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Ayuntamiento de Valladolid

Ayuntamiento de Valladolid

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  • Added March 28, 2018
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    El 21 de agosto de 1520 Medina del Campo sufrió un incendio provocado por los jefes militares del ejército imperial en el ámbito de la guerra de las comunidades.
    Segovia fue el escenario de los primeros incidentes, donde se atacó a los representantes del poder real. A partir de aquellos incidentes, en la ciudad sólo mandaban los representantes de las cuadrillas del brazo popular. El alcalde Ronquillo intentó someter la ciudad bloqueando el suministro de alimento pero no lo logró. Los vecinos de Segovia se agruparon cada vez con mayor esperanza en torno a su caudillo, Juan Bravo. El virrey Cardenal Adriano pensó en utilizar la artillería estacionada en Medina del Campo contra los sublevados segovianos.
    Ronquillo se dirigió a Arévalo desde Santa María de Nieva; allí se unió a Antonio de Fonseca, capitán general del ejército real, que mandaba el grueso del ejército real, poco numeroso y sin artillería.
    Antonio de Fonseca, recibió la orden de dirigirse a Medina del Campo, tomar la artillería e impedir e1 paso a Padilla. Fonseca se presentó en Medina del Campo el 21 de agosto, pidiendo que se le diese posesión de la artillería real. Se encontró con una fuerte oposición: a la ciudad le repugnaba hacer entrega de unas armas que creía iban a emplearse contra Segovia. Durante toda la mañana Fonseca parlamentó sin ningún resultado. Hizo avanzar sus tropas, pero la población les impidió el paso. Fonseca entonces dio la orden de ataque. 
    Tropas de Carlos I incendian Medina del Campo, durante la Guerra de las Comunidades de Castilla
    Con el fin de distraer a la población, Fonseca -o quizá uno de sus colaboradores provocó un incendio en la calle de San Francisco, pensando que la gente abandonaría el combate para tratar de apagar el fuego, pero todo el mundo permaneció en su puesto. El incendio se extendió por una vasta zona de la ciudad y después al convento de San Francisco, donde los comerciantes almacenaban sus mercancias en los intervalos entre las ferias. Fonseca acabó retirándose, y dejó atrás una ciudad medio destruida. Estas llamas iban a provocar otro tipo de incendio por toda Castilla. 
    En efecto, los comuneros explotan de forma inteligente el incendio de Medina del Campo. Impresionado por la oleada de protestas, el Gardenal Adriano no tiene más remedio que licenciar al ejército real; renuncia así a los pocos recursos de que dispone. Se encuentra desarmado, desacreditado. 
    Este hecho contribuyó a la adhesión de ciudades y pueblos al movimiento comunero.
    Fuente: Los Comuneros- Joseph Pérez
  • Added March 27, 2018
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    Retrato de el Empecinado (Goya)
    Por Jorge Sánchez Fernández
    Si Juan Martín Díaz el «Empecinado» resulta ser el más egregio de los guerrilleros vallisoletanos la verdad es que, durante la Guerra de la Independencia, luchó poco, muy poco en Valladolid. Pero no sería justo comenzar sin detenerse en su figura objeto de síntesis (Mateo Martinez) y monografías extensas (Cassinello Pérez, Hernández Girbal) difíciles de superar. 
    Nacido el 2 de septiembre de 1775, en la localidad vitícola de Castrillo de Duero, e hijo de labrador, en nuestro héroe despertaría una temprana vocación castrense que le impelió a fugarse para acudir a sentar plaza en el cercano Peñafiel, de donde fue de inmediato recogido por sus progenitores, quienes hicieron constar al encargado la corta edad (16 años) del recluta. Apenas año y medio més tarde, fallecido su padre, Juan Martín volvió a alistarse, participando en la guerra contra la Convención (1793-1795). 
    Terminado el conflicto, se licencia, regresa a Castilla y, contraído matrimonio, transcurrieron años de vida silenciosa en Fuentecén. Antes del alzamiento nacional de mayo/junio de 1808, el «Empecinado», conduciendo una pequeña partida, interceptó a varios estafetas franceses en la carretera de Burgos a Madrid, engrosando la lista de aquéllos que quieren, o pueden, atribuirse el disputado título de «primer guerrillero castellano». 
    Seguidamente, aunque no existan pruebas, Juan Martín, participaría en las batallas de CabezónThis link opens in a popup window y del Moclin (12 de junio y 14 de julio de 1808). Escapado sano y salvo de ambas derrotas, reorganiza la partida, con la cual, durante lo que resta de año, hostiga a las tropas napoleónicas que se mueven entre Valladolid y Burgos. A fin de enganchar voluntarios a su grupo, garantiza el cobro de jornal diario, no soldada -puntualiza Gémez de Arteche-, a quienes se le unan. Durante este tiempo continúa en relación con su provincia natal, remitiendo a Peñafiel los prisioneros que hace en territorios próximos, para que sean enviados a los depósitos del sudeste del país. 
