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Ayuntamiento de Valladolid

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  • Added January 31, 2020
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    En 1897 se solicita la construcción de una Casa de Socorro, siendo el lugar escogido para su instalación un solar del Ayuntamiento en la calle López Gómez. Allí se construye un sencillo edificio de planta y piso con cubierta de hierro laminado, siguiendo los planos del Arquitecto Municipal José Benedicto.
    En 1903 la Casa de Socorro se traslada a la planta baja y sótano de una casa de la calle Miguel Iscar.
    Año 1972.
    Foto: AMVA

    En 1927 se inicia el expediente para construir un nuevo edificio que reúna las suficientes condiciones higiénicas y sanitarias para esta actividad.
    El lugar elegido es el solar de la calle López Gómez contiguo a la entonces Escuela Normal, hoy Colegio García QuintanaThis link opens in a popup window, que se encontraba en construcción.
    Empezó a dar servicio el día 2 de agosto de 1929, siendo un anexo del colegio Público García Quintana. Allí se atendieron pacientes sin tener el carácter de centro de internamiento hospitalario, aunque se practicaran intervenciones menores.
    Durante muchos años los vallisoletanos acudieron allí para curas de emergencia, por caídas, brechas, cortes o sencillamente para que el "practicante" les pusiera una inyección.
    El servicio atendido por médicos y enfermeras, luego ATS, estuvo funcionando en este edificio hasta algo más de mediados los años 80.
    Ya en los años 90, el edificio fue rehabilitado y acondicionado para albergar la Biblioteca Pública Municipal Francisco Javier Martín Abril, inaugurada con la presencia del propio escritor vallisoletano en abril de 1995.
    Hoy todavía conserva el letrero de "Casa de Socorro" y el escudo de la ciudad realizados con mosaicos en lo alto del edificio.
    Fuentes:- Valladolid- WebThis link opens in a popup window
                 -HISTORIA DE LOS HOSPITALES DE VALLADOLID. Carlos Vaquero Puerta, José                         Antonio Brizuela, Laura Saiz Viloria
  • Added July 11, 2019
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    Vista general de la calle Duque de la Victoria en 1929

    Por VÍCTOR VELA This link opens in a popup window
    25-6-19 El Norte de Castilla. ValladolidThis link opens in a popup window
    -La calle Duque de la Victoria apenas tiene cosas viejas que contar. Su historia pertenece al presente y al porvenir-, decía hace 90 años el cronista de El Norte de Castilla que, en julio de 1929, se dio un paseo por la calle y visitó sus principales negocios para contar después la actividad que allí se vivía a los lectores del periódico.
    Decía el autor del artículo que la calle Duque de la Victoria era (es) -en Valladolid el testimonio del siglo XX, de la vida actual, moderna y progresiva de la ciudad, y más aún todavía: de su futuro optimista-. -Sus edificios, su comercio, todo el ritmo diario de su vida dan en ella esta poderosa sensación, fuerte y joven, de alegría y vitalidad-.
    La vía, que ya en el siglo XIII era conocida como calle de los Olleros (aquí era donde estaban quienes fabricaban ollas), recibió su nombre actual en abril de 1856, en agradecimiento a los títulos que el militar Joaquín Baldomero Fernández Álvarez entregó a la ciudad en 1854.
    -Las largas paradas de taxis, el cruce incesante de autos, tranvías y autobuses públicos, el movimiento a todas las horas del día marcan estos trazos modernos de la calle magnífica que enorgullece a Valladolid y ostenta una vida comercial próspera y brillante-, escribía el autor del artículo, quien reconocía que para el periódico tenía esa arteria un significado especial.
    Fachada de la redacción de El Norte de Castilla en 1929

    -En ella se levanta la casa de El Norte, nuestro propio hogar. Es esta calle la primera que recibe el rumor de los grandes sucesos, las noticias inesperadas. En ella ve el periodista amanecer todos los días, cuando el trabajo ha terminado, la rotativa empieza a perpetuar en nuestras páginas todas las noticias y un ejército de vendedores (modestos y constantes camaradas) extiende por todos los rincones de la ciudad estas páginas que han nacido en la calle del Duque de la Victoria-
    Interior de Imprenta Castellana

