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Ayuntamiento de Valladolid

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  • Added July 10, 2013
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    El derrumbe de la torre de la Catedral

    Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes (www.azulín.esThis link opens in a popup window), portada del libro La buena MozaThis link opens in a popup window
    de Miguel Ángel Galguera

    El mes de mayo de 1841 había comenzado en Valladolid con muy mal tiempo, con lluvias torrenciales y vientos de mucha fuerza. Durante todo el mes siguió más o menos la lluvia y el viento. El día 31, segundo día de la Pascua de Pentecostés, se celebraron en la catedralThis link opens in a popup window los Oficios correspondientes y los vallisoletanos se disponían a ir a la romería del Carmen, según la costumbre. A las 12 de la mañana arreció el temporal de agua, viento y granizo y los ciudadanos tuvieron que ponerse a refugio en sus casas. A las 3 de la tarde cesó la tormenta y la vida volvió a su quehacer diario. Horas después, cerca de las 5 de la tarde Valladolid se vio conmocionada con un ruido terrible y las casas cercanas sintieron una gran trepidación como consecuencia del derrumbe de la torre que se había venido abajo casi por completo, a partir del último cuerpo, el ochavado, donde estaban colocadas las campanas, arrastrando gran parte del tercer y segundo cuerpo, con el reloj incluido. Parte del derrumbe cayó a plomo sobre la fábrica de la catedralThis link opens in a popup window, sobre la capilla del Sagrario, destrozando la bóveda, y parte cayó sobre el lado que daba a poniente, cegando momentáneamente el cauce del río Esgueva. En su caída se llevó por delante las bóvedas, vigueteados, escaleras, balaustradas y cornisamientos y el antiguo rollo conocido como el león de la catedralThis link opens in a popup window que había sido trasladado desde la plaza de Santa María al atrio de la catedral. Tanto el historiador Matías Sangrador y Vítores como el periodista José Ortega Zapata narraron punto por punto estos acontecimientos. Ortega Zapata lo comentaba así:
    […] fue como si hubiesen disparado muchos cañones a la vez; y la ciudad y las habitaciones de las casas se vieron envueltas en densísima nube de polvo, casi impalpable, pero que asfixiaba […]
    Grabado de Fournier que muestra la fachada de la catedral
    de Valladolid antes de la caída de la torre en 1841

    No hubo ningún muerto y sólo dos personas resultaron dañadas: el campanero Juan Martínez y su esposa Valeriana PérezThis link opens in a popup window que tenían su vivienda en la torre en un cuarto junto al campanario. Al campanero le dio tiempo de cobijarse en uno de los vanos del tercer cuerpo que por fortuna no cayó con el derrumbe, pero la campanera cayó junto con los elementos de la torre que la "depositaron" entre escombros en la capilla del Sacramento, protegida por una viga. La mujer pasó 30 horas en aquella posición hasta que fue rescatada; estaba maltrecha y muy golpeada pero con vida.
    Intervención de las autoridades
    Las autoridades municipales, civiles, militares y religiosas acudieron sin demora al lugar de los hechos y se reunieron para decidir urgentemente los pasos a seguir. Llegó el alcalde Mariano Campesino, las tropas de guarnición, organizaron grupos de observación para estar alertas a posibles nuevos desprendimientos, otros grupos para el orden público, otros para salvaguardar el resto de la catedralThis link opens in a popup window y evitar el pillaje. También fue incluido como ayuda y mano de obra un grupo de presidiarios de los que estaban confinados en las dependencias del monasterio de San Pablo. A continuación llegaron los arquitectos, los maestros de obra y varios albañiles provistos con sus herramientas.
    Decidieron trasladar todos los objetos de la iglesia a otras parroquias y el alcalde tomó posesión de las llaves de las puertas para dejarlas bien cerradas y abrirlas sólo para que los obreros pudieran entrar y salir en el transcurso de las obras que empezarían muy pronto. El Cabildo catedralicio agradeció a todos su presencia y ayuda y así lo hizo constar en el Libro de Actas.
    Dibujo de Isidoro Domínguez Díez que muestra el derrumbamiento de la torre de la catedral de Valladolid.

    Desmantelamiento de las ruinas
    El informe de los arquitectos a la vista de cómo había quedado la torre fue desalentador. "El estado que presenta la torre es completamente desesperado". El Ayuntamiento tenía prisa por emplear medidas eficaces para evitar daños mayores de futuros desprendimientos de las ruinas que aún quedaban en pie. Se procedió en primer lugar a despejar toda la zona de los escombros caídos y una vez realizado este trabajo y siguiendo los consejos de los profesionales, se tomó la decisión de hacer el desmonte de la parte de la cúpula y del octógono que se mantenía en pie de forma muy insegura. Tanto el Ayuntamiento como el Cabildo se encontraban bastante escasos de fondos pero además no era fácil encontrar gente que quisiera hacer un trabajo tan peligroso. Fue entonces cuando se presentó voluntario Francisco González, un presidiario que cumplía condena por homicidio y que presentó un plan para proceder al derribo, con un presupuesto bastante bajo de 10.500 reales y como pago de su trabajo, la exención de su pena; los arquitectos estudiaron y aprobaron el plan que se fue desarrollando con éxito y que concluyó el 14 de agosto de 1841.
    Pero las autoridades no se conformaron con el desmonte de lo estrictamente ruinoso considerándolo insuficiente y decidieron que debía continuarse hasta llegar al primer cuerpo de la torre, es decir a la misma altura en que se encontraba la base de la torre de la parte este. Francisco González estuvo de acuerdo en seguir con la obra emprendida, pero esta vez cobrando, ya que había cumplido con lo pactado anteriormente. El Ayuntamiento le entregó 170.000 reales y la demolición continuó hasta la altura en que puede verse en la actualidad. Mientras tanto se iba haciendo muy despacio la labor de despejar los escombros acumulados de nuevo, salvando en lo posible los materiales que pudieran servir. Los compró el Ayuntamiento y se ocupó de su traslado, pero el resto de cascotes y escombro inútil permaneció en el sitio hasta el año 1843. También se fueron abriendo las calles afectadas, para que la ciudad volviera poco a poco a la normalidad.
    Restos de la torre hundida en 1841 tras el proceso de demolición, con
    la cornisa destrozada por el efecto de la caída de las piedras.