    Fijémonos en el retrato literario que de «El Empecinado» traza Galdés: «Era don Juan Martín un Hércules; de estatura poco más que mediana, organización hecha para la guerra, persona de considerable fuerza muscular, cuerpo de bronce. que encerraba la energía, la actividad, la resistencia, la contumacia... Su semblante moreno amarillento, color propio de los castellanos asoleados y curtidos. Expresaba aquellas cualidades. Sus facciones eran más bien hermosas que feas, los ojos vivos, y el pelo aplastado con desorden sobre la frente, se juntaba a las cejas. El bigote se unía a las cortas patillas, dejando la barba limpia de pelo, afeite a la rusa que ha estado muy en boga entre guerrilleros, y que más tarde usaron Zumalacárregi y otros jefes carlistas. 
    Casa natal de El Empecinado en Castrillo de Duero
    Envolviase en un capote azul que apenas dejaba ver los distintivos de su jerarquía militar, y su vestir era, en general, desaliñado y tosco, guardando armonía con lo brusco de sus modales. En el hablar era tardo y torpe, pero expresivo... tenía empeño en despreciar las formas cultas, suponiendo condición frivola y adamada en todos los que no eran modelo de rudeza primitiva. .. Poseía un alto grado de genio de la pequeña guerra, y después de Mina, que fue el Napoleón de las guerrillas, no hubo otro en España ni tan activo ni de tanta suerte. . .». 
    En el otoño de 1809, la guerrilla de Juan Martín sale de Castilla la Vieja colocándose al servicio de la Junta de Guadalajara. El «Empecinado» no volverá aparecer por Valladolid hasta finalizado el conflicto. 
    Aquí, su último hecho de armas ocurrió cerca de Pedrosa del Rey, el 20 de agosto de 1809. Los guerrilleros atacaron una columna enemiga compuesta de infantería y caballería, entablándose un choque feroz, con la consiguiente persecución. 
    El caudillo, herido de sable en el brazo y costado izquierdo, es llevado a Pollos, donde, curado por un galeno de Tordesillas, se recupera sin problemas. Casi repuesto marcha a Castrillo, con el propósito de visitar a familiares y amigos. Cuatro días estuvo en el pueblo, sin que los franceses llegasen a tener la menor noticia. Aquellos vecinos que el año anterior habían robado en el domicilio de su madre, y enviado al general Cuesta un escrito en que le presentaban como un verdadero forajido, provocando su entrega al afrancesado alcalde de Burgo de Osma, son sacados a la fuerza de sus escondites y puestos en presencia del guerrillero, que declara no albergar deseos de venganza, invitándoles a comer con los suyos. Tras esta estancia. el «Empecinado» se despide, por mucho tiempo, de Valladolid.
    Fuente: ¡Nos invaden! Guerrilla y represión en Valladolid durante la Guerra de la Independencia Española. 1808-1814. Jorge Sánchez Fernández
  • Added March 22, 2018
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    Iglesia de estilo románico construida en el siglo XII. Se estima que la fecha de inicio de las obras en torno a 1150. Su estructura presenta una sola nave con presbítero recto y bóveda de medio cañón rematada con una cabecera semicircular cubierta con bóveda de horno. Conserva diferentes añadidos posteriores a la obra original, como la sacristía de la esquina nororiental, la espadaña y el coro que se eleva a los pies de la nave.

    Siendo el románico vallisoletano, en general, rural, tosco, sencillo, pobre y tardío, hay un pequeño grupo de edificios que ofrece peculiaridades, debidas más a los medios financieros disponibles, más cuantiosos, que a diferencias de concepción estética. Se trata, como señaló Felipe Heras en su trabajo sobre el románico vallisoletano, de las iglesias del románico occidental o de órdenes militares.
    La iglesia de Arroyo es un edificio de pequeñas dimensiones y, a pesar de haber sido muy restaurado, conserva bastante de su apariencia original.

    La portada sobresale un metro de la fachada y está formada por un arco de ingreso de medio punto, sin tímpano y con cinco arquivoltas, protegida por un tejaroz. Tanto los capiteles como los canecillos que soportan el tejaroz aparecen decorados de forma muy variada y de buena calidad; se puede ver una escena de caza.
    Lo más interesante de la iglesia de San Juan de Arroyo es la profusión y variedad de su decoración esculpida. Están tallados los capiteles del interior y exterior de la iglesia, además de las molduras, las líneas de imposta y los canecillos de cornisas y tejaroz.

    En la segunda mitad del siglo XIX pasó a propiedad del senador indiano José Manuel Golleneche, quien patrocinó la reforma y restauración del templo. 
    Foto: www.lafronteradelduero.com
    A esa actuación corresponde el muro norte y la sacristía que tiene adosada, el traslado de la espadaña a los pies con la que se cubrió la nave con bóveda de cañón con ladrillo, aunque en su origen era de una armadura de madera., y la boveda de cañon que cubre la nave, además de algunos capiteles de nueva factura y el caracol de acceso al coro.

    Las ventanas se decoran con capiteles ilustrados por un aguila, una sirena voladora y otra agarrando sus dos colas, un león engullendo una cabeza humana y motivos vegetales con bolas.
    La iglesia a principios de los años 70 del pasado siglo
    El repertorio escultórico se completa con los canecillos que sostienen la cornisa, donde figuras monstruosas arropan a un tipo en cuclillas, una liebre abatida,  búhos y un sapo plantando cara a la serpiente. En el interior del ábside sobresale la representación de la lujuria, con dos serpientes abrazando el cuerpo de una mujer desnuda.
