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Ayuntamiento de Valladolid

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  • Added October 9, 2021
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    La picota desaparecida de Tordesillas.
     (Ilustración:Tribuna de Valladolid)

    El caminante curioso se habrá topado en más de una ocasión con unas extrañas columnas de piedra que suelen encontrarse en algún rincón del interior de las poblaciones. Tienen unos tres o cuatro metros del altura y terminan en una especie de capitel, o aparecen rematadas por una cruz. En otros casos, lo que podemos ver son cruces de piedra sobre un basamento, situadas en el arcén de acceso al municipio, o ubicadas sin más en un cruce de caminos.

    No se puede decir que sean construcciones especialmente estéticas. Eso sí, por su aspecto parecen muy antiguas, y desde luego su aspecto es algo siniestro. Según su forma y antiguo uso se denominan picotas, rollos, cruceros o humilladeros.

    Las picotas se comenzaron a emplear en el s.XIII. Las primeras se tallaron en madera, y posteriormente se esculpieron en piedra. Su función era la de exhibir en ellas para su escarnio a los reos y por supuesto, causar temor en el resto del pueblo, que al ver el destino del infeliz podía aplicarse eso de "cuando veas las barbas de tu vecino pelar…".

    En la picota no solamente se ataba al reo, según el delito cometido se le desnudaba y untaba en miel para que se lo comieran las moscas,  dejándolo expuesto al público y al sol. Si el delito era merecedor de la pena de muerte, se exhibían en la picota restos mutilados de su ejecución, e incluso se colocaba la cabeza cortada en lo alto. Todo un espectáculo. Las había con ganchos alrededor de la columna que facilitaban las tareas de desgarramiento y sufrimiento del ejecutado, y poseían cuatro extremos, también de piedra en cada ángulo del capitel que permitían pasar las cuerdas con las que atar al ajusticiado. De todo esto podemos extraer el significado de las célebres frases: "poner en la picota" o "estar en la picota", que se emplean cuando alguien está en el punto de mira de todo el mundo o en situación comprometida.

    Rollo de Mayorga de Campos

    Similar a la picota es otra columna rematada en un capitel que suele incorporar una cruz u otros ornamentos y que se denomina rollo. Aunque a simple vista parecen la misma cosa, los rollos surgen más tarde, en el s. XIV. Su función es inicialmente simbólica. Servían para informar a cualquier forastero, que la villa tenía capacidad legal para impartir justicia. En la práctica, el rollo también se utilizó en muchas ocasiones con la misma finalidad que la picota, para mostrar a reos y ejecutados.

    El rollo/picota de Bolaños

    Los rollos fueron suprimidos con la Constitución de 1812 que consagró la división de poderes y atribuyó la potestad de juzgar con exclusividad a los tribunales de justicia. Tras la Constitución de 1812, los rollos y picotas tuvieron que ser desmantelados y sacados fuera de las plazas principales de los municipios. No obstante, muchas de ellas se conservaron porque los municipios –muy apegados a lo suyo- decidieron transformarlas, darles aspecto religioso o convertirlas en cruceros, cruces de piedra en homenaje a algún hecho, motivo o personaje del municipio y sacarlas a las afueras municipales. Tampoco ayudó Fernando VII, auténtico "zote" y azote de la razón y la ilustración, que hizo lo posible por destrozar todo lo que la "Pepa", como se llamó a la Constitución de 1812, había traído de modernidad y progresismo a nuestro país.

    Pero no todos los municipios hicieron caso de aquella  órden, y producto de tal desacato es que  España  conserve  unos 150 rollos. Nueve de ellos en Valladolid: Aguilar de Campos, Bolaños, Curiel de Duero, Mayorga, Simancas, Torrelobatón, Valdearcos de la Vega, Villalar y Villalón de Campos.

    Tordesillas tuvo su rollo jurisdiccionalThis link opens in a popup window en la Puerta de la Villa, entrada al recinto amurallado de la localidad en otro tiempo que ha desaparecido y del que solo queda un pequeño resquicio en aquella zona del llamado Colagón en un vaivén de piedras amontonadas, enfrente del Instituto Juana I de Castilla.

    Fuente: Guadarramistas.comThis link opens in a popup window

  • Added October 7, 2021
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     Triunfó con polémica en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1860 y generalmente descansa con rectitud en la primera planta del Congreso de los Diputados.Es, a juicio de los expertos, el cuadro más famoso e importante que se ha realizado jamás sobre los Comuneros después de que Padilla dijese el 24 de abril de 1521, en la localidad vallisoletana de Villalar, aquello de 'Señor Juan Bravo, ayer fue día de pelear como caballeros, hoy lo es de morir como cristianos'.

    Antonio GisbertThis link opens in a popup window pintó en 1860, con 26 años de edad, el lienzo 'Los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo', adquirido al año siguiente por las Cortes Generales tras abonar 8.000 reales de entonces. Primero se llamó 'Los Comuneros de Castilla' y se convirtió en la primera gran obra maestra del género histórico realizada por Gisbert (Alcoy, 1834 - París, 1901), lo que supuso su consagración como artista de ideas progresistas en los círculos políticos de su época, según sostiene José Luis Díez, el académico y comisario de la exposición Pintura Histórica del siglo XIX en España (Madrid, 1992), la cual dedicó un lugar destacado a esta obra. El pintor escoge un argumento polémico y contradictorio de la historia de España, "que pone en entredicho la actuación de la Corona, mostrando a los que van a morir como mártires triunfantes en la defensa de las ideas de justicia y libertad", escribe José Luis Diez.

