Valladolid,
Ayuntamiento de Valladolid

Ayuntamiento de Valladolid

Logo Ayto. Valladolid

Todas las entradas

  • Añadido el 13 de junio de 2011
    Votos:
    +7
    -1

    La "Belle Époque" de la Acera de San FranciscoEste enlace se abrirá en una ventana nueva.

    Nada más finalizar la guerra civil, se inauguró el "Corisco", elegante
    café que tenía una concurridísima terraza en la Acera de San Francisco.
    La gente necesitaba un poco de diversión para aliviar
    los sufrimientos recientes. / Col. Crespo Cortejoso

    La acera de San Francisco era, a principios del siglo XX, cuando en la Plaza MayorEste enlace se abrirá en una ventana nueva se instalaron los primeros templetes, la arteria principal de Valladolid, una especie de aorta por la que discurría el pulso lento y apacible de la ciudad. Nobles y plebeyos, señores y criados, comerciantes y empleados, militares y paisanos, paletos y carteristas, opulentos con bombín y desarrapados con boina iban y venían casi siempre sin rumbo fijo, solo con la pretensión de formar parte del retablo cotidiano de la que en tiempos fue Corte de España.
    En la Acera pasaban las cosas importantes, o se hacían tertulias sobre lo que había pasado e otros lugares, como en los casinos, en los cuarteles, en las iglesias o en los barrios. Durante muchos años, el del Norte fue el único café establecido en esta zona porque aunque sus dueños, José Gómez y Juana Sigler, oriundos del Valle del Pas, se establecieron en la calle SantiagoEste enlace se abrirá en una ventana nueva, no tardaron en darse cuenta de que el negocio estaba apenas a cincuenta metros y compraron la casa que les permitió abrir también por la Acera, con vistas a la Plaza MayorEste enlace se abrirá en una ventana nueva.
    La Acera de San Francisco fue durante mucho tiempo la arteria principal
    de Valladolid. Su comercio, sus cafés y, sobre todo, su paseo la convirtieron
    en punto de cita obligado de las muchachas casaderas y su pretendientes
    que debían burlar la tenaz vigilancia de las "carabinas". ¿Qué tiempos...! / Archivo Editorial

    Aquel café con dos puertas, que en la actualidad se encuentra en fase de reformas fue testigo de cuantos acontecimientos tenían lugar en pleno corazón de la ciudad. Los conciertos de música de la banda de Isabel II todos los domingos y festivos desde la primavera al otoño, las ruidosas inauguraciones de las ferias, el traqueteo de los viejos tranvías, las revueltas estudiantiles y políticas y, sobre todo, el paseo.
    De doce a dos los festivos y de ocho a diez los días de diario, los pollos pera y las mocitas en edad de merecer establecían un código de miradas y sonrisas con la pretensión de burlar la férrea vigilancia de las carabinas que, ya entradas en años, preferían pagar los 20 céntimos que costaban las sillas distribuidas a lo largo de la Acera y seguir a distancia los inocentes devaneos de las niñas de la casa.
    Impresionante aspecto de la Acera de San Francisco a la hora
    del paseo de cualquier día festivo que, a juzgar por los coches aparcados a la derecha,
    debe corresponder a los felices años veinte. También para los vecinos, el ir y
    venir de la muchedumbre, constituía todo un espectáculo / A.M.V.A

    Ese pequeño desembolso por el alquiler de la silla servía también para escuchar cómodamente los conciertos, aunque los más pudientes optaban por la terraza de El Norte, donde los meses de estío se podían disfrutar sus insuperables helados de melba, melocotón, avellana, praliné, fresa o crema Tortoni, especialidad de la casa, como la gaseosa de manzana de la que se decía era el mejor refresco contra el calor. Pocas cosas había entonces tan gratificantes como aliviar los rigores del verano con una copa de helado al arrullo cercano de la mazurca interpretada por una de las bandas militares de la Guarnición o por los cuartetos de cuerda que años después contrataría el propio establecimiento para su terraza.
    Personajes más cercanos y humildes, pero también enormemente populares en al escena cotidiana de la Acera, fueron los limpiabotas que nacieron como gremio cuando nadie usaba zapatos, sino botas o botines, de ahí su nombre. El limpia era un cotilla simpático y adulador, además de un verdadero artista con el cepillo.

    -Fuente: El Templete de la Música - Jose Miguel Ortega Bariego.
    ISBN: 978-84-96864-13-9
  • Añadido el 10 de junio de 2011
    Votos:
    +4
    -3

    Procesión y desgracia. El descendimientoEste enlace se abrirá en una ventana nueva.