    Del libro Recuerdos y bellezas de España. 1861. Litografía de S. Isla
    Se aprecia claramente la antigua ubicación de la espadaña antes de la reforma llevada a cabo en la segunda mitad del S. XIX

    El románico de este templo se ha asociado a la corriente difusora del Camino de Santiago.
    También se conoce como Iglesia de San Juan Ante Portam Latinam.
  • Added March 20, 2018
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    La acumulación de metales nobles como el oro y la plata, en forma de monedas y joyas, ha sido práctica acostumbrada a lo largo de la Historia. Su conservación como valor seguro ha dado lugar a su atesoramiento y ocultación en tiempos de inseguridad económica y, sobre todo, en momentos de amenaza y guerra para evitar su saqueo o su requisamiento. Esto ha venido deparando hallazgos ocasionales que frecuentemente proporcionan ricos conjuntos arqueológicos y una interesante información en torno a los hechos y acontecimientos históricos que provocaron tales ocultaciones.
    En los términos municipales de Cabezón de Pisuerga y de Peñafiel tuvieron lugar, en 1963 y en 1989 respectivamente, los hallazgos de sendos tesoros: de joyas y monedas de oro y plata en Cabezón, y de monedas de plata en Peñafiel. En uno y otro caso, las fechas de los atesoramientos permiten vincular su ocultación al marco temporal de la Guerra de la IndependenciaThis link opens in a popup window (1808-1814), que tuvo importantes episodios en la provincia vallisoletanas.
    El tesoro de Cabezón
    Reúne ciento ochenta y ocho joyas de oro y plata, y setenta y tres monedas de oro de los reinados de Felipe V, Fernando VI, Carlos III y Carlos IV. Fue hallado dentro de "un ánfora" de cerámica, en el "Pago del Doctor", de Cabezón de Pisuerga, en el límite del Cerrato, zona donde ejerció su control la guerrilla de Tomás Príncipe. La cronología aportada por las monedas hizo relacionar su enterramiento con la batalla del puente de CabezónThis link opens in a popup window, pero el reciente estudio de las joyas aclara que, si bien el momento de la ocultación se debe a partir de 1795 (fecha de acuñación de la moneda más moderna), las marcas de alguna de las alhajas piden llevar su datación hasta el segundo cuarto del siglo XIX.
    Tesoro de Cabezón
    Las características del conjunto de joyas y monedas hacen pensar que pudo pertenecer a un comerciante dedicado a la compra y venta de joyas de oro, quien lo pudo ocultar o a quien fue robado por cuadrillas guerrilleras, o por sus dispersos y desertores, en un momento avanzado de la guerra o con posterioridad a la finalización de la contienda, acaso ya en las querellas políticas del segundo cuarto del siglo XIX.
    Tesoro de Cabezón
    Las monedas del conjunto son poco variadas: salvo una de dos escudos, las otras setenta y dos son de medio escudo. Sin embargo las alhajas ofrecen una amplia variedad de tipos
    El tesoro de Peñafiel
    Fue hallado en 1989, oculto también en el interior de una barrilla de barro, en un almacén de la plaza del Mercado Viejo. Está formado por 280 monedas de plata pertenecientes a los reinados de Carlos III, Carlos IV, José Napoleón y Fernando VII. Dos de las monedas son francesas, de Luis XV, pudiéndose establecer la fecha de su escondite a partir de 1810, en el momento álgido de la actividad guerrillera en la zona de Valladolid.
    Tesoro de Peñafiel
    El día 29 de septiembre de ese mismo año los guerrilleros españoles expulsaron a la guarnición francesa de Peñafiel, teniendo el general Kellermann que enviar un fuerte contingente de tropas, con dos cañones, para recuperar la población. En tal situación, es muy probable que algún vecino decidiera esconder al menos una parte de sus caudales, y no debe extrañar que más de uno no pudiera, por una y otra causa, recuperar luego su patrimonio.
    Tesoro de Peñafiel
    El tipo de moneda predominante en este conjunto, el real de a ocho, fue acuñado en grandes cantidades en las Casas de Monedas de las colonias americanas, de las que procede la mayoría del monedaje de este tesoro: 183 monedas son de México, 42 de Lima, 24 de Potosí, 4 de Guatemala, 2 de Santiago de Chile. Solo 21 son de Madrid y 2 de Sevilla. El real de a ocho, era la moneda fuerte de la época.
    Fuente: Museo de Valladolid
  • Added March 18, 2018
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    La toma o batalla de Torrelobatón fue una operación militar llevada a cabo por el ejército comunero a finales de febrero de 1521, en el marco de la Guerra de las Comunidades castellanas.
    Desde todas las ciudades comuneras llegaron tropas a Valladolid hasta alcanzar la cifra de 6000 infantes, 600 caballeros y una potente artillería. 

    Este ejército salió secretamente de la ciudad al mando de Padilla para poner sitio a Torrelobatón, posesión del Almirante e importante punto estratégico. 
    El duro asedio se prolongó durante cuatro días.
