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Ayuntamiento de Valladolid

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  • Añadido el 28 de febrero de 2012
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    La finca y el castillo de Canterac

    Fachada posterior del Palacio de Canterac asentado en la parte posterior en
    que actualmente esta asentado el Centro de Personas Mayores Juan Carlos I
    Foto: Manuel Lázaro Cuellar

    En el jardin del Centro de Personas Mayores Juan Carlos I del barrio de Las Delicias, aún quedan restos de lo que en tiempos fuera una gran finca de más de 90 hectáreas.
    José de Canterac

    Lo único que conocemos actualmente son los diferentes propietarios de la Finca de Canterac a lo largo de la historia:
    En 1826, el Prior y Depositario del Convento de San Pablo de Valladolid, firma escritura de venta, a favor del general de origen francés Don Cesar José de CanteracEste enlace se abrirá en una ventana nueva.
    En 1850 vendió la viuda de Cesar José de CanteracEste enlace se abrirá en una ventana nueva la finca a los Condes de la Oliva y Marqueses de Sieteiglesias. Posteriormente estos edifican en dicha finca un palacio, también conocido como Castillo de Canterac.
    Puerta de entrada a la finca de Canterac, con arco ojival, verjas de hierro forjado,
    con dos torretas almenadas a ambos lados situadas en medio de un muro de unos 100 metros.
    Foto: Manuel Lázaro Cuellar

    En 1918 la Orden de los Escoceses compra la finca.
    En 1943 se derriba el palacio.
    En 1970 es cedida y vendida al Ayuntamiento de Valladolid. Ceden 70 ha pero con la condición de no edificar viviendas, y venden las otras 13 ha.
    En la zona cedida es donde en la actualidad se ubican los servicios dotacionales del Barrio de Delicias (Parque de Canterac, Colegio, Instituto, Centro de Personas Mayores, Ambulatorio, Espacios deportivos, Bomberos y Policia Municipal).
  • Añadido el 9 de septiembre de 2012
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    Aquel Valladolid de perfil bajo. Las casas molineras

    A principios del siglo XX inmigrantes procedentes de las zonas rurales castellanas se asentaron en el cinturón exterior de la ciudad, ocupando tierras de labranza y construyendo sus casas al margen de la legalidad. 
    Calle Vegafría
    Se trataba de lo que tradicionalmente se ha venido llamando casas molineras y que constituyó la generalidad del caserío de los últimos años del siglo XIX en la calle Clodoaldo Tranque, avenida de Segovia o el Paseo de San Isidro en el barrio de Las Delicias. Se trataba, pues, de edificaciones dispersas que en su mayoría se habían levantado sin ningún tipo de licencia.
    Calle Vegafría

    Fue en el término denominado Vegafría donde podría haberse concentrado, en un principio, un número mayor de casas molineras.
    Se trataba de casa de planta baja distribuidas en torno a un pasillo central que daba entrada a tres o cuatro habitaciones. Además, estas ocupaban una superficie útil entre cuarenta y cincuenta metros cuadrados, aparte del corral que se ubicaba en la parte trasera.
    Calle Julio Ruiz de Alda
    En ocasiones, con el tiempo los patios ocuparon una superficie que triplicó o cuadruplicó la superficie  construida del inmueble. Sus accesos, a veces, no se situaron en el interior del edificio, sino que inmediatos a ellos, posibilitando la entrada y salida a través, por ejemplo, de un paso de carros.
    En la calle Canarias
    En un primer momento, la solicitud de licencia de obras de una simple tapia de cerramiento o la construcción de un primer cuerpo de fachada podía encerrar la idea de edificar una casa molinera. Además, muchas de estas viviendas mutaron de tipología cuando sobre sus plantas bajas se proyectaron nuevos pisos. De hecho, a la hora de accederse a las licencias de obras, los proyectos de casas molineras debían demostrar que su construcción podía soportar, para el futuro, la elevación de sucesivas plantas. Y así fue.
    Antiguo colegio Calderón de la Barca en la calle Olmedo
    Si damos un paseo por la calle Vegafría y alrededores podemos ver todavía en pie alguna de estas reliquias la mayoría en ruina y abandonada esperando una buena oferta por parte de alguna constructora, cosa que, en los tiempos que corren veo harto difícil.

