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Ayuntamiento de Valladolid

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  • Added May 22, 2019
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    El día que el príncipe Juan Carlos atropelló a un ciclista en Olmedo


    Corría el año 1955. En Madríd, en el palacio de los Montellano, prosigue Juan Carlos, el futuro heredero al trono, sus estudios preparativos para su ingreso en la Academia Militar de Zaragoza junto a un escogido grupo de compañeros aristócratas de su edad. El severo preceptor del príncipe, el general Martínez Campos, lo somete a un plan de estudios espartano, de manera que Juan Carlos apenas sale de la mansión.
    Los domingos, después de misa le organizan algún viaje cultural por los alrededores de Madrid, para que se airee.
    Un día toca visitar el castillo de la Mota, en Medina del Campo, sede central y escuela de mandos de la Sección Femenina de Falange. El general se adelanta con su coche oficial. Juan Carlos viaja en el Mercedes de servicio conducido por su profesor de Geometría y trigonometría, el teniente coronel Emilio García Conde. En el asiento de atrás dormita el futuro general Alfonso Armada, también profesor suyo. Cuando salen de Madrid, el príncipe suplica a García Conde que lo deje conducir.
    ---No puede ser ---replica el militar-. Su alteza no tiene carné.
    Cuando el príncipe se emperra en una cosa puede acabar con la paciencia de cualquiera. García Conde termina por cederle el volante. En el paso a nivel con barreras de Olmedo, don Juan Carlos atropella a un ciclista sin más consecuencias que el pantalón roto, desollones superficiales en la pierna y una rueda de la bici destrozada. García Conde zanja el asunto entregando una generosa propina al accidentado.
    Sin más contratiempo llegan al castillo de la Mota con García Conde nuevamente al volante. Durante el almuerzo, Juan Carlos comenta, locuaz y despreocupado, el incidente del ciclista y lo contento que marchó el pobre diablo tras percibir su generosa compensación.
    El general Martínez Campos guarda silencio, pero en cuanto levantan los manteles se lleva aparte a Armada y le ordena secamente:
    -Busca al herido, recupera el dinero y da parte del accidente a la policía de carreteras.
    Armada objeta que no tienen idea de quién es y que la lesión ha sido apenas una rozadura.
    ¿Es que no os dais cuenta de las consecuencias si se le gangrena la herida? Vosotros buscadlo. El príncipe se vuelve a Madrid conmigo.
    A los pocos días, el general Martínez Campos le entrega a Juan Carlos un sobre grande que contiene otro más pequeño, que a su vez contiene otro más pequeño y así sucesivamente hasta un último sobre en el que el príncipe encuentra su regalo sorpresa: un flamante carné de conducir a su nombre.
    Alfonso Armada narra el incidente en su libro Al servicio de la corona, 1983
    Fuente: De la alpargata al seiscientos. Juan Eslava Galán
  • Added October 16, 2017
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    Las primeras emisiones de televisión en Valladolid