    Por José Delfín Val
    Hay un paso en la Semana Santa de ValladolidEste enlace se abrirá en una ventana nueva que se llevó por delante la vida de un hermano de carga. O al menos así se ha creído. Esa es la razón de que le apoden "El Reventón", aunque su verdadero nombre es "El Descendimiento". Consta de siete figuras talladas por Gregorio FernándezEste enlace se abrirá en una ventana nueva entre los años 1623-1624 para la Vera CruzEste enlace se abrirá en una ventana nueva y arroja un peso de 3.500 kilos.
    El mote viene dado por un hecho constatado por el cronista Ventura PérezEste enlace se abrirá en una ventana nueva, quien en su Diario de Valladolid escribió, al referirse a sucesos del año 1741 y bajo el epígrafe Procesión y desgracia, lo que sigue: "En la procesión de Las AngustiasEste enlace se abrirá en una ventana nueva del Jueves Santo y al sacar el paso del Descendimiento de la iglesia de la Vera CruzEste enlace se abrirá en una ventana nueva quedó aprisionado debajo de él un cofrade que fue trasladado en muy grave estado al Hospital General".
    No dice el diarista si el desafortunado murió de resultas del percance, pero desde entonces el paso recibe el nombre de "El Reventón", debido a sus tres toneladas y media de peso, que para ser bien movidas han de estar repartidas entre los hermanos de carga. En 1741 no lo estuvieron.
    El descendimiento
    Pero hagamos una breve descripción de este paso del descendimiento: De este grandioso paso fue separada la imagen de Nuestra Señora en 1757 para rendirla culto en el altar mayor con el nombre de Nuestra Señora de la Vera Cruz, siendo sustituida por una copia de menor calidad a la tallada por Fernández. La disposición de las siete figuras se conserva tal y como las montó su autor en 1624.
    Original y posterior copia de Pedro Sedano de la Virgen de las Angustias

    García Chico publicó el contrato firmado entre el escultor y la cofradía por el cual y en fecha 16 de junio de 1623, FernándezEste enlace se abrirá en una ventana nueva se comprometía "ente Juan Jiménez y Francisco Ruiz, alcaldes ambos de la Vera CruzEste enlace se abrirá en una ventana nueva, a realizar un paso en madera de la historia del Descendimiento de Cristo Nuestro Señor de la Cruz, con siete figuras que han de ser: Cristo Nuestro Señor cuando lo descendieron, Nicodemos, José de Arimatea, Nuestra Señora, San Juan, La Magdalena y un sayón, todo conforme a la traza realizada anteriormente en cera".
    El momento de la pasión de Cristo que se cuenta en esta escena tiene la teatralidad propia del resto de los pasos pero en éste especialmente la secuencia tiene dos partes. Hay una escena a nivel del suelo y otra en lo alto de la cruz donde José de Arimatea y Nicodemo ascienden sirviéndose de sendas escaleras para hacer descender el cuerpo muerto de Jesús. El estudio anatómico del cuerpo muerto es perfecto y la serenidad del rostro no es precisamente la de un hombre que ha muerto en medio de semejante castigo. Este concepto está muy acusado en muchas de las obras de Gregorio FernándezEste enlace se abrirá en una ventana nueva en las que no permanece la violencia, sino la serenidad en los gestos.

    Datos:
    -Autor: Gregorio Fernández, 1623; Virgen, de Pedro Sedano, 1757.
    -Cofradía que lo alumbra: Cofradía El Descendimiento y Santo Cristo de la Buena Muerte (1939)
    -Días: Jueves y Viernes Santo
    -Procesiones en las que participa: Regla de la Santa Vera Cruz y General de la Pasión.
    -Propiedad: Cofradía de la Vera Cruz en su iglesia homónima.
  • Añadido el 8 de junio de 2011
    Votos:
    +8
    -3

    Septiembre de 1903. Alfonso XIII visita ValladolidEste enlace se abrirá en una ventana nueva.