    Así quedó la primera y única torre de la catedral que nunca más fue levantada de nuevo. La catedral se vio sin torre, sin campanas y sin reloj. Las campanas y el reloj eran todo un símbolo y una necesidad para la población que confiaba tanto en unas como en otro, para los acontecimientos religiosos y de otra índole y para la distribución de su tiempo. La torre de la catedral y su reloj se veían desde cualquier punto de Valladolid y esa referencia se había perdido para siempre. Así, la vecina Universidad tuvo que construir una torre propia en 1857 para poder colocar un reloj en ella, pues hasta 1841 se había regido por el reloj catedralicio.
    Torre del lado de la epístola
    La segunda torre, la que se conserva, es obra del siglo XIX. Su primer cuerpo, de planta cuadrada, estaba ya edificado en simetría con la torre de poniente.
    En 1848 hubo un primer intento de reconstruir la torre perdida, pues el Cabildo pidió al arquitecto Epifanio Martínez de Velasco un estudio sobre el particular. Esto no siguió adelante hasta que en 1861 el Cabildo pidió al arquitecto Vicente Miranda un informe para levantar la torre en el mismo lugar que la anterior. El arquitecto, abrumado por la responsabilidad, pidió la creación de una comisión de arquitectos para ello, lo que se llevó a cabo. Estaba formada por Miranda, Jerónimo Ortiz de Urbina, Segundo Rezola y José Fernández Sierra, bajo la dirección de Antonio Iturralde Montel. Decidieron llevar a cabo una serie de catas en la base de la torre perdida y en la del lado de la Epístola. Un año después, en 1862, firmaban el proyecto. Éste trataba de construir ambas torres de la fachada de la Catedral siguiendo la forma de la torre desaparecida (es decir la torre trazada por Herrera más el remate ochavado) pero suprimiendo el segundo cuerpo de la torre, que tenía en los alzados dos ventanas superpuestas. Así, las torres proyectadas eran notablemente más bajas que la desaparecida, pero más económicas. No obstante, el proyecto no se pudo realizar por falta de fondos.
    En 1878 se decidió construir la torre del lado de la Epístola siguiendo el proyecto de 1862. La dirección recayó en Antonio Iturralde Montel. En 1879 se subastaron las obras y empezaron a agruparse materiales en la Plaza de la Universidad. En 1880 se iniciaron las obras, con gran fuerza. Para subir las piedras, se instalaron dos máquinas de vapor. A finales de año, el cuerpo de base cuadrada con los grandes arcos (el segundo piso) estaba ya a la altura de los arranques de los arcos y se empezaban a montar las cimbras para realizarlos. Sin embargo, la falta de fondos hizo que las obras se pararan poco después. En la primavera de 1884 las obras comenzaron de nuevo. A finales del verano, estaba ya concluido el segundo piso, con sus grandes arcos, hasta la barandilla. Durante el otoño e invierno, se construyó el cuerpo octogonal y se subieron las campanas el 27 de marzo.
    La Catedral sin las dos torres

    La torre, sin la cúpula de remate ni el cuerpo ochavado finalizado (de los ocho arcos para las campanas sólo tenía terminados dos), se inauguró el 4 de abril de 1885, día de Sábado Santo, en la Vigilia Pascual, que antes de 1951 se celebraba el sábado por la mañana en vez de por la noche. El acto comenzó con el toque a Gloria de la campana dedicada a San Miguel Arcángel, que procedía de la antigua torre derrumbada y que se había guardado y conservado.En agosto de este mismo año de 1885 se terminaron los arcos restantes y a las 5 de la tarde del día 11, el arzobispo de Valladolid Benito Sanz y Forés, en otra solemne ceremonia bendijo los arcos concluidos y la colocación de las otras cinco campanas.
    La torre durante la fase de construcción
    Pronto empezaron las críticas por la escasa esbeltez y altura de la torre (es fácil imaginarse el efecto sustrayendo de la torre actual la estatua del sagrado Corazón, cúpula, y el piso del reloj y tercer piso del cuerpo ochavado) y porque las campanas no se oían por ser demasiado baja la torre. Así, Antonio Iturralde se vio obligado a hacerla más alta que lo proyectado en un principio. A principios de 1886 se aprueba el proyecto de reforma de la torre, que añadía sobre lo construido dos pisos más, ochavados, uno con el reloj y otro con una nueva sala de campanas, rematando con cúpula. A principios de la primavera de 1887 se terminaba el cuerpo del reloj y a finales del verano se estaban terminando los arcos del último piso ochavado, la nueva sala de campanas. En ese momento, surgen dudas sobre la estabilidad de la torre, pues Iturralde no había hecho cálculos de pesos ni de resistencia de materiales. Solventados estos problemas, en 1888 se subían las campanas al tercer piso del cuerpo ochavado, donde hoy se siguen encontrando. La torre se remató en 1890 con un tejado de escasa pendiente en lugar de la cúpula proyectada y un pararrayos.
    Todavía quedaba por terminar el remate de la balaustrada, la cúpula y una linterna con que debía rematarse el proyecto. La falta de recursos hizo que de momento se cubriera de forma provisional a la espera de su culminación que llegaría años después.
    Fachada de la catedral de Valladolid. La fotografía es anterior a1923 por lo que la torre se encuentra sin la estatua del Sagrado Corazón.

    Fin de las obras
    En 1911 se instaló en la torre un reloj de cuatro esferas. En 1923 continuaron las obras para la culminación. Se construyó la cúpula, pero la linterna proyectada fue sustituida por la estatua del Sagrado Corazón, obra del escultor Ramón Núñez y en 1924 con la instalación del pararrayos en la estatua, se dio por finalizada la obra de la construcción de esta torre que se había iniciado en 1880.
    Estado actual de la Catedral

    Es lunes de Pentecostés del años 1841, mientras la gente regresaba de la romería del Carmen de Extramuros, la torre de la catedral de Valladolid -a la que los ciudadanos llamaban con orgullo la Buena Moza- se vino al suelo con gran estrépito arrastrando en su caída a Valeriana, la mujer del campanero. Recuperando algunos personajes reales e inventando otros, Miguel Ángel Galguera nos traslada, a partir de este singular episodio de la historia, a una época de bravucones y señores, guapas y trabajadores, gitanos y alguaciles, que verán cómo un gallego es el único capaz de tumbarse él solo a la Buena Moza de Valladolid.