    Tenía entonces El Norte cien años menos de historia (ahora celebra su 165 aniversario) y se presentaba ante los lectores como un vecino más de una calle plena de actividad comercial. Junto a la redacción de El Norte estaba la Imprenta Castellana. -Una imprenta única de la región que cuenta con modernísimas máquinas de componer, rotativa para grandes tiradas, estereotipia y los grandes talleres de fotograbado-. Y junto a ella (con talleres en Montero Calvo 17 y oficinas en Duque de la Victoria, 31) Foto Castilla. Se publicitaba con su oferta para trabajos -montados con arreglo a los últimos adelantes, con técnicos especializados, dibujantes y fotógrafos propios-.
    Entrada del negocio Gil San José Hernando

    En el número 22 estaba el comercio de Gil San José Hernando, un hojalatero y vidriero. -Esta casa, fundada en 1860 por don Modesto San José y hoy regida por su hijo, Gil San José Hernando, se encarga de toda clase de trabajos en zinc, plomo, pizarra, hoja de lata o cristal, canalones y cañones bajantes, rótulos luminosos, letras de zinc y vidrieras en colores, de adorno y dibujo-.
    Fachada del comercio Niceforo Hernández

    El paseante que hace 90 años caminara por Duque de la Victoria encontraría en el número 7 el negocio de Niceforo Hernández. -Nadie haga sus compras sin antes visitar esta casa», se publicitaba.
    Escaparate de P. Lobato

    Compartía número con la joyería y platería de P. Lobato (sucesor de Cuadrillero). -No olvide esta dirección cuando desee adquirir una cosa buena-, decía la publicidad del periódico, que recordaba que se ofrecían -precios normales-, no fuera a ser que la promesa de buena joyería echara para atrás a los clientes. -Alhajas de suprema elegancia e imponderable valor. Gran variedad en pulseras de pedida, relojes de oro y platino, sortijas, alfileres, etc. etc. Metales y piedras preciosas siempre a elección del clientes para la confección de sus encargos-.
    El comercio de tejidos Casa C. Sánchez

    Le seguía, en el número 13, la casa C. Sánchez. -La más antigua y económica en tejidos de todas clases, colchas, mantas para cama y viaje, cortinajes, alfombras, géneros de punto, velos, mantos y peletería. Cuarenta años de comerciar en las mejores calidades a los mejores precios-.
    Y en el número 15 se encontraba Casa Villarrubia, que ofrecía mercería, paquetería, género de punto, juguetes y una sección de 'todo a 0,95 pesetas'.
    Fábrica de Sombreros García Hermanos

    Un poco más avanzada la calle, en el número 19, estaba la fábrica de sombreros para señora y niños García Hermanos. -Siempre novedades-.
    Mercería Casa Virto

    También en la acera de los impares, en el número 21, estaba Casa Virto, -dedicada a los artículos de sastres y modistas-, con -gran taller de plisados y vainicas-.
    En la acera de enfrente, la de los números para, la oferta incluía en el número 4 Casa Giménez. -Esta es la sastrería predilecta del público más exigente para vestir bien. Inmenso surtido en pañería. Confección impecable. No se demora ningún encargo en ninguna época-.
    Camareros del Café Madrid a la puerta del establecimiento

    Con el mismo número 4 se presentaba el Café Madrid. Su propietario, Gregorio Huidobro, presumía de -servicio esmerado, exquisito café concentrado, licores de legítimas marcas-. -Es el preferido del buen público a la salida de los espectáculos por sus chocolates, sus helados y viandas de todas clases-.
    Fachada de Juan Manuel Calvo

    Unos pasos más allá, en el número 18, estaba el almacén de calzado, alpargatas y zapatillas Juan M. Calvo. -Gran surtido de calzados de lujo a precios baratísimos-, decía el anuncio, donde se recordaba que su teléfono era el 2.410.
    Círculo de Recreo