    Por Godofredo Garabito
    En septiembre de 1903 se inauguraron en Valladolid las obras de construcción de la "Granja Experimental de Enseñanza Agrícola". Para la inauguración de las obras iba a contarse con la presencia del monarca Alfonso XIII.
    La visita regia era un acontecimiento al que la ciudad, cuna de reyes, estaba habituada. No en vano habían estado en ella en el último siglo Fernando VII, Isabel II, doña María Cristina y Alfonso XII. De cualquier modo, exigía lógicamente ultimar los preparativos de una manera especialmente cuidadosa. Era una tarea en la que las diversas autoridades pincianas habían de esmerarse. Pese a las dificultades económicas se acordó por mayoría una serie de puntos interesantes:
    1) Inaugurar las obras de edificación de la Granja Experimental, invitando al rey a colocar la primera piedra. Se invitaría al acto a todas las corporaciones oficiales.
    2) Iluminar las fachadas del palacio de la Diputación y levantar un arco conmemorativo.
    3) Colaborar con el Ayuntamiento para dar solemnidad a las funciones de gala, a las representaciones teatrales y a los toros.
    Alfonso XIII con uniforme de gala, desciende del carruaje para saludar a los toreros
    que intervinieron en la corrida regia celebrada el 12 de septiembre de 1903, entre ellos Luis Mazzantini,
    protagonista de un brindis que primero sorprendió y después conmovió al monarca,
    que le regaló un alfiler de esmeraldas y brillantes. / Archivo Editorial.


    4) Dar una comida extraordinaria a los asilados en los centros de beneficencia provincial.
    5) Obsequiar convenientemente a los alcaldes de los pueblos durante su estancia en la capital.
    En los días siguientes la prensa continuó desgranando nuevas acerca de la febril actividad provocada por los preparativos indispensables.
    Al fin, el viernes 4 de septiembre «El Norte de Castilla» se hacía eco del plan del viaje y estancia reales, presentado por el alcalde don Alfredo Queipo de Llano.
    La llegada de Alfonso XIII, en tren, estaba prevista para las 16,00 horas del día 9 de septiembre. Desde la Estación del NorteEste enlace se abrirá en una ventana nueva el cortejo se dirigiría a la CatedralEste enlace se abrirá en una ventana nueva, donde se cantaría un solemne Tedeum, tras lo cual el rey saldría para el palacio de CapitaníaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, donde estaba prevista la recepción oficial.
    Arcos de triunfo levantados en Valladolid con motivo de la visita real
    en 1903. entre cuyos actos destacaba la colocación de la primera piedra de la
    Granja Experimental que hoy ocupa la sede presidencial de la Junta de Castilla y León.


    Por la noche la plaza de San PabloEste enlace se abrirá en una ventana nueva había de ser escenario de conciertos de música a cargo de bandas militares, así como de las actuaciones de los orfeones «Pinciano» y «Castilla», sin que faltaran las dulzainas típicas de la tierra. Para el día 10 se preveía la visita a edificios públicos y monumentos de la ciudad, además de una función de gala en el Teatro CalderónEste enlace se abrirá en una ventana nueva. La jornada del día 11 transcurriría entre la celebración del cumpleaños de S.A.R. la Princesa de Asturias, la corrida de toros en honor del joven rey y la función nocturna de fuegos artificiales, con iluminación de la fachada de San PabloEste enlace se abrirá en una ventana nueva.
    Alfonso XIII firmando el acta de colocación de la primera piedra del monumento a Colón

    Al fin el día 12, junto con nuevos agasajos a don Alfonso, se procedería a la inauguración de la Granja Escuela, colocando su primera piedra.
    La última etapa de la estancia real, el día 13, quedaría henchida con una Misa de campaña en el paseo del Campo de MarteEste enlace se abrirá en una ventana nueva y la colocación de la primera piedra de un nuevo monumento, el dedicado a Cristóbal ColónEste enlace se abrirá en una ventana nueva. El rey emplearía la tarde en visitar Palencia. Por último, en la mañana del día 14 abandonaría la ciudad del Pisuerga rumbo a San Sebastián.
    De acuerdo con las costumbres imperantes, la visita real era ocasión que merecía un esfuerzo en el terreno de las labores asistenciales y la satisfacción de las necesidades de los menesterosos. Por ello el Ayuntamiento acordó costear 2.000 raciones para los pobres de la ciudad durante los cuatro días de estancia del rey, a razón de 250 comidas y otras tantas cenas diarias. Así lo señalan, entre otras informaciones, la aparecida el día 5 en «El Norte de Castilla».
    Las noticias de prensa en los días y momentos inmediatamente anteriores a la llegada de Alfonso XIII eran ricas en detalles sobre la preparación de las estancias que ocuparía su majestad, en el palacio de Capitanía, la puesta a punto de la iluminación urbana, los últimos retoques previos al acto religioso previsto en la Santa Iglesia Catedral, obsequios preparados para el rey, ofrecimientos de vajillas de plata para servicio de la familia real, recuerdos conmemorativos del acontecimiento y un largo etcétera.
    Días después de la partida del monarca, el Consistorio decidió agradecer la visita regia cambiando el nombre de la popular «Acera de RecoletosEste enlace se abrirá en una ventana nueva», que pasaba a denominarse de «Alfonso XIII».
    El Consistorio decidió agradecer la visita regia cambiando
    el nombre de la popular «Acera de Recoletos», que pasaba a denominarse de «Alfonso XIII»