    Antonio Gisbert. Autorretrato

    La discusión nace por el posible paralelismo entre lo que ocurrió en 1521 con Carlos V y los aconteceres del reinado de Isabel II. "Los comuneros, al haberse levantado contra Carlos V, podían de algún modo equipararse en ese momento con Isabel II, el cuadro parecía una loa contra la Corona". Así lo dice Javier Barón, jefe de Conservación de pintura de historia del siglo XIX en España del Museo del Prado.

    La medalla de la discordia

    El cuadro consiguió una medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1860, pero la negativa del jurado a conceder a Gisbert la distinción de honor provocó una amplia polvareda. El periódico La América abrió una suscripción popular "para regalar una corona de oro al distinguido artista español que reemplace a la medalla de honor que le ha negado el tribunal de la exposición". Los parlamentarios debatieron en las Cortes Generales sobre la importancia del cuadro y las muestras de adhesión alcanzaron al Ayuntamiento de Alcoy, institución que también participó en los homenajes a Antonio Gisbert. El noticiero La América consiguió su objetivo y el pintor recibió su corona de oro.

    Salustiano Olózaga, político liberal de la época, demuestra con las siguientes palabras -pronunciadas en la entrega de la corona y recogidas en el catálogo de la exposición de 1992- el alcance del debate político suscitado: "No bastaron tres siglos de opresión para borrar del todo la memoria de las grandes luchas y de la suerte lamentable de los ilustres jefes de las comunidades; pero lo que sólo era para muchos una tradición confusa, es ahora, para todo el pueblo español, una magnífica realidad que pasará con el nombre de usted a las más remotas generaciones, recibiendo de todas ellas el culto que merecen los que sacrifican notablemente su vida por la libertad de su patria".

    Escena de la película La Leona de Castilla (1951)

    Las copias

    Salustiano de Olózaga se enamoró del cuadro. Tanto que el político liberal encargó una réplica que posteriormente se exhibió en la Exposición de París de 1867 y que actualmente se encuentra en una colección particular de Alcoy. Otra copia, realizada en 1863 por Carlos Serrano, la muestra el Ayuntamiento de Toledo y otra más de mayor tamaño está expuesta en la Diputación de esta provincia. Existen múltiples copias y bocetosThis link opens in a popup window y el protagonismo de la obra llegó hasta la película 'La Leona de CastillaThis link opens in a popup window', realizada por Juan de Orduña en 1951, que se apoya en la obra de Gisbert para componer la secuencia de la decapitación.

    Degollado en la espera

    El cuadro representa el ajusticiamiento de los comuneros, levantados en armas para defender las libertades en contra de los proyectos imperialistas de Carlos V. Según lo expuesto por José Luis Díez, Juan de Padilla es el eje y centro de atracción de la escena. Gisbert introduce un tratamiento secuencial de la imagen al representar las tres fases de su desarrollo –la subida al patíbulo, la espera y la degollación-, al igual que la lectura narrativa de las pinturas medievales. Bravo aparece degollado, Padilla a punto de serlo y Maldonado instantes antes de subir al cadalso.

    Fuente: https://www.elespanol.comThis link opens in a popup window

  • Added September 29, 2021
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    Allá, por el extremo de la provincia lindante con Salamanca, una informe masa de muerto cascote sobre la cual se alza el mástil de más de un almiar, es cuanto resta del castillo de Alaejos. Dícese que tuvo recinto exterior e interior... Que unas cortinas aspilleradas unían los cuatro torreones de los ángulos... Que sobre ellos se erguía un fuerte, tambien cuadrangular... ¡Todo ello es hoy polvo, tan polvo como las cenizas que guarda el camposanto, labrado con los despojos del entonces desmontado castillo! Fue él uno de los baluartes del poderío de los Fonsecas; pero envejeció, estorbaba y lo derruyeron.

    Hoy apenas quedan restos, al menos en superficie, de este histórico castillo, pero los estudios y las excavaciones arqueológicas que se vienen efectuando desde el año 2009 cada vez arrojan más luz sobre esta fortaleza que muchos consideraban prácticamente desaparecida.

    El castillo de Alaejos fue mandado construir en 1453 por  Alonso de Fonseca y UlloaThis link opens in a popup window, obispo de Ávila y arzobispo de Sevilla, el mismo que poco después iniciaría la construcción del conocido castillo segoviano de Coca.This link opens in a popup window


    Litografía del siglo XIX

    Entre 1467 y 1469 la reina castellana Juana de AvisThis link opens in a popup window, esposa de Enrique IV y madre de Juana "la Beltraneja" estuvo recluida en el castillo. Durante su encierro la reina tuvo un romance con el caballero Pedro de Castilla, sobrino del arzobispo, a resultas del cual alumbró dos hijos gemelos: Pedro de Castilla y Portugal, y Andrés de Castilla y Portugal. Para ocultar su embarazo la reina y su amante tuvieron que fugarse descolgándose por una torre. El cronista Alfonso de Palencia (1423, 1492) lo cuenta así: 