    Radio Valdeprado instaló en su escaparate un receptor donde los atónitos vallisoletanos pudieron disfrutar de las primeras emisiones de televisión
    La hacedora del milagro fechado el 19 de julio de 1959, una emisora provisional de 50 watios instalada en la sierra de Navacerrada.
    «La TV ha llegado a Valladolid», recordaba el extinto Diario Regional, que (y como si de un serial de suspense se tratara) venía informando de los pasos tecnológicos que posibilitarían la irrupción de las aventuras de Cisco Kid y el Agente X o las propuestas musicales de Hoy es fiesta y Alta Fidelidad en los salones de algunos privilegiados y en las vidas de quienes frecuentaban El Café del Norte, el Salón Ideal y el Ideal Nacional, los tres establecimientos de la ciudad que estrenaron "contertulio". «Estos días hemos visto cómo la charla bajaba de tono cuando la acción de la pantalla tenía más interés y había quien se olvidaba de su café, ya frío, pendientes de las predicciones meteorológicas de don Mariano Medina», describía el reportero Rafael González en la edición del 8 de agosto de 1959, en la que se publicaba una curiosa foto tomada en el antiguo café Ideal Nacional. En ella, un técnico «montando guardia junto al receptor», subido a una escalera para vigilar su correcto funcionamiento. Escenas de las que fue protagonista el fundador de la empresa de telecomunicaciones Reantel y padre de quien habla, Josué Santiago. «Las primeras instalaciones fueron en bares y teleclubes de pueblo. Era muy poquita la gente que compró uno, sobre todo del entorno de la Acera de Recoletos y la Plaza Mayor, porque los televisores salían carísimos». De 16.500 a 32.000 pesetas, el salario de seis meses a un año del español medio.
    Y así, a cuenta gotas, los pedidos a Marconi, Telefunken y General Eléctrica Española fueron llegando al almacén de Ruano, principal abastecedor de los vecinos de Las Delicias, Pajarillos o Vadillos-San Juan. «Teníamos las justas», recuerda Eladio Miguel, gerente del comercio fundado en la calle Labradores en 1954, «y el 99% se adquiría a plazos, con letras a pagar de 12 a 18 meses». Aparatos de 20 pulgadas «y mucho fondo» como el que, poco tiempo después, entraría en el piso de la calle de la Pólvora del que Bernardina Vallés hizo un hogar. Eso sí, pagado «al contado» con los ahorros de años.
    «Nunca se me olvidará la primera vez que la vi. Si prácticamente no había pisado ni Segovia cuando vinimos a vivir a Valladolid desde Navas de Oro...», y Vallés deja en suspenso la frase para recuperar las sensaciones de la joven madre que contemplara absorta los fastos que rodearon la boda de Balduino de Bélgica y Fabiola de Mora y Aragón en diciembre de 1960. El escaparate escogido en aquella ocasión por un tumulto de curiosos, «el de un comercio que había frente al salón de helados Ideal. Uno de los primeros de la ciudad en el que podías encontrar de todo». Estampas públicas que pronto dejaron paso a las reuniones de salón como las que congregaban cada viernes a los vecinos de esta segoviana, «éramos los únicos que teníamos televisor», con la interminable huida de El fugitivo como excusa. «La televisión se extendió enseguida, casi diría que más rápido que la radio porque en España ya se andaba mejor de manteca», apunta el septuagenario Eliodoro García mientras chasquea los dedos de su mano derecha e incide en que los más mayores «tardaron tiempo en comprender» cómo funcionaba aquel artilugio que popularizó «la voz del cordobés Matías Prats». El tenis de santana. En casa de Mª Carmen Gonzalo, hija del vigilante jurado de la fábrica textil de la calle Titán, el doctor Kimble cedió protagonismo al nacional Manolo Santana y «sus pantaloncitos cortos». «Los jefes pasaban por casa a ver los partidos», aclara quien rescata de la parrilla de los 60 y 70 Un millón para el mejor, Cesta y puntos, Crónicas de un pueblo... Pero, sobre el resto de la programación, aquellos primeros boletines informativos (la emisión comenzaba a las 20.45 horas) leídos en directo y sin imágenes. Telediarios que hablaban de lo sucedido a cientos o miles de kilómetros y que contribuyeron a construir un mundo globalizado y modificar el pequeño horizonte pucelano.
    «Los programas de radio nos mantuvieron embelesados de niños, pero la magia de la televisión era incuestionable», sentencia Eladio Miguel antes de invocar con nostalgia las tardes-noche de «bares de barrio y vino», de «sillas en la calle, de tertulia y juegos al sereno del verano» desbancadas por los encuentros frente a la (ahora más que nunca) caja tonta que ocupara un sitio privilegiado en la casa molinera de una tía. «Nos cambió y, poco a poco, acabó con la vida social»
  • Added March 9, 2018
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    Horror en la vía. El accidente ferroviario de 1988