    La muralla y el castillo sufrieron graves daños durante el asedio. Cuando finalmente cayó la población, Padilla tomó el castillo tras amenazar con ahorcar a todos los habitantes si el alcaide no se rendía. 
    Esta victoria despertó el entusiasmo de los comuneros y la inquietud entre la alta nobleza: los comuneros habían atacado las posesiones del mismísimo Almirante de Castilla. El cardenal Adriano reprocharía la actitud negligente de los jefes del ejército, más preocupados por defender sus señoríos que por ayudar al rey.

    -Dibujos obtenidos del Centro de Interpretación del movimiento comunero (Castillo de Torrelobatón)
  • Added March 17, 2018
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    Iglesia de Santa María
    En el año 672, del rey godo RecesvintoThis link opens in a popup window al parecer hizo la trashumancia buscando una mejoría a sus dolencias en las salutíferas aguas de Fuente Honcalada.
    Aposentado en este lugar de los Torozos, el día 1 de septiembre Rescenvinto falleció. La búsqueda de un nuevo rey se alargo varios días, hasta que encontraron a Wamba, en su retiro, haciendo lo que cualquier jubilado ocioso. Labrar sus tierras y disfrutar de su jubilación, tras una larga etapa como ''militar'', sirviendo a diferentes reyes Godos.  Porque fue ley de los godos que el nuevo monarca debe ser elegido en el mismo lugar en que falleciera el anterior. Esto es solo una suposición, pues toda la vida anterior a su coronación, esta envuelta en un halo de misterio, leyendas y datos poco fiables. 
    Estatua de Wamba de una serie de monarcas españoles de la plaza de Oriente (Madrid)
    Wamba se opuso cuanto pudo a recibir la corona y durante su reinado mantuvo esa distancia con los oropeles. Las lecturas escolares escenifican ese rechazo en el desafío de un Wamba labriego que se compromete a aceptar la corona si florece la garrota con la que arrea a los bueyes (cuenta la leyenda que al clavar el palo en la tierra, súbitamente reverdeció, cubriéndose de verdes hojas y blancas flores). También su breve reinado, interrumpido por una conjura, aparece salpicado de leyendas.
    Lo cierto es que murió en la localidad burgalesa de Pampliega, como atestigua un monolito rematado por una cruz de hierro.
    Aunque el relevo de reyes le dio nombre, no fue el único episodio notable ocurrido en Wamba. Tres siglos más tarde se retiró a su cenobio el obispo Fruminio, dimisionario de León, quien impulsó la construcción de la iglesia mozárabe cuya estructura todavía pervive dentro del cascarón románico. Y haciendo valer su condición episcopal, la consagró a Santa María, que era la advocación usual de las catedrales. Un refrán hace broma con las dádivas de esta mitra jubilada: El prelado de Wamba da lo que le sobra para salvar su alma. Los vestigios mozárabes de la iglesia son los más arcaizantes que se conservan de este estilo. Quedan muy lejos de la gracilidad de San Cebrián de Mazote.
    Su traza remite más a San Juan de Baños. Sin embargo, apenas nada se ha encontrado del primitivo cenobio visigodo. Dos tenantes de altar y un capitel que se usa como pila del agua bendita.
    Dos siglos más tarde, ya en el doce, Wamba pasó a ser una encomienda de los hospitalarios de San Juan, a la que se retiró en 1175 doña Urraca. Esta regia dama era hija del rey de Portugal y esposa de Fernando II de León, quien después de repudiarla la arrumbó aquí con una buena dote. Hasta fines del siglo diecinueve estuvo en pie la capilla que guardaba sus restos, derribada entonces para construir el ayuntamiento. Wamba se encuentra en el valle del Hontanija, un riachuelo tributario del Hornija que nace en la fuente de los Ángeles de Villanubla. Su menguado caudal, muy sensible al estiaje, se adorna con tupidas choperas y movió varios molinos e incluso la pesada turbina de una fábrica doméstica de electricidad. Desde la zona recreativa que rodea al Hontanija, los pasos del visitante acceden a la plaza Mayor, donde está la iglesia, por la calle de la Fuente, en la que se suceden dos caños.
     La fuente Honcalada ofrece su manantial digestivo en la salida hacia Villanubla. Entrando a la plaza por este flanco, se aprecia el testero mozárabe de la iglesia, que es la parte que salvaron los hospitalarios al construir el templo románico. Lo más atractivo del exterior es la portada de los pies, en la que sobresalen los arquillos que recorren las arquivoltas, de clara filiación oriental. El tímpano recoge la fecha de su construcción: 1195. Esta portada estuvo mucho tiempo tapada por el frontón de pelota pero ahora forma un hermoso rincón con la vecina puerta del antiguo cenobio.
     Las últimas reformas despojaron a la iglesia de otros apósitos bastardos, aunque el flanco que cierra la plaza hacia el ayuntamiento desmerece el conjunto. Antes se había achatado la estatura de la torre y esta rebaja contribuyó a la imagen apaisada del conjunto.
    La visita a Wamba no puede prescindir de la entrada al interior de su iglesia y a la capilla del osarioThis link opens in a popup window, que se ha convertido en uno de los reclamos más buscados. Se trata de un recinto fascinante. 