    "Estando ya embarazada de siete meses, terminó el motivo que la tenía en rehenes, y el Rey envió a varios nobles a que la sacasen del castillo de Alaejos y la acompañasen a Madrid. Se alteró la Reina, porque en la Corte la hubiera sido imposible disimular su embarazo, y despidió con un pretexto a los enviados de su marido. Y una noche se descolgó por el adarve, siendo recogida abajo por su amante Don Pedro, que, según lo convenido, la aguardaba junto al portillo del muro inferior, a la sazón tapiado con piedras sin trabazón de cal. Apartáronlas prontamente; penetraron por él, y siguiendo el sendero de la cava, en que asentaban los cimientos, salieron al campo, donde hallaron a Pedro de Castilla y a Juan Hurtado, hijo de Rodrigo Díaz de Mendoza, con diez caballos". "Reunidos todos, dirigiéronse por orden de la Reina, a Cuéllar, en busca de Don Beltrán , que allí estaba, y aunque ella le dió una explicación falsa del motivo de su venida, no tardaron él y los suyos en apercibirse de la causa que la impulsaba a arrastrar antes el escándalo de la fuga que el peligro de su permanencia de la fortaleza".

    Por su parte el cronista Diego Enríquez del Castillo (1443, ¿1503?), asegura que la reina sufrió algunos percances durante la fuga: "fue descolgada en un cesto, que se golpeó al caer y que se lastimó en la cara y en la pierna derecha"


    Durante la Guerra de las Comunidades (1520,1522) los comuneros, enemigos de Fonseca, asaltaron y destruyeron el castillo, que hubo de ser reconstruido años más tarde.

    En junio del año 1600 Felipe III visitó el castillo de Alaejos, que aún seguía perteneciendo a los Fonseca.


    La decadencia de la fortaleza empezó en el siglo XVIII. Desde entonces empezó un proceso de ruina imparable y un expolio de sus materiales que lo hizo desaparecer casi por completo de la superficie, aunque si que se conservaron sus estructuras subterráneas, compuestas por varias galerías que unían diferentes partes de la fortaleza, algunas de las cuales pueden visitarse en la actualidad.

    Los restos del castillo en la década de los años 30 delsiglo XX

    Quienes busquen monumentalidad en los vestigios del castillo de Alaejos, no la encontraran. Sólo podrán apreciar restos informes de muros y estructuras de difícil interpretación, pero a cambio podrán disfrutar de un lugar importante, por los hechos que allí tuvieron lugar, en la historia de España.

    Poco a poco el castillo va saliendo del olvido y del silencio en el que estuvo sepultado durante tanto tiempo. Un motivo más para visitar este pueblo poco conocido que cuenta con un notabilísimo legado monumental.

    Fuente: Asociación Amigos de los CastillosThis link opens in a popup window

  • Added September 18, 2021
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    Nos encontramos ante uno de los mejores ejemplos del llamado románico-lombardo  que encontramos lejos de Cataluña y Aragón, territorios donde este estilo prosperó. El templo se encuentra situado en las cercanías de la villa medieval de Urueña, uno de los conjuntos históricos artísticos más interesantes de la provincia de Valladolid.
     La ermita se halla a tan sólo dos kilómetros al sur del casco urbano de Urueña, desde esta posición es posible contemplar buena parte del perímetro de la muralla medieval.
    Con anterioridad a esta iglesia debió existir otro templo según la documentación, datada en el año 945, que menciona a un monasterio mozárabe. En el S. XII la infanta Sancha Raimúndez decide levantar una iglesia en este lugar. El edificio actual tiene planta rectangular de tres naves, siendo la central, considerablemente más alta y ancha que las laterales.

     Las naves aparecen separadas por grandes pilares cruciformes, dichas naves finalizan en tres ábsides de planta semicircular que forman una cabecera escalonada. Los muros de la iglesia son más anchos en su base para estrecharse según van ganando más altitud. 

    Las cubiertas que tapan las naves son de medio cañón y se sustentan en los pilares cruciformes citados anteriormente. En el crucero se levanta una magnífica cúpula ochavada sobre trompas cónicas.


     Influencia del románico-lombardo
    Una de las notas más características de este edificio es la decoración románico lombarda apreciable en el exterior del templo, dicha ornamentación esta formada por arcuaciones ciegas y lesenas que se disponen en los paramentos del testero y del crucero.
    En el siglo XVIII se adosó a la ermita un Camarín con piedra de sillería, es de planta cuadrada con corredores laterales y tiene una ventana que perfora el muro para acceder a la imagen del altar mayor.
     La decoración lombarda nos recuerda que trabajaron en el templo un grupo de canteros catalanes o alto aragoneses o al menos un equipo de trabajo que estaba en posesión del hacer constructivo de la Cataluña románica.
     El aparejo del templo es de sillarejo, la Ermita de Nuestra Señora de la Anunciada está fechada en los primeros años del S. XII e incluso su construcción pudo ser anterior. El estilo románico lombardo que se estaba desarrollando en Cataluña y en el norte de Aragón pudo aparecer en estas tierras castellanas por la boda de la hija del Conde Ansúrez, conde de Liébana, Saldaña, Carrión y Señor de Valladolid, Doña María con el Conde de Urgel, Don Armengol V.

     En esta imagen de principios de los años 70 se puede ver el pórtico de entrada ya desaparecido y la vivienda adosada, también desaparecida, en la cual residia la familia que guardaba ermita        

    De todas formas los templos con reminiscencias lombardas en Castilla son escasos, podemos citar contados ejemplos como la iglesia de Villaconancio (provincia de Palencia) que luce un magnífico ábside con arquillos lombardos. 