    Foto: Juan José Romero Rioja
    Por Oscar Fraile (El día de Valladolid)
    Madrugada del 3 de marzo de 1988. Estación de trenes de Valladolid. A las 3.00 horas el expreso número 861 procedente de Madrid y con destino a Santander se encuentra parado en el andén 1. Por detrás, en la misma vía, se acerca otro expreso, el Costa Vasca, que también partió de la capital, pero con destino a Bilbao. Faltan apenas unos segundos para que un fallo en el sistema de frenado derive en el mayor accidente ferroviario de Valladolid de la historia moderna, del que ayer se cumplieron 25 años.
    Todo sucedió muy rápido, el Costa Vasca embistió a 45 kilómetros por hora al convoy estacionado y provocó una tragedia que acabó con ocho personas muertas y 30 heridas. Y pudo ser peor, porque el vagón de cola del expreso cántabro, que estaba cargado con automóviles, amortiguó el golpe antes de que el tren llegara al siguiente vagón, un coche cama en el que viajaban diez personas. Ocho murieron, otra resultó ilesa y a otra hubo que rescatarla después de que se quedara atrapada por el brazo.
    Entre los fallecidos se encontraba el consejero de Obras Públicas del Gobierno Cántabro, Félix Ducasse. Además, la persona que quedó atrapada era Juan Tarín, director general de Agricultura del mismo ejecutivo.
    Foto:Cacho (El diario Montañés)
    El motivo principal del accidente fue un fallo en los frenos. Según cuentan las crónicas, el maquinista se dio cuenta de que algo no iba bien cuando circulaba a 75 kilómetros por hora e intentó reducir, sin éxito, la velocidad. A poco más de un kilómetro para entrar en la estación tomó la drástica decisión de desconectar el fluido eléctrico y dejar sin potencia la locomotora. Pero no fue suficiente. El maquinista tuvo que saltar literalmente del tren y el impacto arrugó como un acordeón el vagón cargado de coches y llegó a incrustarse en el que viajaban pasajeros.
    Las tareas de rescate fueron muy complicadas. Al no poder utilizarse sistemas eléctricos, por el peligro que entrañaban para los posibles supervivientes, los Bomberos tuvieron que valerse de una grúa y desguazar poco a poco el tren. Así, hasta pasadas cuatro horas no pudieron sacar el primer cuerpo sin vida. Una chica de 19 años.
    Entretanto, un equipo de psicólogos hablaba con algunas de las personas que estaban conscientes en el interior, entre ellos Juan Tarín, que estuvo atrapado por el brazo desde las 3.00 hasta que lograron sacarle a las 8.15 horas. A las 9.30 los servicios de emergencia lograron sacar por el techo a otro fallecido y en las tres horas siguientes se rescató a todos los demás.
    El accidente provocó un gran impacto en la sociedad vallisoletana. A primera hora de la mañana estaban allí casi todas las autoridades. El por entonces alcalde de la ciudad, Tomás Rodríguez Bolaños, se encontraba en Madrid, pero no faltaron el presidente de la Junta de Castilla yLeón, José María Aznar;  el portavoz del Gobierno, el vallisoletano Miguel Ángel Rodríguez; y el presidente de Renfe, Julián García Valverde.
    Hasta tal punto tuvo impacto esta tragedia en Valladolid que al funeral de las ocho víctimas, que se celebró al día siguiente, acudieron unas dos mil personas. El acto funerario tuvo lugar en la Catedral de Valladolid, aunque todos los fallecidos fueron trasladados a su lugar de origen, Cantabria, donde se les enterró.
    El maquinista no activó los frenos de emergencia
    Aunque la causa principal del accidente fue un fallo en los frenos, el maquinista del tren que se dirigía a Bilbao no activó el sistema de emergencia. El Boletín Oficial del Senado del 24 de mayo de 1988 recoge varias preguntas del senador almeriense Manuel Arqueros Orozco sobre las causas de este siniestro que van dirigidas al ministro de Fomento, que por entonces era Abel Caballero.
    En una de las respuestas recogidas en este documento se asegura que una de las causas del accidente fue «el no accionamiento de las válvulas de urgencia (maquinista) ni de socorro (ayudante) en ninguna de las dos locomotoras». Desde el Gobierno explican que es una conclusión que se deduce de las pruebas y «tras una profunda y exhaustiva investigación». Cabe recordar que este trabajador de Renfe fue sometido a la prueba de alcoholemia tras el accidente y el resultado fue negativo.
    Algunos meses después el Juzgado de lo Penal número dos de Valladolid condenó al maquinista y a su ayudante a diez días de arresto menor y al pago de una multa de 75.000 pesetas por una falta de imprudencia.
    Además, el juez dictaminó que deberían indemnizar con casi dos millones de pesetas a a Concepción Acedo y con 300.000 a Antuisa Rodríguez, las dos únicas lesionadas que llevaron el caso a los tribunales, según cuenta el diario El País en su edición del 28 de julio de 1990.
    Desde el Gobiero se dieron algunas explicaciones más sobre las causas del accidente. Eso sí, de carácter muy técnico. Por ejemplo, «tener la locomotora 269-032 en su relé principal el cuerpo móvil de la válvula de corte agarrotado».
    Fuente: http://www.eldiadevalladolid.com/noticia/ZEC5B7FF5-DEB9-9EB0-AAB2786011372ABC/20130304/25/a%C3%B1os/horror/viaThis link opens in a popup window
  • Added March 31, 2020
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    El desaparecido puente del Cubo o del Espolón Viejo

