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  • Added March 9, 2018
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    Horror en la vía. El accidente ferroviario de 1988

    Foto: Juan José Romero Rioja
    Por Oscar Fraile (El día de Valladolid)
    Madrugada del 3 de marzo de 1988. Estación de trenes de Valladolid. A las 3.00 horas el expreso número 861 procedente de Madrid y con destino a Santander se encuentra parado en el andén 1. Por detrás, en la misma vía, se acerca otro expreso, el Costa Vasca, que también partió de la capital, pero con destino a Bilbao. Faltan apenas unos segundos para que un fallo en el sistema de frenado derive en el mayor accidente ferroviario de Valladolid de la historia moderna, del que ayer se cumplieron 25 años.
    Todo sucedió muy rápido, el Costa Vasca embistió a 45 kilómetros por hora al convoy estacionado y provocó una tragedia que acabó con ocho personas muertas y 30 heridas. Y pudo ser peor, porque el vagón de cola del expreso cántabro, que estaba cargado con automóviles, amortiguó el golpe antes de que el tren llegara al siguiente vagón, un coche cama en el que viajaban diez personas. Ocho murieron, otra resultó ilesa y a otra hubo que rescatarla después de que se quedara atrapada por el brazo.
    Entre los fallecidos se encontraba el consejero de Obras Públicas del Gobierno Cántabro, Félix Ducasse. Además, la persona que quedó atrapada era Juan Tarín, director general de Agricultura del mismo ejecutivo.
    Foto:Cacho (El diario Montañés)
    El motivo principal del accidente fue un fallo en los frenos. Según cuentan las crónicas, el maquinista se dio cuenta de que algo no iba bien cuando circulaba a 75 kilómetros por hora e intentó reducir, sin éxito, la velocidad. A poco más de un kilómetro para entrar en la estación tomó la drástica decisión de desconectar el fluido eléctrico y dejar sin potencia la locomotora. Pero no fue suficiente. El maquinista tuvo que saltar literalmente del tren y el impacto arrugó como un acordeón el vagón cargado de coches y llegó a incrustarse en el que viajaban pasajeros.
    Las tareas de rescate fueron muy complicadas. Al no poder utilizarse sistemas eléctricos, por el peligro que entrañaban para los posibles supervivientes, los Bomberos tuvieron que valerse de una grúa y desguazar poco a poco el tren. Así, hasta pasadas cuatro horas no pudieron sacar el primer cuerpo sin vida. Una chica de 19 años.
    Entretanto, un equipo de psicólogos hablaba con algunas de las personas que estaban conscientes en el interior, entre ellos Juan Tarín, que estuvo atrapado por el brazo desde las 3.00 hasta que lograron sacarle a las 8.15 horas. A las 9.30 los servicios de emergencia lograron sacar por el techo a otro fallecido y en las tres horas siguientes se rescató a todos los demás.
    El accidente provocó un gran impacto en la sociedad vallisoletana. A primera hora de la mañana estaban allí casi todas las autoridades. El por entonces alcalde de la ciudad, Tomás Rodríguez Bolaños, se encontraba en Madrid, pero no faltaron el presidente de la Junta de Castilla yLeón, José María Aznar;  el portavoz del Gobierno, el vallisoletano Miguel Ángel Rodríguez; y el presidente de Renfe, Julián García Valverde.
    Hasta tal punto tuvo impacto esta tragedia en Valladolid que al funeral de las ocho víctimas, que se celebró al día siguiente, acudieron unas dos mil personas. El acto funerario tuvo lugar en la Catedral de Valladolid, aunque todos los fallecidos fueron trasladados a su lugar de origen, Cantabria, donde se les enterró.
    El maquinista no activó los frenos de emergencia
    Aunque la causa principal del accidente fue un fallo en los frenos, el maquinista del tren que se dirigía a Bilbao no activó el sistema de emergencia. El Boletín Oficial del Senado del 24 de mayo de 1988 recoge varias preguntas del senador almeriense Manuel Arqueros Orozco sobre las causas de este siniestro que van dirigidas al ministro de Fomento, que por entonces era Abel Caballero.
    En una de las respuestas recogidas en este documento se asegura que una de las causas del accidente fue «el no accionamiento de las válvulas de urgencia (maquinista) ni de socorro (ayudante) en ninguna de las dos locomotoras». Desde el Gobierno explican que es una conclusión que se deduce de las pruebas y «tras una profunda y exhaustiva investigación». Cabe recordar que este trabajador de Renfe fue sometido a la prueba de alcoholemia tras el accidente y el resultado fue negativo.
