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Ayuntamiento de Valladolid

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  • Añadido el 22 de marzo de 2011
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    (Santoña, 1847-Valladolid, 1899) Escritor español. Está considerado como uno de los portavoces del regeneracionismo. Su libro El problema español (1891) inauguró la corriente de análisis sociológico del «problema de España». Es también autor de poemas, de ensayos y de las novelas naturalistas El derecho de la fuerza y Tierra de Campos (1888).

    Obras de Ricardo Macias Picavea:
    Publicó un manual elemental de gramática latina, un compendio de geografía, varios cuentos y dos novelas, así como artículos políticos en un periódico republicano de Valladolid que llegó a dirigir, La Libertad (1881). Estuvo en el Ayuntamiento Republicano de Valladolid desde que fue elegido conceja en 1891 hasta que abandono voluntariamente en 1895 en reacción a lo que el llamo acomodamiento del republicanismo a la Restauración. Macías defendió un modelo orgánico de sociedad que reafirmaba el papel fundamental de los cuerpos intermedios (familia, municipio, provincia, región y corporaciones) frente al individualismo russoniano. Quiso una reforma agraria y recomendó un tipo de acciones tan civilizadas como la desobediencia civil. También defendió el Darwinismo contra los ataques de los neocatólicos.
    El problema nacional. Hechos, causas, remedios (Madrid, 1899), se sitúa en la línea regeneracionista cuya máxima figura fue Joaquín Costa. Macías planteaba problemas y apuntaba soluciones concretas que, en parte, pretendían situarse por encima de las meras ideologías. Parte Macías de un cierto optimismo: las limitaciones geográficas y raciales de los españoles son superables mediante la educación y el abordaje de cuestiones económicas estructurales como la del aprovechamiento de los recursos hídricos.
    Lo más interesante de El problema nacional es su abordaje crítico del caciquismo político imperante, y el desenmascaramiento de la ficticia democracia implantada por Cánovas. Pero también hace un análisis del sistema educativo. Para él la enseñanza es libresca y memorística, sin práctica ni experimentación en laboratorio, sin crítica de fuentes; no hay interés por cómo se hace la ciencia: "eso no se enseña en España"... Los estudiantes viven fuera de sus casas, sin ninguna disciplina, sin vida corporativa, disipados, holgazanes, armadores del escándalo y frecuentadores de garitos. Huelgas y vacaciones constantes. Los profesores dejan un momento la clínica o el bufete y explican la materia a un grupo numeroso, aburrido, indiferente; por la tarde al paseo... Y después, antes de los exámenes todo se remedia con un manual y el programa de la asignatura. Los padres presionan y piden carreras fáciles... Los manuales quizá no son caros, tampoco obligatorios, pero son buena expresión del nivel existente, salvadas las excepciones: "Doctrinas arqueológicas, teorizaciones de invención arbitraria, errores increíbles, ignorancias inexplicables, lenguaje sin arte, y aun sin gramática...". Los datos estadísticos sobre los costes públicos de la enseñanza -mínimos- completan su crítica. En sus recetas sobre las universidades, señala que bastan cuatro centros, todos con el doctorado, completos; con laboratorios, museos y bibliotecas, ejercicio constante de los alumnos; cursos normales y otros especiales por catedráticos, agregados y ayudantes; disciplina sobre la vida de los escolares, vigilancia de hospedajes, corporaciones de estudiantes para el estudio y trabajo, excursiones, juegos y deportes.
    Es, en tono menor, el diagnóstico de Costa en Oligarquía y caciquismo. Fue el autor además de Apuntes y estudios sobre la instrucción pública y sus reformas 1882, Geografía elemental. Compendio didáctico y racionado 1895, La muerte de Cervantes, La mecánica del choque y El derecho a la fuerza. Es también autor de poemas y de ensayos y como narrador se le enclava dentro del Naturalismo por sus novelas El derecho de la fuerza y Tierra de Campos (1888), que pasaron prácticamente desapercibidas, y donde, con gran amenidad, hace gala de un fino y agrio humor. Est aúltima está ambientada en las crisis agrarias de los años ochenta, aunque parte de lugares conocidos como Medina de Rioseco, se sitúa en un lugar imaginario llamado Valdecastro, supuestamente situado a medio camino entre Urueña, Tiedra y Mota del Marqués (que llama Mauda en la novela). El protagonista de la novela es Manuel Bermejo, que regresa a su tierra para iniciar una aventura regeneradora basada en la explotación racional y científica de la tierra. Sus numerosos artículos periodísticos han sido recogidos por Fernando Hermida de Blas.
  • Añadido el 19 de marzo de 2011
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    En la Plaza MayorEste enlace se abrirá en una ventana nueva se han desarrollado toda clase de alegrías populares, torneos, justas, acontecimientos políticos, sociales, bodas reales, nacimientos de príncipes, honor de reyes, sucesos religiosos y muy especialmente, todo lo que al toreo se refiere en sus múltiples manifestaciones, desde lo más trivial, las capeas primeras, hasta las fastuosas corridas reales de toros con toda su suntuosidad. En todo caso, había que preparar la plaza para adaptarla a la corrida que se celebrase.
    El modelo como se preparaban las corridas de toros en la Plaza MayorEste enlace se abrirá en una ventana nueva era de dos maneras: cerrando entre poste y poste de las casas, pues tenían soportales, con maderas gruesas que impidieran el escape de los toros por entre ellas y no fueran de fácil rotura si remataba el ganado en las tablas. La obra de cerrar la plaza había de hacerse por cuenta y cargo de los dueños o vecinos de las casas y hasta con sanciones para ellos si daba la mala suerte de que un toro se escapase del enjaulado.
    El otro modo de cerrar la plaza, era el sencillo y movible de atajar los espacios que conviniere con los carros que obligaban a traer de aldeas o pueblos próximos de la jurisdicción del concejo, multando y apresando a los alcaldes de ellos que incumplieren la obligación.
    Carlos V lanceando un toro en la plaza de Valladolid