    Puente del Cubo o del Espolón, en la desembocadura del brazo Sur del Esgueva en el Pisuerga (Fundación Joaquín Díaz).
    Situado frente a la esquina más occidental de la calle Doctrinos y la parte trasera de la Academia de CaballeríaThis link opens in a popup window. Aparece dibujado en litografías y planos históricos, desde el siglo XVII, unido al desarrollo de la línea del Espolón. Era el último vado que existía en el Esgueva antes de su desembocadura en el río Pisuerga. Realizado en sillería caliza, contaba con un único ojo y un arco rebajado en la parte superior. Poseía una elevada altura, dado que el cauce del Esgueva en este punto era angosto y profundo, y que además servía para vadear en línea con el Espolón, en la salida de la ciudad hacia el barrio de las Tenerías.
    Puente del Espolón Viejo (Alfred Guesdon, 1854)
    Dos obras efectuadas en el año 2017 en la confluencia del paseo de Isabel la Católica con Doctrinos, una reparación de la tubería de abastecimiento de agua y la apertura de un socavón en la vía pública, han posibilitado sacar a la luz partes de la estructura del puente del Cubo o del Espolón Viejo, situado bajo el asfalto del paseo de Isabel la Católica.
    Las obras de reparación no han afectado a los vestigios estructurales conservados y tras la reparación de las averías se procedió al relleno controlado de los cortes y del propio lateral del puente.
    Se desconoce la fecha exacta de construcción de este vado, el más occidental de los levantados sobre el ramal Sur del río Esgueva, antes de su desembocadura en el río Pisuerga. Su origen debe situarse en los compases finales de la Edad Media, siglos XIV o XV, cuando se desarrolla el barrio artesanal de las Tenerías, junto al Pisuerga. Este puente serviría de comunicación de ese arrabal con el resto de la ciudad, encontrándose no muy distante de la salida natural de Valladolid hacia el Sur, coincidente con el puente del Campo, también sobre el Esgueva, pero a la altura de la calle Santiago, donde a su vez se situaba la puerta homónima, en el trazado de la segunda muralla de la ciudad.
    En el plano de 1738, de Bentura Seco, el puente forma parte de la línea del Espolón Viejo, el límite del casco urbano frente al río Pisuerga en esos momentos. Idéntica situación se observa en la planimetría histórica del siglo XIX, reconociéndose hasta 1911 como el cauce del río Esgueva discurría al aire en el intervalo comprendido entre este puente y el del Campo.
    Según el plano de Bentura Seco
     Desde 1879 se estaban llevando a cabo los trabajos de encauzamiento entre este vado y el de la calle Santiago, aunque por diferentes problemas (económicos, con contratistas, crecidas, etc.), una vez en marcha el plan de saneamiento de R. Uhagón se paralizó todo el proceso, habiéndose cubierto un trozo hasta la mitad de la actual calle de Doctrinos, mientras que el resto, que fundamentalmente discurre bajo el suelo de la Academia de Caballería, solo contaba con los muros de mampostería laterales. Posteriormente se rellenaría el tramo hasta el puente del Cubo, entre los años 1915 y 1919.
    El puente subsiste como punto final de desagüe de la Esgueva Sur en el río Pisuerga hasta la década de los años 50 del siglo XX. Entre los años 1953 y 1956 se construye el actual puente de Isabel la CatólicaThis link opens in a popup window (designado también en ocasiones con el nombre del Cubo), con proyecto del ingeniero Luis Díaz-Caneja Pando, siendo inaugurado por el alcalde J. González-Regueral.
    Fuente: VALLADOLID Y EL RÍO ESGUEVA
    Una historia de encuentros y desencuentros. Aproximación histórica y arqueológica
    al paso del cauce fluvial por la ciudad de Valladolid
    JESÚS MISIEGO Y JOSÉ IGNACIO DÍAZ-CANEJA (coords.)
  • Added February 29, 2020
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    El desaparecido Puente de los Vadillos