    Algunos meses después el Juzgado de lo Penal número dos de Valladolid condenó al maquinista y a su ayudante a diez días de arresto menor y al pago de una multa de 75.000 pesetas por una falta de imprudencia.
    Además, el juez dictaminó que deberían indemnizar con casi dos millones de pesetas a a Concepción Acedo y con 300.000 a Antuisa Rodríguez, las dos únicas lesionadas que llevaron el caso a los tribunales, según cuenta el diario El País en su edición del 28 de julio de 1990.
    Desde el Gobiero se dieron algunas explicaciones más sobre las causas del accidente. Eso sí, de carácter muy técnico. Por ejemplo, «tener la locomotora 269-032 en su relé principal el cuerpo móvil de la válvula de corte agarrotado».
    Fuente: http://www.eldiadevalladolid.com/noticia/ZEC5B7FF5-DEB9-9EB0-AAB2786011372ABC/20130304/25/a%C3%B1os/horror/viaThis link opens in a popup window
  • Added October 16, 2017
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    Las primeras emisiones de televisión en Valladolid

    Radio Valdeprado instaló en su escaparate un receptor donde los atónitos vallisoletanos pudieron disfrutar de las primeras emisiones de televisión
    La hacedora del milagro fechado el 19 de julio de 1959, una emisora provisional de 50 watios instalada en la sierra de Navacerrada.
    «La TV ha llegado a Valladolid», recordaba el extinto Diario Regional, que (y como si de un serial de suspense se tratara) venía informando de los pasos tecnológicos que posibilitarían la irrupción de las aventuras de Cisco Kid y el Agente X o las propuestas musicales de Hoy es fiesta y Alta Fidelidad en los salones de algunos privilegiados y en las vidas de quienes frecuentaban El Café del Norte, el Salón Ideal y el Ideal Nacional, los tres establecimientos de la ciudad que estrenaron "contertulio". «Estos días hemos visto cómo la charla bajaba de tono cuando la acción de la pantalla tenía más interés y había quien se olvidaba de su café, ya frío, pendientes de las predicciones meteorológicas de don Mariano Medina», describía el reportero Rafael González en la edición del 8 de agosto de 1959, en la que se publicaba una curiosa foto tomada en el antiguo café Ideal Nacional. En ella, un técnico «montando guardia junto al receptor», subido a una escalera para vigilar su correcto funcionamiento. Escenas de las que fue protagonista el fundador de la empresa de telecomunicaciones Reantel y padre de quien habla, Josué Santiago. «Las primeras instalaciones fueron en bares y teleclubes de pueblo. Era muy poquita la gente que compró uno, sobre todo del entorno de la Acera de Recoletos y la Plaza Mayor, porque los televisores salían carísimos». De 16.500 a 32.000 pesetas, el salario de seis meses a un año del español medio.
    Y así, a cuenta gotas, los pedidos a Marconi, Telefunken y General Eléctrica Española fueron llegando al almacén de Ruano, principal abastecedor de los vecinos de Las Delicias, Pajarillos o Vadillos-San Juan. «Teníamos las justas», recuerda Eladio Miguel, gerente del comercio fundado en la calle Labradores en 1954, «y el 99% se adquiría a plazos, con letras a pagar de 12 a 18 meses». Aparatos de 20 pulgadas «y mucho fondo» como el que, poco tiempo después, entraría en el piso de la calle de la Pólvora del que Bernardina Vallés hizo un hogar. Eso sí, pagado «al contado» con los ahorros de años.
