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Ayuntamiento de Valladolid

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  • Added March 24, 2019
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    Seguramente muchos vallisoletanos habrán visto en las antiguas fotografías y postales de finales del siglo XIX y principios del XX unas curiosas columnas de forma cilíndrica de unos 4 metros de altura, de mayor diámetro en la mitad inferior, que muchos habrán confundido con kioscos o columnas publicitarias. La función real de estas construcciones era la de servir de urinarios públicos. Estos artilugios se encontraban situados en la zona noble de la ciudad, Plaza Mayor, Plaza de Fuente Dorada...
    El término "Vespasiana" no lo ha contemplado nunca la Real Academia en el Diccionario, pero sí en el "Diccionario Manual" de 1927 como galicismo usado en Argentina y Chile, sinónimo de "urinario, mingitorio", manteniéndolo en sus sucesivas ediciones.
    Esta acción se hacía ante todos, en cualquier espacio público, en ambiente comunitario (sin distinción de sexo) y sin "vergüenza", de modo tal que todos eran conocedores y actores de olores, ruidos, formas, etc.
    De hecho, los romanos colocaban unos recipientes denominados "gastra" en las aceras de las calle, para que se usaran como "aliviaderos" para todo deambulante. Curiosamente, "gastra" procede del griego, de "vientre", y para unos significa "vasija panzuda" y para otros "vasija para flores". Estas vasijas recoge-orinas, si estaban alejadas de las "fullonicae" (tintorerías romanas), se transportaban a las mismas; pero lo normal es que tuvieran un conducto por el que fluían directamente a las tinas de las tintorerías, donde, por su alto contenido de amoniaco, eran empleadas para curtir el cuero y limpiar las ropas.
    Vespasiano se atrevió a ponerle tributo a la propia orina, pues "pecunia non olet", derivando este hecho en que se llamara "vespasiana" a la vasija que recogía el orín: "nombre con que se designaban en Roma unas vasijas grandes en forma de medio tonel que Vespasiano instaló en los sitios públicos para que sirviesen de urinarios y por el uso de las cuales se pagaba un impuesto", y que hemos definido como "gastra".
    Esta palabra derivará luego a "pequeño edificio en forma de columna hueca, en cuyo interior estaban establecidos los urinarios públicos". 
    Este artilugio tuvo un gran desarrollo en Francia e Italia, y fueron implantados a partir de mediados del siglo XIX y principios del XX en casi todas las grandes ciudades españolas (Madrid, Bilbao, Toledo, Valladolid, etc.), y, con profusión, en Barcelona a raíz de la Exposición Universal de 1888.
    Significaron un salto cualitativo importante en este tipo de instalaciones. Eran de diseño y fabricación francesa. La estructura era de metal y tenían forma y base circulares con capacidad para seis personas. En la parte superior había una sección poligonal de seis caras que permitían la fijación de publicidad y todo el conjunto era coronado por una cupulita. Las paredes metálicas tenían una trama de agujeros que permitían desde el exterior ver si había alguien en el interior. Esta pared circular más baja era generalmente ocupada también por carteles publicitarios.
    Fuente: http://duquederiansares.blogspot.com/2017/08/1836-durante-la-regencia-de-la-reina.html?m=1This link opens in a popup window
    Fuente: http://barcelofilia.blogspot.com/2012/03/urinari-public-vespasiana-1900s-1910s.htmlThis link opens in a popup window
  • Added March 23, 2019
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    Foto: Fundación Joaquín Díaz
    Mariano García Abril se estableció con comercio propio a comienzos del siglo XX en la calle Librería 2. Continuaba el negocio de su padre, Miguel García, que había tenido tienda en la calle de Cantarranas. El matrimonio de Mariano con Socorro González, hija de otro importante comerciante vallisoletano, Justo González, y hermana de Abel González, sirvió para unir dos estirpes dedicadas desde finales del siglo XIX a los coloniales. Desde el año 1932 el negocio abre un comercio en la calle Regalado 12, construyendo un almacén en la carretera de Madrid 22.
    El siguiente relato fue descrito por el periodista, traductor, crítico literario e hispanista norteamericano William Dean HowellsThis link opens in a popup window que viajó por España y divulgó la imagen del país en su libro de viajes Familiar Spanish TravelsThis link opens in a popup window
    Después de la visita al Museo de Bellas Artes, se sienten muy fatigados para continuar su recorrido por Valladolid a pie. Así que se refugian en una tienda de comestibles que estaba en una esquina para preguntar al tendero dónde podrían encontrar un taxi.