    -Fuente: El Valladolid de los Ortiz de Urbina. Fco. Javier Dominguez Burrieza
  • Añadido el 23 de marzo de 2012
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    El antiguo matadero municipal


    El conjunto arquitectónico de lo que fuera Matadero Municipal de Valladolid es, sin duda alguna, el ejemplo más paradigmático e importante de arquitectura racionalista en la ciudad. Su realización, resuelta a través de un concurrido e interesantísimo concurso, puede compararse con lo acontecido en torno a la construcción de los tres mercados municipales, que durante algo más de treinta años se debatió, ampliamente, en el Valladolid de la segunda mitad del siglo XIX.
    Si los proyectos de los nuevos mercados, los materializados y los dejados sobre el papel, protagonizaron la introducción sistemática y asentamiento del uso del hierro en la arquitectura vallisoletana, la obra del Matadero constituyó el fiel reflejo de las necesidades de una época, de una sociedad y una cultura, que en busca de modernidad y contemporaneidad con el resto de Europa no logró una lógica continuidad y madurez tras el desenlace de la Guerra Civil. Valladolid necesitaba de las instalaciones de un nuevo matadero, urgentemente, desde hacía años.
    Los nuevos tiempos y la renovación de la arquitectura ya están presentes en el concurso convocado para elegir al mejor de los proyectos. Así, desde 1926, año en que éste se celebra, hasta 1932, momento en que, definitivamente, se confirma el proyecto a materializar, el trabajo ganador obra del ingeniero industrial Alberto Colomina y Botí, pasa de ser un notable ejemplo de lo que desde un principio pretendía, salvando las distancias, el jurado del concurso; "un establecimiento moderno".
    El establecimiento, recientemente restaurado por el municipio, perdió su uso como matadero a finales de los años 80, y ahora forma parte del complejo dotacional Zona Sur

    Paralizada la iniciativa entre 1926-31 por no conseguir la financiación para las obras, las condiciones bajo las que se había concebido el proyecto se modifican con el paso de los años, lo cual obliga a una reforma del proyecto en 1931, instalándose definitivamente el matadero en el solar situado entre el fielato de La Rubia y el camino de La Esperanza.
    La constructora de Timoteo Rojas Carrera llevó a cabo la construcción del mismo. A finales de abril de 1931, Colomina firmó los primeros planos del Matadero que fue inaugurado en el año 1936. El Matadero llegó a convertirse en el principal ejemplo de arquitectura racionalista en Valladolid.
    No conocemos al autor de las fotografías que aquí se muestran y que fueron encontradas en el domicilio del alcalde García Quintana. Sin embargo, una de ellas se publica en la memoria de la I Feria de Muestras de Valladolid que tuvo lugar del 15 al 30 de septiembre de 1935. La dureza del trabajo allí realizado queda patente a través de dichas imágenes.
    El establecimiento, recientemente restaurado por el municipio, perdió su uso como matadero a finales de los años 80, y ahora forma parte del complejo dotacional Zona Sur. La parte restaurada es el edificio de entrada del antiguo matadero.
    -Fuente: Francisco Javier Domínguez Burrieza, Antonia Virgili Blanquet y Juan Carlos Pastor Arnuncio.

  • Añadido el 26 de febrero de 2012
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    El desaperacido Hospital de la Caridad

    Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes

    En la calle de San Ignacio estuvo el hospital de la Caridad o de la Misercordia, que ejerció largos años su piadosa función, según Canesi, sostenido por linajudas familias pero no por eso sobrado de recursos.