    «Nunca se me olvidará la primera vez que la vi. Si prácticamente no había pisado ni Segovia cuando vinimos a vivir a Valladolid desde Navas de Oro...», y Vallés deja en suspenso la frase para recuperar las sensaciones de la joven madre que contemplara absorta los fastos que rodearon la boda de Balduino de Bélgica y Fabiola de Mora y Aragón en diciembre de 1960. El escaparate escogido en aquella ocasión por un tumulto de curiosos, «el de un comercio que había frente al salón de helados Ideal. Uno de los primeros de la ciudad en el que podías encontrar de todo». Estampas públicas que pronto dejaron paso a las reuniones de salón como las que congregaban cada viernes a los vecinos de esta segoviana, «éramos los únicos que teníamos televisor», con la interminable huida de El fugitivo como excusa. «La televisión se extendió enseguida, casi diría que más rápido que la radio porque en España ya se andaba mejor de manteca», apunta el septuagenario Eliodoro García mientras chasquea los dedos de su mano derecha e incide en que los más mayores «tardaron tiempo en comprender» cómo funcionaba aquel artilugio que popularizó «la voz del cordobés Matías Prats». El tenis de santana. En casa de Mª Carmen Gonzalo, hija del vigilante jurado de la fábrica textil de la calle Titán, el doctor Kimble cedió protagonismo al nacional Manolo Santana y «sus pantaloncitos cortos». «Los jefes pasaban por casa a ver los partidos», aclara quien rescata de la parrilla de los 60 y 70 Un millón para el mejor, Cesta y puntos, Crónicas de un pueblo... Pero, sobre el resto de la programación, aquellos primeros boletines informativos (la emisión comenzaba a las 20.45 horas) leídos en directo y sin imágenes. Telediarios que hablaban de lo sucedido a cientos o miles de kilómetros y que contribuyeron a construir un mundo globalizado y modificar el pequeño horizonte pucelano.
    «Los programas de radio nos mantuvieron embelesados de niños, pero la magia de la televisión era incuestionable», sentencia Eladio Miguel antes de invocar con nostalgia las tardes-noche de «bares de barrio y vino», de «sillas en la calle, de tertulia y juegos al sereno del verano» desbancadas por los encuentros frente a la (ahora más que nunca) caja tonta que ocupara un sitio privilegiado en la casa molinera de una tía. «Nos cambió y, poco a poco, acabó con la vida social»
  • Added November 25, 2013
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    Pucel Oca, el juego de Valladolid


    Por Luis Amo (El Día de Valladolid)
    Felipe IIThis link opens in a popup window es el vallisoletano más retratado de la historia, pero ¿quién ha sido la mujer más retratada de nuestra ciudad?, ¿qué empresa instaló sus talleres generales junto a la Estación del NorteThis link opens in a popup window?, ¿en qué disciplina artesano-artística destacó sobremanera el leonés afincado en Valladolid desde los 9 años, Juan de Arfe? ó ¿qué nombre recibe el edificio más alto de ValladolidThis link opens in a popup window, levantado donde en tiempos estuvo el Palacio de la RiberaThis link opens in a popup window? Estas son algunas de las 1.200 preguntas que integran el juego del ‘PucelOca’ que se presenta para dar a conocer la historia y los rincones más escondidos de Valladolid. Se trata de una nueva herramienta turística promocionada por el Ayuntamiento, que nace con la intención de cautivar a naturales y foráneos, de indagar en lo más nuestro, para dar a conocer aspectos artístico, geográfico, cultural, religioso, político, histórico, arquitectónico o medioambiental de la capital.
    ‘PucelOca’ es un juego de mesa que conjuga las dinámicas de la tradicional ‘La Oca’ y ‘El Trivial Pursuit’. Muchos lo consideran como ‘El juego de los locos por Valladolid’, que ha sido presentado en la Feria de Turismo de Interior, y significa un divertido entretenimiento que se desarrolla sobre un tablero basado en el popular juego de la oca pero con la particularidad de contener en cada casilla preguntas y contestar respuestas que saber o que buscar (se permite internet, aplicación móvil o bibliografía), para poder avanzar hasta la última de las casillas, la número 63. Está ideado por Roberto Alonso y María Casado, y dirigido para que mayores y jóvenes puedan aprender más sobre múltiples temas pasando un rato ameno.
    Se proponen dos modalidades de juego: los jugadores establecen un tiempo para jugar o ir avanzando por las casillas hasta completar el tablero y llegar a la última. Cabe destacar, además, que entre las curiosidades y similitudes del tablero destaca la salida desde el escudo de Valladolid; las casillas puente (Puente MayorThis link opens in a popup window y Puente ColganteThis link opens in a popup window); la casilla de la posada (El Casino); la casilla pozo (Palacio de PimentelThis link opens in a popup window); la casilla laberinto (Casa de los Marqeses de ValverdeThis link opens in a popup window); casilla cárcel (Cárcel de ChancilleríaThis link opens in a popup window); casilla muerte (plaza del OchavoThis link opens in a popup window) y última casilla, Plaza MayorThis link opens in a popup window.