    -Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/Torres_de_la_catedral_de_ValladolidThis link opens in a popup window
  • Added March 7, 2020
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    Pestes y epidemias en la historia de Valladolid


    No es lugar para comentar las causas ni las consecuencias originarias de las pestes que azoraron Europa y Valladolid, de forma periódica, hasta el siglo XX. Peste era sinónimo de contagio. La pronunciación de la misma palabra, «pestilencia», sobrecogía a las gentes. Cada una de sus manifestaciones era considerada como un azote y castigo divino. Las primeras pestes documentadas que afectaron a Valladolid se producen a finales del siglo XIV.
    Procede de Asia y se la conoce con el nombre de «bubónica» por manifestarse por medio de carbuncos y bubones.
    El siglo XV está jalonado de fechas en las que las pestilencias originaron grandes mortandades: las de 1437, 1441, 1457, 1478, 1485, 1488 y 1495. La profesora Maria A. Fernéndez del Hoyo documenta como actuaban las gentes de las diferentes capas sociales: los poderosos y ricos huyen de la ciudad (los miembros de la Chancillería, el Concejo y la misma Corte). En numerosas ocasiones se cierran las puertas de las murallas de la ciudad, previa expulsión de mendigos y forasteros pobres, además de recluir a los ya contagiados en hospitales extramuros. Entre los que se quedan, unos se dedican a hacer penitencia y otros a disfrutar de todo tipo de placeres, mientras permanecían vivos. El siglo XVI no fue menos mortífero. Comenzó con la peste de 1507, a la que siguió la de 1517 y 1527 para alcanzar su culminación en los últimos diez años del siglo. Entre 1597 y 1599 la población de Valladolid quedó diezmada. 500.000 muertes en España. La peste se manifestaba a través de «carbuncos, bubones y secas». Las medidas sanitarias adoptadas acudieron a todos los remedios: desde encender hogueras quemando plantas aromáticas a las consabidas sangrías, purgas, y un sinfín de triquiñuelas seudomédicas que se aplicaban sobre los enfermos. Pero, sobre todo, se recurriría a la Divinidad mediante procesiones y plegarias, dirigiéndose a los santos milagreros al uso San Roque y la Virgen de San Lorenzo.
     Las pestes provocaban el abandono de los contagiados con tal de salvarse uno mismo. Véanse padres que abandonaban a los hijos, o Viceversa. En Valladolid murieron durante esa peste 6.600 personas. En el siglo XVII fue el tifus el que originó importantes mortandades; en cambio en el XVIII el paludismo provocó 26.500 enfermos y 1.367 muertos entre 1786 y 1787. Durante el siglo XIX fue el «cólera morbo» que en 1834 mató en Valladolid a unas 2.000 personas. El siglo se despidió con una epidemia de gripe que afectaba a niños y ancianos, entre los que hizo estragos. En el siglo XX fue la viruela y una epidemia gripal. En el año 1918 llegó a afectar a 10.000 personas, habiendo días que morían unas 30. Más recientemente se declaró el SIDA que hizo estragos, primero en un sector de la población, para generalizarse al resto. A nivel mundial hemos tenido noticia de «la gripe del polio» que ha tenido en jaque al país más poblado de la tierra: China. Ahora, en pleno siglo XXI el coronavirus, proveniente también de China, nos vuelve a traer de cabeza. Siente uno la sensación de provisionalidad vital y estar a merced de cualquier «evento» pues, muy a pesar de todos los logros y avances médicos, el mundo de los gérmenes presenta numerosas incógnitas, ni siquiera imaginables.
    Fuente: Historias de Valladolid (Miguel Ángel Martín Móntes)
  • Added February 23, 2014
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    El último garrote vil

    Dibujo de Carmelo López de Arce
    En febrero de 2015 se cumplirán 60 años de la ejecución a garrote vilThis link opens in a popup window del último ajusticiado en Valladolid D. Pedro Morejón Fernández "el Mosco". En la biblioteca de la Audiencia de Valladolid se conservan dos juegos de este sistema de pena capital que fue usado por última vez en 1974 y que estuvieron guardados en sus olvidados sótanos. Valladolid se convirtió en cita obligada de los ejecutores de la justicia, lo que explica que los garrotes de Cáceres y Barcelona acumulen óxido junto a los polvorientos legados que guardan las historias más o menos tenebrosas de la vida judicial de estas tierras. No debía estar bien retribuido el oficio cuando nadie quiso en Valladolid encargarse de "el Mosco".
    En Villamuriel de Cerrato aquel 5 de diciembre de 1952, Pedro Morejón (un obrero agrícola soltero de 21 años) se aburría junto a su casa haciendo una pelota de lana.
    Cuando Cesárea cruzó junto a su puerta precedente de misa recordó que la solitaria mujer acababa de vender una tierra. Sin pensarlo mucho penetró en la vivienda de su convecina, asaltandola y estrángulándola. El crimen le reportó al "Mosco" un exíguo botín. La anciana apenas llevaba un billete de cinco pesetas encima y otras 60 en su monedero.
    Tras cortarse las uñas y lavarse las manos para no dejar huellas, Morejón compró tabaco en el estanco con el dinero robado y se fue con un amigo al cercano Aguilar de Campos donde ahogó la convulsión del momento en la cantina de "Cavila".
    Para acompañar el nuevo giro que daba su vida decidió tentar a la suerte con dos décimos de la lotería de Navidad. 
    Audiencia Provincial de Valladolid
    Sus contínuas visitas a Aguilar para preparar su coartada no le valieron. La Guardia Civil le detuvo cuatro días después. Del botín solo quedaban cinco pesetas. Tras la vista oral que se celebró diez meses después, la Sala de lo Criminal apenas necesitó cuatro días para condenarle a la pena capital. El tribunal calificó los hechos como robo con homicidio y le condenó con las agravantes de "desprecio de sexo en la propia morada de la ofendida" y "alevosa" ante el carácter "joven y hercúleo" del agresor. Los intentos de la defensa de convencer al Supremo de que separara el delito de robo del de homicidio, y el recordatorio de que Pedro Morejón sufrió erosiones en la mano izquierda que demostrarían que Cesarea "se apercibió del ataque y se defendió" no prosperó.
    La Sala Segunda del Tribunal Supremo se limitó a confirmar la sentencia sin modificar ni una sola coma, lo que enterró la penúltima posibilidad del "Mosco" de evitar el garrote.
    Cerrada la vía judicial tan sólo quedaba la política, marcada en la época por una ejemplaridad que hacía concebir mínimas esperanzas.
    Garrote Vil conservado en la Audiencia de Valladolid
    "Creo que los magistrados que le condenaron rezaron siempre para que la ejecución no se produjera" aseguró el presidente de La Piedad.
    Unas oraciones que de nada le sirvieron a Pero Morejón, un "insolvente de mala conducta" que pasará a la historia como el último ajusticiado por garrote vil en Valladolid.
    Garrote Vil conservado en la Audiencia de Valladolid
    La Cofradía de la PiedadThis link opens in a popup window, cuya labor de asistencia y amparo a los penados era tradicional desde su fundación ayudó al último condenado a garrote vil, Pedro Morejón Fernández "el mosco", en Valladolid a las 6 de la madrugada del 14 de febrero de 1955, al que la cofradía auxilió compartiendo con él la última cena (menú de tortilla de patatas y merluza rebozada, todo ello regado con clarete de la tierra), y haciéndose cargo de su cuerpo. De sus arcas salió el dinero para el nicho en que fue enterrado, cuya sepultura ha tenido en propiedad durante treinta años.
    -Fuente: El Norte de Castilla (19 de junio de 1994). Antonio Corbillón
  • Added August 20, 2012
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    El incendio de la Iglesia de San Pablo de 1968