    Comenta, de nuevo utilizando el humor, que parece que está en la naturaleza de las tiendas de comestibles el situarse en las esquinas en todo el mundo. Nos sentimos inclinados a pensar que después de abandonar el Palacio de Santa Cruz, volverían otra vez en dirección al edificio de la Universidad, por la actual calle de Librería y allí en una esquina, encuentran la tienda de comestibles. La tienda se hallaba exactamente en la confluencia de las actuales calles de Librería y de Ruiz Hernández, y no era otra que la tienda de comestibles de Mariano García Abril. De este establecimiento leemos en la página 109 de Aquellos Entrañables Comercios de Valladolid de Ángel Allue Horna y Miguel Ángel Soria (1992):
    "Tienda de comestibles o ultramarinos, como entonces se decía fue ésta, también centenaria de don Mariano García Abril, que hacía esquina a Ruiz Hernández y Librería. Yo contemplé sus surtidos escaparates desde mi niñez cuando salíamos de la temprana misa de los Kostkas, hasta los días de mi juventud cuando cursé la carrera de Derecho. Conocí a don Mariano y a sus hijos y en especial traté a Miguel recientemente fallecido y de quien tengo mis mejores recuerdos, y a Valentín, por fortuna hoy entre nosotros. Fue este establecimiento serio y bien surtido y en él, se dieron cita las primeras marcas de los mejores productos en los días en que el papel de estraza era el común para envolver."
    Howells coincide en presentarnos al tendero como una persona amable y atenta que rápidamente se ofreció a pedir un taxi para nuestros protagonistas. Para ello llamó a un muchachito rubio que estaba fregando el suelo con un cepillo, y le ordenó que fuera a buscar un taxi, algo que el niño realizó con total prontitud. 
    D. Mariano García Abril
    Foto: Fundación Joaquín Díaz
    La escena dentro de la tienda de comestibles resulta un tanto pintoresca y costumbrista. Con la presencia de nuestros protagonistas, los rumores de que hay unos extranjeros (aunque Howells utiliza con humor la palabra «strangers» es decir forasteros o extraños) la tienda se llena de curiosos, que aunque no todos acudían a realizar una compra en principio, la mayoría termina llevando a cabo esta.
    Le llama poderosamente la atención el uso de un par de lo que él va a denominar «conventions» o normas o costumbres en este caso de la casa de comestibles. La primera
    tiene que ver con el pesaje, que en esta época se realizaba por medio de balanzas, romanas, etc. Un anciano llegó con una botella o frasco grande. El tendero puso la botella en un plato de la balanza y vertió su peso en garbanzos en el otro. Entonces llenó la botella con aceite y la pesó, para después darle el aceite junto con los garbanzos al cliente. A Howells le hizo gracia la convención, aunque realmente no entendía el significado, a no ser, pensaba, que los garbanzos se ofrecieran como una especie de regalo por la compra. La siguiente convención le pareció algo más clara y comprensible. Otro anciano con un aire un tanto «feroz» como de torero retirado (de nuevo los tópicos entran en escena) compró todo un «stock-fish» (pescado grande de tipo abadejo, corvina, merluza, etc. desecado sin salar), que según Howells, los españoles comíamos en lugar del bacalao, y el tendero se lo cortó en trocitos de dos pulgadas y lo envolvió cuidadosamente (imaginamos en ese papel de estraza que antes mencionábamos) resultando en una especie de paquetito muy bien hecho. A continuación el tendero le sirvió un vaso de vino de un barril de detrás del mostrador, según Howells, como para «sellar» la transacción comercial que habían realizado. El hombre se dirige a ellos mientras degusta el vino y la escena se completa con una mujer muy gruesa, que les estudiaba con la mirada, aunque de forma amigable.