    Es un juego de mesa, en definitiva, para retrotraernos a otros tiempos de la ciudad, pero también para poder ir in situ a conocer esas joyas desconocidas. Así las cosas, el juego de Valladolid, promovido por el Ayuntamiento y la Sociedad Mixta de Turismo, está a la venta en las librerías y jugueterías de Valladolid por un precio de 22 euros. El contenido de la caja es de las normas del juego con un tablero plastificado de mesa, tarjetas con un total de 1.200 preguntas con sus respuestas, además de las cuatro fichas y el dado.
  • Added June 22, 2012
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    Los restos romanos del entorno de La Antigua


    El Ayuntamiento de Valladolid proyectó ya hace algunos años la construcción de un aparcamiento subterráneo bajo el solar que hasta hace poco ocupaban los jardines de la parte occidental de la Iglesia de Santa María La AntiguaThis link opens in a popup window. Las intervenciones previas llevadas a cabo en 2006, 2008 y 2009 evidencian la presencia de importantes restos de época romana (posiblemente una villae), medieval, moderna y contemporánea.
    La Plaza de la Antigua atesora las únicas evidencias constructivas de época romana en la ciudad de Valladolid, correspondientes a una villa de cierta entidad, junto a 51 enterramientos de la necrópolis medieval de la Iglesia de la Antigua, el patio de un palacio renacentista bajo el que se presume la existencia de otros restos medievales y romanos, la bóveda del cauce del río Esgueva, con los restos del antiguo Puente del Bolo de la Antigua, y la manzana de edificios del siglo XVIII que se mantuvo en pie hasta hace 25 años.
    Hipocausto

    Se trata de un patrimonio arqueológico de gran interés, por su amplitud cronológica, para conocer la evolución de la ciudad de Valladolid desde sus orígenes romanos hace 2.000 años, que junto a la propia Iglesia de Santa María de la Antigua constituye un emplazamiento de excepcional valor cultural.
    La arqueóloga Ana Sandoval, explica que los restos encontrados se encuentran «en un estado de conservación espectacular» y certifican la existencia de un asentamiento romano en el espacio que hoy ocupan la plaza de la Universidad, la calle Solanilla, Magaña, Bajada de la Libertad y el entorno del Calderón. «Hemos encontrado restos romanos en toda esta zona y certifican que hubo un asentamiento. Se trataba de una pequeña loma junto al Esgueva. Los pueblos antiguos buscaban espacios con agua y una buena orientación y este era un lugar idóneo, al lado del río y hacia el oeste». 
    Estancia Romana
    Las razones que pueden explicar este portentoso estado de conservación se encuentran en que la vivienda se encontraba en un lugar muy cercano a la actual iglesia de La Antigua, por lo que las intervenciones urbanísticas a lo largo de la historia han sido casi nulas. No ocurre lo mismo en zonas cercanas donde también se han encontrado restos de la época romana, aunque en mucho peor estado, ya que las posteriores construcciones -medievales y modernas- destruyeron en gran medida el patrimonio. 
  • Added January 26, 2013
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    Juan Villa; el mago de Cuarto Milenio

    Foto: Ikerjimenez.com

    Hace cuatro años, un miembro del equipo de Cuarto Milenio, llamó a Juan. "Mira, necesitamos que hagas una figura de un señor muerto víctima de la peste negra. Los síntomas externos son dedos negros de gangrena, hígado hinchado, bubones en las axilas, cuello e ingle, costras purulentas... Tienes siete días". Una semana más tarde, el escultor se presentó en los estudios de Cuarto Milenio con su "cadáver" de poliuretano en perfecto estado de... autopsia. Así es Juan Villa de 34 años, asturiano de nacimiento, pero afincado en Valladolid desde los ocho y gerente de la empresa PrometeoThis link opens in a popup window Representaciones Volumétricas, con sede en la urbanización Vegalatorre de Cubillas de Santa Marta y fundada hace 10 años.
    Formado en la Escuela de Artes y Oficios de Valladolid, pronto orientó toda su actividad a seguir disfrutando, ya desde el profesionalismo, de sus grandes pasiones de juventud: las películas de ciencia ficción, los efectos especiales, las maquetas y la construcción de caretas. Unas manos especialmente dotadas para la escultura, un asombroso don para captar el realismo y una imaginación prodigiosa para convertir materiales inverosímiles en elementos de atrezzoThis link opens in a popup window, hicieron el resto.