    En estas imágenes de principios de los años 70 se puede ver el interior de la ermita con las paredes encaladas y el desaparecido coro sito sobre la entrada
    Otro ejemplo de este estilo y en la misma provincia de Palencia es la ermita de San Pelayo situada en la localidad de Perazancas de Ojeda, esta es una de las construcciones románicas más antiguas de Castilla donde también cuenta con decoración lombarda en su ábside y además presenta unas interesantes pinturas el interior de su ábside, dichas pinturas pudieron ser realizadas por algún maestro catalán.
    Horarios visita Ermita de Urueña
    En la actualidad, el horario para visitar la Ermita de Urueña, la cual se lleva a cabo con visita guiada, es a las 12,45 horas, con una duración de una hora.
    Para hacer dicha visita, es imprescindible hacer la reserva previa llamando a la Oficina de Turismo de Urueña (tel. 983 717 445) los martes, de 17 a 19,30 horas, y de miércoles a domingo, de 10,30 a 14 horas y de 17 a 19,30 horas.
  • Added September 11, 2021
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    Torre de Lutero (Almenara de Adaja)

     
    En la parte culminante del páramo veremos, cerca de algunas carreteras nacionales, hoy convertidas en autovías, unas torres que desde lejos dan la impresión de ser restos de antiguos castillos en los que sólo queda en pie la torre del homenaje. Pero en realidad nada tienen que ver con elementos defensivos, sino que pertenecieron al mundo de la comunicación, pues son antiguas torres del telégrafo óptico.

    Antecedentes

    Al principio, la comunicación entre personas y pueblos lejanos, se conseguía con mensajeros, cuyo desplazamiento dependía de muchos factores: lejanía del destino, estado de los caminos, guerras, fronteras, etc… Para agilizar y acortar este tiempo empezaron a utilizarse las señales ópticas. Una muy utilizada fue el humo de hogueras, aunque con la limitación de que los mensajes tenían que ser sencillos.


    Funcionamiento

    Este sistema se basaba en la construcción de torres conectadas visualmente gracias en lugares elevados. El funcionamiento de la red comenzaba en la estación desde la que se emitía el mensaje. Se colocaba el telégrafo en una posición prefijada de alerta o de atención. Cuando la estación siguiente avistaba esta señal, colocaba su telégrafo en posición listo o preparado y el primer telégrafo sabía que podía comenzar a transmitir. Una vez que se comenzaba a transmitir, cada símbolo debía estar unos 20 segundos como mínimo en la posición para que la siguiente estación lo leyese correctamente y colocase su telégrafo en la misma posición, lo cual indicaba a la estación precedente que podía transmitir el siguiente símbolo del mensaje. En España los mensajes se enviaban cifrados, pues los empleados de cada una de las torres se limitaban a emitir el mensaje que habían recibido, sin saber su contenido.

    Pero la crisis económica y la Guerra de la Independencia dejaron sin uso este medio de comunicación. Será en 1831 cuando se vuelva a proyectar otro sistema de telegrafía óptica entre la capital y los Reales Sitios para uso exclusivo de la Familia Real.

     En 1844, por Real Decreto de 1 de marzo, se establece el marco para el nuevo trazado de telegrafía óptica en España a cargo de la Dirección General de Caminos. El proyecto, de titánicas dimensiones, pretendía unir Madrid con todas las capitales de provincia del territorio peninsular.


    Diseño de la red

    El Decreto era especialmente cuidadoso en la ubicación de las torres. Así, se prefiere que las líneas sigan las carreteras existentes para facilitar el avituallamiento de las estaciones telegráficas y, a ser posible, lo más cerca de pueblos y localidades, por la misma razón. En la medida de lo posible, debían utilizarse estructuras preexistentes para ahorrar recursos, y así se emplearon castillos, atalayas e incluso torres de iglesias. Cuando esto no era viable, habrían de construirse torres ad-hoc, todas idénticas y según el estándar fijado por Mathé, de 7 metros de lado y 12 de alto. Además, las torres debían estar cada una a una distancia mínima de 2 leguas y máxima de 3, de la siguiente. Una distancia menor suponía construir más torres lo que implicaba un coste más elevado. Mayor, suponía dificultades para divisar la torre anterior o posterior.

    Cuando en 1844 se dio el impulso necesario a la telegrafía óptica en España, ya se conocía la telegrafía eléctrica y se experimentaba en Europa desde 1840. La telegrafía eléctrica relegó a la telegrafía óptica rápidamente. En 1854 se completó la línea de telegrafía eléctrica entre Madrid e Irún, por lo que dejó de funcionar la línea equivalente de telegrafía óptica. En 1857 se desmantelaba la última línea óptica en servicio, la línea Madrid-Cádiz.

    En nuestra Provincia

    Así que en nuestra provincia se construyeron las correspondientes a la 3 y 4ª Sección de la línea que comunicaba la capital con Irún. Fueron las siguientes torres, todas ellas levantadas junto a las actuales carretera N-601 y N-620:

    -El Perruno (866 m) en Almenara de Adaja, cercana a la localidad segoviana de Fuente de Santa Cruz. Se conservan sus cuatro lados.

    -El Collado o Cuesta Redonda en Olmedo. A duras penas se mantienen en pie las esquinas este y norte.

    -El Collado en Mojados que se utiliza para ubicar un vértice geodésico.

    -Boecillo, del que sólo queda el nombre de una urbanización y una calle en la localidad.

    -Valladolid situado en el páramo de la Cuesta de la Maruquesa. No quedan vestigios.