    Abundando en el regocijo que también habían manifestado otros medios, el semanario «Castilla», una semana después de haberse despedido el monarca, seguía haciéndose eco del orgullo irrefrenable que henchía a muchos ciudadanos y autoridades:
    «Ni un solo lunar ha existido en el viaje…». Incluso llega a rozar la exaltación lírica cuando, recordando el paso del rey bajo el arco levantado por la Sociedad Industrial Castellana, afirma:
    «Las esbeltas chimeneas comenzaron a echar humo oloroso, que completamente parecía incienso quemado en aras del trabajo y de la virtud. El espectáculo fue verdaderamente emocionante, pues desde el Sol para abajo, todo era alegría, cariño, belleza»
  • Añadido el 6 de junio de 2011
    Votos:
    +4
    -3

    El callejero olvidadoEste enlace se abrirá en una ventana nueva.


    A Juan Agapito y RevillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva se le debe la primera obra historiada sobre el callejero de Valladolid: el Nomenclator. En ella rastrea tanto el significado como la historia de las calles, cuyas denominaciones variadísimas abarcan numerosos y diversos aspectos: como el nombre de personajes, oficios varios, nombres de árboles y un largo etcétera. Sin embargo, algo que parece tan inmutable como el nombre, resulta que en el caso de las calles es de los más fútil. En este sentido, el autor censuraba el abuso que se hace al cambiar de denominación las calles "como si cada momento histórico hubiera por necesidad de dejar su impacto en el nombre de las calles".
    Ejemplar original del Nomenclator

    Esta actividad se inicia sobre todo a principios del siglo XIX y luego se acentúa en la primera mitad del XX, tiempo en el que al vaivén de los acontecimientos políticos variaron el nombre de las calles dependiendo del color ganador del momento. Sirva de ejemplo la actual c/ General Almirante: durante el siglo XVI se la denominaba "calle que va a San Miguel", para conocerse hasta el siglo XIX como "calle de la Cruz", luego como "calle de Berruguete; en el año 1863 se la denominó "Rondilla del Cuartel de Milicias o Calle de las Milicias". Otro ejemplo es el de la c/Cánovas: primero fue "Lorigueros", luego "Frenería", posteriormente "Chapinería", "Pretineros", "de Orates" y por último en 1863 se le da el nombre actual.

    Sin duda resultaría prolijo señalar todos los nombres de cada una de las calles del Valladolid medieval y moderno, en cambio, llaman la atención algunos nombres, ya desaparecidos, por su particular significado. Por ejemplo, entre la c/Montero Calvo y la c/AlegríaEste enlace se abrirá en una ventana nueva había un callejón denominado "del Verdugo", por encontrarse en él la casa del "ejecutor de la Justicia", con anterioridad debió llamarse "calle del Lobo", y entre medias de "Caldereros".
    Como nombres curiosos la "calle de Zapico" que según Juan Agapito puede ser una corrupción de la palabra "zapito" o vasija de madera que utilizaban los pastores al ordeñar. Estaba también la "calle del Hostiero" donde se hacían hostias, y la de "Chisperos", callejón entre c/Montero Calvo y María Guerrero, en recuerdo de las herrerías que allí estaban instaladas y que producían numerosas chispas.
    En fin, "Panta rei" (Todo cambia) ya sentenciaba Heráclito en el siglo VI a. de C.

    -Fuente: Historias de Valladolid. (Miguel Ángel Martín Montes). ISBN:84-95389-95-9. Extracto del artículo "El callejero olvidado".
  • Añadido el 3 de junio de 2011
    Votos:
    +3
    -1

    El Colegio Miguel de CervantesEste enlace se abrirá en una ventana nueva.