    Osario
    Foto: www.panibericana.com/
    A lo largo de la calle de la iglesia se suceden las cruces del calvario sanjuanista unas empotradas en los muros, otra junto a la iglesia, las más alejadas en el cementerio y en la pradera de la ermita de la Virgen de la Encina, saliendo hacia Peñaflor de Hornija. La ermita del Humilladero, del dieciséis, es una construcción mínima pero de aspecto muy repulido. El circuito peatonal por Wamba se abrocha recorriendo la calle de la Cruz, que enlaza con la de la Fuente a través de los Pajares. El callejero de Wamba resulta sinuoso y se enreda en frecuentes corros y metidos.
    Fuente: Tierra de horizontes (Ernesto Escapa)
  • Added March 16, 2018
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    Plaza - Foncastín (Valladolid) - En el antiguo lugar de Foncastín se creó después de la guerra civil un pueblo con colonos llegados de la provincia de León, y cuya iglesia se puede observar en el centro de la imagen.
    Foto: Fundación Joaquín Díaz
    El 28 de noviembre de 1945 se dio uno de los éxodos más tristes que un pueblo tuvo que realizar durante la época del franquismo por culpa de la inundación del mismo. El pueblo de Oliegos, en la verde y montañosa Cepeda leonesa, fue sepultado por el embalse de Villameca. 38 familias recogieron sus enseres, cerraron las puertas de sus casas y emprendieron viaje en 30 vagones, los tres primeros para las personas y los 27 restantes para el ganado y sus pertenencias. El destino, Foncastín, una finca en la llana provincia de Valladolid.
    Foto: Diario de León
    Hoy Foncastín, que un día se llamó Foncastín de Oliegos pero ya no, huele a la Cepeda. Hay una calle León, hay un bar que se llama El Rincón de Oliegos y en él toda la decoración son cuadros, fotografías que ya no se podrán volver a hacer pues son imágenes del pueblo antes de que lo anegara el pantano de Villameca. Ahora hace 73 años.
    Aquel viaje sin retorno, desde los montes de León a la llanura castellana, permanece en la memoria de Pedro Castro, uno de los vecinos de mayor edad de Foncastín. Con más de 19 años dejó atrás un mes antes Oliegos para "abrir el camino" al resto de familias en el nuevo emplazamiento, una finca de unas 1.700 hectáreas, propiedad del Marqués de la Conquista. En esta finca se levantó un pueblo blanco, de diseño geométrico, para albergar a los cepedanos transterrados.
     De allí partieron unas 200 personas cargadas con sus enseres, ganados y símbolos religiosos en un tren de 30 vagones rumbo a Valladolid aunque hubo otras que decidieron permanecer en la zona. La muerte fue en este caso anunciada. La agonía de Oliegos comenzó años antes de la década de los 40 puesto que desde 1933 se conocía el proyecto del embalse de Villameca.
    Oliegos en una foto de la época

    La Guerra Civil española paralizó la construcción de la presa que inauguró Franco la tarde del 2 de octubre de 1946. Por ello, al viejo Oliegos nunca llegó la electricidad puesto que estaba condenado a desaparecer bajo las aguas del embalse de Villameca. El pueblo nombró a un defensor aunque su oposición a aquella infraestructura del franquismo no frenó su desarrollo.
    "Señores, las compuertas de la presa ya están bajadas". Éste fue el aviso que desencadenó la travesía de aquellas familias, la mayoría numerosas, y a la que se resistió Saturnino, que llegó cinco días más tarde a Foncastín. La marcha arribó en la estación del Norte de Valladolid a las 11 de la noche.
    Los enseres y animales, que ocupaban 27 de los 30 vagones, llegaron en el tren a Medina del Campo donde tuvieron que ir a recogerlos, entre ellos, las campañas de Oliegos y varios santos como Las Angustias o San José. En total, pagaron 17.000 pesetas por el viaje.
    Fotografía: LaNuevaCrónica.com
    El 30 de noviembre la caravana, que se desplazó en autobús desde Valladolid, tomó posesión de Foncastín. Las autoridades leonesas y vallisoletanas así como del Instituto Nacional de la Colonización presidieron la génesis de aquel pueblo que por azar del destino no se ubicó en tierras de Benavente o Huesca –las alternativas que se barajaron-.
    Explicaron que las casas existentes no eran suficientes, lo que obligó a algunos a ocupar las corralizas y a otros a desplazarse a Rueda. Todavía tardarían seis años en levantarse todas las viviendas, diez la iglesia y aún más el cementerio. Las campañas durante años lucieron en un alto colgadas de dos palos y la escuela se ubicó en unos barracones, donde por la noche algunos mejoraron su lectura y escritura.
    De paseo por las primeras calles de la localidad
    Foto: http://www.leonoticias.com
    A las puertas del ya duro mes de diciembre, comprobaron con decepción que del pueblo nuevo prometido no había ni rastro. Foncastín, la tierra prometida, eran los barracones de la finca de un Marqués, no había ni casas, ni agua, ni pueblo, ni nada. Por sus tierras y casas, recibieron en conjunto 4,5 millones de las antiguas pesetas, una cantidad en su opinión menor al valor real pues la tasación fue hecha antes de la Guerra y la venta se hizo efectiva en 1945. Este dinero no fue suficiente para pagar las nuevas casas y parcelas, que se dividieron en pequeñas, medianas y grandes (de 15, 20 y 30 hectáreas).