    Ilustración de Miguel Ángel Soria
    Una vez más, encontramos muestras de ese humor, irónico pero bonachón que caracteriza a Howells en esta escena de la tienda de comestibles. Cuenta que otros vecinos se habían agolpado en el lugar, tan sólo con el fino propósito de verificar esta presencia foránea y disfrutar de la divertida escena: nuestro entrañable protagonista realizando un esfuerzo sobrehumano por hablar español. El tendero estaba contento por la popularidad que la presencia de los americanos le estaba reportando y la aceptaba de buen grado. Finalmente llega el taxi, según Howells, desde el Monte Ararat (presumimos que debió de tardar bastante más de los diez minutos que se suponía iba a tardar) y «con restos del lodo que había provocado el Diluvio». El tendero les conduce hasta el taxi, atravesando la inmensa marea de niños que rodeaba a nuestros protagonistas cada vez que se detenían en algún lugar de Valladolid, marea que aumentaba considerablemente su tamaño con la presencia de la oronda señora. 
    Como era una mañana luminosa, deciden pedir al taxista que abriera el techo del vehículo, pero se encontraron con lo que él denomina irónicamente, otra «convención» o norma del lugar. Parece que ningún taxista respetable de la época, mostraba buena disposición para abrir el techo de su carruaje por una carrera de una duración inferior a una hora. El tendero esperó hasta que se produjo el fin de la negociación, y les abrió la puerta del coche, haciendo una reverencia a modo de despedida. Howells tiene las mejores palabras de agradecimiento para este tendero, a quien denomina «encantador» y afirma que si esta tienda estuviera ubicada en la Sexta Avenida en Nueva York, él sería su cliente mientras allí viviera. En cuanto a aquel niño rubio que fregaba el suelo y fue a buscar el taxi, nuestro autor se pregunta mientras escribe el relato, por qué no se le habría ocurrido negociar con él en aquel momento para llevárselo a América para que estuviera con ellos para siempre. Pero también es cierto que en casi todas las ciudades que visitó en España, siempre encontró un niño al que sintió haber dejado en España (y, por el contrario, a otros muchos que pertenecían a esa muchedumbre que les acosaba en cada parada, y a los que esperaba no volver a ver nunca más).
    Fuente: https://funjdiaz.net/comercio/ficha.php?id=804This link opens in a popup window
    Fuente: VALLADOLID EN LA VISIÓN DE LOS VIAJEROS BRITÁNICOS Y NORTEAMERICANOS (1750-1914) Presentada por D. Antonio Vicente Azofra para optar al grado de Doctor/a por la Universidad de ValladolidThis link opens in a popup window
  • Added March 17, 2019
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    Como continuación al artículo anterior nos centraremos ahora con otro retazo de arquitectura urbana que se ha conservado gracias a su traslado a los jardines del Museo Nacional de EsculturaThis link opens in a popup window.
    El 16 de noviembre de 1965 ingresó en el citado museo una arquería procedente de la conocida como Casa de don Rodrigo CalderónThis link opens in a popup window. Situada en la céntrica calle Teresa GilThis link opens in a popup window, fue derribada a principios de la década de los 60 y, aunque hubo algún intento por impedirlo, lo único que se salvaron fueron los arcos que actualmente se encuentran expuestos en el jardín del Colegio de San GregorioThis link opens in a popup window
    Patio de la Casa de las Aldabas. El círculo rojo señala la Residencia Universitaria Reyes Católcos
    (Fotografía Cortesía de Angel Valle)
    Conocida esta casa también como Palacio de las AldabasThis link opens in a popup window, tiene una larga historia que se remonta a finales siglo XIII y principios del XIV. No obstante, tenemos que remarcar la importancia que tuvo un hecho acontecido dos siglos más tarde, en los primeros días del año 1425: el nacimiento del que habría de reinar bajo el nombre de Enrique IV de Castilla (1425-1474). En 1469, siendo ya rey otorgó a esta casa "un previlegio muy grande y muy onrrado de que por ninguna causa le fuesen echados huéspedes en ellas y que todas las personas que se acogiesen a ellas por qualquier causas o delitos no les pudiesen sacar de ellas ningunas justicias.". Es lícito pensar que el propietario de la casa en aquel momento, don Alonso de Valladolid (regidor de la ciudad por merced de Enrique IV y de los Reyes Católicos) quisiera ennoblecerla mostrando dicha prerrogativa y colocara a lo largo de la fachada once argollas o aldabas, de unos 20 centímetros de diámetro y situadas a unos dos metros del suelo, como signo emblemático del derecho de asilo a los que allí se acogieran. La expresión castellana "agarrarse a buenas aldabas" alude a la acción de acogerse a la protección de un poderoso o persona influyente, derecho muy conocido en lo eclesiástico, pero inusitado en el mundo civil (aunque existen varios ejemplos de ello, siendo de las más famosas las aldabas situadas en la fachada del Palacio de Carlos V en Granada), por lo que en este caso, tuvo que ser de gran trascendencia en la ciudad y a raíz de este hecho, el Palacio comenzó a denominarse de este modo tan descriptivo. 