    Y, además, en la calle estaba el Círculo de Recreo y el -suntuoso edificio levantado por la Compañía Telefónica Nacional para la instalación de todos sus servicios-.
    -Las ventajas que representa el teléfono automático para las comunicaciones urbanas son apreciadas ya por todos los hombres y entidades que dedican sus esfuerzos al comercio, la industria o la banca. Ha sido para Valladolid una gran mejor la innovación de las antiguas redes y la capital corresponde con la Compañía, enviándole diariamente muchas órdenes de alta en el servicio, al cual atiende con un cariño e interés que le hace deseables los más grandes aciertos», decía el publirreportaje publicado en julio de 1929.
    Fuente: http://bit.ly/2Lm6CrXThis link opens in a popup window
  • Added May 31, 2019
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    Los castillos españoles sirvieron tanto para defenderse de los enemigos externos como de los internos, tanto para impedir que entrara el sitiador como para evitar que saliera el recluso. Los castillos fueron quizá, más a menudo que fortalezas, prisiones a las que iban los enemigos del Estado... o del príncipe. 
    Simancas tiene su buena lista de prisioneros célebres, pero ninguno como el obispo de Zamora, don Antonio de Acuña. ¡Qué tipo humano! A principios de siglo XVI toma partido por las Comunidades contra el emperador Carlos V. Pero en ese partido no se limita, como sus hábitos piden, a rezar por las victorias de Padilla, Bravo y Maldonado. El obispo Acuña es obispo guerrero, de cuya actividad se burló con gracia y mala intención otro obispo, Antonio de Guevara, que había puesto su cultura e inteligencia polémica a favor de la Casa Real. En una de sus epístolas familiares, Guevara ironiza sobre el cura soldado que no sólo se militariza él sino que militariza a otros hombres de Cristo. 
    Y le recuerda cómo uno de ellos tiraba y bendecía al mismo tiempo. 
    «En el combate que dieron los caballeros en Tordesillas contra los vuestros, vi con mis propios ojos a un vuestro clérigo derrocar a once hombres con una escopeta detrás de una almena; y el donaire era que al tiempo que asestaba para tirárles, los santiguaba con la escopeta y los mataba con la pelota.» 
    Acuña en el sitio de Valdeprado
    Sobrevino Villalar; Padilla, Bravo y Maldonado fueron condenados a muerte y ejecutados al día siguiente de la batalla. Acuña, siendo obispo, se salvó y fue encerrado en Simancas con la esperanza de un arrepentimiento. Allí vivió en una celda circular del último cuerpo del torreón. Pero no era hombre para estar encerrado, y había dado órdenes a unos clérigos para matar al mayor número posible de soldados del rey, era natural que se autorizara a sí mismo el desafuero. Las ungidas manos episcopales se agarraron al cuello del alcalde de la fortaleza, Mendo de Noguerol, y lo estrangularon. Quiso huir después, lo agarraron, y el alcalde Ronquillo, en vista de que Acuña se había olvidado de su condición eclesiástica, decidió hacer lo mismo y, tras rápido proceso, lo mandó degollar. Los partidarios de la comunidad que aún quedaban en Castilla hablaron de sacrilegio. Los demás, aun fervientes católicos, aceptaron la condena. 
    Hombres como él no podían estar ni siquiera encerrados.
  • Added May 22, 2019
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    Corría el año 1955. En Madríd, en el palacio de los Montellano, prosigue Juan Carlos, el futuro heredero al trono, sus estudios preparativos para su ingreso en la Academia Militar de Zaragoza junto a un escogido grupo de compañeros aristócratas de su edad. El severo preceptor del príncipe, el general Martínez Campos, lo somete a un plan de estudios espartano, de manera que Juan Carlos apenas sale de la mansión.
    Los domingos, después de misa le organizan algún viaje cultural por los alrededores de Madrid, para que se airee.
    Un día toca visitar el castillo de la Mota, en Medina del Campo, sede central y escuela de mandos de la Sección Femenina de Falange. El general se adelanta con su coche oficial. Juan Carlos viaja en el Mercedes de servicio conducido por su profesor de Geometría y trigonometría, el teniente coronel Emilio García Conde. En el asiento de atrás dormita el futuro general Alfonso Armada, también profesor suyo. Cuando salen de Madrid, el príncipe suplica a García Conde que lo deje conducir.
    ---No puede ser ---replica el militar-. Su alteza no tiene carné.
    Cuando el príncipe se emperra en una cosa puede acabar con la paciencia de cualquiera. García Conde termina por cederle el volante. En el paso a nivel con barreras de Olmedo, don Juan Carlos atropella a un ciclista sin más consecuencias que el pantalón roto, desollones superficiales en la pierna y una rueda de la bici destrozada. García Conde zanja el asunto entregando una generosa propina al accidentado.