    No hubo tablados hasta que se estrenó en los toros de Santiago del año 1500 el "cadalso" para los señores que constituían el Regimiento (el Ayuntamiento). (Se llamaba cadalso a la especie de tribuna o rellanado de madera, más o menos cercano al borde de la barrera para presenciar el espectáculo.
    Posteriormente se hicieron barreras por cuenta del Regimiento "desde el pasadizo de San Francisco la una, y por de la calle de SantiagoEste enlace se abrirá en una ventana nueva, la otra. Más tarde se hicieron tablados en regla y hasta toriles en forma, que venían a caer por la calle de Jesús, de hoy. Posteriormente los tablados rodeaban la plaza y llegaban las gradas hasta muy cerca de los pisos principales de las casas.
    Sobre todo en las grandes solemnidades, se alquilaban las ventanas y balcones a precios que solían ser de acuerdo con la categoría del espectáculo, pregonándose por adelantado el importe de los mismos y castigándose, a veces fuertemente, el incumplimiento de la orden. También se prohibía que no se dejase subir a los tejados para ver las fiestas, so pena de cárcel o multa.
    Torneo en la Plaza Mayor

    Tras el incendio que sufrió la ciudad en 1561Este enlace se abrirá en una ventana nueva, hubieron de trasladarse las corridas temporalmente, a la plaza que se levantaba cerca de la Puerta del CampoEste enlace se abrirá en una ventana nueva, que era la entrada al mismo por la calle de SantiagoEste enlace se abrirá en una ventana nueva. Allí se acotaba el terreno necesario cerca de dicha Puerta. Para llegar a ella los toros, debían recorrer el trayecto desde el lugar donde estaban encerrados, cercano al Hospital del la ResurrecciónEste enlace se abrirá en una ventana nueva, quizás en el propio matadero de la calle del Rastro, pasando por la Puerta del CampoEste enlace se abrirá en una ventana nueva y calle de Santiago hasta llegar a la plaza. Lo despejado del lugar hacía necesario acotar el terreno para evitar desgracias en caso de desmandarse los toros. A tal efecto se construía, con maderas una especie de callejón para el tránsito de las reses.
    Desde finales del siglo XVIII, las corridas de toros no se daban ya en la Plaza MayorEste enlace se abrirá en una ventana nueva, por los obstáculos e inconvenientes que ocasionaban a la población, siendo uno de los principales el inutilizar la parte más frecuentada comercialmente, por los tablados que se formaban apoyados en las partes bajas de las casas, cerrar bocacalles, toriles, etc.
    Fuente: Valladolid en la historia taurina (Emilio Casares Herrero). ISBN: 84-7852-109-7
  • Añadido el 16 de marzo de 2011
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    Jerónimo de Ayanz

    La posibilidad de estar un tiempo prolongado bajo el aguaEste enlace se abrirá en una ventana nueva era uno de los problemas que más había preocupado a los inventores renacentistas, incluido al propio Leonardo da Vinci. Los equipos de buceo de la época, basados en el principio de la campana neumática, sólo permitían estar bajo el agua un tiempo muy limitado, debido al deficiente sistema de renovación del aire.
    Jerónimo de Ayanz y BeamountEste enlace se abrirá en una ventana nueva resolvió el problema al incorporar dos conductos diferentes: uno para la aspiración del aire y otro para la expulsión, que se acomodaban a la respiración humana por medio de válvulas. Esto permitió acoplar este mecanismo a diferentes equipos de bucear, como campanas, trajes de buzo e incluso a unas barcas cerradas que podían descender y ascender dentro del agua como unos submarinos.
    Diseñó también equipos de bucear autónomos que podían acoplarse al pecho o a la espalda de los buceadores, lo que les permitía trabajar bajo el agua. La finalidad de estos aparatos era la de rescatar tesoros de los barcos hundidos en el mar y la de extraer las perlas de los ostrales que eran muy abundantes en algunos puntos de América. Esta labor era realizada, sin ningún instrumento, por buceadores negros que estaban expuestos a múltiples accidentes.

    Extracto de la serie "El Pisuerga pasa por..."(Planetazul ProduccionesEste enlace se abrirá en una ventana nueva)
    Para demostrar la bondad de sus aparatos, Ayanz hizo una demostración el 6 de agosto de 1602 en el río Pisuerga en Valladolid, entonces sede de la corteEste enlace se abrirá en una ventana nueva, a la que asistió Felipe III y numerosos expectadores que contemplaron con admiración cómo se sumergía un buzo con el nuevo equipo de Ayanz y cómo salía al cabo de más de una hora, sin que tuviese la menor molestia. Y si no permaneció más tiempo a tres metros de profundidad fue porque el monarca se aburrió y ordenó que emergiera. Podemos decir que se trata de la primera inmersión de un buzo documentada.

    -Fuente: Las relaciones entre Portugal y Castilla en la época de los descubrimientos ...
    Escrito por Ana María Carabias Torres

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