirce conformaron, junto con el convento de San Agustín y el anexo colegio de San Gabriel, la fisonomía del barrio durante siglos. Una fisonomía que fue profundamente alterada en los siglos XIX y XX con la demolición de algunas de las dependencias y edificios conventuales; con la construcción de otros nuevos en su lugar, y con la apertura de nuevas calles.


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