    El pavoroso incendio se declaró el 9 de septiembre de 1968. El fuego fue descubierto durante la celebración de una de las misas de primera hora de la tarde. Inmediatamente se dio orden a los fieles para que abandonaran el templo, cosa que llevaron a cabo con relativa calma. 
    Rápidamente comenzaron a verse las llamas en la bóveda de la iglesia. A las tres y media de la tarde ya se habían perdido, por lo menos, la mitad de la bóveda, obra de mediados del siglo XV, pintada por Carducho.
    Con la mayor celeridad fueron avisados los bomberos del parque de esta ciudad. También fueron avisados los de Palencia.
    Tan pronto como fue divulgada la noticia del incendio, se presentaron en el lugar del suceso el capitan general, gobernador civil, alcalde de la ciudad, jefe superior de Policía, delegado provincial del Ministerio de Información y Turismo, jefe de la Policía Armada, otras autoridades y arquitectos municipales.
    Se trabajó intensamente para evitar que el fuego se propagase al Museo Nacional de Escultura PolicromadaThis link opens in a popup window, edificio contiguo a la iglesia de San PabloThis link opens in a popup window.
    Las pérdidas fueron de gran consideración, debido a las obras de arte que contiene el referido monumento. El siniestro se inició en la bóveda superior del altar mayor.

    -Fuente: Diario ABC
  • Added March 2, 2018
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    1918, la gripe que sacudió Valladolid.


    Arrancó hace 100 años, en primavera y se recrudeció en septiembre. En total, entre 50 y 100 millones de muertos en todo el mundo, un 2,5-5% de la población. El primer brote de gravedad se registró en marzo en Kansas, de donde pasó a Europa. Eran tiempos duros, los de una I Guerra Mundial que aún duraría unos meses más. La firma del armisticio de paz, en noviembre, coincidirá con el final de la epidemia.
    Ésta pasó de Francia a España y, debido a que nuestro país informó sin cortapisas, libre como estaba, merced a su neutralidad, de las ataduras censoras de los países contendientes, llegó a calificarse como 'gripe española'.
    Teorías hay que defienden el contagio de españoles y portugueses en el país vecino, a donde habían acudido como mano de obra necesaria ante los rigores de la contienda. En Valladolid arrancó, cuentan, en Medina del Campo, precisamente a raíz de un contagio con portugueses recién llegados del país galo.
    Ya en primavera, informes coetáneos hablan de decenas de muertos. Mas lo duro, lo durísimo, comenzó a finales de septiembre de 1918. Porque si ya era alarmante contar a diario con un número fijo de siete a nueve fallecimientos a causa de la gripe, el día 26 saltaron las alarmas ciudadanas al tener noticia de que 24 horas antes, la epidemia se había cobrado 13 víctimas. No digamos ya cuando, setenta y dos horas después, esa cifra ascendía a 20.

    El 27 de septiembre, la Junta provincial de Sanidad declaró oficialmente la epidemia en Valladolid. La prensa se hizo eco el 1 de octubre.
    La Circular, inserta en el Boletín Oficial de la Provincia, venía acompañada de instrucciones claras para evitar el contagio: "Siendo un hecho de observación comprobado que el único preservativo de contagio de la gripe depende de la incomunicación de los sanos con los enfermos y mucho más con los convalecientes (…), como asimismo que las reuniones y aglomeraciones públicas son la principal causa de la propagación epidémica de dicha enfermedad, queda terminantemente prohibido en los pueblos contaminados toda clase de fiestas y espectáculos de carácter público en espacios mal ventilados".
    Hacia el 30 de septiembre el brote surge con fuerza en la comarca más próxima a Olmedo, donde la peste hace estragos Valladolid, y en toda la ribera del Duero en general, donde a estas alturas la pandemia ha desencadenado ya miles de fallecimientos. 
    El Dr. García Durán, jefe de salud de Valladolid, describió como la enfermedad apareció en la provincia tras la celebración de la festividad de San Antolín en Medina del Campo. Para empeorar las cosas, se convocaron oficios religiosos multitudinarios para rogar por el fin de la enfermedad, lo que provocó un aumento de los contagios. En algunas áreas la mortalidad fue elevadísima, así por ejemplo en la ciudad de Zamora llegó a alcanzarse una tasa de mortalidad de 10 muertes por cada 1000 habitantes. La situación fue tan grave que se utilizaron en el papel de voluntarios médicos a los estudiantes de medicina.