    -Cabezón, en el Cerro de Altamira que domina la población y donde estuvo situado la antigua fortaleza.

    -Frausilla, ya en las cercanías de  Dueñas (Palencia). Se conservan sus paredes

    -Tariego, en Tariego de Cerrato (Palencia)

    Fuente: https://valladolidenbici.wordpress.com/2011/02/06/torres-del-telegrafo-optico/This link opens in a popup window

  • Añadido el 19 de abril de 2021
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    César Borgia

    Nuestro protagonista llega a esta situación de nada más y nada menos, que de la mano de los Reyes Católicos, mediante el brazo ejecutor, famoso en el mundo entero, conocido como "El gran Capitán", Gonzalo Fernández de Córdoba. El Gran Capitán llega a tierras italianas para apaciguar las revueltas de las familias romañas contra los españoles que vivían en Italia, o al menos, eso creía César. Pero en Realidad, Gonzalo Fernández arriba a las afueras de Roma para detener al hijo del Papa por haber sido aliado del Rey francés contra lo que se llama el Nápoles español. De esta forma, el Gran Capitán lleva preso a César hasta España, encarcelándolo, en primer lugar, en el castillo de Chinchilla. En este mismo castillo, el batallador Borgia intenta escaparse primeramente. En la torre del homenaje, alegando subir hasta el punto mas alto para admirar el paisaje junto a Grabiel Guzmán, alcaide del castillo, intenta asesinar a este empujándolo hacia el vacío. Aunque César es un repudiado combatiente, Guzmán es capaz de equilibrarse y tomar el control de la situación. César Borgia no tuvo mas opción que pretender que todo era una broma, y no un intento de asesinato. Este relato lo encontramos de primera mano en las "Relaciones topográficas" de Felipe II. 


    Castillo de Chinchilla (Albacete)

    Ante esto, el Grán Capitán, hombre audaz y perspicaz, decide trasladar al prisionero a otro castillo, el Castillo de la Mota, en  la actual Medina del Campo (Valladolid). También hace este traslado para separarlo de la zona de mayor poder e influencia de los Borgia, el territorio Valenciano, y alejarlo de la costa. Esta vez, el alcaide, Gabriel de Tapia, no caerá en sus redes embaucadoras. Pero si que conseguirá escapar. Tras pasar un tiempo en la prisión de dicho castillo (eso sí, bajo grandes comodidades dignas de su alta alcurnia), logra conjurar su escapada junto a la ayuda exterior de Rodrigo Alonso Pimentel, conde de Benavente, el cual era contrario al Rey Fernando. Tan solo le faltaba un buen aliado dentro de la fortaleza; lo encontraría en la figura del capellán de La Mota y algunos siervos/criados.


    Castillo de la Mota (Medina del Campo)

     De esa forma, en una oscura noche de 1506, César se descuelga desde una ventana mediante una cuerda. Se dice, que hacia el final, faltaba algo de soga, por lo que tuvo que bajar de un salto para llegar al caballo que le esperaba abajo. A toda prisa, se reúne con el conde de Benavente, quien, tras pasar por Villalón, donde se escondería unos días, llega a Santander, desde donde se trasladará hacia Navarra, salvado por el rey Juan III de Albret, pues este era hermano de su esposa francesa, Carlota.

    En realidad todo esto no ocurrió, porque si veis el castillo eso es imposible. Mario Puzo, en su libro "Los Borgia" narra la realidad de los hechos:

    "Un día, pasada la medianoche, César vio cómo la puerta de su celda se abría lentamente. Pero en vez de un guardia, quien entró fue Duarte Brandao (consejero de César) llevaba una cuerda enrollada alrededor del brazo.

    —¡Duarte! —exclamó César—. ¿Qué hacéis aquí?

    —Rescataros, amigo mío —contestó Duarte—. Pero debéis daros prisa. No tenemos mucho tiempo.

    —¿Y los guardias? —preguntó César, cuyo corazón latía frenéticamente.

    —Han recibido un generoso soborno —dijo Duarte mientras desenrollaba la cuerda.

    —¿No pretenderéis que descendamos por esa cuerda? —preguntó César, frunciendo el ceño Es demasiado corta.

    —Desde luego —dijo Duarte, sonriendo—. Sólo la colgaré para proporcionarle una coartada a los guardias —continuó diciendo mientras fijaba la cuerda a la argolla de hierro que había en la pared y descolgaba el otro extremo por la ventana.

    Salieron de la celda y César siguió a Duarte por la escalera de espiral que descendía hasta una pequeña puerta en la fachada trasera de la fortaleza. No se cruzaron con ningún guardia. Duarte corrió hasta el lugar donde la cuerda colgaba, balanceándose junto al muro, a varios metros del suelo, y sacó un frasco de terracota del bolsillo de su capa.

    —Sangre de pollo —le dijo a César—. Esparciré un poco justo debajo de la cuerda y dejaré un rastro que señale hacia el sur. Así pensarán que os heristeis al saltar y que huisteis cojeando en esa dirección, cuando, en realidad, nos dirigiremos hacia el norte.

    César y Duarte atravesaron una pradera y subieron a lo alto de una colina, donde un niño los aguardaba con dos caballos. —¿ Adónde nos dirigimos, Duarte? —preguntó César—. No creo que queden muchos lugares seguros para vos y para mí. —Así es —dijo Duarte—. Hay pocos lugares donde podamos estar seguros, pero aún quedan algunos. Vos cabalgaréis hasta la fortaleza de vuestro cuñado, el Rey de Navarra...."