    Poco aludido en los libros antiguos, presentamos como única curiosidad su reconstrucción, por su vetusto aspecto.
    Así luciría el edificio si se conservase en la actualidad
    Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes

    Éste sería el aspecto aproximado del Hospital de la Caridad a mediados del siglo XVII. Gracias a la documentación aportada por Jesús Urrea en su obra "Arquitectura y nobleza", sabemos que lindaba con el palacio de los Pesoa o casa de la Cadena, del que solo se conserva la puerta y las columnas de su patio interior. Es curioso el tosco balcón que dividía su gran portal en dos alturas, que no se sabe la función que pudiera tener.

    Podemos ver su situación en el plano de Bentura SecoEste enlace se abrirá en una ventana nueva y el dibujo de Ventura PérezEste enlace se abrirá en una ventana nueva que ha servido para su reconstrucción.

  • Añadido el 2 de mayo de 2011
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    La antigua Casa de la Inquisición de Valladolid


    Por Luis Fernández Martín S.J. (Real Academia de la Historia)
    Es sabido que el Tribunal y las cárceles del Santo Oficio de la Inquisición recorrieron diversos lugares en esta población a lo largo de más de tres siglos.
    En 1488 se estableció la Inquisición en el nº 22 de la calle de Francos (actual Juan MambrillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva), en la casa que fue en el siglo XV de los Zúñiga y que fue después posesión de la condesa de Osorno. De ella salió para el suplicio Don Alvaro de LunaEste enlace se abrirá en una ventana nueva en viernes 19 de Junio de 1489.
    Mas tarde, no se sabe el año, se instaló la Inquisición en la calle de Pedro Barrueco según afirma Matías Sangrador, quien reconoció en sus sótanos diversas inscripciones hechas por los presos en latín y castellano en los años 1534 y 1551. De esta casa salieron los penitenciados en los autos de fe del año 1559Este enlace se abrirá en una ventana nueva. Sin embargo ni el arzobispo Carranza ni Fray Luis de León ocuparon celdas en esta casa sino en el lugar del tercer emplazamiento que tuvo la Inquisición en Valladolid, emplazamiento que sobrevivió desde 1559 hasta 1809 por espacio de dos siglos y medio.
    A la casa de la calle de Pedro Barrueco se la llamó "la Inquisición Vieja" gracias al siguiente documento notarial del año 1580. "Luis de Carrión, escribano de Su Majestad, y público del Número de esta villa, en nombre del Licenciado Juan Francisco Geraldo, Oidor de la Real Audiencia de Galicia, arrienda a Alonso Enríquez, vecino de Valladolid, unas casas en la calle que va de la calle de Pedro Barrueco a la iglesia de San Salvador que ha por linderos las traseras de la Inquisición Vieja y la dicha callejuela de San Salvador por un año por veintiun ducados". Como se ve, la Inquisición ocupaba una casa de la calle de Pedro Barrueco que salía por sus puertas accesorias a la hoy llamada "calle de la Galera".
    Palacio de los Zúñiga

    La tercera y más importante ubicación de la Inquisición en Valladolid tuvo lugar en las casas principales que fueron de Pedro González de León. Se sabe por Ambrosio de Morales que estas casas comenzaron a albergar al Tribunal del Santo Oficio y a las cárceles secretas de la Inquisición desde el año 1559.
    Pero tratemos de precisar la situación exacta de estas casas de Pedro González de León. Los historiadores que han escrito sobre este asunto sitúan las mencionadas casas, unos "en la calle Real de Burgos"; otros, "en un palacio muy antiguo, próximo a la iglesia parroquial de San Pedro", "en San Pedro", cerca de la parroquia de San Pedro. Los autores citados se aproximan pero no aportan documentación contemporánea que fije de manera definitiva la ubicación de la casa de la Inquisición. Un documento notarial señala explícitamente la localización de la casa de la Inquisición: "Está en la calle de la Peña de Francia" que solía llamarse también "calle de los Moros". En esta casa subsistió la Inquisición por espacio de 250 años.
    La casa de la Inquisición (nº94) según el plano de Bentura Seco de 1738