    Instalaciones de la empresa Prometeo en Valladolid
    Resumir la actividad de este genio de la escultura es una tarea imposible. Arriesgando mucho, podría decirse que su misión es convertir en materia palpable todas las ideas que le piden sus clientes. Y aquí viene lo bueno, ya que los que llaman a la puerta de Prometeo, son iglesias, museos, exposiciones, compañías de teatro, planetarios, ayuntamientos, fundaciones culturales, excavaciones arqueológicas (como Atapuerca o Valle de Ambrona), bares o clubes deportivos.
    Sin olvidar, claro está, el gran filón que ha encontrado en la antropología forense. Comenzó casi de puntillas hace ocho años y ahora es una referencia en España. Hace ocho años, a través de su faceta de profesor de caracterización de alumnos de institutos, contactó con miembros de la Sociedad Española de Criminología y Ciencias Forenses, con sede en Valladolid.
    "Tengo que agradecer y destacar la pasión que todo el equipo de Cuarto Milenio pone en cada tema que conlleva atrezzoThis link opens in a popup window ; sobre todo a Iker y Carmen que nos encandilan y llevan a su universo tan mágico , misterioso y apasionante. Esto es clave, todos sentimos cada historia contada . Su apuesta por hacerlo a la vieja usanza, con modelos y maquetas es de agradecer. Realmente puedo decir que me siento la persona más afortunada por el trabajo que desempeño. Imaginaros: cada semana replicas arqueológicas, forenses, criminológicas, inventos perdidos en el tiempo, criptozoología, momias! Vampiros! Fenómenos extraños y un sinfín de temas que necesitan una recreación o una réplica para ser más visuales. Realmente es fantástico poder hacer todo esto cada semana!! Como artesano es un verdadero privilegio."
    En diciembre de 2012 el equipo de Cuarto Milenio organizó una exposiciónThis link opens in a popup window en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid con unas 150 piezas destacadas creadas por el artesano Juan Villa, dividida en áreas como 'Seres Asombrosos', Cielo e Infierno', 'España Mágica', 'Cuando los Dioses Visitaron la tierra' o 'La Morgue'. Constituyó una idea única y nunca abordada en España.
    Además, todos los miembros del equipo del programa estuvieron presentes en diferentes horarios para poder charlar con los visitantes. 
    El evento desbordó todas las previsiones, recibiendo miles de visitantes provocando incluso el colapso del tráfico en el centro de Madrid.
    La fábrica de ilusiones marcha viento en popa y ya se está llevando a cabo una ampliación de las instalaciones.
  • Added March 13, 2018
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    El Cid en Torrelobatón

    TorrelobatónThis link opens in a popup window amaneció en el siglo XI y las luces y cámaras delataban un momento histórico, la magia del cine se apoderó de este pacífico lugar para el rodaje de El CidThis link opens in a popup window. La superproducción de Hollywood eligió el municipio por su emblemático castillo para recrear la burgalesa villa de Vivar y Rodrigo Díaz en la piel de Charlton Heston dejó para siempre su huella en este rincón vallisoletano.
    El pueblo apenas aparece siete minutos en la cinta, pero para aquellas escenas se necesitaron tres días de rodaje y más de 400 extras de la zona. Corría el año 1961, mes de marzo. Los días 22, 23 y 24, miércoles, jueves y viernes previos a la Semana Santa, se desarrolló la acción.
    El Cid CampeadorThis link opens in a popup window resucitó de la literatura épica y eligió Torrelobatón convertido en Vivar para el regreso de la Taifa de Zaragoza junto con su mesnada. La escena se extendió desde la falda de la colina donde se asienta el castillo hasta la arboleda que existe junto al río Hornija.
    Según explica Lourdes Ortega, responsable de la oficina de turismo del municipio, además de los actores llegados de Hollywood, formaron parte de esta recreación más de 400 extras, entre ellos cerca de cien universitarios de Valladolid, sobre todo de las Facultades de Derecho y Medicina. El resto fueron vecinos de Torrelobatón que además aportaron aperos agrícolas, carros, bueyes y burros. También jugó un papel destacado la caballería procedente del Regimiento de Farnesio de la capital.