    En recuerdo de Oliegos
    Los transterrados llevaron al valle del Zapardiel sus ganados y aperos, las costumbres de La Cepeda. Rápidamente descubrieron la fertilidad agrícola de aquella amplia hondonada. Todavía hoy, después de 64 años, el bar del pueblo lleva el nombre de ‘El rincón de Oliegos’ y dos de sus calles los de Villameca y León. También sus apellidos siguen siendo los de su oriunda comarca (Magaz, Mallo, Fernández y García). Además, mantuvieron al alcalde, Nicanor Magaz, y conservaron a sus santos ya que las fiestas patronales son Las Candelas y San Pedro así como la receta de las ricas "margaritas".
    En la plaza de la localidad, la iglesia atesora las campanas e imágenes de Oliegos. También se erigió un monumento, una campesina leonesa, en memoria de aquellas gentes, cuyos recuerdos siguen evocando aquel paisaje solitario, bello y melancólico. Sin embargo, muchos lamentan el olvido de las instituciones leonesas y valoran el apoyo de la Diputación de Valladolid, que patrocinó la publicación de un libro sobre su historia de vida.
    La sequía saca a la luz los restos de la localidad de OliegosFotografía: Martínezld
    Al final del estío, se descubre con facilidad los restos del viejo poblado en la parte posterior del embalse. Perfectamente dibujadas puede contemplarse las calles, los planos de las casas e incluso el espacio alargado de la iglesia. También se distinguen los molinos, los muros de los prados y la calzada que proseguía valle arriba en dirección a Los Barrios de Nistoso (León).
    Fuente: http://www.leonoticias.com/frontend/leonoticias/Foncastin-La-Tierra-Prometida-vn41914-vst306This link opens in a popup window
    Fuente: http://bibliotecasespecializadasdezamora.blogspot.com.es/2010/12/This link opens in a popup window
  • Added March 15, 2018
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    La localidad en 1867
    Apenas sobrepasa el centenar de habitantes y es tan pequeño que solo alcanza los 19 kilómetros cuadrados. Tan reducida fisonomía no le ha impedido labrarse una historia que para sí quisieran muchos municipios y ciudades de la península ibérica. Curiel de Duero presume de contar con dos castillos imponentes (uno de ellos, reconvertido en hotel) y dos iglesias igual de majestuosas (la de Santa María además con un soberbio artesonado mudéjar recientemente restaurado).

    Foto: www.weekendesk.es
    Curiel tuvo un pasado romano, como así lo atestigua la moneda de cobre del emperador Arcadio encontrada entre los restos arqueológicos del castillo de arriba, conocido como el de Doña Berenguela. También su topónimo. Según una tradición, sobre la puerta de la fortaleza había una inscripción que decía Hic Curules me fecere, (aquí me construyeron los Curules). No obstante, las primeras referencias documentales de Curiel datan de los años 1045 y 1065.
    Leonor de Plantagent, hermana de uno de los más destacados cruzados en Tierra Santa y rey de Inglaterra, Ricardo Corazón de León, entregó el castillo de Curiel como dote cuando contrajo matrimonio con el monarca Alfonso VII, en el año 1170. Por su parte, la artífice de la unión de Castilla y León e hija de Leonor, Berenguela la Grande, fue la señora de Curiel. Durante el reinado de Fernando IV de Castilla (finales del siglo XIII y principios del XIV) se dotó a Curiel del mismo fuero real que a Peñafiel.

    Foto: Juan Pablo Zumel Arranz
    En la Edad Media Curiel de Duero tuvo dos castillos. Uno de ellos perdura. De planta cuadrada, consta de cuatro torres, almenas y aspilleras. La fortaleza de Doña Berenguela se sitúa en lo alto de un promontorio o cerro. Conserva parte de la torre del homenaje, así como las paredes que rodean el recinto, pero quizás, una de las mejores huellas que deja en el viajero son las vistas que desde allí se obtienen.
     El castillo de arriba es la fortaleza más antigua de la provincia de Valladolid, pues su construcción data del siglo X. Existe un dicho popular que dice ‘Buen castillo tendría Peñafiel, si no tuviera a la vista el de Curiel’.

    Pedro I el cruel
    En las entrañas de la fortaleza estuvo preso Diego de Castilla y Sandoval, hijo de Pedro I el CruelThis link opens in a popup window.
    Enrique II, acabó con la vida de Pedro I y mandó encarcelar a los hijos varones del difunto rey: SanchoThis link opens in a popup window, en el Castillo de Toro, que falleció a los siete años de edad y Diego en el Castillo de Curiel. Diego murió en el castillo de Coca a los 64 años tras haber sido liberado en 1434 por la insistencia del condestable Álvaro de LunaThis link opens in a popup window, que estaba casado con una hija del prisionero. Permaneció entre rejas nada menos que 54 años. Uno de los cautiverios más largos de la historia de España.