    Sabemos que desde Agosto de 1559 era utilizada la casa de Pedro González de León como lugar de reclusión de presos del Tribunal del Santo Oficio. Pero la propiedad del inmueble no pasó a manos de la Inquisición sino trece años más tarde, en 1572. Ese año el Santo Oficio se decidió a comprar esta casa para instalarse en ella definitivamente. Probablemente para ese año ya había fallecido su dueño Pedro González de León por cuanto la venta la realiza su hija y heredera Doña Mencía de León casada con Don Alvaro de Luna.
    Tras dos siglos y medio de pervivencia, las casas de la Inquisición perecieron el año 1809 a causa de un incendio. "Durante tres días en la etapa francesa sin que se llegasen a descubrir los verdaderos responsables del incendio. Este incendio ocurrió al amanecer del 7 de diciembre de 1809 cuando servía de cuartel de soldados alemanes y franceses, y como estaba dada la orden de no tocar las campanas de noche se omitió tocar a fuego hasta el día siguiente a las nueve, tiempo en que ya estaba apoderado. Duró el fuego cuatro días y sólo la fachada y habitación de ésta se pudo conservar".
    El Colegio Macías Picavea ocupa en la actualidad el solar en el que estuvo situada la antigua casa de la Inquisición

    La última etapa de este Tribunal de la Inquisición discurrió por pocos años en la calle de Alonso Pesquera, nª 14, llamada entonces de Herradores, en la casa de la Marquesa del Arco.
    El solar a que quedó reducido el edificio de la Inquisición después del incendio fue sacado a subasta por la Administración de Bienes Nacionales en 1843 siendo adjudicado ese mismo año a Don Francisco de Paula Benito en la cantidad de 3155 reales.
    En tiempos modernos sobre este solar se edificó un Grupo Escolar que un tiempo se denominó "Infante Don Jaime" y en la actualidad se llama "Macías PicaveaEste enlace se abrirá en una ventana nueva".
  • Añadido el 30 de septiembre de 2011
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    La desaparecida casa del Barco


    Por Miguel Angel Pastor
    La piqueta inhóspita derribó este bello edificio, en aquellos vertiginosos años de la voraz especulación inmobiliaria. La casa del Barco recibió tal apelativo por su airosa traza, como un navío anclado entre las calles GamazoEste enlace se abrirá en una ventana nueva y MuroEste enlace se abrirá en una ventana nueva. Muy cercano, también de rasgos nobles, se alzaba el Frontón Fiesta AlegreEste enlace se abrirá en una ventana nueva, recinto dedicado a alguna actividad deportiva, amén de fiestas populares y circenses. Se convirtió posteriormente en la Casa Social Católica y tras muchos avatares y ocupaciones, también desapareció para siempre. La casa del Barco también conoció a muchos inquilinos. El Hotel Gredilla ocupaba una de sus plantas. Otras de ellas fueron de alquiler, alguna escuela privada y muchos estudiantes repartidos por aquellas ámplias habitaciones.
    La singularidad de esta muestra arquitectónica no la redimió de su triste fin. Como la desaparición del Teatro PraderaEste enlace se abrirá en una ventana nueva y otros ejemplos de la indiferencia popular, nadie alzó su voz ante esta reliquia que daba prestancia a una calle céntrica que recibió el nombre de GamazoEste enlace se abrirá en una ventana nueva, un hombre público, como también lo era MuroEste enlace se abrirá en una ventana nueva, un republicano de pro. ¿Quién puede recordar, a estas alturas, esta esquina rematada por una graciosa torrecilla? En el solar de lo que fuera casa del Barco se levantó una imporsonal edificación; bancos, compañías de seguros, despachos... El progreso, en suma.