    Sin más contratiempo llegan al castillo de la Mota con García Conde nuevamente al volante. Durante el almuerzo, Juan Carlos comenta, locuaz y despreocupado, el incidente del ciclista y lo contento que marchó el pobre diablo tras percibir su generosa compensación.
    El general Martínez Campos guarda silencio, pero en cuanto levantan los manteles se lleva aparte a Armada y le ordena secamente:
    -Busca al herido, recupera el dinero y da parte del accidente a la policía de carreteras.
    Armada objeta que no tienen idea de quién es y que la lesión ha sido apenas una rozadura.
    ¿Es que no os dais cuenta de las consecuencias si se le gangrena la herida? Vosotros buscadlo. El príncipe se vuelve a Madrid conmigo.
    A los pocos días, el general Martínez Campos le entrega a Juan Carlos un sobre grande que contiene otro más pequeño, que a su vez contiene otro más pequeño y así sucesivamente hasta un último sobre en el que el príncipe encuentra su regalo sorpresa: un flamante carné de conducir a su nombre.
    Alfonso Armada narra el incidente en su libro Al servicio de la corona, 1983
    Fuente: De la alpargata al seiscientos. Juan Eslava Galán
  • Added April 19, 2019
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    Por Paulino González, párroco de La Antigua
    La iglesia Santa María La Antigua es, junto con la Iglesia Santa María la Mayor que se convertiría posteriormente en colegiata y más tarde, en el siglo XVI, en Catedral, de las más antiguas de Valladolid. Aparece por primera vez citada en un pergamino que se conserva en la Catedral fechado en 1177 (legajo 29, nº 52), donde se dice que el abad de la Colegiata se reserva las rentas de Santa María la Antigua. 
    Esta primitiva Iglesia, que sin duda sería románica, sufrió muchas trasformaciones. A finales del siglo XII o comienzos del XIII se construyeron la airosa torre y el claustro, los restos más antiguos de estilo románico. Con el paso del tiempo, se convirtió en gótica, como muestran los tres ábsides del templo. Era sin duda la Iglesia más bonita de Valladolid y, por ello, en 1897 fue declarada Monumento Nacional Sin embargo, con el tiempo, apareció un problema de cimentación (por la zona del claustro pasaba el río Esgueva), que obligó a frecuentes reparaciones. 
    A comienzos del siglo XX La Antigua estaba en unas condiciones lamentables. Los muros se agrietaban por falta de cimentación y se caían hacia los lados. Hacia 1900 comenzó a restaurar la iglesia el arquitecto Antonio Bermejo, responsable también de la reconstrucción del Alcázar de Segovia, tras el incendio de mediados del XIX. Las obras se iniciaron por el claustro, pero Bermejo murió en 1901 y su sucesor, Vicente Lampérez, dimitió en 1904, al no ver la forma de mantener la iglesia en pie. El templo permaneció abierto hasta 1908, cuando el culto se trasladó a Las Angustias. Como era Monumento Nacional, el Gobierno responsabilizó de los trabajos a Ricardo García Guereta, que comenzó la restauración de la torre en 1912. La intervención, de la que se conservan fotografías, concluyó 1915, pero el mal estado de las naves obligó a su desmonte. Solo los tres ábsides góticos, la torre y el claustro románico, permanecieron en pie. 
    En el ábside mayor, es decir en el presbiterio, se conservó el retablo de Juan de Juni pero, para evitar el deterioro y los robos, se cerró el arco triunfal con un tapial. En el año 1922 se trasladó el retablo a la Catedral, donde ha permanecido hasta nuestros días. 
    Las tres naves desmontadas fueron levantadas de nuevo y, aunque consta que en el año 1934 se firmó la liquidación y se entregaron las obras, por los avatares políticos de la República, la Guerra y la posguerra, el templo no se abrió hasta 1952, cuando recibió el Santísimo Sacramento desde Las Angustias. En 1947 Anselmo Arenillas construyó la sacristía, además de la puerta de Santa María de la Catedral. 
    En 2010 se restauró la cubierta y, aprovechando los andamios, se limpió la Iglesia por fuera, a excepción de la torre. En el interior, la piedra se había vuelto oscura por los ataques de microorganismos consecuencia de las humedades (no olvidemos que el río Esgueva pasaba junto al claustro), y también por el humo, ya que durante la guerra, las tropas hicieron hogueras para calentarse. Tampoco ayudó el sistema de calefacción instalado con posterioridad. 
    Son muchas las voces que han urgido su limpieza, sobre todo teniendo en cuenta que es una parroquia donde con mucho culto, especialmente bautizos y bodas; y, después de superar muchos obstáculos, comenzaron los trabajos, que se han prolongado del 15 de octubre de 2018 al 31 de marzo del 2019.
    Actuaciones en el interior del templo (Por Javier Rivero, constructor)