    Esteban Lorenzo y Martín San Miguel, dos extras de 'El Cid'
    Los universitarios cobraron 350 pesetas. Organizaron grupos de 50 extras con un jefe por cada uno de ellos que se ocupó de recoger el vestuario y pagar 100 pesetas a cada uno por día trabajado, un sueldo que ascendió a 350 pesetas en el caso de los universitarios que se desplazaban desde Valladolid.
    Han pasado casi 60 años desde aquel gran acontecimiento que revolucionó la vida de este tranquilo municipio. Los lugareños, lejos de olvidar aquellos momentos, siguen recordándolos con todo lujo de detalles y explican orgullosos su participación en la película.
     Uno de ellos, Martín, con una cámara comprada en Francia bajo las vestiduras, intentó retratar el rodaje y recordar el momento histórico que estaba viviendo. Hoy, su foto de Charlton Heston en los campos castellanos, una imagen única ?estaba prohibido que los extras tomaran imágenes? ilustra este reportaje.
    Fue cerca de la ermita, junto al puente sobre el río Hornija y con el imponente telón de fondo del castillo (siglos XIII-XV), donde Rodrigo Díaz de Vivar (Charlton Heston) intercede ante su padre para que exima de la pena de muerte a varios emires prisioneros que, como agradecimiento, le nombran por primera vez como Cid o caudillo generoso.
    Heston echándose una siesta en un descanso del rodaje
    La megaestrella de Hollywood que interpretaba a Rodrigo Díaz de Vivar era, por supuesto, el objetivo de todas las miradas, especialmente de las femeninas: «Heston era muy alto y muy apuesto. Aunque era más guapo el Raf Vallone», dicen socarronas algunas en las grabaciones para el documental, en las que lamentan que la estrella de Hollywood «no se fijara en ellas». Ellos no les andaban a la zaga: hay quien recuerda que alguno de los hombres del pueblo estaba ansioso porque apareciera Sophia Loren (Doña Jimena), pero para su desgracia el mito erótico de la época se quedó lejos de Torrelobatón, donde no rodaba ninguna escena.
    El documental ‘Bienvenido Mr. HestonThis link opens in a popup window’, primer largometraje de los directores Pedro Estepa y Elena Ferrándiz, y que se centra en el rodaje de la película El Cid en Torrelobatón (Valladolid), se estrenó en la 60 edición de la Semana Internacional de Cine (Seminci). 
    La película se centra en el gran acontecimiento que vivió Torrelobatón, tras la llegada de una superproducción de Hollywood. En 1961, sus habitantes se convirtieron en figurantes y testigos del rodaje de El Cid, filme dirigido por Anthony Mann y protagonizado por Charlton Heston y Sophia Loren.
    La historia, narrada por el actor Emilio Gutiérrez Caba, tiene como hilo conductor una crónica de El Norte de Castilla que detalla las anécdotas vividas por los torreños durante aquellos días. El documental cuenta con la participación de profesionales que trabajaron en dicha producción. La elección de Torrelobatón, así como de Ampudia (Palencia), Madrid o Peñíscola para el rodaje de este clásico se debió principalmente al productor Samuel Bronston.
  • Added March 5, 2018
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    El incendio de la fábrica de harinas La Magdalena

    Así era la fábrica antes del incendio
    «Fue visto y no visto. Cuando advertimos el fuego ya no se podía hacer nada por sofocarlo». Eran las declaraciones al periodista de El Norte de Castilla de uno de los 15 obreros que en ese momento, 2 de mayo de 1976, integraban la plantilla de la histórica fábrica de harinas ‘La Magdalena’. El desastre fue monumental:
    «En poco más de dos horas quedó destruida la fábrica de harinas», informaba el decano de la prensa; «el incendio comenzó a las nueve de la mañana. En el interior de la fábrica trabajan quince de los cuarenta obreros que integran la plantilla. La rapidez con que el fuego se propagó impidió a los quince obreros, que habían comenzado su turno a las seis de la mañana, hacer uso de las mangueras interiores».
    ‘La Magdalena’, ubicada en el Paseo del Arco de Ladrillo, había sido totalmente engullida por las llamas. Valladolid decía adiós a una fábrica emblemática, levantada por el conocido industrial Emeterio Guerra Matesanz en 1914 y que en ese momento, como apuntaba El Norte de Castilla, «era la de mayor capacidad de molturación de toda Castilla».
