Valladolid,
Ayuntamiento de Valladolid

Ayuntamiento de Valladolid

Logo Ayto. Valladolid

Resultados de la búsqueda

Resultados de la búsqueda

  • Añadido el 10 de julio de 2013
    Votos:
    +31
    -9

    El derrumbe de la torre de la Catedral

    Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes (www.azulín.esEste enlace se abrirá en una ventana nueva), portada del libro La buena MozaEste enlace se abrirá en una ventana nueva
    de Miguel Ángel Galguera

    El mes de mayo de 1841 había comenzado en Valladolid con muy mal tiempo, con lluvias torrenciales y vientos de mucha fuerza. Durante todo el mes siguió más o menos la lluvia y el viento. El día 31, segundo día de la Pascua de Pentecostés, se celebraron en la catedralEste enlace se abrirá en una ventana nueva los Oficios correspondientes y los vallisoletanos se disponían a ir a la romería del Carmen, según la costumbre. A las 12 de la mañana arreció el temporal de agua, viento y granizo y los ciudadanos tuvieron que ponerse a refugio en sus casas. A las 3 de la tarde cesó la tormenta y la vida volvió a su quehacer diario. Horas después, cerca de las 5 de la tarde Valladolid se vio conmocionada con un ruido terrible y las casas cercanas sintieron una gran trepidación como consecuencia del derrumbe de la torre que se había venido abajo casi por completo, a partir del último cuerpo, el ochavado, donde estaban colocadas las campanas, arrastrando gran parte del tercer y segundo cuerpo, con el reloj incluido. Parte del derrumbe cayó a plomo sobre la fábrica de la catedralEste enlace se abrirá en una ventana nueva, sobre la capilla del Sagrario, destrozando la bóveda, y parte cayó sobre el lado que daba a poniente, cegando momentáneamente el cauce del río Esgueva. En su caída se llevó por delante las bóvedas, vigueteados, escaleras, balaustradas y cornisamientos y el antiguo rollo conocido como el león de la catedralEste enlace se abrirá en una ventana nueva que había sido trasladado desde la plaza de Santa María al atrio de la catedral. Tanto el historiador Matías Sangrador y Vítores como el periodista José Ortega Zapata narraron punto por punto estos acontecimientos. Ortega Zapata lo comentaba así:
    […] fue como si hubiesen disparado muchos cañones a la vez; y la ciudad y las habitaciones de las casas se vieron envueltas en densísima nube de polvo, casi impalpable, pero que asfixiaba […]
    Grabado de Fournier que muestra la fachada de la catedral
    de Valladolid antes de la caída de la torre en 1841

    No hubo ningún muerto y sólo dos personas resultaron dañadas: el campanero Juan Martínez y su esposa Valeriana PérezEste enlace se abrirá en una ventana nueva que tenían su vivienda en la torre en un cuarto junto al campanario. Al campanero le dio tiempo de cobijarse en uno de los vanos del tercer cuerpo que por fortuna no cayó con el derrumbe, pero la campanera cayó junto con los elementos de la torre que la "depositaron" entre escombros en la capilla del Sacramento, protegida por una viga. La mujer pasó 30 horas en aquella posición hasta que fue rescatada; estaba maltrecha y muy golpeada pero con vida.
    Intervención de las autoridades
    Las autoridades municipales, civiles, militares y religiosas acudieron sin demora al lugar de los hechos y se reunieron para decidir urgentemente los pasos a seguir. Llegó el alcalde Mariano Campesino, las tropas de guarnición, organizaron grupos de observación para estar alertas a posibles nuevos desprendimientos, otros grupos para el orden público, otros para salvaguardar el resto de la catedralEste enlace se abrirá en una ventana nueva y evitar el pillaje. También fue incluido como ayuda y mano de obra un grupo de presidiarios de los que estaban confinados en las dependencias del monasterio de San Pablo. A continuación llegaron los arquitectos, los maestros de obra y varios albañiles provistos con sus herramientas.
    Decidieron trasladar todos los objetos de la iglesia a otras parroquias y el alcalde tomó posesión de las llaves de las puertas para dejarlas bien cerradas y abrirlas sólo para que los obreros pudieran entrar y salir en el transcurso de las obras que empezarían muy pronto. El Cabildo catedralicio agradeció a todos su presencia y ayuda y así lo hizo constar en el Libro de Actas.
    Dibujo de Isidoro Domínguez Díez que muestra el derrumbamiento de la torre de la catedral de Valladolid.

    Desmantelamiento de las ruinas
    El informe de los arquitectos a la vista de cómo había quedado la torre fue desalentador. "El estado que presenta la torre es completamente desesperado". El Ayuntamiento tenía prisa por emplear medidas eficaces para evitar daños mayores de futuros desprendimientos de las ruinas que aún quedaban en pie. Se procedió en primer lugar a despejar toda la zona de los escombros caídos y una vez realizado este trabajo y siguiendo los consejos de los profesionales, se tomó la decisión de hacer el desmonte de la parte de la cúpula y del octógono que se mantenía en pie de forma muy insegura. Tanto el Ayuntamiento como el Cabildo se encontraban bastante escasos de fondos pero además no era fácil encontrar gente que quisiera hacer un trabajo tan peligroso. Fue entonces cuando se presentó voluntario Francisco González, un presidiario que cumplía condena por homicidio y que presentó un plan para proceder al derribo, con un presupuesto bastante bajo de 10.500 reales y como pago de su trabajo, la exención de su pena; los arquitectos estudiaron y aprobaron el plan que se fue desarrollando con éxito y que concluyó el 14 de agosto de 1841.
    Pero las autoridades no se conformaron con el desmonte de lo estrictamente ruinoso considerándolo insuficiente y decidieron que debía continuarse hasta llegar al primer cuerpo de la torre, es decir a la misma altura en que se encontraba la base de la torre de la parte este. Francisco González estuvo de acuerdo en seguir con la obra emprendida, pero esta vez cobrando, ya que había cumplido con lo pactado anteriormente. El Ayuntamiento le entregó 170.000 reales y la demolición continuó hasta la altura en que puede verse en la actualidad. Mientras tanto se iba haciendo muy despacio la labor de despejar los escombros acumulados de nuevo, salvando en lo posible los materiales que pudieran servir. Los compró el Ayuntamiento y se ocupó de su traslado, pero el resto de cascotes y escombro inútil permaneció en el sitio hasta el año 1843. También se fueron abriendo las calles afectadas, para que la ciudad volviera poco a poco a la normalidad.
    Restos de la torre hundida en 1841 tras el proceso de demolición, con
    la cornisa destrozada por el efecto de la caída de las piedras.