    Además de publicarse las estadísticas de mortalidad, en la prensa se empezaron a difundir noticias sobre agravamientos o fallecimientos de personajes importantes de la época. La primera de ellas fue mostrada en el periódico ABC desde Viena el día 1 de julio de 1918 (pág. 10), mediante radiograma: "La Emperatriz de Austria se encuentra enferma a causa de una ligera gripe; pero como la enfermedad sigue su curso normal, se prescinde de dar el informe médico". Posteriormente el 7 de octubre de ese año, en la página 16 del mismo periódico desde Valladolid se comunicaba: "Ha fallecido el médico de San Miguel del Arroyo. En este pueblo hay numerosos atacados. 
    ¿Cómo se intentaron evitar los contagios? En muchos países se prohibió escupir, se cerraron cines, teatros y en algunos incluso las escuelas. Pero quedaron abiertos los centros de culto religioso. 
    Las restricciones contra las aglomeraciones, las mascarillas y aspirinas resultaron inútiles. Lo que acabó con la gripe fueron los efectos de la propia gripe: se llevó por delante a las personas menos sanas, fue especialmente inclemente con los que ya padecían otras enfermedades y los más débiles.
    Los supervivientes quedaron inmunizados. La población mundial se redujo drásticamente. Pero se recuperó pronto: a la gripe de 1918 y al fin de la guerra les siguió una euforia reproductiva.
    Fuentes: El Mundo.es - El Norte de Castilla - ABC
  • Added October 24, 2012
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    El derrumbe de la torre de la Catedral

    Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes (www.azulín.esThis link opens in a popup window), portada del libro La buena MozaThis link opens in a popup window
    de Miguel Ángel Galguera

    El mes de mayo de 1841 había comenzado en Valladolid con muy mal tiempo, con lluvias torrenciales y vientos de mucha fuerza. Durante todo el mes siguió más o menos la lluvia y el viento. El día 31, segundo día de la Pascua de Pentecostés, se celebraron en la catedralThis link opens in a popup window los Oficios correspondientes y los vallisoletanos se disponían a ir a la romería del Carmen, según la costumbre. A las 12 de la mañana arreció el temporal de agua, viento y granizo y los ciudadanos tuvieron que ponerse a refugio en sus casas. A las 3 de la tarde cesó la tormenta y la vida volvió a su quehacer diario. Horas después, cerca de las 5 de la tarde Valladolid se vio conmocionada con un ruido terrible y las casas cercanas sintieron una gran trepidación como consecuencia del derrumbe de la torre que se había venido abajo casi por completo, a partir del último cuerpo, el ochavado, donde estaban colocadas las campanas, arrastrando gran parte del tercer y segundo cuerpo, con el reloj incluido. Parte del derrumbe cayó a plomo sobre la fábrica de la catedralThis link opens in a popup window, sobre la capilla del Sagrario, destrozando la bóveda, y parte cayó sobre el lado que daba a poniente, cegando momentáneamente el cauce del río Esgueva. En su caída se llevó por delante las bóvedas, vigueteados, escaleras, balaustradas y cornisamientos y el antiguo rollo conocido como el león de la catedralThis link opens in a popup window que había sido trasladado desde la plaza de Santa María al atrio de la catedral. Tanto el historiador Matías Sangrador y Vítores como el periodista José Ortega Zapata narraron punto por punto estos acontecimientos. Ortega Zapata lo comentaba así:
    […] fue como si hubiesen disparado muchos cañones a la vez; y la ciudad y las habitaciones de las casas se vieron envueltas en densísima nube de polvo, casi impalpable, pero que asfixiaba […]
    Grabado de Fournier que muestra la fachada de la catedral
    de Valladolid antes de la caída de la torre en 1841

    No hubo ningún muerto y sólo dos personas resultaron dañadas: el campanero Juan Martínez y su esposa Valeriana PérezThis link opens in a popup window que tenían su vivienda en la torre en un cuarto junto al campanario. Al campanero le dio tiempo de cobijarse en uno de los vanos del tercer cuerpo que por fortuna no cayó con el derrumbe, pero la campanera cayó junto con los elementos de la torre que la "depositaron" entre escombros en la capilla del Sacramento, protegida por una viga. La mujer pasó 30 horas en aquella posición hasta que fue rescatada; estaba maltrecha y muy golpeada pero con vida.
    Intervención de las autoridades
    Las autoridades municipales, civiles, militares y religiosas acudieron sin demora al lugar de los hechos y se reunieron para decidir urgentemente los pasos a seguir. Llegó el alcalde Mariano Campesino, las tropas de guarnición, organizaron grupos de observación para estar alertas a posibles nuevos desprendimientos, otros grupos para el orden público, otros para salvaguardar el resto de la catedralThis link opens in a popup window y evitar el pillaje. También fue incluido como ayuda y mano de obra un grupo de presidiarios de los que estaban confinados en las dependencias del monasterio de San Pablo. A continuación llegaron los arquitectos, los maestros de obra y varios albañiles provistos con sus herramientas.
    Decidieron trasladar todos los objetos de la iglesia a otras parroquias y el alcalde tomó posesión de las llaves de las puertas para dejarlas bien cerradas y abrirlas sólo para que los obreros pudieran entrar y salir en el transcurso de las obras que empezarían muy pronto. El Cabildo catedralicio agradeció a todos su presencia y ayuda y así lo hizo constar en el Libro de Actas.
    Dibujo de Isidoro Domínguez Díez que muestra el derrumbamiento de la torre de la catedral de Valladolid.