    Pasillos y ventanales amplios, escaleras de madera, baldosas antiguas... La memoria se activa y a pesar del silencio reinante -los niños están en clase- se oye el bullicio de otros escolares, de aquellos pequeños repeinados con pantalón corto y blusita, y esas niñas con guardapolvo y lazo en el pelo con los colores de la bandera nacional, que acudían a la primera escuela pública en el populoso barrio de Las Delicias. El recuerdo de la historia pone en funcionamiento la máquina del tiempo y nos devuelve a enero de 1931, pocos meses antes de que se proclamara la II República.
    Uno de los primeros claustros de profesores

    Era el 10 de enero, sábado, cuando se inauguraba oficialmente el grupo escolar Miguel de Cervantes con la asistencia de autoridades como el arzobispo Gandásegui, el alcalde de Valladolid, Federico Santander; el grupo de docentes integrado por 14 profesores, así como los 500 niños y niñas escolarizados, a quienes repartieron bocadillos y pasteles.
    Era todo un acontecimiento en Delicias, ya que vino a satisfacer la creciente demanda de los padres de entonces que se venían quejando al Ayuntamiento de no contar con una centro de primera enseñanza gratuita. La necesidad era evidente. A mediados de los años veinte el populoso barrio solo contaba con una escuela de párvulos y tenía censados 5.000 habitantes, de los que entre 600 y 800 eran niños.
    Construido sobre un solar de 56.000 pies cuadrados, fue proyectado por el arquitecto escolar Joaquín Muro Antón. «Mide dicho edificio 168 metros de perímetro por once de altura en el cual están instaladas en la planta baja seis clases capaces para 300 alumnos, dotados también de biblioteca... Son dignos de mención, en primer lugar, las grandes dimensiones de las clases con una altura de cinco metros de piso a techo, y los departamentos dedicados a lavabo, urinarios y WC con aparatos sanitarios de china blanca de la mejor calidad». El edificio, de estilo castellano antiguo y construido por Julián Varona, está actualmente catalogado y protegido.
    María Jesús Renedo es la actual directora del centro que, en su época de esplendor, contó con más de un millar de alumnos y que ahora tiene 180.
    Imagen de una de las primeras generaciones

    No en vano, pese a que el edificio de ladrillo caravista y piedra impresiona al visitante, esto no es impedimento alguno para que tras sus paredes las grandes aulas y los espacios altos y diáfanos de su interior estén equipados con los instrumentos educativos y tecnológicos más modernos y punteros de la capital. De este modo, en el CEIP Miguel de Cervantes se hace realidad la Escuela 2.0, siendo éste el primer centro de la capital en desarrollar la Estrategia RED XXI.
    Del mismo modo, todas las infraestructuras del centro han sufrido grandes adaptaciones para responder a las exigencias actuales. La biblioteca se ha remodelado recientemente, el comedor se ha convertido en un espacio educativo más, y el patio de Infantil, dotado con numerosos juegos recreativos tradicionales, cuenta con un remozado arenero en el que los pequeños se trasladan, con su imaginación, a la playa.
    Las remodelaciones no cesan, pues junto a las instalaciones deportivas existentes, se ha proyectado plasmar una representación de los juegos tradicionales para que alumnos de todas las edades compaginen el ocio en su tiempo de recreo. Esto responde al interés de la Dirección del colegio en que la diversión forme parte de la educación.
    Pero, como se indicaba antes, las paredes hablan. Algo que el visitante percibe cuando recorre los pasillos del centro, en cuyas paredes se pueden observar numerosos murales sobre diferentes temas que cuentan el día a día de la vida e historia del colegio. Todos ellos son trabajos realizados por los diferentes sectores de la comunidad educativa: alumnos, padres, abuelos, profesores, etc. Personas que, día a día, se esfuerzan en la mejora continua colaborando y participando a través de los cauces para ello establecido.
    En este sentido, cabe resaltar la gran implicación del profesorado en el funcionamiento del centro, que hace que toda la comunidad educativa tenga una percepción positiva del mismo.
    Un éxito continuado en el tiempo que se plasma en los distintos hechos relevantes que se han producido a lo largo de su dilatada historia.
    Entre otros hitos, el CEIP Miguel de Cervantes fue pionero en la Comunidad en elaborar el Catálogo de Servicios y compromisos de Calidad. En 2003 fue premiado por ser un referente de Convivencia en el centro y Plan de acogida. Por último, también perdura en la memoria la visita de S.A.R. el Príncipe de Asturias
  • Añadido el 1 de junio de 2011
    Votos:
    +5
    -1

    La Catedral de Valladolid más allá de la leyendaEste enlace se abrirá en una ventana nueva.