    La importancia que va cobrando el barrio de los Vadillos hacia la mitad de siglo XIX hace que en 1851 se apruebe construir un puente que salvara el ramal norte de la Esgueva en esta zona de la ciudad. Este puente, realizado con los tradicionales materiales de madera y mampostería, sufrió daños de importancia en las inundaciones de 1860, que le llevaron a una situación de ruina. Por esta razón, en 1862, se ejecuta un proyecto para la reparación y ampliación del citado puente, dándole más luz para evitar problemas posteriores
    Las obras de recomposición y ampliación del citado puente, tardaron algunos meses en llevarse a cabo. Estas comenzaron a mediados de abril de 1862, destacando El Norte de Castilla el pésimo estado en que se encontraba el maltrecho paso.
    A pesar de las obras llevadas a cabo, conforme iban avanzando los años se veía cada vez más necesaria la sustitución del puente de los Vadillos por otro de mejores características. La primera vez que aparece de manera oficial este interés seré en 1881. En ese año, en el mes de octubre, el concejal Bercenilla realiza una propuesta recogida por el resto de los munícipes para que la Comisión de obras se ocupara con toda urgencia de la construcción de un nuevo puente en aquel] sitio. Se hace constar, además, que el puente construido por Saracibar en 1862 comenzaba a dar evidentes muestras de problemas en su estructura, por lo que la obra era absolutamente necesaria. Esta noticia es de especial importancia, ya que muestra que hubo un interés mucho más temprano de lo que se conocía hasta ahora por la sustitución de la comunicación.
    Pero a pesar de las gestiones iniciadas y del mal estado de] puente existente, el proceso se dilató varios años. El arquitecto municipal Joaquín Benedicto y Lombía comenzó a realizar el proyecto de un puente metálico que sustituyese al envejecido. Este primer proyecto debió concluirse en los últimos meses de 1885, ya que hay una interesante información de abril de 1886 que recoge el envío, por parte del Gobierno, de la aprobación del proyecto para el nuevo puente sobre la Esgueva en los Vadillos. Esta interesante noticia complica enormemente el proceso de esta construcción, ya que por alguna razón este primer plan no se llevó a cabo. Benedicto realizo un nuevo proyecto en 1887, que volvía a contemplar la construcción de un puente metálico. Este tendría un solo tramo de 13 metros y estaría compuesto por vigas de palastro sostenidas por unas pequeñas bóvedas del mismo material, siendo el asiento de la calzada. Los estribos estarían realizados en mampostería y sillería, al igual que los cimientos.
    Este proyecto tuvo la aprobación de la prensa, que aseguraba que «...aventaja en bondad al que se formó antes», lo que prueba la existencia de un primer plan del cual no se tenía conocimiento y del que, desgraciadamente, no se sabe nada aparte de su ya referida existencia".
    La necesidad creciente de construir el puente chocaba de manera directa con la sempiterna falta de fondos del Ayuntamiento. A pesar de las llamadas de la prensa en este sentido, el proceso sufrió una dilatación de años. A finales de 1888 la construcción de un nuevo puente estaba tan paralizada que se decide ejecutar una serie de intervenciones de urgencia en el puente del arquitecto Martin Saracibar que amenazaba una ruina inminente. Estas obras tuvieron un presupuesto de salida de 11.785,25 pesetas, lo que prueba la importancia de las mismas.
    Es posible que esta intervención no se llegara a realizar, ya que unos meses después se decide, por fin, dar comienzo al proyecto de Benedicto y Lombía. A finales de julio de 1889 se procede a la subasta tanto de las piezas de hierro como de la pavimentación. Las obras se iniciaron a finales de año, una vez habían llegado a la ciudad las diferentes piezas de hierro que componían la construcción. A mediados de enero de 1890 se hace constar en la prensa que ya estaba instalado el puente provisional de madera cuya misión era servir de asiento a las piezas de hierro durante su colocación. Además, los obreros se afanaban en armar y remachar el material con el fin de ir colocándolo sobre el puente provisional. Estas operaciones duraron hasta mayo, mes en el que La Crónica Mercantil hace mención a la práctica finalización de las obras, siendo la recepción definitiva del puente el 4 de octubre del mismo año.
    Fuente: El siglo en que cambió la ciudad (José Miguel Ortega del Río)
  • Added March 15, 2019
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    La portada transportada.

    La fachada antes de su restauración y traslado

    Tenemos muy pocos datos de la edificación de la casa que estuvo emplazada en la calle Marqués del Duero 12, y cuya fachada se encuentra actualmente en el jardín del Museo Nacional de EsculturaThis link opens in a popup window
    Derribada en los años 60 del siglo XX, se salvó la portada de la misma gracias a la intervención del Ayuntamiento de la ciudad a propuesta de la Comisión de Obras.  Aprobada su compra en el Pleno de la comisión permanente del Ayuntamiento en sesión ordinaria del día 29 de diciembre de 1965, se pagó por ella 30.000 pesetas. 
    En el mismo pleno se acordó entregarla a la Dirección General de Bellas Artes y que fuera dicha Dirección General quien pagase el desmontaje, el transporte y el nuevo montaje en el lugar que se escogiera. 
    En 1966 la fachada ya se encontraba en el Museo Nacional de EsculturaThis link opens in a popup window y, sabemos por noticias en la prensa del momento (El Norte de Castilla, 3 diciembre de 1966) que el montante final de las operaciones antes descritas ascendió a 160.000 pesetas. 
    Foto: http://ceres.mcu.es
    Se trata de una fachada muy bien proporcionada, realizada en piedra y de pequeñas dimensiones. A ambos lados de la puerta adintelada hay unas pilastrillas corintias que sostienen el entablamento. Dicho entablamento se encuentra partido por encima de la puerta para dejar sitio a un balcón, que parece ser se abrió en el siglo XVII en una reforma de la casa. 
    Los elementos que más destacan de esta fachada son los escudos que flanquean la puerta. El de la derecha representa un grifo coronado por una estrella, mientras que el de la izquierda es un escudo cortado en cuya parte superior se dispone un águila exployada y, la parte inferior cuartelada muestra varios elementos: una estrella de siete puntas, una venera, un castillo y lo que parece ser un león. 
    Aún desconocemos a qué familia pertenecen dichos escudos, pero sabemos que en esa calle vivían personajes vinculados con Chancillería y que, a partir del siglo XVIII la casa pasó a ser propiedad del linaje de los Vega Colmenares.
    Fuente: http://ceres.mcu.es/This link opens in a popup window
  • Added February 9, 2020
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    El pozo de la nieve de Nava del Rey