    -Fuente: 40 imágenes inolvidables. Escenas históricas de Valladolid y Provincia
  • Añadido el 27 de enero de 2012
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    La desaparecida Casa de la Beneficencia

    En la calle de Boariza (hoy María de Molina), tuvo su primer
    emplazamiento la Casa de la Beneficencia

    Uno de los primeros centros asistenciales de carácter privado existentes en nuestra ciudad puede que fuera el de una institución que perdura en nuestro días: La casa de Beneficencia u Hospicio de Ancianos, como también fue conocida en sus comienzos. Fundada el día 18 de Julio de 1818 por iniciativa del que fuera Capitán General del Ejército y Reino de Castilla la Vieja, D. Carlos O'Donnell, secundado por destacadas personalidades vallisoletanas pertenecientes a la Iglesia, el Ejército y la Universidad, con una mínima representación del endeble comercio ciudadano de la época.
    La intención fundacional no fue solamente debida a una iniciativa caritativa, sino que muy bien pudo estar influida por el cargo que ocupaba el promotor como presidente de la Real ChancilleríaEste enlace se abrirá en una ventana nueva y Juntas de Policía y Sanidad de Valladolid, quedando patente en el discurso pronunciado por el fundador en la constitución de la asociación, manifestado "en términos sencillos y escuetos" al expresar que fueron objeto de la fundación. "El piadoso y necesario de evitar la miseria y la exposición de la salud pública por la aglomeración de pobres de la ciudad, como de fuera, que se reúnen a implorar la caridad pública, dejando en los sitios en que se reúnen, miasmas suficientes a originar una epidemia que exige un pronto remedio",considerando que cualquiera que quisiera permanecer en la ciudad "justificando legítima causa y absoluta pobreza, se le corrigiese con prohibición de pedir en público", en cuyo socorro debían "ser preferidos los naturales (de la ciudad) con la misma prohibición".
    El primer acuerdo adoptado por la Junta Rectora, después de su constitución, fue "dirigir un prospecto al público", exponiendo el objeto de la misma, invitando al señalamiento de "ofrendas voluntarias" (donativos) para dar comienzo a la ejecución del proyecto. El día 20 del mismo mes de su fundación se publicó el referido proyecto, que según Moisés Carballo de la Fuente (Presidente de la Casa de Beneficencia en 1918), autor de una Memoria Histórica de la Casa de Beneficencia, se parecía más a un bando de suspensión de garantías que "requerimiento a mover voluntades reacias y contribuir voluntariamente". Dicho prospecto fue especialmente remitido a 23 conventos de religiosos varones, así como a los monasterios de religiosas de las Huelgas Reales y de las Comendadoras de Santiago. El Cabildo Catedral, el claustro universitario y la Real ChancilleríaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, colaboraron más tarde en la ayuda del centro benéfico, dentro de las posibilidades que su escasez de recursos las permitía.
    El día 17 de agosto de 1818 José Milla Fernández, al que se había encomendado la búsqueda de un local donde poder albergar los pobres tutelados por la recién constituida Junta de Beneficencia, notificaba que la casa que serviría de asilo a los menesterosos, era la señalada con el número 18 de la calle Boariza (hoy de María de Molina), donde se habían instalado veintitrés camas "y demás utensilios necesarios".
    Poco más tarde se constituye la junta directiva del centro, que ofició al gobernador de las Salas del Crimen para que insinuase a los señores alcaldes de Cuartel y al mismo Alcalde Mayor, para que se recogieran y llevaran a la Casa Socorro a todos los pobres que se hallaran mendigando y se prohibiera terminantemente la mendicidad pública.
    Dados los múltiples problemas iniciales, las reuniones de la Junta eran muy frecuentes para tratar de su resolución consensuada. De entre todos aquellas acuerdos destaca la draconiana resolución de suprimir los socorros a los necesitados que mendigasen en la vía pública y solicitar de las autoridades que se les redujeran en la Cárcel, donde serían alimentados por cuenta de la Junta.
    En estos difíciles años lastrados por la penuria económica de la Guerra de Independencia, la mayoría de las ayudas lo eran en especie, ocupando un lugar importante entre ellas el reparto de comida en conventos y cuarteles, así como la organización de corridas de toros, funciones de fuegos artificiales, rifas y cuantas ideas pudieran procurar fondos o bienes destinados a los asilados.
    En 1840, la Casa de Beneficencia adquirió la casa número
    15 de la Plaza de Chancillería (hoy de San Pedro)