    Desmantelamiento de las ruinas
    El informe de los arquitectos a la vista de cómo había quedado la torre fue desalentador. "El estado que presenta la torre es completamente desesperado". El Ayuntamiento tenía prisa por emplear medidas eficaces para evitar daños mayores de futuros desprendimientos de las ruinas que aún quedaban en pie. Se procedió en primer lugar a despejar toda la zona de los escombros caídos y una vez realizado este trabajo y siguiendo los consejos de los profesionales, se tomó la decisión de hacer el desmonte de la parte de la cúpula y del octógono que se mantenía en pie de forma muy insegura. Tanto el Ayuntamiento como el Cabildo se encontraban bastante escasos de fondos pero además no era fácil encontrar gente que quisiera hacer un trabajo tan peligroso. Fue entonces cuando se presentó voluntario Francisco González, un presidiario que cumplía condena por homicidio y que presentó un plan para proceder al derribo, con un presupuesto bastante bajo de 10.500 reales y como pago de su trabajo, la exención de su pena; los arquitectos estudiaron y aprobaron el plan que se fue desarrollando con éxito y que concluyó el 14 de agosto de 1841.
    Pero las autoridades no se conformaron con el desmonte de lo estrictamente ruinoso considerándolo insuficiente y decidieron que debía continuarse hasta llegar al primer cuerpo de la torre, es decir a la misma altura en que se encontraba la base de la torre de la parte este. Francisco González estuvo de acuerdo en seguir con la obra emprendida, pero esta vez cobrando, ya que había cumplido con lo pactado anteriormente. El Ayuntamiento le entregó 170.000 reales y la demolición continuó hasta la altura en que puede verse en la actualidad. Mientras tanto se iba haciendo muy despacio la labor de despejar los escombros acumulados de nuevo, salvando en lo posible los materiales que pudieran servir. Los compró el Ayuntamiento y se ocupó de su traslado, pero el resto de cascotes y escombro inútil permaneció en el sitio hasta el año 1843. También se fueron abriendo las calles afectadas, para que la ciudad volviera poco a poco a la normalidad.
    Restos de la torre hundida en 1841 tras el proceso de demolición, con
    la cornisa destrozada por el efecto de la caída de las piedras.

    Así quedó la primera y única torre de la catedral que nunca más fue levantada de nuevo. La catedral se vio sin torre, sin campanas y sin reloj. Las campanas y el reloj eran todo un símbolo y una necesidad para la población que confiaba tanto en unas como en otro, para los acontecimientos religiosos y de otra índole y para la distribución de su tiempo. La torre de la catedral y su reloj se veían desde cualquier punto de Valladolid y esa referencia se había perdido para siempre. Así, la vecina Universidad tuvo que construir una torre propia en 1857 para poder colocar un reloj en ella, pues hasta 1841 se había regido por el reloj catedralicio.
    Torre del lado de la epístola
    La segunda torre, la que se conserva, es obra del siglo XIX. Su primer cuerpo, de planta cuadrada, estaba ya edificado en simetría con la torre de poniente.
    En 1848 hubo un primer intento de reconstruir la torre perdida, pues el Cabildo pidió al arquitecto Epifanio Martínez de Velasco un estudio sobre el particular. Esto no siguió adelante hasta que en 1861 el Cabildo pidió al arquitecto Vicente Miranda un informe para levantar la torre en el mismo lugar que la anterior. El arquitecto, abrumado por la responsabilidad, pidió la creación de una comisión de arquitectos para ello, lo que se llevó a cabo. Estaba formada por Miranda, Jerónimo Ortiz de Urbina, Segundo Rezola y José Fernández Sierra, bajo la dirección de Antonio Iturralde Montel. Decidieron llevar a cabo una serie de catas en la base de la torre perdida y en la del lado de la Epístola. Un año después, en 1862, firmaban el proyecto. Éste trataba de construir ambas torres de la fachada de la Catedral siguiendo la forma de la torre desaparecida (es decir la torre trazada por Herrera más el remate ochavado) pero suprimiendo el segundo cuerpo de la torre, que tenía en los alzados dos ventanas superpuestas. Así, las torres proyectadas eran notablemente más bajas que la desaparecida, pero más económicas. No obstante, el proyecto no se pudo realizar por falta de fondos.
    En 1878 se decidió construir la torre del lado de la Epístola siguiendo el proyecto de 1862. La dirección recayó en Antonio Iturralde Montel. En 1879 se subastaron las obras y empezaron a agruparse materiales en la Plaza de la Universidad. En 1880 se iniciaron las obras, con gran fuerza. Para subir las piedras, se instalaron dos máquinas de vapor. A finales de año, el cuerpo de base cuadrada con los grandes arcos (el segundo piso) estaba ya a la altura de los arranques de los arcos y se empezaban a montar las cimbras para realizarlos. Sin embargo, la falta de fondos hizo que las obras se pararan poco después. En la primavera de 1884 las obras comenzaron de nuevo. A finales del verano, estaba ya concluido el segundo piso, con sus grandes arcos, hasta la barandilla. Durante el otoño e invierno, se construyó el cuerpo octogonal y se subieron las campanas el 27 de marzo.
    La Catedral sin las dos torres

    La torre, sin la cúpula de remate ni el cuerpo ochavado finalizado (de los ocho arcos para las campanas sólo tenía terminados dos), se inauguró el 4 de abril de 1885, día de Sábado Santo, en la Vigilia Pascual, que antes de 1951 se celebraba el sábado por la mañana en vez de por la noche. El acto comenzó con el toque a Gloria de la campana dedicada a San Miguel Arcángel, que procedía de la antigua torre derrumbada y que se había guardado y conservado.En agosto de este mismo año de 1885 se terminaron los arcos restantes y a las 5 de la tarde del día 11, el arzobispo de Valladolid Benito Sanz y Forés, en otra solemne ceremonia bendijo los arcos concluidos y la colocación de las otras cinco campanas.
    La torre durante la fase de construcción
    Pronto empezaron las críticas por la escasa esbeltez y altura de la torre (es fácil imaginarse el efecto sustrayendo de la torre actual la estatua del sagrado Corazón, cúpula, y el piso del reloj y tercer piso del cuerpo ochavado) y porque las campanas no se oían por ser demasiado baja la torre. Así, Antonio Iturralde se vio obligado a hacerla más alta que lo proyectado en un principio. A principios de 1886 se aprueba el proyecto de reforma de la torre, que añadía sobre lo construido dos pisos más, ochavados, uno con el reloj y otro con una nueva sala de campanas, rematando con cúpula. A principios de la primavera de 1887 se terminaba el cuerpo del reloj y a finales del verano se estaban terminando los arcos del último piso ochavado, la nueva sala de campanas. En ese momento, surgen dudas sobre la estabilidad de la torre, pues Iturralde no había hecho cálculos de pesos ni de resistencia de materiales. Solventados estos problemas, en 1888 se subían las campanas al tercer piso del cuerpo ochavado, donde hoy se siguen encontrando. La torre se remató en 1890 con un tejado de escasa pendiente en lugar de la cúpula proyectada y un pararrayos.
    Todavía quedaba por terminar el remate de la balaustrada, la cúpula y una linterna con que debía rematarse el proyecto. La falta de recursos hizo que de momento se cubriera de forma provisional a la espera de su culminación que llegaría años después.
    Fachada de la catedral de Valladolid. La fotografía es anterior a1923 por lo que la torre se encuentra sin la estatua del Sagrado Corazón.