    La Antigua, como llamamos los vallisoletanos a la Iglesia de Santa María de La Antigua, forma parte inseparable de la historia de la ciudad. Testigo de sus cambios, es uno de los pocos vestigios medievales que permanecen en Valladolid y, sin duda, es uno de sus símbolos más emblemáticos. 
    En 2018 se inició su restauración para devolver la dignidad al monumental espacio interior de sus muros. La suciedad que presentaban sus paramentos y bóvedas no nos dejaba apreciar su magnífica escala, así como los numerosos detalles que ahora sí quedan a la vista, como los medallones y capiteles de los ábsides góticos y el espléndido trabajo de cantería de su nave principal, obra del S. XX, que no debemos menospreciar en absoluto a pesar de no ser "original". 
    Antes del inicio de las obras, el espectador quedaba sorprendido por la oscuridad; la iluminación era escasa e inadecuada y el nivel de oscurecimiento de todos los paramentos interiores muy alto, por lo que se concluyó, en su día, que resultaba totalmente necesario analizar los antecedentes para intentar descubrir las causas de todas estas patologías, y procurar que la reparación propuesta fuera la más adecuada. 
    El equipo de la dirección técnica de la obra determinó las diferentes causas que afectaron a la piedra, como por ejemplo, la diferente porosidad y dureza entre las diferentes épocas, las goteras que hasta fechas muy recientes han sido muy abundantes y, por último, las calefacciones a base de carbón que estuvieron funcionando entre los años cincuenta y setenta del siglo pasado. Se añadían también los sistemas de calefacción de los últimos años, con calefactores de gas butano, así como las velas y el propio vapor de agua que generamos los propios fieles y visitantes del templo.
     Una vez identificadas las causas, posteriormente se eligieron los diferentes sistemas de restauración para las distintas zonas de la Iglesia, utilizando sistemas de micro proyección en seco de materiales, como el polvo de piedra pómez. 
    Además de su limpieza, se procedió a acometer la nueva iluminación del templo. Consideramos que el resultado final, nos permite a todos contemplar con orgullo renovado la grandeza y esplendor de nuestra querida Iglesia de "La Antigua". 
    -Extraído de la revista "Iglesia en Valladolid". Publicación especial sobre este acontecimiento.
  • Added April 2, 2019
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    Según el Plano de Bentura Seco de 1738
    El Monasterio de Santa Clara de Valladolid poseía unos extensos terrenos adyacentes a las huertas de las religiosas. Para aprovechar dichos terrenos se hizo una calle en la cual se construyeron "once casas" de planta baja. Estas viviendas pertenecían al convento y él las debió edificar. 
    Al paraje se le consideró enseguida como vía pública. A la calle se le puso el nombre de Calle de las Once Casas. A finales de los años 20 del siglo pasado el Ayuntamiento propuso que se le cambiase el nombre por el de "Tirso de Molina".
    En el número 4 de esa calle hubo uno de los pocos "pozos de nieve", donde se recogía y guardaba en invierno el hielo que se formaba en algunas charcas y en el río, del que luego se hacía uso para refrescar las bebidas en el verano.
    Antigua calle de las Once Casas
    Las citadas casas finalmente fueron derribadas edificándose en el lugar modernos bloques de viviendas. Como recuerdo de la humilde calle se le dio el nombre de Plaza de las Once Casas a una plazuela sita en la esquina de las calle Portillo de Balboa y Tirso de Molina.
    Fuente: Las Calles de Valladolid (Juan Agapito y Revilla)This link opens in a popup window
  • Added April 2, 2019
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    Desde enero de 2010 permanece expuesto al público la exposición del ajuar funerario de Teresa Gil This link opens in a popup windowen una sala del museo del Monasterio del Sancti Spiritus de la localidad de Toro (Zamora), acondicionada especialmente para albergar esta muestra, donde se expone de forma permanente. En esta colección se puede admirar el ajuar funerario de Teresa Gil, esto es, la ropa con la que esta mujer fue enterrada, que tras una excelente conservación a lo largo del tiempo y una cuidada restauración de los tejidos, ahora acerca a los visitantes del museo a la forma de vestir de la clase nobiliaria de la Baja Edad Media.
    Las piezas que se pueden admirar son el brial, la camisa y el tocado, expuestas en vertical, así como el velo, que es «una pieza sorprendente y muy bonita», un mechón de pelo, los guantes, que se mantienen rellenos con algodón, dos sábanas mortuorias, las ligas, restos del cojín y restos de pieles de la prenda exterior, que era un pellote, «una especie de pelliza de abrigo hecha con tiras de piel y, sobre ellas, unas telas delicadas de seda, que se han perdido».