    Todas las ciudades tienen un rincón, un edificio o un elemento natural que los representa de forma especial. En Valladolid, existe una construcción, plantada en una de las zonas más elevadas de la ciudad, que puede divisarse desde muy lejos y que lleva más de cuatro siglos anunciando a los viajeros su llegada a destino: la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción.
    Nuestra Catedral fue proyectada por un famoso arquitecto del siglo XVI, Juan de Herrera, y desde entonces ha sido un tema de preocupación para los vallisoletanos, que siempre han suspirado por verla concluida.
    Juan de Herrera

    Por Valladolid corre, desde tiempos inmemoriales, una leyenda que atribuye al rey Felipe IIEste enlace se abrirá en una ventana nueva –vallisoletano ilustre donde los haya…-la culpa de que la Catedral haya llegado a nosotros inacabada. A comienzos de 1561, este monarca decidió que su Corte abandonara ValladolidEste enlace se abrirá en una ventana nueva para instalarse en Madrid; decisión que dejó a su ciudad natal sumida en una profunda crisis. La leyenda explica que Felipe IIEste enlace se abrirá en una ventana nueva necesitaba un gran arquitecto para llevar a cabo sus planes para el futuro Monasterio de El Escorial y que, automáticamente, pensó en Juan de Herrera, sin importarle el trabajo que estaba realizando en Valladolid. La tradición nos cuenta, por lo tanto, que Herrera abandonó la Catedral de Valladolid para dedicarse por entero a El Escorial.
    Monasterio de El Escorial

    Esta historia, así contada, ha hecho que los vallisoletanos hayamos mirado con algún recelo a Juan de Herrera e incluso al mismísimo Felipe IIEste enlace se abrirá en una ventana nueva. Y que, incluso, hayamos desarrollado cierto rechazo hacia nuestra Catedral; quizás por recordarnos aquel momento de nuestra historia en que pasamos a ser "segundo plato" de la realidad nacional.
    Sin embargo, ya va siendo hora de que nos reconciliemos con este episodio de nuestro pasado y con este magnífico elemento de nuestro patrimonio arquitectónico. Para hacerlo, tan solo será necesario que pongamos en claro qué hay de cierto en la presunta historia de la construcción de nuestra Catedral. Enseguida comprobaremos que, como casi siempre ocurre, el saber no sólo no ocupa lugar sino que puede ayudarnos a corregir errores que, como este nos lleva a ser injustos con la Historia y sus personajes.
    El proyecto de Juan de Herrera

    La construcción del Monasterio de El Escorial se realizó entre 1563 y 1584. Por su parte, la Catedral de Valladolid comenzó a edificarse en 1582. Esto es, cuando Juan de Herrera aceptó el encargo para la ampliación definitiva de la antigua Colegiata de ValladolidEste enlace se abrirá en una ventana nueva que, años después se convertiría en "catedral", el Monasterio estaba prácticamente terminado.
    Lo que realmente ocurrió fue que el famoso arquitecto, una vez realizado el proyecto de la nueva "colegiata" vallisoletana, delegó la dirección de obra en un arquitecto de su más estricta confianza y de gran prestigio: Diego de Praves, Juan de Herrera regresó, entonces a Madrid y continuó trabajando en muchos otros proyectos hasta el final de sus días, en 1597.
    ¿Por qué, entonces, la Catedral de Valladolid no está acabada? Escuchemos a la Historia.
    A principios de los años 80 del siglo XVI, el arquitecto cántabro Juan de Herrera proyectó una Iglesia Mayor para Valladolid, de tres naves, sobria decoración, altura ilimitada, numerosas capillas, predominio del ritmo horizontal y dos imponentes torres que flanqueaban la portada de sus pies.
    Cuando los canónigos examinaron los planos de Herrera, al momento se imaginaron a sí mismos paseando por aquellas naves de gran tamaño, que serían como las del Templo de Salomón en Jerusalén pero en pleno corazón de Castilla.
    Como la obra iba a suponer un gasto enorme, Felipe IIEste enlace se abrirá en una ventana nueva se encargó de garantizar que el Cabildo tendría ingresos suficientes para sufragarlo. Para ello le concedió el monopolio de la impresión de la Cartilla de la Doctrina CristianaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, con la que alfabetizó y catequizó a los niños, a éste y al otro lado del océano Atlántico. En total, durante varios siglos, la catedral se benefició de la venta de ¡70 millones de ejemplares! de esta CartillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva.
    Vista desde la Plaza de la Universidad