    Foto: Museo Nacional de Escultura
    La arquería que hoy se expone en el Museo Nacional de EsculturaThis link opens in a popup window se hallaba en el patio del desaparecido palacio, al que se accedía por medio de una puerta de arco de medio punto con grandes dovelas. Patio cuadrado con tres de sus lados iguales a los arcos conservados, es decir, pilares ochavados con capiteles de bolas sujetando arcos de medio punto. La cuarta galería aunque tenía los mismos pilares, los arcos sin embargo eran escarzanos. Este tipo de columnas, eran muy habituales en los palacios y casas de cierta importancia en la ciudad de Valladolid y fueron muy utilizados a finales del siglo XV y principios del siglo XVI, tal y como demuestran las galerías que forman el patio del Colegio de Santa CruzThis link opens in a popup window.
    Fuente: http://ceres.mcu.es/This link opens in a popup window
  • Added March 15, 2019
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    La fachada antes de su restauración y traslado

    Tenemos muy pocos datos de la edificación de la casa que estuvo emplazada en la calle Marqués del Duero 12, y cuya fachada se encuentra actualmente en el jardín del Museo Nacional de EsculturaThis link opens in a popup window
    Derribada en los años 60 del siglo XX, se salvó la portada de la misma gracias a la intervención del Ayuntamiento de la ciudad a propuesta de la Comisión de Obras.  Aprobada su compra en el Pleno de la comisión permanente del Ayuntamiento en sesión ordinaria del día 29 de diciembre de 1965, se pagó por ella 30.000 pesetas. 
    En el mismo pleno se acordó entregarla a la Dirección General de Bellas Artes y que fuera dicha Dirección General quien pagase el desmontaje, el transporte y el nuevo montaje en el lugar que se escogiera. 
    En 1966 la fachada ya se encontraba en el Museo Nacional de EsculturaThis link opens in a popup window y, sabemos por noticias en la prensa del momento (El Norte de Castilla, 3 diciembre de 1966) que el montante final de las operaciones antes descritas ascendió a 160.000 pesetas. 
    Foto: http://ceres.mcu.es
    Se trata de una fachada muy bien proporcionada, realizada en piedra y de pequeñas dimensiones. A ambos lados de la puerta adintelada hay unas pilastrillas corintias que sostienen el entablamento. Dicho entablamento se encuentra partido por encima de la puerta para dejar sitio a un balcón, que parece ser se abrió en el siglo XVII en una reforma de la casa. 
    Los elementos que más destacan de esta fachada son los escudos que flanquean la puerta. El de la derecha representa un grifo coronado por una estrella, mientras que el de la izquierda es un escudo cortado en cuya parte superior se dispone un águila exployada y, la parte inferior cuartelada muestra varios elementos: una estrella de siete puntas, una venera, un castillo y lo que parece ser un león. 
    Aún desconocemos a qué familia pertenecen dichos escudos, pero sabemos que en esa calle vivían personajes vinculados con Chancillería y que, a partir del siglo XVIII la casa pasó a ser propiedad del linaje de los Vega Colmenares.
    Fuente: http://ceres.mcu.es/This link opens in a popup window
  • Added March 13, 2019
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    Colegio de Santa Cruz
    En el año 1844 aparece la primera referencia al Instituto de Segunda Enseñanza en Valladolid, con ocasión de la publicación de la R. O. de 3 de noviembre "sobre la instalación en la capital de un Instituto de Segunda Enseñanza". La noticia es recogida por la Diputación, pero no hace referencia a su implantación, sobre todo porque está pendiente de la puesta en marcha de la Escuela Normal y el instituto está prácticamente olvidado…. 
    En el año 1845 se vuelve a tratar sobre el tema, al aprobar por otro R.D. de 4 de septiembre su "agregación a la Universidad de Valladolid". En 1847 la Diputación pone de manifiesto que "el Instituto debe de ser mantenido por la Universidad" y el Gobierno puntualiza que el Estado solo se encargará de su mantenimiento si la provincia colabora con alguna cantidad. Acto seguido, la Diputación acuerda presupuestar 40.000 reales e iniciar los trámites para buscar el edificio idóneo donde instalar el instituto. 