    Así quedó la primera y única torre de la catedral que nunca más fue levantada de nuevo. La catedral se vio sin torre, sin campanas y sin reloj. Las campanas y el reloj eran todo un símbolo y una necesidad para la población que confiaba tanto en unas como en otro, para los acontecimientos religiosos y de otra índole y para la distribución de su tiempo. La torre de la catedral y su reloj se veían desde cualquier punto de Valladolid y esa referencia se había perdido para siempre. Así, la vecina Universidad tuvo que construir una torre propia en 1857 para poder colocar un reloj en ella, pues hasta 1841 se había regido por el reloj catedralicio.
    Torre del lado de la epístola
    La segunda torre, la que se conserva, es obra del siglo XIX. Su primer cuerpo, de planta cuadrada, estaba ya edificado en simetría con la torre de poniente.
    En 1848 hubo un primer intento de reconstruir la torre perdida, pues el Cabildo pidió al arquitecto Epifanio Martínez de Velasco un estudio sobre el particular. Esto no siguió adelante hasta que en 1861 el Cabildo pidió al arquitecto Vicente Miranda un informe para levantar la torre en el mismo lugar que la anterior. El arquitecto, abrumado por la responsabilidad, pidió la creación de una comisión de arquitectos para ello, lo que se llevó a cabo. Estaba formada por Miranda, Jerónimo Ortiz de Urbina, Segundo Rezola y José Fernández Sierra, bajo la dirección de Antonio Iturralde Montel. Decidieron llevar a cabo una serie de catas en la base de la torre perdida y en la del lado de la Epístola. Un año después, en 1862, firmaban el proyecto. Éste trataba de construir ambas torres de la fachada de la Catedral siguiendo la forma de la torre desaparecida (es decir la torre trazada por Herrera más el remate ochavado) pero suprimiendo el segundo cuerpo de la torre, que tenía en los alzados dos ventanas superpuestas. Así, las torres proyectadas eran notablemente más bajas que la desaparecida, pero más económicas. No obstante, el proyecto no se pudo realizar por falta de fondos.
    En 1878 se decidió construir la torre del lado de la Epístola siguiendo el proyecto de 1862. La dirección recayó en Antonio Iturralde Montel. En 1879 se subastaron las obras y empezaron a agruparse materiales en la Plaza de la Universidad. En 1880 se iniciaron las obras, con gran fuerza. Para subir las piedras, se instalaron dos máquinas de vapor. A finales de año, el cuerpo de base cuadrada con los grandes arcos (el segundo piso) estaba ya a la altura de los arranques de los arcos y se empezaban a montar las cimbras para realizarlos. Sin embargo, la falta de fondos hizo que las obras se pararan poco después. En la primavera de 1884 las obras comenzaron de nuevo. A finales del verano, estaba ya concluido el segundo piso, con sus grandes arcos, hasta la barandilla. Durante el otoño e invierno, se construyó el cuerpo octogonal y se subieron las campanas el 27 de marzo.
    La Catedral sin las dos torres

    La torre, sin la cúpula de remate ni el cuerpo ochavado finalizado (de los ocho arcos para las campanas sólo tenía terminados dos), se inauguró el 4 de abril de 1885, día de Sábado Santo, en la Vigilia Pascual, que antes de 1951 se celebraba el sábado por la mañana en vez de por la noche. El acto comenzó con el toque a Gloria de la campana dedicada a San Miguel Arcángel, que procedía de la antigua torre derrumbada y que se había guardado y conservado.En agosto de este mismo año de 1885 se terminaron los arcos restantes y a las 5 de la tarde del día 11, el arzobispo de Valladolid Benito Sanz y Forés, en otra solemne ceremonia bendijo los arcos concluidos y la colocación de las otras cinco campanas.
    La torre durante la fase de construcción
    Pronto empezaron las críticas por la escasa esbeltez y altura de la torre (es fácil imaginarse el efecto sustrayendo de la torre actual la estatua del sagrado Corazón, cúpula, y el piso del reloj y tercer piso del cuerpo ochavado) y porque las campanas no se oían por ser demasiado baja la torre. Así, Antonio Iturralde se vio obligado a hacerla más alta que lo proyectado en un principio. A principios de 1886 se aprueba el proyecto de reforma de la torre, que añadía sobre lo construido dos pisos más, ochavados, uno con el reloj y otro con una nueva sala de campanas, rematando con cúpula. A principios de la primavera de 1887 se terminaba el cuerpo del reloj y a finales del verano se estaban terminando los arcos del último piso ochavado, la nueva sala de campanas. En ese momento, surgen dudas sobre la estabilidad de la torre, pues Iturralde no había hecho cálculos de pesos ni de resistencia de materiales. Solventados estos problemas, en 1888 se subían las campanas al tercer piso del cuerpo ochavado, donde hoy se siguen encontrando. La torre se remató en 1890 con un tejado de escasa pendiente en lugar de la cúpula proyectada y un pararrayos.
    Todavía quedaba por terminar el remate de la balaustrada, la cúpula y una linterna con que debía rematarse el proyecto. La falta de recursos hizo que de momento se cubriera de forma provisional a la espera de su culminación que llegaría años después.
    Fachada de la catedral de Valladolid. La fotografía es anterior a1923 por lo que la torre se encuentra sin la estatua del Sagrado Corazón.

    Fin de las obras
    En 1911 se instaló en la torre un reloj de cuatro esferas. En 1923 continuaron las obras para la culminación. Se construyó la cúpula, pero la linterna proyectada fue sustituida por la estatua del Sagrado Corazón, obra del escultor Ramón Núñez y en 1924 con la instalación del pararrayos en la estatua, se dio por finalizada la obra de la construcción de esta torre que se había iniciado en 1880.
    Estado actual de la Catedral

    Es lunes de Pentecostés del años 1841, mientras la gente regresaba de la romería del Carmen de Extramuros, la torre de la catedral de Valladolid -a la que los ciudadanos llamaban con orgullo la Buena Moza- se vino al suelo con gran estrépito arrastrando en su caída a Valeriana, la mujer del campanero. Recuperando algunos personajes reales e inventando otros, Miguel Ángel Galguera nos traslada, a partir de este singular episodio de la historia, a una época de bravucones y señores, guapas y trabajadores, gitanos y alguaciles, que verán cómo un gallego es el único capaz de tumbarse él solo a la Buena Moza de Valladolid.

    -Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/Torres_de_la_catedral_de_ValladolidEste enlace se abrirá en una ventana nueva
  • Añadido el 28 de enero de 2013
    Votos:
    +9
    -8

    La tragedia de la Discoteca Siete Siete

    FOTO: G.VILLAMIIL Y R. GOMEZ
    (El Norte de Castilla)

    Eran las 6:15 de la mañana de aquel 6 de octubre de 1996 en la Avenida de Santa Teresa nº 34, en el barrio de la Rondilla, cuando los últimos clientes abandonaban la discoteca Siete Siete. El local ya había cerrado, y los empleados hacían caja y recogían las copas vacías. En la discoteca había unas 20 personas  según relataron algunos testigos. Minutos después los bomberos reciben varias llamadas. Un incendio que en principio había sido controlado con un extintor por Jesús Arranz Sanz, uno de los propietarios del establecimiento, se reavivó produciendo grandes llamaradas y una intensa humareda. La discoteca cumplía los requisitos de seguridad, según las autoridades. Las causas del siniestro no se han determinado, aunque varios testigos afirmaron que el fuego se debió a una colilla o un papel encendido debajo de unos sillones.
    Lucía Escudero Martínez, de  51 años, que trabajaba como guardarropa en el establecimiento, no consiguió llegar a la puerta. Mari Carmen Velasco González, una cuellarana de 37 años que, al parecer, había regresado a la discoteca para recoger su bolso, tampoco logró encontrar la salida. Las dos mujeres fueron las primeras víctimas, cuyos cadáveres calcinados fueron rescatados sobre las 9,30 de la madrugada.