    Poco pudieron hacer para salvarla los integrantes del segundo retén de guardia y de la Segunda Sección del Cuerpo Municipal de Bomberos, al mando de los cuales se encontraba el capataz, Claudio Misiego: en plena faena se quedaron sin agua, lo que obligó a que se incorporaran colegas de la Tercera Sección, al servicio de extinción de incendios de la empresa FASA-Renault y al Cuerpo de Bomberos de la Base Aérea de Villanubla.
    Hasta las doce de la mañana no pudieron controlar el fuego: «Los bomberos hubieron de trabajar en medio de un calor insoportable. La harina acumulada en la factoría provocaba periódicas explosiones y las llamas llegaron a alcanzar muchos metros por encima de la cubierta del edificio, que se vino abajo estrepitosamente, cayendo sobre la maquinaria», informaba este periódico.
    Nadie supo a ciencia cierta las causas del siniestro: «Pudo ser un cortocircuito, pudo ser el calor provocado por la fricción de un elevador», señalaba el director-gerente, quien rehusó aportar datos precisos sobre las pérdidas ocasionadas –se especulaba con una cantidad próxima a los doscientos millones de pesetas- y señalaba que «la fábrica estaba asegurada y que, aunque construida hace tiempo, era una factoría actualizada».
    Lo cierto es que ‘La Magdalena’ era la empresa harinera más relevante de las fundadas por el industrial Emeterio Guerra en capital y provincia, el mismo que en febrero de 1930, en pleno ocaso de la Dictadura de Primo de Rivera, había sido designado para ejercer interinamente la alcaldía.
    Como ha escrito Miguel Ángel Carrera, la fábrica comenzó a funcionar en 1914 en el Paseo del Arco de Ladrillo, donde el empresario era dueño de unos edificios situados en el mismo lugar donde estuvo el parador «La Alegría». El conjunto constaba de cinco edificios: cuerpo de fábrica, almacén de trigo, almacén de harina, silos y edificio cuartel. Estos últimos se construyeron posteriormente: los silos en 1959 y el edificio cuartel en 1937.
    El gran edificio constaba de sótano, planta baja y dos alturas, con dos torres que sobresalían de su fachada principal, la cual constituía, junto con las laterales, lo más destacado de todo el conjunto. De hecho, fue considerada la más estética de todas las fábricas de harinas de la región.
    No solo eso: ‘La Magdalena’ llegó a ser la de mayor capacidad de toda la provincia (llegó a molturar más de 80.500 kilogramos al día y a mediados de los 50 era calificada como «la más importante de Castilla la Vieja»), y, como nota curiosa, en noviembre de 1917 ya sufrió un pequeño incendio a causa de una explosión provocada, según el periódico, por la imprudencia de unos obreros que se sirvieron de una vela para colocar los tornillos de la maquinaria; además, desde 1922 contaba con cuatro bocas de riego propias para evitar otro caso similar.
    Hasta el 5 de mayo de 1939, fecha en la que se constituyó la sociedad «Emeterio Guerra S.A. Industrias Electro-Harineras Castellanas», la actividad empresarial la realizaba a título personal el propio don Emeterio. Tras el incendio del 2 de mayo de 1976, del edificio vallisoletano solo quedaron las fachadas.
  • Added January 15, 2014
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    Significado y posible origen de la locución “Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid…”

    Alberto Buitrago afirma en su "Diccionario de dichos y frases hechasThis link opens in a popup window" (Espasa Calpe, séptima edición, marzo de 2002):
    Usamos esta curiosa frase para indicar que vamos a hablar, o que alguien habla, de algo que no tiene nada que ver con lo que se está tratando. Bueno, ahora que estáis todos contentos porque mañana no hay clase, yo, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, os voy a decir cuándo van a salir las fechas de los exámenes. El origen de la frase está muy oscuro. Podría ser que se extendiera durante el siglo XVI, época en la que Valladolid fue capital del Reino, hasta que en 1560 Felipe II trasladó la corte a Madrid, para dar a entender que una ciudad tan importante tenía, sin embargo, un río tan escaso. Con la falta de correspondencia entre el gran esplendor de la capital y la poca importancia de su río explicaríamos el significado del dicho; aunque, claro, por lo mismo y con más razón, deberíamos decir "Aprovechadno que el Manzanares pasa por Madrid…".