    Durante su largo confinamiento llegó a contraer matrimonio con la hija del alcalde del castillo, en los alrededores practicaba la caza, pero sin poder abandonar jamás su cautiverio. Quizás sea una de las mas extensas y desconocidas "prisiones políticas", por el único ‘delito’ de ser hijo de rey muerto y vencido.
  • Added March 13, 2018
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    TorrelobatónThis link opens in a popup window amaneció en el siglo XI y las luces y cámaras delataban un momento histórico, la magia del cine se apoderó de este pacífico lugar para el rodaje de El CidThis link opens in a popup window. La superproducción de Hollywood eligió el municipio por su emblemático castillo para recrear la burgalesa villa de Vivar y Rodrigo Díaz en la piel de Charlton Heston dejó para siempre su huella en este rincón vallisoletano.
    El pueblo apenas aparece siete minutos en la cinta, pero para aquellas escenas se necesitaron tres días de rodaje y más de 400 extras de la zona. Corría el año 1961, mes de marzo. Los días 22, 23 y 24, miércoles, jueves y viernes previos a la Semana Santa, se desarrolló la acción.
    El Cid CampeadorThis link opens in a popup window resucitó de la literatura épica y eligió Torrelobatón convertido en Vivar para el regreso de la Taifa de Zaragoza junto con su mesnada. La escena se extendió desde la falda de la colina donde se asienta el castillo hasta la arboleda que existe junto al río Hornija.
    Según explica Lourdes Ortega, responsable de la oficina de turismo del municipio, además de los actores llegados de Hollywood, formaron parte de esta recreación más de 400 extras, entre ellos cerca de cien universitarios de Valladolid, sobre todo de las Facultades de Derecho y Medicina. El resto fueron vecinos de Torrelobatón que además aportaron aperos agrícolas, carros, bueyes y burros. También jugó un papel destacado la caballería procedente del Regimiento de Farnesio de la capital.
    Esteban Lorenzo y Martín San Miguel, dos extras de 'El Cid'
    Los universitarios cobraron 350 pesetas. Organizaron grupos de 50 extras con un jefe por cada uno de ellos que se ocupó de recoger el vestuario y pagar 100 pesetas a cada uno por día trabajado, un sueldo que ascendió a 350 pesetas en el caso de los universitarios que se desplazaban desde Valladolid.
    Han pasado casi 60 años desde aquel gran acontecimiento que revolucionó la vida de este tranquilo municipio. Los lugareños, lejos de olvidar aquellos momentos, siguen recordándolos con todo lujo de detalles y explican orgullosos su participación en la película.
     Uno de ellos, Martín, con una cámara comprada en Francia bajo las vestiduras, intentó retratar el rodaje y recordar el momento histórico que estaba viviendo. Hoy, su foto de Charlton Heston en los campos castellanos, una imagen única ?estaba prohibido que los extras tomaran imágenes? ilustra este reportaje.
    Fue cerca de la ermita, junto al puente sobre el río Hornija y con el imponente telón de fondo del castillo (siglos XIII-XV), donde Rodrigo Díaz de Vivar (Charlton Heston) intercede ante su padre para que exima de la pena de muerte a varios emires prisioneros que, como agradecimiento, le nombran por primera vez como Cid o caudillo generoso.
    Heston echándose una siesta en un descanso del rodaje
    La megaestrella de Hollywood que interpretaba a Rodrigo Díaz de Vivar era, por supuesto, el objetivo de todas las miradas, especialmente de las femeninas: «Heston era muy alto y muy apuesto. Aunque era más guapo el Raf Vallone», dicen socarronas algunas en las grabaciones para el documental, en las que lamentan que la estrella de Hollywood «no se fijara en ellas». Ellos no les andaban a la zaga: hay quien recuerda que alguno de los hombres del pueblo estaba ansioso porque apareciera Sophia Loren (Doña Jimena), pero para su desgracia el mito erótico de la época se quedó lejos de Torrelobatón, donde no rodaba ninguna escena.
    El documental ‘Bienvenido Mr. HestonThis link opens in a popup window’, primer largometraje de los directores Pedro Estepa y Elena Ferrándiz, y que se centra en el rodaje de la película El Cid en Torrelobatón (Valladolid), se estrenó en la 60 edición de la Semana Internacional de Cine (Seminci). 
    La película se centra en el gran acontecimiento que vivió Torrelobatón, tras la llegada de una superproducción de Hollywood. En 1961, sus habitantes se convirtieron en figurantes y testigos del rodaje de El Cid, filme dirigido por Anthony Mann y protagonizado por Charlton Heston y Sophia Loren.
    La historia, narrada por el actor Emilio Gutiérrez Caba, tiene como hilo conductor una crónica de El Norte de Castilla que detalla las anécdotas vividas por los torreños durante aquellos días. El documental cuenta con la participación de profesionales que trabajaron en dicha producción. La elección de Torrelobatón, así como de Ampudia (Palencia), Madrid o Peñíscola para el rodaje de este clásico se debió principalmente al productor Samuel Bronston.