    Foto: ABC
    Dos horas antes, el sargento del Cuerpo de Bomberos José Luis Vidal Arias, de 39 años, y el bombero Juan Carlos Matarranz de las Moras, de 34, quedaron envueltos en humo y llamas cuando buscaban los cadáveres de las dos mujeres. Habían logrado llegar hasta el guardarropa de la discoteca con equipos autónomos, pero los accesos se habían convertido en el tiro de una chimenea gigante que les retuvo de forma trágica.
    El suboficial Gerardo Abia Romero había bajado con ellos y fue el único que consiguió salir.
    A pesar de producirse quemaduras en la mano izquierda y en una oreja participó activamente en la búsqueda de sus compañeros y en el rescate de las dos mujeres. Sólo cuando el siniestro fue totalmente controlado accedió a trasladarse al Hospital del Río Hortega.
    Así informó El Norte de Castilla
    A pesar de la fatiga y la emoción, el suboficial Gerardo Abia cambió su botella de oxígeno en varias ocasiones para ayudar a localizar los cuerpos de las cuatro personas, que no empezaron a ser evacuadas hasta poco después de las 8,30 de la mañana.
    En total cuatro personas murieron y otras seis resultaron heridas.
    Los 44 vecinos del edificio en el que se encuentra la discoteca fueron desalojados inmediatamente por Protección Civil, debido al peligro de inhalación de humo y por su propia seguridad, ante la duda de si el fuego había afectado a la estructura del edificio. Según el alcalde, tras la inspección técnica de los responsables municipales se determinó que "las normas de seguridad con que contaba el establecimiento impidió males mayores, tanto en la estructura del inmueble como en cuanto a víctimas". Además de la destrucción de la discoteca, las dos casas más próximas, que se encontraban sobre la sala de fiestas, resultaron seriamente afectadas.

    Foto: Ramón Gómez (El Norte de Castilla)

    La única persona condenada por el incendio en la discoteca Siete Siete, fue el dueño de la sala de fiestas Jesús Arranz que fue condenado el 26 de octubre de 2000 por el Juzgado de lo Penal número 2 por dos faltas por homicidio correspondientes a las muertes de la empleada de la discoteca, Lucía Escudero Martínez, y de la clienta María del Carmen Velasco González, y por otras cinco faltas más de lesiones por imprudencia leve de los cinco heridos en el suceso.

    Ver mapa más grandeEste enlace se abrirá en una ventana nueva

    -Fuentes: El Norte de Castilla, El País, Diario ABC

  • Añadido el 12 de noviembre de 2011
    Votos:
    +9
    -3

    La voladura del Puente Mayor

    Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes

    Por Juan Carlos Urueña Paredes
    Se trata de una de las voladuras que sufrió el Puente MayorEste enlace se abrirá en una ventana nueva durante la guerra de la Independencia. Los franceses huyen acosados por las tropas de Wellington.
    El testimonio más conciso de las voladuras, nos lo dejo escrito don Hilarión Sancho en su Diario de 1812: Mes de julio "Dia 29, hubo una gran conmoción entre los franceses para evacuar esta ciudad, lo que ejecutaron por la tarde, y lo mismo los afrancesados; los últimos que quedaron volaron el primer ojo nuevo del puente mayor, aunque no del todo"… " El 7 de septiembre volvieron a escapar los franceses por el camino de Cigales, habiendo volado lo que quedaba del ojo del puente".
    Localizar el ojo que fue volado en primer lugar resulta difícil. La única pista que da es cuando lo califica como "nuevo". La reparación más importante que sufrió el puente inmediatamente anterior a la crónica, fue la efectuada en 1796 que subsano los daños de un arco que "con las avenidas del agua ha sufrido una quiebra de mucha consideración". El arco fue reconstruido y puede ser al que se refiere don Hilarión, pero desgraciadamente la noticia tampoco dice que arco fue.
    Sigue don Hilarión: "El 29 de dicho octubre se retiraron nuestras tropas poniéndose a salvo volando el puente de CabezónEste enlace se abrirá en una ventana nueva, el de Simancas y el segundo ojo del Puente MayorEste enlace se abrirá en una ventana nueva de nuestra ciudad". Cuando dice "el segundo ojo", debe referirse a que fue el siguiente en ser volado, no al espacio que ocupaba. Aquí nos planteamos si los ojos volados fueron contiguos, y parece ser lo lógico si lo que se buscaba era aumentar el estropicio.
    Ante la falta de datos, recurrimos al examen visual. Efectivamente, los arcos cuarto y quinto contando desde el lado de la playa son modernos, de medio punto y no apuntados como los medievales. Y aunque hay más arcos reformados, estos parecen haber sido hechos en una misma actuación. ¿Serian los reconstruidos por el cantero Yrure catorce años después? Suponemos que si, y hemos hecho la recreación siguiendo esta hipótesis. Como dije, nos basamos también en la fotografía tomada escasas décadas después de producirse este episodio.
    No falta tanto para celebrar el bicentenario de la liberación de Valladolid, y sería precioso si el Ayuntamiento recreara en vivo este suceso histórico, asunto fácil si se cuenta con la ayuda de las asociaciones que reviven cada año la batalla del Moclín en Rioseco.
    http://www.medinaderioseco.com/actualidad/index.shtml?idboletin=335&idseccion=8922Este enlace se abrirá en una ventana nueva
  • Añadido el 24 de octubre de 2012
    Votos:
    +6
    -6

    El derrumbe de la torre de la Catedral

    Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes (www.azulín.esEste enlace se abrirá en una ventana nueva), portada del libro La buena MozaEste enlace se abrirá en una ventana nueva
    de Miguel Ángel Galguera

    El mes de mayo de 1841 había comenzado en Valladolid con muy mal tiempo, con lluvias torrenciales y vientos de mucha fuerza. Durante todo el mes siguió más o menos la lluvia y el viento. El día 31, segundo día de la Pascua de Pentecostés, se celebraron en la catedralEste enlace se abrirá en una ventana nueva los Oficios correspondientes y los vallisoletanos se disponían a ir a la romería del Carmen, según la costumbre. A las 12 de la mañana arreció el temporal de agua, viento y granizo y los ciudadanos tuvieron que ponerse a refugio en sus casas. A las 3 de la tarde cesó la tormenta y la vida volvió a su quehacer diario. Horas después, cerca de las 5 de la tarde Valladolid se vio conmocionada con un ruido terrible y las casas cercanas sintieron una gran trepidación como consecuencia del derrumbe de la torre que se había venido abajo casi por completo, a partir del último cuerpo, el ochavado, donde estaban colocadas las campanas, arrastrando gran parte del tercer y segundo cuerpo, con el reloj incluido. Parte del derrumbe cayó a plomo sobre la fábrica de la catedralEste enlace se abrirá en una ventana nueva, sobre la capilla del Sagrario, destrozando la bóveda, y parte cayó sobre el lado que daba a poniente, cegando momentáneamente el cauce del río Esgueva. En su caída se llevó por delante las bóvedas, vigueteados, escaleras, balaustradas y cornisamientos y el antiguo rollo conocido como el león de la catedralEste enlace se abrirá en una ventana nueva que había sido trasladado desde la plaza de Santa María al atrio de la catedral. Tanto el historiador Matías Sangrador y Vítores como el periodista José Ortega Zapata narraron punto por punto estos acontecimientos. Ortega Zapata lo comentaba así:
    […] fue como si hubiesen disparado muchos cañones a la vez; y la ciudad y las habitaciones de las casas se vieron envueltas en densísima nube de polvo, casi impalpable, pero que asfixiaba […]
    Grabado de Fournier que muestra la fachada de la catedral
    de Valladolid antes de la caída de la torre en 1841