    Instituto Zorrilla
    En el mes de abril de 1848, Juan Antonio Rábago, en comunicación enviada a la Diputación, anuncia que: "Como propietario de la Hospedería del Colegio de Santa CruzThis link opens in a popup window, ofrezco dicho edilicio para su utilización como Instituto de Segunda Enseñanza", y en el mes de septiembre del mismo año el diputado López presenta un informe favorable, y el Pleno de la institución aprueba su compra…. El instituto inicia sus actividades en el curso escolar 1848-49, y en los presupuestos correspondientes al año 1849 se aprueban las correspondientes partidas para su mantenimiento, con unos ingresos de 3.300 reales y unos gastos de 40.000 reales. 
    Tras unos años en los que fue cambiando de emplazamiento, en 1901 se publica el decreto para ordenar la construcción del edificio que actualmente alberga el centro, nos referimos al Instituto ZorrillaThis link opens in a popup window. Tras una inversión de 679.000 pesetas, en septiembre de 1907 se levantaba el actual edificio de ladrillo rojo. Una nueva y definitiva sede que se ubica junto a lugares emblemáticos de la capital vallisoletana como son la Plaza de San PabloThis link opens in a popup window o la sede de la Diputación de Valladolid.
    Fuente: La Diputación Provincial de Valladolid  en el siglo XIX (1813-1874). Publicado por la Diputación de Valladolid.
  • Added August 15, 2018
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    El kiosco a mediado de los años 70 (foto AMVA)

     El inicio de este kiosco data, según publica la Fundación Joaquín Díaz, de 1915, con Saturnino Lorenzo como propietario. Con el paso de los años adquirió protagonismo y se erigió como uno de los puntos clave en la venta de periódicos y revistas.
    Foto: foro850.mforos.com
    Situado frente a la Iglesia de Santiado Apostol, el apodo lo adquirió por Demetria Rodríguez, quien lo mantuvo hasta el año 2005, según esta misma fuente. Fue entonces cuando se efectuó el traspaso a Alejandro Ruiz, que hasta el pasado fin de año ha sido el dueño. 
    Después de más de 100 años de antiguedad el kiosco ha sido desmontado y retirado, ya que según la normativa municipal, después de un informe de la concejalía de Urbanismo, ese espacio no volverá a salir a subasta ya que debe quedar diáfano por su enclave en el centro histórico de Valladolid. 
    Foto Google
    Por esa regla de tres deberían demolerse la gran mayoría de los bloques de cemento y hormigón que durante la década de los 60 y 70 diezmaron el patrimonio histórico de Valladolid, convirtiendo a nuestra ciudad en un batiburrillo arquitectónico con el que por desgracia estamos obligados a convivir.
    Pocos días antes de su retirada
    Pocos días antes de su retirada
    Foto: Tribuna de Valladolid
  • Added August 15, 2018
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    El edificio se construiría en el siglo XVI, como indica la noticia del 6 de marzo de 1576, en que se dice que Diego de Hano el Mozo estaba haciendo un arco de piedra para la ermita. El aspecto que presenta actualmente se debe a reformas del siglo XVIII.
    Situada a la entrada del pueblo, desde la carretera de Valladolid. Es un edificio de piedra, ladrillo y tapial, de planta rectangular, de una sola nave dividida en tres tramos. Al exterior, presenta una portada de piedra, situada a los pies, en arco de medio punto, cobijada por un pórtico de dos columnas de piedra, que tienen un toro a modo de capitel. La techumbre es de madera. Sobre ello, se encuentra una espadaña de ladrillo moderna. En el muro del lado del evangelio, se aprecia un gran arco de piedra, de medio punto, tapiado. 

    Imagen de finales de los años 70

  • Added April 9, 2018
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    Mercado en la Plaza Mayor de Medina del Campo.