    Fuente: https://cesarborgiaticum.wordpress.com/tag/huida/Este enlace se abrirá en una ventana nueva

    Los Borgia (Mario Puzo)Este enlace se abrirá en una ventana nueva

  • Añadido el 3 de abril de 2021
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    El Camino de Cabezón, según el plano de Ventura Seco de 1738, pocas décadas antes de la construcción del Paseo de Floridablanca

     La fundación en 1784 de la Sociedad Económica de Amigos del PaísEste enlace se abrirá en una ventana nueva de Valladolid iba a suponer, como en otras muchas ciudades españolas, la implantación de una serie de reformas y mejoras que redundaron favorablemente en la transformación y embellecimiento de su fisonomía urbana.

    Una de las principales preocupaciones que tuvo la Sociedad Económica fue la creación de nuevos plantíos en la periferia de la ciudad, respondiendo al deseo de la época de embellecer los accesos y salidas de las poblaciones mediante hermosos paseos ajardinados. Así, en 1784, con motivo de hacerse cargo de la construcción del nuevo camino de Valladolid a Cabezón, a instancias del Conde de FloridablancaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, la recién creada Sociedad Económica decidió iniciar dicha calzada con un paseo de olmos que iría desde la Puerta de Santa Clara hasta el Convento del Carmen DescalzoEste enlace se abrirá en una ventana nueva.

    Con este nuevo Paseo y Plantío, llamado de Floridablanca en agradecimiento a la protección dispensada por el primer ministro de Carlos III, la Real Sociedad pretendía embellecer y dignificar una de las principales salidas de la ciudad, al tiempo que proporcionaba a la población un ameno lugar de esparcimiento. Su creación respondía perfectamente a las aspiraciones urbanísticas de la época, ya que no sólo se buscaba dotar de paseos arbolados a los caminos que entraban en la ciudad sino que también se pretendía dar una utilidad social a los mismos, pensando que servirían para el recreo y la distracción al mismo tiempo que proporcionarían sombra al viandante.

    Los libros de Actas del Ayuntamiento dan cumplida información sobre las vicisitudes por las que pasó la construcción del nuevo Paseo de Floridablanca. El 23 de agosto de 1784, la Sociedad Económica solicitaba del Municipio la cesión de parajes «incultos»Este enlace se abrirá en una ventana nueva cerca del Pisuerga y del Esgueva para la plantación de moreras, al mismo tiempo que presentaba el oportuno expediente para el establecimiento de un plantío de árboles fuera de las Puertas de Santa Clara, lo que se aprobó, no sin algunas dudas y vacilaciones, el 4 de diciembre de este mismo año. 

    En el primer tramo del camino, desde la Puerta de Santa Clara hasta el «llano» se deberían plantar dos hileras de olmos, siendo desde aquí en adelante dobles por cada lado. Al mismo tiempo se mandaron llevar al lugar todos los cascotes y escombros de las obras de la ciudad, echándolos en el paseo, desde la misma Puerta en adelante «para llamar las aguas al pie de ros árboles que se planten».

    El 28 de enero de 1785 se informaba a la ciudad del comienzo de las obras, así como de la cesión del Ayuntamiento de algunos terrenos baldíos para el nuevo camino, iniciándose en él las plantaciones de olmos el 3 de febrero.

    Dos meses después, la Sociedad Económica pedía a la corporación municipal examinase y reconociese la parte del paseo construida hasta entonces, manifestando su satisfacción por haber logrado poner «un paseo delicioso y evitar los atascos y mal tránsito que experimentaban los caminantes y forasteros que concurrían a esta ciudad».

    El camino debió de inaugurarse ya en 1785, según figuraba en una inscripción que se puso en la Puerta de Santa Clara y que rezaba así: «Año 1785. Plantío de Floridablanca por la Real Sociedad». Sobre las características de dicho Paseo dan testimonio los dos dibujos con proyectos del mismo que hemos localizado. A juzgar por el primero, fechado en 1784, el Plantío de Floridablanca, constaba de dos calles de olmos negrillos a ambos lados del andén central que convergían en una plaza circular rodeada de árboles, de la que partían dos brazos laterales con cuatro hileras de arbolado cada uno, continuándose el paseo por el Norte con dos filas de olmos. Más sencillo y menos vistoso es el otro dibujo pintado a la acuarela que se conserva en la Biblioteca de San CruzEste enlace se abrirá en una ventana nueva de Valladolid, y que probablemente correspondía a un primer proyecto más simplificado. Muestra en cada lado dos hileras de arbolado convergentes, con una pequeña plaza de árboles en torno a una pirámide embolada.


    Diseño del nuevo Paseo de Floridablanca en Valladolid, 1784
    Idem. Biblioteca de Santa Cruz, Valladolid.

    Una vez levantado el Paseo, la Sociedad Económica continuó con la construcción de la nueva Calzada de Valladolid a Cabezón, que le había encargado el Monarca, y cuya longitud debería ser de dos leguas (algo más de 11 kilómetros). El camino, que enlazaba con uno de los mejores del país: el de Burgos, Vitoria y Bayona, se concibió igualmente como un paseo ajardinado, plantándose árboles en sus orillas.

    En febrero de 1785, por orden del Intendente don Bernardo Pablo de Estrada, los arquitectos Pedro González Ortiz y Andrés Hernando reconocieron y apreciaron el plan de la obra del camino. Su construcción comenzó elevando tres cuartas la Puerta de Santa Clara «para impedir con el acrecentamiento del terreno que las aguas del mismo se introdujeran en la ciudad».