    No hubo ningún muerto y sólo dos personas resultaron dañadas: el campanero Juan Martínez y su esposa Valeriana PérezEste enlace se abrirá en una ventana nueva que tenían su vivienda en la torre en un cuarto junto al campanario. Al campanero le dio tiempo de cobijarse en uno de los vanos del tercer cuerpo que por fortuna no cayó con el derrumbe, pero la campanera cayó junto con los elementos de la torre que la "depositaron" entre escombros en la capilla del Sacramento, protegida por una viga. La mujer pasó 30 horas en aquella posición hasta que fue rescatada; estaba maltrecha y muy golpeada pero con vida.
    Intervención de las autoridades
    Las autoridades municipales, civiles, militares y religiosas acudieron sin demora al lugar de los hechos y se reunieron para decidir urgentemente los pasos a seguir. Llegó el alcalde Mariano Campesino, las tropas de guarnición, organizaron grupos de observación para estar alertas a posibles nuevos desprendimientos, otros grupos para el orden público, otros para salvaguardar el resto de la catedralEste enlace se abrirá en una ventana nueva y evitar el pillaje. También fue incluido como ayuda y mano de obra un grupo de presidiarios de los que estaban confinados en las dependencias del monasterio de San Pablo. A continuación llegaron los arquitectos, los maestros de obra y varios albañiles provistos con sus herramientas.
    Decidieron trasladar todos los objetos de la iglesia a otras parroquias y el alcalde tomó posesión de las llaves de las puertas para dejarlas bien cerradas y abrirlas sólo para que los obreros pudieran entrar y salir en el transcurso de las obras que empezarían muy pronto. El Cabildo catedralicio agradeció a todos su presencia y ayuda y así lo hizo constar en el Libro de Actas.
    Dibujo de Isidoro Domínguez Díez que muestra el derrumbamiento de la torre de la catedral de Valladolid.

    Desmantelamiento de las ruinas
    El informe de los arquitectos a la vista de cómo había quedado la torre fue desalentador. "El estado que presenta la torre es completamente desesperado". El Ayuntamiento tenía prisa por emplear medidas eficaces para evitar daños mayores de futuros desprendimientos de las ruinas que aún quedaban en pie. Se procedió en primer lugar a despejar toda la zona de los escombros caídos y una vez realizado este trabajo y siguiendo los consejos de los profesionales, se tomó la decisión de hacer el desmonte de la parte de la cúpula y del octógono que se mantenía en pie de forma muy insegura. Tanto el Ayuntamiento como el Cabildo se encontraban bastante escasos de fondos pero además no era fácil encontrar gente que quisiera hacer un trabajo tan peligroso. Fue entonces cuando se presentó voluntario Francisco González, un presidiario que cumplía condena por homicidio y que presentó un plan para proceder al derribo, con un presupuesto bastante bajo de 10.500 reales y como pago de su trabajo, la exención de su pena; los arquitectos estudiaron y aprobaron el plan que se fue desarrollando con éxito y que concluyó el 14 de agosto de 1841.
    Pero las autoridades no se conformaron con el desmonte de lo estrictamente ruinoso considerándolo insuficiente y decidieron que debía continuarse hasta llegar al primer cuerpo de la torre, es decir a la misma altura en que se encontraba la base de la torre de la parte este. Francisco González estuvo de acuerdo en seguir con la obra emprendida, pero esta vez cobrando, ya que había cumplido con lo pactado anteriormente. El Ayuntamiento le entregó 170.000 reales y la demolición continuó hasta la altura en que puede verse en la actualidad. Mientras tanto se iba haciendo muy despacio la labor de despejar los escombros acumulados de nuevo, salvando en lo posible los materiales que pudieran servir. Los compró el Ayuntamiento y se ocupó de su traslado, pero el resto de cascotes y escombro inútil permaneció en el sitio hasta el año 1843. También se fueron abriendo las calles afectadas, para que la ciudad volviera poco a poco a la normalidad.
    Restos de la torre hundida en 1841 tras el proceso de demolición, con
    la cornisa destrozada por el efecto de la caída de las piedras.

    Así quedó la primera y única torre de la catedral que nunca más fue levantada de nuevo. La catedral se vio sin torre, sin campanas y sin reloj. Las campanas y el reloj eran todo un símbolo y una necesidad para la población que confiaba tanto en unas como en otro, para los acontecimientos religiosos y de otra índole y para la distribución de su tiempo. La torre de la catedral y su reloj se veían desde cualquier punto de Valladolid y esa referencia se había perdido para siempre. Así, la vecina Universidad tuvo que construir una torre propia en 1857 para poder colocar un reloj en ella, pues hasta 1841 se había regido por el reloj catedralicio.
    Torre del lado de la epístola
    La segunda torre, la que se conserva, es obra del siglo XIX. Su primer cuerpo, de planta cuadrada, estaba ya edificado en simetría con la torre de poniente.
    En 1848 hubo un primer intento de reconstruir la torre perdida, pues el Cabildo pidió al arquitecto Epifanio Martínez de Velasco un estudio sobre el particular. Esto no siguió adelante hasta que en 1861 el Cabildo pidió al arquitecto Vicente Miranda un informe para levantar la torre en el mismo lugar que la anterior. El arquitecto, abrumado por la responsabilidad, pidió la creación de una comisión de arquitectos para ello, lo que se llevó a cabo. Estaba formada por Miranda, Jerónimo Ortiz de Urbina, Segundo Rezola y José Fernández Sierra, bajo la dirección de Antonio Iturralde Montel. Decidieron llevar a cabo una serie de catas en la base de la torre perdida y en la del lado de la Epístola. Un año después, en 1862, firmaban el proyecto. Éste trataba de construir ambas torres de la fachada de la Catedral siguiendo la forma de la torre desaparecida (es decir la torre trazada por Herrera más el remate ochavado) pero suprimiendo el segundo cuerpo de la torre, que tenía en los alzados dos ventanas superpuestas. Así, las torres proyectadas eran notablemente más bajas que la desaparecida, pero más económicas. No obstante, el proyecto no se pudo realizar por falta de fondos.
    En 1878 se decidió construir la torre del lado de la Epístola siguiendo el proyecto de 1862. La dirección recayó en Antonio Iturralde Montel. En 1879 se subastaron las obras y empezaron a agruparse materiales en la Plaza de la Universidad. En 1880 se iniciaron las obras, con gran fuerza. Para subir las piedras, se instalaron dos máquinas de vapor. A finales de año, el cuerpo de base cuadrada con los grandes arcos (el segundo piso) estaba ya a la altura de los arranques de los arcos y se empezaban a montar las cimbras para realizarlos. Sin embargo, la falta de fondos hizo que las obras se pararan poco después. En la primavera de 1884 las obras comenzaron de nuevo. A finales del verano, estaba ya concluido el segundo piso, con sus grandes arcos, hasta la barandilla. Durante el otoño e invierno, se construyó el cuerpo octogonal y se subieron las campanas el 27 de marzo.
    La Catedral sin las dos torres