    Litografía de Muirhead Bone, 1936
    EL PROTAGONISMO DE MEDINA DEL CAMPO COMO IMPORTANTE ENCLAVE DEL COMERCIO CASTELLANO DURANTE LOS SIGLOS XV Y XVI ES BIEN CONOCIDO POR TODOS. SUS FERIAS DE MERCANCÍAS EN LOS TIEMPOS DEL REINADO DE LOS REYES CATÓLICOS SON LAS MAS IMPORTANTES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA, TANTO POR EL VOLUMEN DE MANUFACTURAS Y PRODUCTOS LLEGADOS DESDE TODOS LOS CONFINES DE EUROPA, COMO POR EL NUMERO DE TRANSACCIONES DINERARIAS EFECTUADAS. 
    Asimismo su conversión en ferias de pagos a partir de las últimas décadas del siglo XV es el punto clave para entender el carácter internacional que llegaron a alcanzar, haciendo de esta villa un lugar de primera magnitud y de obligada referencia en el panorama económico europeo de finales del Medievo. Gracias a su concatenación temporal con las ferias flamencas de Brabante y luego con las francesas de Lyon, podían realizarse sin excesivas demoras importantes transacciones mercantiles y dinerarias con las ciudades más importantes de la Europa del momento. 
    Detalle de la Vista de Écija en la edición Civitates Orbis Terrarum (Colonia 1593-1594)
    Para llegar a este estatus privilegiado, que distinguía a Medina del Campo como una de las más prósperas plazas comerciales del Occidente europeo, tendrán que concurrir varios factores, unos coyunturales y otros venidos de tiempos más lejanos. En principio, cabe citar su inmejorable situación geográfica de encrucijada de caminos y cañadas, que convertía a esta villa en un lugar estratégico situado a menos de una jornada de importantes ciudades castellanas como Valladolid, Zamora, Salamanca, Avila y Segovia, siendo por tanto un lugar de paso obligado entre ellas y punto ineludible del importante eje comercial entre Toledo, Burgos y los puertos del Cantábrico.
    El Mercader. Grabado de Jost Amman, 1568
     A ello ha de añadirse la eficacia mostrada por las autoridades locales durante décadas, haciendo cumplir estrictamente las ordenanzas citadas de 1421 acerca del aposentamiento de los mercaderes llegados a la villa en tiempos de feria. Otro punto fundamental es el apoyo incondicional de los sucesivos monarcas, favoreciendo a la villa y sus ferias con privilegios de todo rango, como Enrique IV cuando establece en las Cortes de Santa María de Nieva, en 1473, que: "Ferias francas y mercados francos no sean ni se hagan en nuestros reynos y señoríos, salvo la nuestra feria de Medina y las otras ferias que de nos tienen mercedes y privilegios confirmados"; y más especialmente los Reyes Católicos quienes, en abril de 1491, las declaran "Ferias Generales de nuestros Reinos’, manifestando expresamente su supremacía sobre las de Valladolid (hasta entonces las más importantes de Castilla).
    Vista de Medina del Campo.
    Por Antón Van den Wyngaerde, 1565
    Por último, y esto es de vital importancia, las ferias medinenses cuentan a partir de esa época con el apoyo explícito de los grandes comerciantes internacionales, cuya participación efectiva se hacía a través de los mercaderes y hombres de negocios burgaleses, los más poderosos de la Castilla de entonces. Su concurso incide de modo significativo en la llegada de mercaderes "andantes en ferias" de todas las villas y ciudades manufactureras de la península, así como la activa intervención de agentes y consignatarios de las grandes compañías comerciales europeas, fundamentalmente de dos focos: el flamenco (con Amberes, Brujas, Bruselas, Malinas...) y el italiano (con Génova, Milán, Florencia...); con ellos llegarían a mediados del siglo XV, es decir, en una época muy temprana para Castilla, las novedosas prácticas mercantiles y financieras que  posibilitaban el comercio a gran escala. Se tenía, de este modo, garantizada la llegada de mercaderías, capitales e instrumentos cambiarios, todos ellos elementos imprescindibles en cualquier actividad comercial de cierta entidad.
    Fuente: Extracto del artículo publicado en la revista Historia de Iberia Vieja Núm. 3 (Medina del Campo. Las ferias generales del reino). Por: ANTONIO SÁNCHEZ DEL BARRIO. Fotografias: Museo de las ferias de Medina del Campo.