    Estas piezas textiles, anteriores al año 1310, año en el que fallece Teresa Gil, poseen una importancia «muy considerable», debido a que en España apenas se conservan tejidos de este tipo, pues «el siglo XIV no dejó grandes cosas» en este sentido; sin embargo, señala que sí se conservan muchos textiles posteriores a esta época, e incluso anteriores, sobre todo islámicos, que son «muy interesantes».
    Este ajuar funerario fue descubierto en el año 2001 durante los trabajos de recuperación del sepulcro de Teresa Gil.
    Teresa GilThis link opens in a popup window constituye una gran figura de la Baja Edad Media. Aunque nacida en Portugal, fue nombrada «ricahembra de Castilla», título otorgado a la nobleza española.
    Se presupone que fue amante del rey Sancho IV, lo que, aparte de muchos favores, también le supuso una rivalidad manifiesta con la reina María de MolinaThis link opens in a popup window, quien le impuso el destino de primera abadesa perpetua del monasterio cisterciense de las Huelgas Reales de Valladolid en 1282.
     Gracias a su testamento, Teresa Gil se convirtió en la fundadora del Monasterio del Sancti Spiritus de Toro, pues en él ordenaba la construcción de este convento, en el que además está enterrada,  y se cree que fue abadesa del monasterio de las Huelgas RealesThis link opens in a popup window de Valladolid.
    Fuente: https://www.laopiniondezamora.es/toro/2010/01/02/ajuar-abadesa/407663.htmlThis link opens in a popup window
  • Added March 31, 2019
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    Al finalizar la construcción de la nueva carretera de Madrid, Valladolid creó más allá de las Puertas del Príncipe Alfonso una zona de posadas y almacenes que burlaban, dentro de la legalidad, el pago de impuestos que había que satisfacer en todos los fielatos de entrada a la ciudad.
    Foto: Cuatro siglos de hospedaje en Valladolid. (Colección Particular)
    Una de esas posadas fue "El Parador de la Alegría", donde los mercaderes y su ganado descansaban de sus fatigosos viajes. 
    Situada en el paseo del Arco de Ladrillo, había un constante trasiego de viajeros, caballerías, carromatos...
    Disponía de 38 camas, de las que una gran parte de ellas eran ocupadas por maquinistas y fogoneros de Renfe que en la jornada siguiente debían emprender viaje.
    Parcela que ocupó el Parador de la Alegría.  Foto: Último CeroThis link opens in a popup window
    El arquitecto Ortiz de Urbina construyó en 1880 un edificio  a modo de chalet suizo, que continuó en pie casi 140 años. El establecimiento cerró sus puertas en el año 1977, siendo derribado a mediados del año 2018.
    Fuente: Historia de 100 tabernas vallisoletanas. José Miguel Ortega Bariego
  • Added March 27, 2019
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    En 1887 publicaba El Norte de Castilla: "Se halla en el extranjero visitando los principales centros de la moda, el conocido comerciante D. Antolín Cobos, con objeto de hacer compras de los artículos de novedades para el establecimiento, que como dijimos a nuestros suscriptores se ha de abrir dentro de breves días en esta capital.
    "Al siglo XX", propiedad de los señores Cobos y Martín, fue uno de los primeros comercios que tuvo luz eléctrica en Valladolid, inaugurándose la instalación en 1888: "Anteanoche se inauguró la luz eléctrica en el acreditado establecimiento titulado "Al Siglo XX". El Sr. Martín, dueño de tan surtido comercio obsequió a algunos de sus parroquianos con profusión de dulces y escogidos licores. En los alrededores del citado establecimiento había una infinidad de personas que admiraban lo bien puestos que están los aparadores y el magnífico aspecto que con la nueva luz presenta todo el comercio que con tanta frecuencia es visitado por el vecindario de esta población." 
    El edificio en la actualidad
    Ángel Chamorro Sanz adquirió la tienda de tejidos y alfombras, almacén de novedades "Al siglo XX" a quienes eran sus propietarios ya a comienzos del siglo XX y habían cambiado el nombre para adaptarlo al siglo, los señores Rodríguez, Manrique y compañía. 
    Chamorro fue alcalde de Valladolid en 1935 y presidente de la Cámara de Comercio entre los años 1931 y 1957.
    No ha pasado el tiempo por este establecimiento que en rotonda gigantesca entre Cánovas del Castillo y Regalado, ha visto correr, como testigo mudo, los principales acontecimientos de este siglo.
    Fuente: https://funjdiaz.net/comercio/ficha.php?id=194This link opens in a popup window
  • Added March 26, 2019
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    Foto 1: Donato Martín, con su hija Meli y su nuera Angelines, a la entrada de Casa D"onato