    La torre, sin la cúpula de remate ni el cuerpo ochavado finalizado (de los ocho arcos para las campanas sólo tenía terminados dos), se inauguró el 4 de abril de 1885, día de Sábado Santo, en la Vigilia Pascual, que antes de 1951 se celebraba el sábado por la mañana en vez de por la noche. El acto comenzó con el toque a Gloria de la campana dedicada a San Miguel Arcángel, que procedía de la antigua torre derrumbada y que se había guardado y conservado.En agosto de este mismo año de 1885 se terminaron los arcos restantes y a las 5 de la tarde del día 11, el arzobispo de Valladolid Benito Sanz y Forés, en otra solemne ceremonia bendijo los arcos concluidos y la colocación de las otras cinco campanas.
    La torre durante la fase de construcción
    Pronto empezaron las críticas por la escasa esbeltez y altura de la torre (es fácil imaginarse el efecto sustrayendo de la torre actual la estatua del sagrado Corazón, cúpula, y el piso del reloj y tercer piso del cuerpo ochavado) y porque las campanas no se oían por ser demasiado baja la torre. Así, Antonio Iturralde se vio obligado a hacerla más alta que lo proyectado en un principio. A principios de 1886 se aprueba el proyecto de reforma de la torre, que añadía sobre lo construido dos pisos más, ochavados, uno con el reloj y otro con una nueva sala de campanas, rematando con cúpula. A principios de la primavera de 1887 se terminaba el cuerpo del reloj y a finales del verano se estaban terminando los arcos del último piso ochavado, la nueva sala de campanas. En ese momento, surgen dudas sobre la estabilidad de la torre, pues Iturralde no había hecho cálculos de pesos ni de resistencia de materiales. Solventados estos problemas, en 1888 se subían las campanas al tercer piso del cuerpo ochavado, donde hoy se siguen encontrando. La torre se remató en 1890 con un tejado de escasa pendiente en lugar de la cúpula proyectada y un pararrayos.
    Todavía quedaba por terminar el remate de la balaustrada, la cúpula y una linterna con que debía rematarse el proyecto. La falta de recursos hizo que de momento se cubriera de forma provisional a la espera de su culminación que llegaría años después.
    Fachada de la catedral de Valladolid. La fotografía es anterior a1923 por lo que la torre se encuentra sin la estatua del Sagrado Corazón.

    Fin de las obras
    En 1911 se instaló en la torre un reloj de cuatro esferas. En 1923 continuaron las obras para la culminación. Se construyó la cúpula, pero la linterna proyectada fue sustituida por la estatua del Sagrado Corazón, obra del escultor Ramón Núñez y en 1924 con la instalación del pararrayos en la estatua, se dio por finalizada la obra de la construcción de esta torre que se había iniciado en 1880.
    Estado actual de la Catedral

    Es lunes de Pentecostés del años 1841, mientras la gente regresaba de la romería del Carmen de Extramuros, la torre de la catedral de Valladolid -a la que los ciudadanos llamaban con orgullo la Buena Moza- se vino al suelo con gran estrépito arrastrando en su caída a Valeriana, la mujer del campanero. Recuperando algunos personajes reales e inventando otros, Miguel Ángel Galguera nos traslada, a partir de este singular episodio de la historia, a una época de bravucones y señores, guapas y trabajadores, gitanos y alguaciles, que verán cómo un gallego es el único capaz de tumbarse él solo a la Buena Moza de Valladolid.

    -Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/Torres_de_la_catedral_de_ValladolidEste enlace se abrirá en una ventana nueva
  • Añadido el 8 de mayo de 2012
    Votos:
    +11
    -8

    FASA 00001. El primer Renault fabricado en Valladolid

    El miércoles 12 de agosto de 1953 desfilan sin matrícula por las calles de Valladolid los primeros Renault 4/4 fabricados en FASA. Hicieron el recorrido partiendo de la fábrica y se estacionaron en la Plaza Mayor, delante del Ayuntamiento, para la presentación oficial.
    De aquel primer desfile se hacía eco la prensa local, con titulares como "Once Renaults por las calles de Valladolid" o "Los primeros once automóviles de la FASA desfilaron ayer por las calles ".
    Enrique Martín Mingarro (Madrid 1949). Restaurador y conservador, localizó en 1997 en un desguace de Madrid el primer Renault 4/4, denominado FASA 00001, que sorprendentemente había sido "tirado" por la mismísima FASA. 
     Estado en que fue encontrado el coche antes de ser "rescatado del desguace"
    Tras ser adquirido, en marzo de 2002 comenzó el laborioso proceso de restauración dado el pésimo estado en que se encontraba el vehículo y que finalizaría 18 meses después. Enrique organizó la celebración de 50 años de la Fabricación del 4/4 en Valladolid en Septiembre de 2003, donde se presentó por primera vez el FASA 00001, con matrícula M-106741, ya restaurado y colaboró activamente en la exposición "El 4/4 y FASA. De Valladolid al éxito", celebrada en el Museo de la Ciencia de Valladolid entre mayo y octubre de 2005, cediendo el nº 00001 y aportando mucho del material expuesto. El pequeño 4/4 fue trasladado pero, sin embargo, volvería al lugar que lo vio nacer el 16 de mayo de 2007: al Museo de la Ciencia, donde permanecerá de manera permanente como muestra fundamental del patrimonio.
     El vehículo una vez restaurado
     No cabe duda de que este coche supuso en su época toda una revolución social, empresarial y económica, y que su rescate es un acontecimiento importante para la historia de Valladolid. De ahí que la Junta de Castilla y León lo declarase el 17 de diciembre de 2004, Bien de Interés Cultural, una distinción única con la que hasta el momento sólo cuenta esta pequeña joya.
    "La restauración del FASA 00001 ha consumido una parte importante de mi vida, llevándose dedicación, favores, desembolsos y sacrificios. Se la dedico a mi mujer y mis hijos, con el deseo de que sepan valorar lo que una ilusión hecha realidad puede significar"
    Enrique Martín Mingarro
    -Fuente de las fotografías: FASA y el 4/4. Así comenzó todo. ISBN: 978-84-92535-14-9. Coordinación editorial: Enrique Berzal de la Rosa. Publicado por el diario El Mundo en 2009.
    -Fuente del texto: FASA y el 4/4. Así comenzó todo. ISBN: 978-84-92535-14-9 y      http://blogmuseocienciavalladolid.esEste enlace se abrirá en una ventana nueva
  • Añadido el 20 de agosto de 2012
    Votos:
    +8
    -7