    -Consulta el diccionario: http://bit.ly/1j80U8OThis link opens in a popup window
  • Added August 7, 2012
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    La tumba del General Malher

    En la puerta principal de la Iglesia de San Pedro ApostolThis link opens in a popup window, en el suelo, se puede ver una original y tenebrosa lápida. Tenebrosa por la calavera con dos tibias (como era costumbre marcarlas en el siglo XVIII) que se puede ver en la parte inferior de la misma. Bajo dicha lápida yace el General Malher, oficial del ejército napoleónico fallecido en trágicas circunstancias en unos ejercicios de tiro realizados en el Campo de San Isidro. 
    Casimiro García Valladolid al tratar de la Iglesia de San Pedro en su obra "Valladolid, sus recuerdos y grandezas" (Tomo I, pág. 683) así lo narraba: 
    "En ella está enterrado el general francés Malher, muerto el día 13 de Marzo de 1808 hallándose pasando revista á sus tropas en el campo de San Isidro, por una baqueta lanzada por el fusil de uno de sus soldados al hacer los ejercicios de fuego: tuvo lugar su sepelio el día 15 inmediato, después de los funerales que se celebraron en la misma iglesia, siendo acompañado el cadaver por toda la oficialidad del ejército francés acuartelado en Valladolid, desde el palacio de la Excma. Señora Marquesa del Arco, en la calle de Herradores, hoy de Alonso Pesquera, donde se hospedaba". (Información facilitada amablemente por el autor del blog Cofradías Sacramentales y de Gloria en ValladolidThis link opens in a popup window)
    También Matías Sangrador Vítores en su obra "Historia de la muy noble y leal Ciudad de Valladolid"This link opens in a popup window, en el tomo II, página 208, confirma aunque sin entrar en tantos detalles que dicho general yace en esta iglesia.
    Moraleja: hay que sacar la baqueta del cañón antes de disparar, al menos eso nos enseñaron en la mili.
  • Added September 9, 2012
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    Aquel Valladolid de perfil bajo. Las casas molineras

    A principios del siglo XX inmigrantes procedentes de las zonas rurales castellanas se asentaron en el cinturón exterior de la ciudad, ocupando tierras de labranza y construyendo sus casas al margen de la legalidad. 
    Calle Vegafría
    Se trataba de lo que tradicionalmente se ha venido llamando casas molineras y que constituyó la generalidad del caserío de los últimos años del siglo XIX en la calle Clodoaldo Tranque, avenida de Segovia o el Paseo de San Isidro en el barrio de Las Delicias. Se trataba, pues, de edificaciones dispersas que en su mayoría se habían levantado sin ningún tipo de licencia.
    Calle Vegafría

    Fue en el término denominado Vegafría donde podría haberse concentrado, en un principio, un número mayor de casas molineras.
    Se trataba de casa de planta baja distribuidas en torno a un pasillo central que daba entrada a tres o cuatro habitaciones. Además, estas ocupaban una superficie útil entre cuarenta y cincuenta metros cuadrados, aparte del corral que se ubicaba en la parte trasera.
    Calle Julio Ruiz de Alda
    En ocasiones, con el tiempo los patios ocuparon una superficie que triplicó o cuadruplicó la superficie  construida del inmueble. Sus accesos, a veces, no se situaron en el interior del edificio, sino que inmediatos a ellos, posibilitando la entrada y salida a través, por ejemplo, de un paso de carros.
    En la calle Canarias
    En un primer momento, la solicitud de licencia de obras de una simple tapia de cerramiento o la construcción de un primer cuerpo de fachada podía encerrar la idea de edificar una casa molinera. Además, muchas de estas viviendas mutaron de tipología cuando sobre sus plantas bajas se proyectaron nuevos pisos. De hecho, a la hora de accederse a las licencias de obras, los proyectos de casas molineras debían demostrar que su construcción podía soportar, para el futuro, la elevación de sucesivas plantas. Y así fue.
    Antiguo colegio Calderón de la Barca en la calle Olmedo
    Si damos un paseo por la calle Vegafría y alrededores podemos ver todavía en pie alguna de estas reliquias la mayoría en ruina y abandonada esperando una buena oferta por parte de alguna constructora, cosa que, en los tiempos que corren veo harto difícil.

    -Fuente: El Valladolid de los Ortiz de Urbina. Fco. Javier Dominguez Burrieza
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