    Para sufragar los gastos del nuevo camino fue necesario aplicar un impuesto especial de cuatro maravedís por cada cántaro de vino vendido en la ciudad y provincia. En junio de 1787, la Casa de Correos prestaba a la Sociedad 50.000 reales de vellón para proseguir las obras, llevándose gastados a fines de dicho mes 230.000 reales en la construcción de la nueva calzada.

    Cuando ya estaban muy avanzadas las obras, en agosto de 1787, se pensó sustituir la vieja Puerta de Santa Clara, de traza herreriana y cuya construcción databa de comienzos del siglo xvii, por otra nueva, de gusto neoclásico y más acorde con la belleza del nuevo paseo ajardinado de Floridablanca. Con motivo de los premios de la Academia de Bellas Artes de ese ario, el protector de la misma, Conde de Albarreal, ofreció uno extraordinario de una onza de oro (320 reales) al mejor proyecto para una nueva puerta «de arquitectura noble, pero sencilla y coste moderado», que sustituiría a la de Santa Clara

    «en consideración a que la actual no es digna de estar a la vista del hermoso Paseo de Floridablanca, y camino nuevo desta ciudad a Cabezón, que es la Carrera de Burgos a Francia, y su fealdad da a los extranjeros una idea bien triste de Valladolid».

    Meses después, en diciembre de este mismo ario, se fallaba dicho concurso, concediéndose el premio especial a la traza de la nueva Puerta que hizo el vallisoletano Eustaquio Baamonde. Con todo, parece ser que no llegó a construirse, dada la escasez de recursos del Ayuntamiento por estas fechas, conservándose la antigua hasta su derribo hacia 1873.

    Con el deseo frustrado de levantar una nueva Puerta de Santa Clara, de porte neoclásico, terminaban las obras del Paseo de Floridablanca, uno de los más hermosos de la ciudad, así como una de las realizaciones más interesantes que llevó a cabo la Sociedad Económica en el Valladolid dieciochesco.—JOSÉ CARLOS BRASAS.

  • Añadido el 26 de marzo de 2021
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    La localidad en 1867
    Apenas sobrepasa el centenar de habitantes y es tan pequeño que solo alcanza los 19 kilómetros cuadrados. Tan reducida fisonomía no le ha impedido labrarse una historia que para sí quisieran muchos municipios y ciudades de la península ibérica. Curiel de Duero presume de contar con dos castillos imponentes (uno de ellos, reconvertido en hotel) y dos iglesias igual de majestuosas (la de Santa María además con un soberbio artesonado mudéjar recientemente restaurado).

    Foto: www.weekendesk.es
    Curiel tuvo un pasado romano, como así lo atestigua la moneda de cobre del emperador Arcadio encontrada entre los restos arqueológicos del castillo de arriba, conocido como el de Doña Berenguela. También su topónimo. Según una tradición, sobre la puerta de la fortaleza había una inscripción que decía Hic Curules me fecere, (aquí me construyeron los Curules). No obstante, las primeras referencias documentales de Curiel datan de los años 1045 y 1065.
    Leonor de Plantagent, hermana de uno de los más destacados cruzados en Tierra Santa y rey de Inglaterra, Ricardo Corazón de León, entregó el castillo de Curiel como dote cuando contrajo matrimonio con el monarca Alfonso VII, en el año 1170. Por su parte, la artífice de la unión de Castilla y León e hija de Leonor, Berenguela la Grande, fue la señora de Curiel. Durante el reinado de Fernando IV de Castilla (finales del siglo XIII y principios del XIV) se dotó a Curiel del mismo fuero real que a Peñafiel.

    Foto: Juan Pablo Zumel Arranz
    En la Edad Media Curiel de Duero tuvo dos castillos. Uno de ellos perdura. De planta cuadrada, consta de cuatro torres, almenas y aspilleras. La fortaleza de Doña Berenguela se sitúa en lo alto de un promontorio o cerro. Conserva parte de la torre del homenaje, así como las paredes que rodean el recinto, pero quizás, una de las mejores huellas que deja en el viajero son las vistas que desde allí se obtienen.
     El castillo de arriba es la fortaleza más antigua de la provincia de Valladolid, pues su construcción data del siglo X. Existe un dicho popular que dice ‘Buen castillo tendría Peñafiel, si no tuviera a la vista el de Curiel’.

    Pedro I el cruel
    En las entrañas de la fortaleza estuvo preso Diego de Castilla y Sandoval, hijo de Pedro I el CruelEste enlace se abrirá en una ventana nueva.
    Enrique II, acabó con la vida de Pedro I y mandó encarcelar a los hijos varones del difunto rey: SanchoEste enlace se abrirá en una ventana nueva, en el Castillo de Toro, que falleció a los siete años de edad y Diego en el Castillo de Curiel. Diego murió en el castillo de Coca a los 64 años tras haber sido liberado en 1434 por la insistencia del condestable Álvaro de LunaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, que estaba casado con una hija del prisionero. Permaneció entre rejas nada menos que 54 años. Uno de los cautiverios más largos de la historia de España.
    Durante su largo confinamiento llegó a contraer matrimonio con la hija del alcalde del castillo, en los alrededores practicaba la caza, pero sin poder abandonar jamás su cautiverio. Quizás sea una de las mas extensas y desconocidas "prisiones políticas", por el único ‘delito’ de ser hijo de rey muerto y vencido.
  • Added August 24, 2020
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    En la calle Cardenal Cos (en un lateral de la Catedral) pervivió hasta hace pocos años la fachada de ladrillo rojo del antiguo almacén de frutas de los Hermanos Santaolaya, un negocio que abrió en los años 50 esta familia, que gestionaba otros locales relacionados con la alimentación en la ciudad desde principios de siglo. En 1950 Evaristo Santaolaya recibió un permiso para abrir una abacería (una especie de ultramarinos donde se vendían vinos y licores) en la calle Cardenal Cos 1. En 1974, este edificio pasó a utilizarse como almacén de envases para frutas y verduras. 