    El incendio de la Iglesia de San Pablo de 1968


    El pavoroso incendio se declaró el 9 de septiembre de 1968. El fuego fue descubierto durante la celebración de una de las misas de primera hora de la tarde. Inmediatamente se dio orden a los fieles para que abandonaran el templo, cosa que llevaron a cabo con relativa calma. 
    Rápidamente comenzaron a verse las llamas en la bóveda de la iglesia. A las tres y media de la tarde ya se habían perdido, por lo menos, la mitad de la bóveda, obra de mediados del siglo XV, pintada por Carducho.
    Con la mayor celeridad fueron avisados los bomberos del parque de esta ciudad. También fueron avisados los de Palencia.
    Tan pronto como fue divulgada la noticia del incendio, se presentaron en el lugar del suceso el capitan general, gobernador civil, alcalde de la ciudad, jefe superior de Policía, delegado provincial del Ministerio de Información y Turismo, jefe de la Policía Armada, otras autoridades y arquitectos municipales.
    Se trabajó intensamente para evitar que el fuego se propagase al Museo Nacional de Escultura PolicromadaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, edificio contiguo a la iglesia de San PabloEste enlace se abrirá en una ventana nueva.
    Las pérdidas fueron de gran consideración, debido a las obras de arte que contiene el referido monumento. El siniestro se inició en la bóveda superior del altar mayor.

    -Fuente: Diario ABC
  • Añadido el 7 de marzo de 2020
    Votos:
    +1
    -0

    Pestes y epidemias en la historia de Valladolid


    No es lugar para comentar las causas ni las consecuencias originarias de las pestes que azoraron Europa y Valladolid, de forma periódica, hasta el siglo XX. Peste era sinónimo de contagio. La pronunciación de la misma palabra, «pestilencia», sobrecogía a las gentes. Cada una de sus manifestaciones era considerada como un azote y castigo divino. Las primeras pestes documentadas que afectaron a Valladolid se producen a finales del siglo XIV.
    Procede de Asia y se la conoce con el nombre de «bubónica» por manifestarse por medio de carbuncos y bubones.
    El siglo XV está jalonado de fechas en las que las pestilencias originaron grandes mortandades: las de 1437, 1441, 1457, 1478, 1485, 1488 y 1495. La profesora Maria A. Fernéndez del Hoyo documenta como actuaban las gentes de las diferentes capas sociales: los poderosos y ricos huyen de la ciudad (los miembros de la Chancillería, el Concejo y la misma Corte). En numerosas ocasiones se cierran las puertas de las murallas de la ciudad, previa expulsión de mendigos y forasteros pobres, además de recluir a los ya contagiados en hospitales extramuros. Entre los que se quedan, unos se dedican a hacer penitencia y otros a disfrutar de todo tipo de placeres, mientras permanecían vivos. El siglo XVI no fue menos mortífero. Comenzó con la peste de 1507, a la que siguió la de 1517 y 1527 para alcanzar su culminación en los últimos diez años del siglo. Entre 1597 y 1599 la población de Valladolid quedó diezmada. 500.000 muertes en España. La peste se manifestaba a través de «carbuncos, bubones y secas». Las medidas sanitarias adoptadas acudieron a todos los remedios: desde encender hogueras quemando plantas aromáticas a las consabidas sangrías, purgas, y un sinfín de triquiñuelas seudomédicas que se aplicaban sobre los enfermos. Pero, sobre todo, se recurriría a la Divinidad mediante procesiones y plegarias, dirigiéndose a los santos milagreros al uso San Roque y la Virgen de San Lorenzo.
     Las pestes provocaban el abandono de los contagiados con tal de salvarse uno mismo. Véanse padres que abandonaban a los hijos, o Viceversa. En Valladolid murieron durante esa peste 6.600 personas. En el siglo XVII fue el tifus el que originó importantes mortandades; en cambio en el XVIII el paludismo provocó 26.500 enfermos y 1.367 muertos entre 1786 y 1787. Durante el siglo XIX fue el «cólera morbo» que en 1834 mató en Valladolid a unas 2.000 personas. El siglo se despidió con una epidemia de gripe que afectaba a niños y ancianos, entre los que hizo estragos. En el siglo XX fue la viruela y una epidemia gripal. En el año 1918 llegó a afectar a 10.000 personas, habiendo días que morían unas 30. Más recientemente se declaró el SIDA que hizo estragos, primero en un sector de la población, para generalizarse al resto. A nivel mundial hemos tenido noticia de «la gripe del polio» que ha tenido en jaque al país más poblado de la tierra: China. Ahora, en pleno siglo XXI el coronavirus, proveniente también de China, nos vuelve a traer de cabeza. Siente uno la sensación de provisionalidad vital y estar a merced de cualquier «evento» pues, muy a pesar de todos los logros y avances médicos, el mundo de los gérmenes presenta numerosas incógnitas, ni siquiera imaginables.
    Fuente: Historias de Valladolid (Miguel Ángel Martín Móntes)
  • Añadido el 24 de mayo de 2011
    Votos:
    +10
    -8

    Putas, pulgas y piojos en Valladolid


    Parecía una opinión generalizada entre los viajeros extranjeros que pasaron y vivieron en Valladolid, a principios del siglo XVIII, que esta ciudad era poco recomendable, desde el punto de vista higiénico. Sin embargo, las "Ordenanzas para el buen gobierno de la república de Valladolid" del año 1549, así como las posteriores reediciones de siglos sucesivos, hasta la última del año 1886, hacen gran hincapié en la limpieza de las calles. Tal es así que la segunda ordenanza se titulaba "Para todo lo que toca a la limpieza del pueblo" contando nada menos que con 15 capítulos.
    En este sentido, resulta algo difícil hacerse una idea sobre los sistemas de limpieza e higiene de que disponían las ciudades, villas y pueblos en la época medieval y moderna; aunque se puede concluir que debieron ser penosos. Si lo era en una ciudad como Valladolid, comparada con las mejores de Europa: Arras, Bruselas ¿cómo imaginar las poblaciones de menor tamaño? No existía en las villas y pueblos un sistema de alcantarillado, ni canalizaciones, ni desagües, eran las mismas calles que hacían esa función, "las necesidades naturales …se hacían en cacharros y orinales que todos los días se vaciaban en las calles", según describe el viajero Vital. T. Pinheiro es más descriptivo: "…y porque cuanta suciedad y estiércol y pudrición hay en las casas se echa en las calles sin castigo, todas las noches, aún allí donde pasa el río por las puertas …y en lloviendo media hora se reblandece esta brotando lodo que da por la rodilla…". Si existían, en cambio, en algunas viviendas los "pozos negros", los cuales una vez saturados construían otros en la tierra natural.
    Las necesidades naturales …se hacían directamente donde daba el apretón o en cacharros y orinales que todos los días se vaciaban en las calles