    Fin de las obras
    En 1911 se instaló en la torre un reloj de cuatro esferas. En 1923 continuaron las obras para la culminación. Se construyó la cúpula, pero la linterna proyectada fue sustituida por la estatua del Sagrado Corazón, obra del escultor Ramón Núñez y en 1924 con la instalación del pararrayos en la estatua, se dio por finalizada la obra de la construcción de esta torre que se había iniciado en 1880.
    Estado actual de la Catedral

    Es lunes de Pentecostés del años 1841, mientras la gente regresaba de la romería del Carmen de Extramuros, la torre de la catedral de Valladolid -a la que los ciudadanos llamaban con orgullo la Buena Moza- se vino al suelo con gran estrépito arrastrando en su caída a Valeriana, la mujer del campanero. Recuperando algunos personajes reales e inventando otros, Miguel Ángel Galguera nos traslada, a partir de este singular episodio de la historia, a una época de bravucones y señores, guapas y trabajadores, gitanos y alguaciles, que verán cómo un gallego es el único capaz de tumbarse él solo a la Buena Moza de Valladolid.

    -Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/Torres_de_la_catedral_de_ValladolidThis link opens in a popup window
  • Added November 16, 2012
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    Valladolid ve la luz

    Edificio de la Electra Popular Vallisoletana

    Por Joaquín Martín de Uña
    Si a los primitivos habitantes del caserío vallisoletano se les hubiera ocurrido pensar que llegaría el momento en que la iluminación de sus vías públicas dejaría de ser un problema y se convertiría en algo tan habitual que únicamente la falta de suministro haría recordar lo imprescindible de la iluminación nocturna, quizá hubieran pensado que se trataba de un sueño irrealizable que tendría lugar muchos años después. Y estarían en lo cierto.
    Quizá primero fueran las rondas nocturnas de las fuerzas de orden de la ciudad quienes aportaran la luz vacilante de sus rudimentarios medios, luz y compañía a los transeúntes en las oscuras noches.
    Años más tarde las vías públicas principales comenzaron a iluminarse con antorchas y recipientes de barro que contenían aceite y una mecha situados en lugares oportunos y de forma constante, sistemas de iluminación utilizados en la celebración de fiestas públicas uno de cuyos complementos fue la iluminación de algunos edificios públicos, así como la de fachadas y altares de las iglesias penitenciales.
    A mediados del siglo XIX, cuando ya la iluminación pública correspondía a los ayuntamientos, comenzaron a instalarse en las esquinas de las calles faroles de reverbero de aceite (1837), gas (1850) y petróleo (1870), así como en paseos y plazas se situaron farolas de candelabro, con un número variable de brazos, alimentadas por dichos combustibles, lo que dio lugar a que se hiciera familiar en las calles vallisoletanas la presencia de los faroleros, llevando una escalera y una larga caña con una mecha y un cono de zinc, con el cual encendían y apagaban faroles. Al final del siglo llegó la revolución de la luz eléctrica.


    Traslado a los Filipinos de los restos de Fray Alonso de Orozco el 8 de diciembre de 1882. / M. DE U.

    Inauguración
    En una noticia publicada por EL NORTE DE CASTILLA en 1882 se comunicaba la inauguración de la luz eléctrica «en todos los establecimientos de esta capital y algunos particulares», si bien continuaron en servicio mil farolas de reverbero y gas, como recoge María Antonia Virgili en 'Urbanismo y Arquitectura en Valladolid en el siglo XIX'. En 1906 comenzó a funcionar la Electra Popular VallisoletanaThis link opens in a popup window, tras acuerdos con El Porvenir de Zamora y Electricista Castellana, siendo propietaria del salto de agua del Cabildo e inaugurándose la central el 20 de febrero en 1906. En 1908 la firma vallisoletana Anselmo León SA inauguró el salto de agua situado en la desembocadura del Esgueva.
    Las ferias y fiestas de San Mateo fueron una de las grandes beneficiadas por el nuevo descubrimiento, no solo por la iluminación de paseos y templetes durante su celebración, sino por su utilización en las primeras proyecciones cinematográficas y en la música de los discos que alegraron dichas celebraciones. 
    En las ferias de 1885 se resaltó «la brillante iluminación de gran novedad y sorprendente efecto», así como «la iluminación de forma caprichosa del templete de la glorieta de la Plaza Mayor». En 1888 se iluminaron el Campo Grande y el templete de la Plaza Mayor «por medio de seis arcos voltaicos». La iluminación electrónica, las lámparas de bajo consumo y un largo etcétera vendrían más tarde.
    -Fuente:  El Norte de CastillaThis link opens in a popup window
  • Added January 20, 2013
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    La gran inundación de 1636