  • Added April 5, 2018
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    León Gil de Palacio (Anónimo), de la Biografía del señor don León Gil de Palacio (1892) de Silbén Cordal (Biblioteca Nacional de España, sign. 1-10067)
    Por su carácter de referencia única, los vallisoletanos hemos venido reconstruyendo nuestra vieja ciudad conforme al Plano de Bentura SecoThis link opens in a popup window. Pero lo cierto es que en el siglo XIX Valladolid contó con otra imagen de sí misma igualmente singular: un plano en relieve, hoy desaparecido, que realizó, en 1827, el militar León Gil de PalacioThis link opens in a popup window, autor también  en el año 1830 de otra maqueta en escala 1:432 de la ciudad de MadridThis link opens in a popup window que se encuentra en las dependencias del Museo de Historia de esa ciudad.
    Convento de Nuestra Señora de Prado, Valladolid (1828),
     León Gil de Palacio (Fotografía: Museo de Valladolid)

    Era aquel plano una maqueta de la ciudad que, a decir de la Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, que lo examinó y lo aprobó, "...destacaba por su exactitud, la escrupulosidad de las mediciones efectuadas sobre el terreno, la esmerada proporción y el minucioso detalle de los alzados, la acertada representación de las fachadas de los edificios principales...".
    Maqueta de Madrid realizada por León Gil de Palacio
    Detalle del Modelo de Madrid. La Puerta del Sol y su entorno en 1830.

    Fotografía: CARLOS TEIXIDOR CADENAS
    Sabemos de aquella maqueta que en 1877 estaba en el almacén municipal, por entonces en la iglesia de San BenitoThis link opens in a popup window. Pasó, ya muy deteriorada, al Museo Arqueológico, acabándose por destruir en 1923. Una pérdida que, por lo excepcional de tal objeto, fue irreparable. 
    Tanto es así que si el Plano de Bentura SecoThis link opens in a popup window es, como se dice y reconoce, un documento único y fundamental para la historia del urbanismo vallisoletano, igualmente lo hubiera sido aquél plano en relieve, maqueta o "modelo en bulto" de la ciudad, que tan esmeradamente construyó León Gil. 
    Las generaciones presentes y futuras pagan caro la desidia y falta de interés histórico de nuestros antepasados. Solo nos queda admirar con cierta envidia la que de Madrid se conserva.
    Fuente: Introducción del libro "Valladolid 1738". Eloisa Wattemberg (Directora del Museo de Valladolid)
  • Added April 4, 2018
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    En el Museo de ValladolidThis link opens in a popup window se expone desde 2016 una maqueta que representa el Valladolid de 1738 según el plano del escribano vallisoletano Bentura Seco This link opens in a popup window.
    Para realizarlo Bentura Seco midió calle por calle y plaza por plaza. Tiene una gran similitud con el plano de Madrid del siglo XVII de Pedro Texeira, lo singular de ambos es una visión dual; por una parte se aprecian perfectamente el trazado de las calles y por otra la proyección de los alzados de los edificios principales de la ciudad dentro del diseño de las manzanas.
    Su procedencia y conservación es anecdótica debido a que a principios del siglo XX el arquitecto municipal Juan Agapito y RevillaThis link opens in a popup window, encontró la plancha del plano soportando una mesa en el ayuntamiento de la ciudad. Hoy en día es un documento importantísimo para el estudio y reconocimiento de Valladolid ya que la ciudad durante el siglo XIX y sobre todo el siglo XX ha sufrido una traumática transformación.
    Esta maqueta realizada por Juan José Fernández PérezThis link opens in a popup window reproduce en tres dimensiones la totalidad de dicho plano, logrando un realismo increíble. Si Google Earth hubiera existido en el siglo XVIII nos mostraría la ciudad tal y como la vemos en esta increíble obra de arte que se puede visitar en el citado museo.
    He aquí algunos de los rincones más significativos de la ciudad que nos muestra la magnífica maqueta:
    Plaza de San Pablo y Palacio Real

    Parte trasera de la Catedral e Iglesia de Santa María de la Antigua

    Se puede apreciar el antiguo trazado del Esgueva y sus puentes
    Plaza Mayor

    Zona San Benito
    San Benito
    Puerta del CarmenThis link opens in a popup window (Paseo de Zorrilla), donde hasta hace poco se situaba el Hospital Militar
    Puenta Mayor e Iglesia de San Nicolás en su primitiva ubicación
    Monasterio del Prado
    Plaza de la Universidad
    Otra perspectiva de la zona de San Pablo
    Otra perspectiva de la Plaza Mayor
    Plaza Mayor y sus primitivas callejuelas

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