    "Aquí se está mejor que enfrente". Esta sentencia figuró en unos azulejos de la fachada de la cantina que nos ocupa, refiriéndose al manicomio, que antes fue presidio, situado al otro lado de la calle.  La frase ya estaba al llegar Donato Martín. Sea como fuere, estuvo allí muchísimos años remarcando las diferencias entre la vida alegre de la taberna y la tristeza de los que, enfrente, habían perdido la razón o la libertad. 
    «Casa Donato», una taberna de grato recuerdo que estaba al lado del río y justo enfrente del Hospital Psiquiátrico. 
    Mas de cuarenta años después, aún se mantiene la tapia de la entrada e incluso el letrero que la identifica, «Casa Donato», como un guiño a la nostalgia.
    Donato Martín, hombre de paz y bien, persona de una calidad humana extraordinaria, compró en 1937 la Venta Práxedesque Donato se encargó de mantener y aún superar con su diligente servicio en la taberna y en el comedor, siempre llenos de gente de los pueblos que hacía parada antes de pasar el fielatoThis link opens in a popup window, que estaba colocado a pocos metros de allí, y de albañiles y empleados de la Fábrica Nacional que también estaba cerca. Asimismo disponía de algunas camas para los más necesitados de descanso e incluso de un cobertizo en la parte trasera para que las caballerías pasaran la noche bajo techo. 
    Tenía fama el pollo asado que preparaba Angelines, la reina de la cocina, y resultaban especialmente agradables las meriendas, al caer la tarde en la terraza que daba al río. Una ensalada, una tortilla y un poco de chorizo con un porrón, sabían a gloria disfrutando del fresco que proporcionaban las aguas del Pisuerga. 
    Donato murió en 1977 y la familia, que tenía otras aspiraciones, cerró la célebre taberna donde "se vivía mejor que enfrente"
    -Fuente del texto y la foto 1: Historia de 100 tabernas vallisoletanas. José Miguel Ortega Bariego.This link opens in a popup window
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