    Pese a todo el número de acogidos fue creciendo hasta el número de cuarenta, lo que determinó su traslado al convento de los P.P. Capuchinos, quienes caritativamente acogieron a mendigos e impedidos. Ante el continuo aumento de las necesidades asistenciales, la Junta acudió a las autoridades gubernativas y municipales, que utilizaron los reducidos medios a su alcance para atender dicha solicitud. El rey Fernando VII aprobó el 23 de enero de 1819 la fundación de la Casa de Beneficencia, sin que tan señalado reconocimiento tuviera efectos inmediatos.
    En 1840, y para acoger el gran número de menesterosos que solicitaban su ingreso en la asociación, la Casa de Beneficencia adquirió la casa número 15 de la Plaza de Chancillería (hoy de San Pedro) establecimiento que ocuparon con una exigua inversión económica, mínima para conseguir cubrir sus apremiantes necesidades. Siguieron años duros para la caritativa institución, inmersa en una gran crisis repleta de deudas y de aumento de las necesidades a cubrir, situación que comenzó a mejorar a partir del año 1850.

    Fuente: El Norte de Castilla (4 de febrero de 2001) - Joaquín Martín de Uña
  • Añadido el 27 de agosto de 2012
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    Los antiguos paradores de la Rinconada

    Fotografía realizada hacia 1910

    Por Miguel Ángel Pastor
    "La Red"Este enlace se abrirá en una ventana nueva ocupaba un amplio espacio, detrás de la Plaza MayorEste enlace se abrirá en una ventana nueva, dedicado a la venta de pescado. En el siglo XIX se convirtió en mercado público, en el cual no sólo se traficaban estas mercancías sino carnes, tocinos y aves. Lo de "La Red"Este enlace se abrirá en una ventana nueva, como puede deducirse, mantenía una preferencia pescatoria. Los historiadores atribuyen a esta plaza diferentes nombres, entre otros "La Rúa", "Rinconada de la Rúa" y "Rinconada del Mercado". Incluso el lugar era lindero a uno de los primitivos barrios de los judíosEste enlace se abrirá en una ventana nueva, precisamente maltratado por el desinterés de unos y otros. ¿Quien no recuerda la calle de la Sionagoga, la de las Lecheras y otras, en el olvido cercano? Ya, en la inmediata lejanía, diferentes paradores, cuando la plaza había recobrado el nombre con el que se la conoce actualmente, fueron cobijo de viajeros de medio pelo, trajinantes de paso, de mozas del partido.
    El cercano cuartel de Isabel II, posteriormente, en el umbral de la guerra civil, rebautizado como San Quintín, "La Incubadora" como decían, aportó una excepcional prosperidad a este rincón. Cantaban los soldados aquello de  "Si me quieres escribir, ya sabes mi paradero, Regimiento San Quintín, primera fila de fuego", vertiente nacionalista de una canción de guerra. Estos paradores, y algunas tascas cercanas de tosca madera, llenaron de vino bronco y nostalgia a los mozos de Zamora, Salamanca, Asturias y Valladolid, que partían al frente. Si algo de amor y de dolor puede comunicarnos esto que ahoranada nos dice es, fuera de historicismos que poco importan, el recuerdo de quienes bebieron, por última vez, ese vino en jarras y dejaron su juventud, su vida, en las heladas aguas del Ebro, en Brunete o en Teruel.
    -Fuente: 40 imágenes inolvidables. Escenas históricas de Valladolid y provincia
  • Añadido el 2 de octubre de 2012
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    Ciudad Jardín de la Rubia, el proyecto que no fue.