    Esto tenía su contrapartida pues las aguas filtradas de numerosos pozos llegaban a los niveles freáticos contaminándolos. ¿Y el estado de las calles? Parece que parte de ellas se encontraban empedradas. Tenemos noticia de que entre 1497 y 1502 la calle de las Damas (hoy Leopoldo Cano) debió ser empedrada; también la calle "que es comienza desde la casa de carrança …y va hacia la iglesia de sant salvador…(año 1499)". En ellas se vertía todo tipo de inmundicias, de otro modo las Ordenanzas no harían tanto hincapié en esos aspectos. Según señala las prohibiciones de los capítulos 3, 4, 5 de la Ordenanza II: la número 4 dice: "Ningún persona vacié a las puertas caldo de tripas"; la nº 8: "Que en los albañales de las casas no se hechen vacinadas ni mal olor".
    A ello hay que añadir la existencia de los dos ramales del río Esgueva que pasaban por el centro de la villa y hacían las veces de cloacas, referido en el quinto capítulo de la Ordenanza II "No se pueden hechar en las esguevas ni ríos cueros a curtir". En fin, que las Ordenanzas estaban hechas para ser transgredidas, el resultado del estado de las calles y la ciudad lo describen viajeros com el francés B. Joly; al llegar a Valladolid dice que "entramos por sucias y fangosas avenidas. Es la más sucia tierra de España, y de más lodo"; también el portugués T. Pinheiro, gran adulador de la ciudad escribe, con olor pestífero… de modo que no dura la vida en Valladolid la mitad que en Lisboa, porque come un polvo en verano y lodo en invierno".
    Al rio Esgueva iban a parar todos los desechos e inmundicias

    El relato del arquero real holandés Enrique Cock es descorazonador: "Valladolid, tiene en abundancia, pícaros, putas, plaitos, polvos, piedras, puercos, piojos, pulgas, y de continuo nieblas que el día casi se iguala con la noche", para a continuación equiparar a Valladolid con un corral de vacas, si se le compara con Flandes, Roma o Venecia. A todo este cúmulo de aspectos ambientales negativos en los que se desarrolla la vida en los núcleos urbanos, si se le añaden años de malas cosechas o inundaciones (que la hubo y numerosas), se obtienen todos los elementos para que las enfermedades prendiesen inmediatamente en la población originando las temibles "pestes". Años de grandes mortandades fueron 1437, 1441, 1457, 1478, 1488, 1495. En el siglo XVI también fueron cíclicas, la de 1507, año en que se cerraron las puertas de la ciudad; la de 1517 originó que la Corte, Chancillería y acaudalados huyeran de la ciudad; la de 1527, y la década de los años 90 fueron terribles, hasta desembocar en la temible pestilencia del año 1599, que causó una mortandad aproximada de unos 500.000 individuos en todo el país.
    Las enfermedades prendieron inmediatamente en la
    población originando las temibles "pestes"

    Hemos de pensar, sin embargo, que estos testimonios sobre Valladolid parecen algo exagerados. Para enmendar todas esas "pes" de Cock que cuelga a Valladolid, está el vallisoletano Dámaso de Frías, quién en su alabanza a la ciudad, no deja lugar a dudas al referir que "si el mundo fuera huevo, Valladolid fuera la yema".

    -Fuente: Historias de Valladolid. (Miguel Ángel Martín Montes). ISBN:84-95389-95-9
  • Añadido el 13 de marzo de 2012
    Votos:
    +9
    -6

    Templarios en Valladolid


    La existencia de un convento templario en Valladolid es indudable, nombrándolo todos los historiadores locales, quienes citan una bula de Alejandro III (1159-1181) en la que aparece junto a otros cuatro que la orden tenía en la península. No sabemos la fecha concreta de su establecimiento en nuestra ciudad, pero sí que organizaron sus actividades en torno a una ermita dedicada a San Juan Bautista que existía desde la segunda mitad del siglo XII y que estaba situada junto a una de las puertas de la ciudad, a la que dio nombre. Posteriormente, y tas la ampliación de las murallas, quedó incluido en el interior de la ciudad, en una zona que adquirió gran importancia residencial y cortesana. Ocupó el espacio que actualmente está comprendido entre las calles Cardenal Mendoza, ColónEste enlace se abrirá en una ventana nueva y Huelgas y la plaza de San Juan.
    La iglesia según dibujo del libro "La historia de Valladolid", de Antolinez de Burgos

    Al ser suprimida la orden en 1312, la iglesia pasó a ejercer la función de parroquia y las dependencias del convento a poder de la Corona, como en otros lugares de Castilla. La reina doña María de MolinaEste enlace se abrirá en una ventana nueva las cedió a su canciller, el abad de Santander don Nuño Pérez de Monroy, quien habilitó parte de ellas para hospital de pobres, y el resto lo convirtió en palacio, en el que en ocasiones se hospedaron los propios monarcas, entre ellos Pedro I cuando vino a Valladolid a contraer matrimonio con doña Blanca de Borbón. Al morir , don Nuño Pérez cedió el patronazgo del hospital al cercano monasterio de las Huelgas, que lo poseyó hasta que un incendio lo destruyó completamente, siendo los materiales empleados por las monjas para la construcción de su nueva iglesia.
    En los solares que quedaron tras la desaparición del hospital se abrió una calle a la que, en memoria de los caballeros que allí vivieron, se dio el nombre de calle de los Templarios, paralela a otra llamada de la Magdalena, en la que se levantaba la iglesia del mismo nombre. Entre los años 1886 y 1889 se derribaron los edificios situados entre ambas, abriéndose la actual calle Colón, denominada así por creerse que en una casa cercana al templo de la MagdalenaEste enlace se abrirá en una ventana nueva murió el descubridor de América.
    Iglesia de San Juan Bautista según el plano de Bentura Seco
    En cuanto a la iglesia, desempeñó sus funciones parroquiales hasta el año 1841 fecha en la que, debido a su estado ruinoso, se cerró al culto, siendo sustituida en su cometido por la del antiguo convento de Belén. Fue derribada poco después, pero conservamos dos representaciones de ells, por lo menos. La más antigua es de hacia 1738 y correspondiente al plano de Valladolid que por esas fechas realizó Bentura Seco y que conocemos por la reproducción que a principios de sigló se realizó bajo la dirección de Agapito y RevillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva. En él nuestra iglesia aparece como un sencillo edificio rectangular cubierto con un tejado a dos aguas, con estrechas ventanas y una torre de cuatro cuerpos y remate piramidal.
    La segunda puede situarse entre los años 1756 y 1774, y forma parte de la colección de dibujos que acompañaba a una de las ediciones de la Historia de Valladolid de Antolinez de Burgos que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. La iglesia de San Juan Bautista aparece también como un edificio alargado, sin cabecera, rodeado por contrafuertes y con una torre de mampostería de escasa altura que lleva en su parte superior un cuerpo de campanas y remata con un tejado a cuatro aguas. No parece posible reconocer en ella estilo alguno, quizá porque debió sufrir constantes modificaciones a lo largo de su historia.
    Actual iglesia de San Juan Bautista

    Nada ha quedado, pues, del antiguo monasterio. Juan Agapito y RevillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva creyó ver en una lápida situada sobre la puerta de una casa ya desaparecida de la calle de Renedo el último testimonio de la presencia templaria en nuestra ciudad; quizá llegó a esta conclusión porque, aunque no pudo leerla, creyó que la cruz que en ella estaba inscrita era la cruz del Temple. Sin embargo, el análisis de esta lápida (realizado a través de una fotografía, porque ella desapereció con la casa), revela por el tipo de letra empleada (capital romana no usada en la Edad Media), así como por el sistema de abreviaturas, que cronológicamente puede situarse a finales del siglo XVI o comienzos del XVII. Mucho más dificil es la lectura del texto, pero por el significado de algunas palabras puede deducirse que se trata de una oración corta o una jaculatoria, lo que vendría a reforzar la presencia de la cruz, inscrita en un círculo, en su parte superior.