    El muro, muy reconocible por sus letras pintadas sobre el ladrillo y un número de teléfono de los de antaño, con cuatro cifras, no estaba protegido ni catalogado. La hemeroteca de El Norte de Castilla guarda varios anuncios de este negocio, capitaneado por Evaristo Sataolaya.  El almacén era un ultramarinos en el que se despachaban productos de alimentación a granel y en el que también se compraba directamente a los agricultores. El último de los anuncios localizados data del 14 de octubre de 1961, cuando en una 'clasificado' se compraba almendra dulce y amarga.

    Dos años después, en 1976, Magdalena Gómez Gabriel recibiría licencia para abrir una guardería que fue ampliada en 1993 (sería entonces cuando asimilaron el patio de Santaolaya a la guardería).

    Fuente: El Norte de CastillaThis link opens in a popup windowultimocero.comThis link opens in a popup window

  • Added March 31, 2020
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    Puente del Cubo o del Espolón, en la desembocadura del brazo Sur del Esgueva en el Pisuerga (Fundación Joaquín Díaz).
    Situado frente a la esquina más occidental de la calle Doctrinos y la parte trasera de la Academia de CaballeríaThis link opens in a popup window. Aparece dibujado en litografías y planos históricos, desde el siglo XVII, unido al desarrollo de la línea del Espolón. Era el último vado que existía en el Esgueva antes de su desembocadura en el río Pisuerga. Realizado en sillería caliza, contaba con un único ojo y un arco rebajado en la parte superior. Poseía una elevada altura, dado que el cauce del Esgueva en este punto era angosto y profundo, y que además servía para vadear en línea con el Espolón, en la salida de la ciudad hacia el barrio de las Tenerías.
    Puente del Espolón Viejo (Alfred Guesdon, 1854)
    Dos obras efectuadas en el año 2017 en la confluencia del paseo de Isabel la Católica con Doctrinos, una reparación de la tubería de abastecimiento de agua y la apertura de un socavón en la vía pública, han posibilitado sacar a la luz partes de la estructura del puente del Cubo o del Espolón Viejo, situado bajo el asfalto del paseo de Isabel la Católica.
    Las obras de reparación no han afectado a los vestigios estructurales conservados y tras la reparación de las averías se procedió al relleno controlado de los cortes y del propio lateral del puente.
    Se desconoce la fecha exacta de construcción de este vado, el más occidental de los levantados sobre el ramal Sur del río Esgueva, antes de su desembocadura en el río Pisuerga. Su origen debe situarse en los compases finales de la Edad Media, siglos XIV o XV, cuando se desarrolla el barrio artesanal de las Tenerías, junto al Pisuerga. Este puente serviría de comunicación de ese arrabal con el resto de la ciudad, encontrándose no muy distante de la salida natural de Valladolid hacia el Sur, coincidente con el puente del Campo, también sobre el Esgueva, pero a la altura de la calle Santiago, donde a su vez se situaba la puerta homónima, en el trazado de la segunda muralla de la ciudad.
    En el plano de 1738, de Bentura Seco, el puente forma parte de la línea del Espolón Viejo, el límite del casco urbano frente al río Pisuerga en esos momentos. Idéntica situación se observa en la planimetría histórica del siglo XIX, reconociéndose hasta 1911 como el cauce del río Esgueva discurría al aire en el intervalo comprendido entre este puente y el del Campo.
    Según el plano de Bentura Seco
     Desde 1879 se estaban llevando a cabo los trabajos de encauzamiento entre este vado y el de la calle Santiago, aunque por diferentes problemas (económicos, con contratistas, crecidas, etc.), una vez en marcha el plan de saneamiento de R. Uhagón se paralizó todo el proceso, habiéndose cubierto un trozo hasta la mitad de la actual calle de Doctrinos, mientras que el resto, que fundamentalmente discurre bajo el suelo de la Academia de Caballería, solo contaba con los muros de mampostería laterales. Posteriormente se rellenaría el tramo hasta el puente del Cubo, entre los años 1915 y 1919.
    El puente subsiste como punto final de desagüe de la Esgueva Sur en el río Pisuerga hasta la década de los años 50 del siglo XX. Entre los años 1953 y 1956 se construye el actual puente de Isabel la CatólicaThis link opens in a popup window (designado también en ocasiones con el nombre del Cubo), con proyecto del ingeniero Luis Díaz-Caneja Pando, siendo inaugurado por el alcalde J. González-Regueral.
    Fuente: VALLADOLID Y EL RÍO ESGUEVA
    Una historia de encuentros y desencuentros. Aproximación histórica y arqueológica
    al paso del cauce fluvial por la ciudad de Valladolid
    JESÚS MISIEGO Y JOSÉ IGNACIO DÍAZ-CANEJA (coords.)
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