    Todo el que haya paseado por la avenida de Santa TeresaThis link opens in a popup window se habrá interesado por un letrero de piedra embutido en una pared del convento de Santa Teresa, que dice: Aquí llegó Pisuerga en 4 de Febrero de 1636. Alabado sea el Santísimo Sacramento. Es la marca de uno de los Guinnes de nuestra ciudad.
    El lunes cuatro de Febrero de 1636,  entre las nueve y las diez de la mañana, comenzó a oirse un gran alboroto en la ciudad. Unos venían corriendo y gritando que el Pisuerga estaba creciendo con una rapidez desconocida, para encontrarse con otros que también corrían y llegaban de dirección opuesta voceando que llegaba un andalubio -voz de Tierra de Campos-  por la Esguevas.
    Fueron muchos los que hicieron lo propio y salieron a la carretera, abandonando casas y haciendas, para buscar refugio en los lugares más altos de la ciudad, como era la puerta de la CatedralThis link opens in a popup window. Otros, en cambio, se resistieron a dejar sus posesiones sin dueño, pensando que la cosa no iba a ser para tanto. El Ayuntamiento, por si acaso, lanzó a sus pregoneros por las calles, a ordenar el desalojo de todas las casas situadas en el trayecto de las Esguevas.
    Ilustración de Ana Rdguez Manteca, Pedro Sainz Guerra,  Rafael Vega
    El Pisuerga creció tanto que tapó por completo el Puente MayorThis link opens in a popup window. Sus aguas entraron en la ciudad, río arriba, por los cauces de las Esguevas, encontrándose con la avenida que llegaba de Renedo. El choque entre ambas corrientes provocó una subida rapidísima de las aguas, que alcanzaron el primer piso de las casas edificadas en las zonas más bajas, la Platería, el Val This link opens in a popup windowy la RinconadaThis link opens in a popup window.
    Valladolid estaba hecha fundamentalmente de barro, de adobe, y las casas comenzaron a resentirse, los que se quedaron dentro clamaban a Dios que las gentes les socorriesen. El rescate se hizo como se pudo y según la altura de las aguas, con caballos, con barcas, o a cuestas de los más jóvenes y atrevidos.
    El día cinco comenzaron a bajar las aguas. Las calles estaban llenas de bascosidades y barro. Doscientas casas -según la información- se derrumbaron, matando por aplastamiento a ciento cincuenta vecinos que no habían querido separarse de sus muebles.
    ¿Se creían que con el incendio de 1561This link opens in a popup window se habían terminado las desgracias? Pues no, otra vez a reconstruir la ciudad.
  • Added March 2, 2020
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    Los orígenes de la Plaza Zorrilla

    La zona a finales del siglo XVIII, previo a la construcción de la Academia de Caballería

    Ya en 1859 se hace mención en El Norte de Castilla a la instalación de unos pequeños jardines en la parte delantera de la Academia de CaballeríaThis link opens in a popup window, los cuales pervivirán, con sucesivas modificaciones, a lo largo de toda la centuria. Pero estas no son obras que rompieran con las características que había tenido este espacio desde antiguo, no formando una verdadera plaza, sino siendo más bien un cruce de caminos. Es por este hecho que en los años siguientes el espacio correspondiente a la plaza tan solo se veía afectado por la ejecución de los diversos proyectos que tenían como fin la recomposición o nueva creación de enlaces entre las diversas vías, destacando de entre ellas la de la carretera de Madrid.
    Esta carretera provocará no pocos problemas. En 1877 ésta pasaba por el centro del Campo Grande, que estaba siendo reformado de manera notable. Por este hecho Ruiz de la Sierra presentó un proyecto para variar el trazado de la citada vía a lo que en la actualidad es el paseo de Zorrilla. La idea fue acogida con entusiasmo por todos, concediéndose el correspondiente permiso sin mayores trabas y llevado a cabo en los años siguientes. En 1883, ya sin Ruiz de la Sierra en el puesto de arquitecto municipal, se concluía el proyecto, discurriendo la carretera por el paseo de Zorrilla, en aquellos tiempos acera de Sancti Spíritus.This link opens in a popup window
     Este espacio desde antiguo, no formaba una verdadera plaza, sino siendo más bien un cruce de caminos
    No hubo grandes reformas hasta la década de los noventa, en la que hay varias alineaciones de la zona. En 1892 se trata de realizar un cerramiento del paseo mediante verjas, algo que finalmente no se llevaría a cabo. Fue al año siguiente cuando casi coincidiendo con la muerte de José Zorrilla se dé el nombre del poeta a esta avenida y se apruebe la alienación definitiva.
    La existencia de una importante vía hacía necesario un lugar desahogado que sirviera de distribución de la circulación. Por este motivo en 1894, tal y como recoge Fernández del Hoyo, se planteé por primera vez en el Ayuntamiento la posibilidad de abrir una gran plaza. Tras el correspondiente estudio, en diciembre de ese mismo año se aprobó la construcción de la plaza de Zorrilla, recibiendo todo tipo de parabienes.
    La prensa recoge la ejecución de las obras, que fueron llevadas a cabo con una sorprendente rapidez, ya que en marzo de 1895 estaba perfectamente trazado el perímetro de la misma. Pero durante la ejecución de las obras comenzaron también las voces contrarias a la existencia de la citada plaza, encabezadas por el diario La Libertad, periódico republicano de Clara inclinación al Partido Democrático Progresista. Este diario, enemigo del alcalde Ramón Pardo, atacó con dureza la propia existencia de la plaza, así como las ideas urbanísticas de la misma.
    Tanto en las informaciones de La Libertad, como en las de otros diarios como El Norte de Castilla, se recogía la posibilidad de instalar una fuente monumental en el centro de la plaza. En concreto se hablaba de la posibilidad de trasladar la Fuente de la Fama a aquel lugar, aunque gustaba más la posibilidad de erigir un monumento al vate vallisoletano. Al final, las idea de trasladar la Fuente de la Fama fue desestimada, al igual que la de levantar un monumento a Zorrilla, optándose por la construcción de una nueva fuente, la cual fue concluida en los últimos meses de 1895. Ésta estaba realizada en piedra blanca, posiblemente de Campaspero, de pequeña altura y forma cuadrilobulada.
    Preparando los cimientos para la estatua de José Zorrilla
    Poco duró la plaza de Zorrilla con este nuevo elemento, ya que cuatro años después se plantea de nuevo, y en esta ocasión de manera definitiva, la erección de una estatua al poeta vallisoletano. Esta reforma, la última que sufriría la plaza en el siglo XIX, implicaba la instalación de un jardín de 52 metros cuadrados encerrado en una verja octagonal decorada con escudos de la ciudad, liras y ramas de laurel. Cabe destacar sobre este jardín que rodeaba el monumento en memoria de José ZorrillaThis link opens in a popup window que no estaba colocado en el centro de la plaza, sino centrado con relación al Paseo del Príncipe.
    Fuente: El siglo en que cambió la ciudad (José Miguel Ortega del Río)
  • Added July 14, 2016
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    Barrios de Valladolid: Las Delicias.

    Icónico barrio obrero de la ciudad, Las Delicias ha nacido y crecido al amparo de los talleres ferroviarios y de factorías como IVECO. Con sus fiestas populares a la vuelta de la esquina y viendo peligrar su título como zona más poblada de Valladolid, repasamos la historia del barrio Las Delicias. Una historia ligada al ferrocarril  […]
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Plaza Mayor, 1. 47001 Valladolid, España.
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