    Aun así, el dinero aportado por el Obispado –desde su creación en 1595- no era complemento suficiente para sufragar la construcción y las obras fueron lentas desde su comienzo, hasta paralizarse tras el fallecimiento de Felipe IIEste enlace se abrirá en una ventana nueva. La nueva ColegiataEste enlace se abrirá en una ventana nueva había ganado la condición de Catedral en 1596, una vez que Valladolid obtuvo el título de ciudad; pero, desde entonces, las obras tomaron un ritmo tedioso que parecía no tener fin, a pesar de las modificaciones y los recorte hechos al proyecto inicial de Herrera.
    En medio de aquel hartazgo, con una Catedral que lo era sobre el papel pero que apenas ejercía como tal en la práctica, en 1688 el Cabildo acordó inaugurar lo que se había construido hasta aquel momento, lo cual se llevó a efecto en una solemne ceremonia.
    La Catedral vista desde la Iglesia de la Antigua

    En los primeros años del siglo XVIII, el Cabildo consiguió levantar la torre de la nave del Evangelio (la torre de la izquierda si miramos de frente a la Catedral). Esto supuso un gran logro, dado que iba a albergar las campanas del templo. La torre era muy esbelta y vistosa y no tardó en ganarse el apelativo de "la buena moza" entre los vallisoletanos.
    En 1729, el arquitecto madrileño Alberto Churriguera recibió el encargo de continuar con la obra de la Catedral. A él debemos la construcción del cuerpo superior de su fachada principal y probablemente el controvertido atrio con el que se salva la diferencia de altura de la misma con respecto a la calle a la que se abre.
    Como muchos otros edificios del patrimonio monumental español, la Catedral de Valladolid sufrió el envite del devastador "terremoto de Lisboa" de 1755. La torre se resintió y, finalmente se derrumbó un siglo después, en 1841.Este enlace se abrirá en una ventana nueva
    Con el paso del tiempo, nuestra Catedral fue sufriendo otras…"amputaciones". A comienzos del siglo XX, se desarmó la rejaEste enlace se abrirá en una ventana nueva del XVIII que cerraba el coro, para que el interior del templo ofreciese un aspecto más "abierto". Hoy, la reja se exhibe en el Metropolitan Museum de Nueva YorkEste enlace se abrirá en una ventana nueva, en una de sus salas principales.
    A finales del siglo XIX, se edificó una nueva torre, esta vez en el lado de la Epístola (a la derecha si miramos de frente a la Catedral). La nueva torre quedaría rematada, en 1923, por una cúpula y una escultura del Sagrado Corazón de Jesús.
    Durante todo el siglo XX se sucedieron reformas interiores en la Catedral: se eliminó el coro de la nave central, se construyó una tribuna para albergar el nuevo órgano, se instaló el retablo mayor obra de Juan de JuniEste enlace se abrirá en una ventana nueva… Nuestra Catedral no cesó en su empeño por encontrar su identidad y mostrarse espléndida ante sus fieles y ante la ciudadanía en general.
    Dibujo de Miguel Ángel Soria

    Atrás quedó el rumor legendario que durante siglos nos hizo dar por cierto una historia de abandonos, traiciones y fatalidades. La Catedral de Valladolid ha sido testigo de excepción de nuestro pasado y ha permanecido velando nuestro devenir y nuestro progreso con discreción y lealtad.
    En fecha muy reciente, el Ayuntamiento de Valladolid ha concluido la urbanización del entorno de la Catedral, convirtiendo el espacio que la circunda en una de las zonas peatonales más espléndidas, amplias y acogedoras de centro histórico de la ciudad.
    Nuestra Catedral pudo haber sido uno de los templos más grandiosos del Mundo Hispánico, como correspondía a la catedral de la ciudad natal del poderoso Felipe IIEste enlace se abrirá en una ventana nueva. Sin embargo, su imperfección es lo que la define en nuestros días y, posiblemente, lo que sustenta su poderoso atractivo y su arrolladora personalidad.
    La próxima vez que pases por su lado, ahora que sabes cuál es la verdad de su historia, guíñale el ojo. Que nuestra querida Catedral jamás se sienta sola y que sepa, siempre, que los vallisoletanos sentimos por ella un gran afecto y un respeto sin límites.
    -Fuente: La Catedral de Valladolid, más allá de la leyenda. (Texto basado en el guión original de Javier Burrieza). Editado por el Ayuntamiento de Valladolid. DL: VA-292/2011

  • Añadido el 31 de mayo de 2011
    Votos:
    +5
    -1

    La Plaza de la Cruz VerdeEste enlace se abrirá en una ventana nueva.