    Hacia los años 20 del siglo XX se proyectó hacer una barriada al estilo de lo que hoy es COVARESA y Paula López. Este proyecto, denominado "Ciudad Jardín de La Rubia"  no se llevó a cabo por problemas con el ayuntamiento: alcantarillados y demás servicios. Este proyecto de barriada, lo llevó a cabo la Sociedad de Fomento de Barcelona, hoy desaparecida. Esta Sociedad, construyó a modo de adosados, siete viviendas con un amplio patio en la parte de atrás. 
    Una de las viviendas se sacó a sorteo, siendo el agraciado el que fuera en aquella época jefe de los talleres de RENFE, D. Bonifacio Ramos Espino y  sería el mismísimo rey Alfonso XIII quien le entregaría las llaves. Las casas , estaban situadas, en lo que hoy  puede ser el patio que forma el edificio situado frente a VALLSUR, mastodontico edificio que antaño ocupó la fábrica de piensos SENA.
    Hoy todo ello con COVARESA y Paula López ya es una realidad.
    -Información y fotografías facilitadas por Santiago Hernández.
  • Añadido el 20 de junio de 2011
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    La desaparecida estación de San Bartolomé

    Estación de San Bartolomé (Foto Javier)

    Esta estación no estuvo prevista ni en el proyecto original de la Compañía del Ferrocarril (tranvía de tracción animal), ni en los dos proyectos siguientes (tranvía de tracción a vapor y Ferrocarril económico). Los problemas técnicos y administrativos surgidos para llevar el ferrocarril hasta el centro de la ciudad de Valladolid, hicieron que la Compañía solicitara a la Administración permiso para instalar una estación provisional extramuros de la ciudad. De esta forma, se construyó una estación provisional con instalaciones para el servicio de viajeros y de mercancías en unos terrenos de reducidas dimensiones.
    Entrada a la estación de San Barolomé desde la Avda. Gijón

    En la plaza donde se asentaba la estación existió en el siglo XVI un Hospital, que se trasladó al general de Valladolid a principios del siglo XVII. Sobre las ruinas del mismo, se construyó en 1628 el convento de las monjas Trinitarias. El convento fue invadido por las tropas francesas en el año 1837, pasándose las monjas al convento de Jesús María. Sobre el solar del convento se construyó la estación.
    El Ayuntamiento de Valladolid en su sesión de 28 de marzo de 1884 acordó la cesión gratuita, durante un máximo de 15 años, de los terrenos para ubicar la estación provisional mientras se construía la definitiva. Si pasados los 15 años la Compañía quería seguir haciendo uso de los mismos, debería pagar un canon anual. La Compañía del Ferrocarril tomó posesión de los terrenos de San Bartolomé el día 29 de Abril de 1884. Los terrenos ocupados medían 4608,16 metros cuadrados y se valoraron en 32257,15 pesetas.
    En Valladolid, cabecera de línea, nada queda de las dos instalaciones fijas con las que contó, pues tanto la estación de Campo de Béjar, ocupada hoy en día por la Estación de Autobuses, como la de San Bartolomé, desaparecieron bajo la piqueta, sin dejar rastro alguno de su existencia.
    El solar que ocupara la estación de San Bartolomé es hoy plaza en Valladolid. Esta plaza sufrirá varias remodelaciones a lo largo de los años. La última más importante es la inaugurada en 1987, con la asistencia del Ministro de Obras Públicas.
    En ella entre el parque de reducidas dimensiones y cobijado por los antiguos árboles se instalaría la máquina del tren de Rioseco, que había estado en las Moreras, y que fue restaurada por Salvador Barrios. Hoy como recuerdo de su antigua estación, la plaza de San Bartolomé sigue siendo un nudo importante, pues por ella tiene acceso a la ciudad las autovías de Palencia y León.
    -Fuente: El ferrocarril económico de Valladolid a Medina de Rioseco (1884-1935). Salvador Barrios Rubio. ISBN: 84-7852-975-6
    -Fuente: El Tren burra. Godofredo Garabito Gregorio. ISBN: 978-84-96864-32-0

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