  • Added March 9, 2018
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    Foto: Juan José Romero Rioja
    Por Oscar Fraile (El día de Valladolid)
    Madrugada del 3 de marzo de 1988. Estación de trenes de Valladolid. A las 3.00 horas el expreso número 861 procedente de Madrid y con destino a Santander se encuentra parado en el andén 1. Por detrás, en la misma vía, se acerca otro expreso, el Costa Vasca, que también partió de la capital, pero con destino a Bilbao. Faltan apenas unos segundos para que un fallo en el sistema de frenado derive en el mayor accidente ferroviario de Valladolid de la historia moderna, del que ayer se cumplieron 25 años.
    Todo sucedió muy rápido, el Costa Vasca embistió a 45 kilómetros por hora al convoy estacionado y provocó una tragedia que acabó con ocho personas muertas y 30 heridas. Y pudo ser peor, porque el vagón de cola del expreso cántabro, que estaba cargado con automóviles, amortiguó el golpe antes de que el tren llegara al siguiente vagón, un coche cama en el que viajaban diez personas. Ocho murieron, otra resultó ilesa y a otra hubo que rescatarla después de que se quedara atrapada por el brazo.
    Entre los fallecidos se encontraba el consejero de Obras Públicas del Gobierno Cántabro, Félix Ducasse. Además, la persona que quedó atrapada era Juan Tarín, director general de Agricultura del mismo ejecutivo.
    Foto:Cacho (El diario Montañés)
    El motivo principal del accidente fue un fallo en los frenos. Según cuentan las crónicas, el maquinista se dio cuenta de que algo no iba bien cuando circulaba a 75 kilómetros por hora e intentó reducir, sin éxito, la velocidad. A poco más de un kilómetro para entrar en la estación tomó la drástica decisión de desconectar el fluido eléctrico y dejar sin potencia la locomotora. Pero no fue suficiente. El maquinista tuvo que saltar literalmente del tren y el impacto arrugó como un acordeón el vagón cargado de coches y llegó a incrustarse en el que viajaban pasajeros.
    Las tareas de rescate fueron muy complicadas. Al no poder utilizarse sistemas eléctricos, por el peligro que entrañaban para los posibles supervivientes, los Bomberos tuvieron que valerse de una grúa y desguazar poco a poco el tren. Así, hasta pasadas cuatro horas no pudieron sacar el primer cuerpo sin vida. Una chica de 19 años.
    Entretanto, un equipo de psicólogos hablaba con algunas de las personas que estaban conscientes en el interior, entre ellos Juan Tarín, que estuvo atrapado por el brazo desde las 3.00 hasta que lograron sacarle a las 8.15 horas. A las 9.30 los servicios de emergencia lograron sacar por el techo a otro fallecido y en las tres horas siguientes se rescató a todos los demás.
    El accidente provocó un gran impacto en la sociedad vallisoletana. A primera hora de la mañana estaban allí casi todas las autoridades. El por entonces alcalde de la ciudad, Tomás Rodríguez Bolaños, se encontraba en Madrid, pero no faltaron el presidente de la Junta de Castilla yLeón, José María Aznar;  el portavoz del Gobierno, el vallisoletano Miguel Ángel Rodríguez; y el presidente de Renfe, Julián García Valverde.
    Hasta tal punto tuvo impacto esta tragedia en Valladolid que al funeral de las ocho víctimas, que se celebró al día siguiente, acudieron unas dos mil personas. El acto funerario tuvo lugar en la Catedral de Valladolid, aunque todos los fallecidos fueron trasladados a su lugar de origen, Cantabria, donde se les enterró.
    El maquinista no activó los frenos de emergencia
    Aunque la causa principal del accidente fue un fallo en los frenos, el maquinista del tren que se dirigía a Bilbao no activó el sistema de emergencia. El Boletín Oficial del Senado del 24 de mayo de 1988 recoge varias preguntas del senador almeriense Manuel Arqueros Orozco sobre las causas de este siniestro que van dirigidas al ministro de Fomento, que por entonces era Abel Caballero.
    En una de las respuestas recogidas en este documento se asegura que una de las causas del accidente fue «el no accionamiento de las válvulas de urgencia (maquinista) ni de socorro (ayudante) en ninguna de las dos locomotoras». Desde el Gobierno explican que es una conclusión que se deduce de las pruebas y «tras una profunda y exhaustiva investigación». Cabe recordar que este trabajador de Renfe fue sometido a la prueba de alcoholemia tras el accidente y el resultado fue negativo.
    Algunos meses después el Juzgado de lo Penal número dos de Valladolid condenó al maquinista y a su ayudante a diez días de arresto menor y al pago de una multa de 75.000 pesetas por una falta de imprudencia.
    Además, el juez dictaminó que deberían indemnizar con casi dos millones de pesetas a a Concepción Acedo y con 300.000 a Antuisa Rodríguez, las dos únicas lesionadas que llevaron el caso a los tribunales, según cuenta el diario El País en su edición del 28 de julio de 1990.
    Desde el Gobiero se dieron algunas explicaciones más sobre las causas del accidente. Eso sí, de carácter muy técnico. Por ejemplo, «tener la locomotora 269-032 en su relé principal el cuerpo móvil de la válvula de corte agarrotado».
    Fuente: http://www.eldiadevalladolid.com/noticia/ZEC5B7FF5-DEB9-9EB0-AAB2786011372ABC/20130304/25/a%C3%B1os/horror/viaThis link opens in a popup window
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