    En la antigüedad disponer de nieve y hielo durante los meses más calurosos para refrescar bebidas y conservar  alimentos, además de para  usos  terapéuticos, resultó ser toda una necesidad, generándose a su alrededor una industria que llegó a ser hasta tradicional, creando puestos de trabajo y contribuyendo al desarrollo de todo un entramado comercial, para acabar dejándonos al final  todo "un patrimonio industrial de la nieve".
    A comienzos de la Edad Moderna, eclosiona el consumo de la nieve y el hielo; en el siglo XVI se populariza su uso siendo las clases elevadas (la realeza, el clero y la nobleza) las que contribuyen a su expansión, lo que crea un desarrollo del comercio en toda Europa,  y que perdura hasta finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, coincidiendo con la  incipiente competencia industrial de producción de hielo. En España, el consumo se hizo masivo a partir del siglo XVI, lo que obliga a la construcción de los pozos neveros  y se convierte en artículo de primera necesidad, siendo los siglos XVII y XVIII los de su mayor apogeo.
    Nava pretende que su Pozo de la Nieve sea declarado BIC - Foto: Jonathan Tajes. (Foto: El día de Valladolid)This link opens in a popup window

    El abastecimiento local del producto se convirtió en un obligatorio servicio público, estimándose como un servicio común más. Era inexcusable su suministro, con obligación de su venta al público en general y con la necesidad de cumplir un servicio social para con los enfermos de los hospitales y los menesterosos.
    Las neveras, pozos de nieve o hielo, que así se denominaron, consistían en la apertura de una poza (más amplia que los pozos), cuyas paredes se revestían de mampostería caliza o bien de fábrica de ladrillo, dotada en su fondo de un conducto de desagüe destinado a evacuar el agua de deshielo. En este recipiente se apisonaba, por tongadas o capas, la nieve o el hielo acarreado, extendiendo cada 30 cms una capa de paja con la doble finalidad de contribuir al aislamiento térmico y a servir de junta de rotura para extraer los trozos de hielo para su venta. A muchas de estas neveras no se las dotó de edificio protector.
    Venta de hielo
    Su uso se generalizó durante los siglos XVII-XVIII, cuando los neveros (nombre con el que se conocía a los trabajadores del pozo) transportaban la nieve desde la montaña y la almacenaban en estos edificios donde la prensaban. Una vez formada la capa de hielo de metro y medio de espesor, se ponía por encima paja para su posterior conservación y comercialización. De igual forma, la nieve se vendía en forma de aloja (nieve mezclada con miel y otras especias).
    GÓMEZ FERNANDEZ-CABRERA, Jesús: Villa de Orgaz.- Disponible en www.villadeorgaz.es

    El pozo de nieve de Nava del Rey
    Situado junto al Lavajo de las Cruces, a la derecha del camino que conduce hacia la ermita de Nuestra Señora de la Concepción, se levanta el que fue durante siglos el único refrigerador de hielo de la localidad y de los alrededores.
    El pozo de la nieve de Nava del Rey antes y después de su rehabilitación

    El pozo tiene más de seis metros de profundidad y también se han acondicionado los exteriores del edificio y se ha construido una rampa de acceso.
    En 1906 el Ayuntamiento construyó anexo al pozo una casa-asilo que hoy no existe. En la década de los sesenta del siglo XX el pozo se utilizó como depósito de orujo, e incluso de paja.
    En 2010, ante el acelerado deterioro del edificio y la falta de financiación por otras vías, el Ayuntamiento de Nava del Rey restauró el edificio bajo la dirección del arquitecto Alfonso González Gaisán.
     Las obras fueron financiadas a cargo del Fondo Estatal de Empleo y Sostenibilidad Local, el designado Plan E.
    HORARIO:
    Abierto todos los días.
    - VERANO (21 de junio-14 de septiembre): 08 a 20 h.
    - INVIERNO (15 de septiembre-20 de junio): 08 a 18 h.