    -Fuente: Aportaciones al estudio de la Orden del Temple en Valladolid por Javier Castán Lanaspa
  • Añadido el 8 de junio de 2011
    Votos:
    +9
    -4

    Septiembre de 1903. Alfonso XIII visita Valladolid


    Por Godofredo Garabito
    En septiembre de 1903 se inauguraron en Valladolid las obras de construcción de la "Granja Experimental de Enseñanza Agrícola". Para la inauguración de las obras iba a contarse con la presencia del monarca Alfonso XIII.
    La visita regia era un acontecimiento al que la ciudad, cuna de reyes, estaba habituada. No en vano habían estado en ella en el último siglo Fernando VII, Isabel II, doña María Cristina y Alfonso XII. De cualquier modo, exigía lógicamente ultimar los preparativos de una manera especialmente cuidadosa. Era una tarea en la que las diversas autoridades pincianas habían de esmerarse. Pese a las dificultades económicas se acordó por mayoría una serie de puntos interesantes:
    1) Inaugurar las obras de edificación de la Granja Experimental, invitando al rey a colocar la primera piedra. Se invitaría al acto a todas las corporaciones oficiales.
    2) Iluminar las fachadas del palacio de la Diputación y levantar un arco conmemorativo.
    3) Colaborar con el Ayuntamiento para dar solemnidad a las funciones de gala, a las representaciones teatrales y a los toros.
    Alfonso XIII con uniforme de gala, desciende del carruaje para saludar a los toreros
    que intervinieron en la corrida regia celebrada el 12 de septiembre de 1903, entre ellos Luis Mazzantini,
    protagonista de un brindis que primero sorprendió y después conmovió al monarca,
    que le regaló un alfiler de esmeraldas y brillantes. / Archivo Editorial.


    4) Dar una comida extraordinaria a los asilados en los centros de beneficencia provincial.
    5) Obsequiar convenientemente a los alcaldes de los pueblos durante su estancia en la capital.
    En los días siguientes la prensa continuó desgranando nuevas acerca de la febril actividad provocada por los preparativos indispensables.
    Al fin, el viernes 4 de septiembre «El Norte de Castilla» se hacía eco del plan del viaje y estancia reales, presentado por el alcalde don Alfredo Queipo de Llano.
    La llegada de Alfonso XIII, en tren, estaba prevista para las 16,00 horas del día 9 de septiembre. Desde la Estación del NorteEste enlace se abrirá en una ventana nueva el cortejo se dirigiría a la CatedralEste enlace se abrirá en una ventana nueva, donde se cantaría un solemne Tedeum, tras lo cual el rey saldría para el palacio de CapitaníaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, donde estaba prevista la recepción oficial.
    Arcos de triunfo levantados en Valladolid con motivo de la visita real
    en 1903. entre cuyos actos destacaba la colocación de la primera piedra de la
    Granja Experimental que hoy ocupa la sede presidencial de la Junta de Castilla y León.


    Por la noche la plaza de San PabloEste enlace se abrirá en una ventana nueva había de ser escenario de conciertos de música a cargo de bandas militares, así como de las actuaciones de los orfeones «Pinciano» y «Castilla», sin que faltaran las dulzainas típicas de la tierra. Para el día 10 se preveía la visita a edificios públicos y monumentos de la ciudad, además de una función de gala en el Teatro CalderónEste enlace se abrirá en una ventana nueva. La jornada del día 11 transcurriría entre la celebración del cumpleaños de S.A.R. la Princesa de Asturias, la corrida de toros en honor del joven rey y la función nocturna de fuegos artificiales, con iluminación de la fachada de San PabloEste enlace se abrirá en una ventana nueva.
    Alfonso XIII firmando el acta de colocación de la primera piedra del monumento a Colón

    Al fin el día 12, junto con nuevos agasajos a don Alfonso, se procedería a la inauguración de la Granja Escuela, colocando su primera piedra.
    La última etapa de la estancia real, el día 13, quedaría henchida con una Misa de campaña en el paseo del Campo de MarteEste enlace se abrirá en una ventana nueva y la colocación de la primera piedra de un nuevo monumento, el dedicado a Cristóbal ColónEste enlace se abrirá en una ventana nueva. El rey emplearía la tarde en visitar Palencia. Por último, en la mañana del día 14 abandonaría la ciudad del Pisuerga rumbo a San Sebastián.
    De acuerdo con las costumbres imperantes, la visita real era ocasión que merecía un esfuerzo en el terreno de las labores asistenciales y la satisfacción de las necesidades de los menesterosos. Por ello el Ayuntamiento acordó costear 2.000 raciones para los pobres de la ciudad durante los cuatro días de estancia del rey, a razón de 250 comidas y otras tantas cenas diarias. Así lo señalan, entre otras informaciones, la aparecida el día 5 en «El Norte de Castilla».
    Las noticias de prensa en los días y momentos inmediatamente anteriores a la llegada de Alfonso XIII eran ricas en detalles sobre la preparación de las estancias que ocuparía su majestad, en el palacio de Capitanía, la puesta a punto de la iluminación urbana, los últimos retoques previos al acto religioso previsto en la Santa Iglesia Catedral, obsequios preparados para el rey, ofrecimientos de vajillas de plata para servicio de la familia real, recuerdos conmemorativos del acontecimiento y un largo etcétera.
    Días después de la partida del monarca, el Consistorio decidió agradecer la visita regia cambiando el nombre de la popular «Acera de RecoletosEste enlace se abrirá en una ventana nueva», que pasaba a denominarse de «Alfonso XIII».
    El Consistorio decidió agradecer la visita regia cambiando
    el nombre de la popular «Acera de Recoletos», que pasaba a denominarse de «Alfonso XIII»


    Abundando en el regocijo que también habían manifestado otros medios, el semanario «Castilla», una semana después de haberse despedido el monarca, seguía haciéndose eco del orgullo irrefrenable que henchía a muchos ciudadanos y autoridades:
    «Ni un solo lunar ha existido en el viaje…». Incluso llega a rozar la exaltación lírica cuando, recordando el paso del rey bajo el arco levantado por la Sociedad Industrial Castellana, afirma:
    «Las esbeltas chimeneas comenzaron a echar humo oloroso, que completamente parecía incienso quemado en aras del trabajo y de la virtud. El espectáculo fue verdaderamente emocionante, pues desde el Sol para abajo, todo era alegría, cariño, belleza»
Páginas: 1 Página siguiente
Criterios generales

Nube de etiquetas

Plaza Mayor, 1. 47001 Valladolid, España.
Teléfono: +34 983 426 100