    Fuentes:
    -https://www.santiagonoguero.es/pozos-de-nieve-y-hielo/This link opens in a popup window
    -EDIFICIOS Y CONJUNTOS DE LA ARQUITECTURA POPULAR EN CASTILLA Y LEÓN (José Luis Sáinz Guerra) 
    -https://www.elnortedecastilla.es/v/20110331/valladolid/nava-pide-pozo-nieve-20110331.htmlThis link opens in a popup window
  • Added January 31, 2020
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    La antigua Casa de Socorro de Valladolid


    En 1897 se solicita la construcción de una Casa de Socorro, siendo el lugar escogido para su instalación un solar del Ayuntamiento en la calle López Gómez. Allí se construye un sencillo edificio de planta y piso con cubierta de hierro laminado, siguiendo los planos del Arquitecto Municipal José Benedicto.
    En 1903 la Casa de Socorro se traslada a la planta baja y sótano de una casa de la calle Miguel Iscar.
    Año 1972.
    Foto: AMVA

    En 1927 se inicia el expediente para construir un nuevo edificio que reúna las suficientes condiciones higiénicas y sanitarias para esta actividad.
    El lugar elegido es el solar de la calle López Gómez contiguo a la entonces Escuela Normal, hoy Colegio García QuintanaThis link opens in a popup window, que se encontraba en construcción.
    Empezó a dar servicio el día 2 de agosto de 1929, siendo un anexo del colegio Público García Quintana. Allí se atendieron pacientes sin tener el carácter de centro de internamiento hospitalario, aunque se practicaran intervenciones menores.
    Durante muchos años los vallisoletanos acudieron allí para curas de emergencia, por caídas, brechas, cortes o sencillamente para que el "practicante" les pusiera una inyección.
    El servicio atendido por médicos y enfermeras, luego ATS, estuvo funcionando en este edificio hasta algo más de mediados los años 80.
    Ya en los años 90, el edificio fue rehabilitado y acondicionado para albergar la Biblioteca Pública Municipal Francisco Javier Martín Abril, inaugurada con la presencia del propio escritor vallisoletano en abril de 1995.
    Hoy todavía conserva el letrero de "Casa de Socorro" y el escudo de la ciudad realizados con mosaicos en lo alto del edificio.
    Fuentes:- Valladolid- WebThis link opens in a popup window
                 -HISTORIA DE LOS HOSPITALES DE VALLADOLID. Carlos Vaquero Puerta, José                         Antonio Brizuela, Laura Saiz Viloria
  • Added March 17, 2019
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    Los arcos conservados de la Casa de las Aldabas


    Como continuación al artículo anterior nos centraremos ahora con otro retazo de arquitectura urbana que se ha conservado gracias a su traslado a los jardines del Museo Nacional de EsculturaThis link opens in a popup window.
    El 16 de noviembre de 1965 ingresó en el citado museo una arquería procedente de la conocida como Casa de don Rodrigo CalderónThis link opens in a popup window. Situada en la céntrica calle Teresa GilThis link opens in a popup window, fue derribada a principios de la década de los 60 y, aunque hubo algún intento por impedirlo, lo único que se salvaron fueron los arcos que actualmente se encuentran expuestos en el jardín del Colegio de San GregorioThis link opens in a popup window
    Patio de la Casa de las Aldabas. El círculo rojo señala la Residencia Universitaria Reyes Católcos
    (Fotografía Cortesía de Angel Valle)
    Conocida esta casa también como Palacio de las AldabasThis link opens in a popup window, tiene una larga historia que se remonta a finales siglo XIII y principios del XIV. No obstante, tenemos que remarcar la importancia que tuvo un hecho acontecido dos siglos más tarde, en los primeros días del año 1425: el nacimiento del que habría de reinar bajo el nombre de Enrique IV de Castilla (1425-1474). En 1469, siendo ya rey otorgó a esta casa "un previlegio muy grande y muy onrrado de que por ninguna causa le fuesen echados huéspedes en ellas y que todas las personas que se acogiesen a ellas por qualquier causas o delitos no les pudiesen sacar de ellas ningunas justicias.". Es lícito pensar que el propietario de la casa en aquel momento, don Alonso de Valladolid (regidor de la ciudad por merced de Enrique IV y de los Reyes Católicos) quisiera ennoblecerla mostrando dicha prerrogativa y colocara a lo largo de la fachada once argollas o aldabas, de unos 20 centímetros de diámetro y situadas a unos dos metros del suelo, como signo emblemático del derecho de asilo a los que allí se acogieran. La expresión castellana "agarrarse a buenas aldabas" alude a la acción de acogerse a la protección de un poderoso o persona influyente, derecho muy conocido en lo eclesiástico, pero inusitado en el mundo civil (aunque existen varios ejemplos de ello, siendo de las más famosas las aldabas situadas en la fachada del Palacio de Carlos V en Granada), por lo que en este caso, tuvo que ser de gran trascendencia en la ciudad y a raíz de este hecho, el Palacio comenzó a denominarse de este modo tan descriptivo. 
    Foto: Museo Nacional de Escultura
    La arquería que hoy se expone en el Museo Nacional de EsculturaThis link opens in a popup window se hallaba en el patio del desaparecido palacio, al que se accedía por medio de una puerta de arco de medio punto con grandes dovelas. Patio cuadrado con tres de sus lados iguales a los arcos conservados, es decir, pilares ochavados con capiteles de bolas sujetando arcos de medio punto. La cuarta galería aunque tenía los mismos pilares, los arcos sin embargo eran escarzanos. Este tipo de columnas, eran muy habituales en los palacios y casas de cierta importancia en la ciudad de Valladolid y fueron muy utilizados a finales del siglo XV y principios del siglo XVI, tal y como demuestran las galerías que forman el patio del Colegio de Santa CruzThis link opens in a popup window.
    Fuente: http://ceres.mcu.es/This link opens in a popup window
  • Added February 17, 2020
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    El antiguo Hospital Río Hortega


    La Residencia Sanitaria Onésimo Redondo, posteriormente rebautizado como Hospital Rio Hortega, se construyó como muchos otros en España bajo el Plan de Instalaciones de Seguro de Enfermedad, aprobado por la Orden Ministerial de 19 de febrero de 1945 y es el comienzo de un sistema sanitario de salud y de la estructura sanitaria nacional, con construcción de nuevos centros sanitarios.
     Este hospital, comenzó a construirse en julio de 1948 y se inauguró el 24 de julio de 1953 en un edificio de 10 plantas y 300 camas. El edificio se construye en una parcela de 35.000 m2 , situada en la Rondilla de Santa Teresa, conocida entonces como Huerta de San Pablo. 
    Ocupando en planta (con las edificaciones anexas) 6.558 m2 y una superficie edificada de 28.248 m2 en el edificio principal, con una altura máxima de 10 plantas. El arquitecto fue D. José Martín Marcide, y la empresa constructora Agroman. Y el presupuesto total ascendió a 58 millones de las antiguas pesetas (348.000 euros).
    No hay que olvidar que los promotores del Seguro Obligatorio de Enfermedad Español, pertenecientes al régimen franquista, consideraron que estaba tan depauperada la imagen de los Hospitales en especial en la primera mitad del siglo 20 que cambiaron el nombre a los nuevos, que sobre todo estaban dirigidos para la atención de la clase obrera, con el de Residencias o Ciudades Sanitarias, que por otra parte en base a mantener un respeto a estos beneficiarios, los estudiantes inicialmente no pudieron hacer prácticas en los mismos. Posteriormente en 1972 se inician las obras de ampliación del hospital que finalizaron en 1976. 
    En 1984 cambia de nombre por el del Río Hortega y en el 2008 pasa a ocupar un nuevo edificio a las afueras de Valladolid. El edificio pasa a integrarse al Hospital Clínico Universitario de Valladolid con el fin de albergar algunos servicios y dependencias en especial para facilitar el desarrollo del Plan Director de remodelación en el edificio de Ramón y Cajal y se le pasa a denominar "Edificio Rondilla"
    Pinchar aquíThis link opens in a popup window para ver el Folleto de presentación entregado durante el Acto de Inauguración en 1953.
    Pinchar aquí This link opens in a popup windowpara ver la noticia de la inauguración oficial publicada en El Norte de Castilla.
    Fuente: 
    -HISTORIA DE LOS HOSPITALES DE VALLADOLID. Carlos Vaquero Puerta, José Antonio Brizuela, Laura Saiz Viloria
    -https://www.saludcastillayleon.es/HRHortega/es/actualidad/60-aniversario-hurhThis link opens in a popup window
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