    Por Jaquín Martín de Uña
    A un vallisoletano de nuestros días puede no resultarle familiar el nombre de la plaza en que confluyen las calles de Alonso Pesquera, José María Lacort, ManteríaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, Labradores y Tudela, pero es suficiente conocer que el distintivo de las cofradías penitenciales de la Santa Vera CruzEste enlace se abrirá en una ventana nueva es generalmente dicho símbolo pintado, bordado o dibujado en el expresado color, con el que se identifica la cruz en que fue crucificado Jesucristo y que para los católicos constituye el Árbol de la Vida, en oposición al Árbol de la Ciencia, del Bien y del Mal, en el que sitúa la Biblia el fruto por el que nuestros primeros padres fueron expulsados del Paraíso Terrenal, por lo que representa el Árbol de la Muerte.
    El nombre le viene a la plaza de una hornacina, existente en el siglo XVI, que daba cobijo a una cruz del repetido color, que había colocado la parroquia de San AndrésEste enlace se abrirá en una ventana nueva en honor de la Cofradía Penitencial de la Santísima Vera Cruz de ValladolidEste enlace se abrirá en una ventana nueva, debido a las fraternales relaciones mantenidas entre ambas agrupaciones, entre las que se contaba el que la penitencial enterraba en el cementerio de la parroquia, los cadáveres de ajusticiados que no se inhumaban en el Convento de San FranciscoEste enlace se abrirá en una ventana nueva.
    El paso del tiempo hizo desaparecer la hornacina, la cruz y el cementerio (no así la antigua parroquia y la más antigua de las penitenciales vallisoletanas), permaneciendo, no obstante el nombre por el que se conoce la plaza desde que Lope de Rueda, en su Corral de comedias, situado según Don Narciso Alonso Cortés, entre las actuales calles de Alonso Pesquera y Don Sancho, cuando el autor y actor fue contratado (con un salario de 4.000 maravedíes, igual que el de un corregidor) para componer "autos y danzas para las fiestas que se an echo y azen el día de Corpus Xte"., sabiéndose que el gran autor residió en nuestra ciudad durante los años 1551 a 1559.
    La peatonalización de la calle ManteríaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, que ocupó parte de la antigua plaza, así como la ordenación de la zona, ha convertido a la actual plaza en un espacio irregular, incómodo para los peatones, a quienes lo alargado de la actual plaza obliga a cruzar por pasos muy distantes entre sí, mientras que una falta de rigor en las alturas y estilos de los edificios que la componen, hacen que el lugar se recorra, generalmente a buen paso.
    La Plaza de la Cruz Verde según el plano de Bentura Seco de 1738

    Todo ello sin un solo recuerdo al pasado esplendor y a los elementos que configuraron en el siglo XVIII a una de las plazas con más vida y más apreciada por los vecinos de uno de los barrios más castizos de la ciudad: El barrio de San Andrés.

    Ver mapa más grandeEste enlace se abrirá en una ventana nueva
    -Fuente: Paseos por la ciudad. Por su historia, en el recuerdo y con la imaginación. (Joaquín Martín de Uña). ISBN: 84-932336-1-7
  • Añadido el 29 de mayo de 2011
    Votos:
    +7
    -5

    La condesa Doña EyloEste enlace se abrirá en una ventana nueva.


    Se casó con el Conde Don Pedro AnsúrezEste enlace se abrirá en una ventana nueva. Aportó a este matrimonio las propiedades y casas principales del patrimonio de la familia, que se encontraban en las extensas comarcas de Tierra de Campos y Liébana. Tuvieron cinco hijos: Mayor, María, Urraca, Alfonso y Fernando. Mayor se casó con el famoso Alvar Fáñez de Minaya, personaje de confianza de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. Muerto Alvar Fáñez en Segovia en 1114, durante un tumulto, su viuda contrajo nuevo matrimonio con Martín Pérez, señor de Tordesillas. Su descendencia formó el linaje de Meneses, la casa nobiliaria más importante de tierra de Campos hasta mediados del siglo XIV. Y María contrajo matrimonio con el conde de Urgel, Armengol V, aportando en dote matrimonial la recién engrandecida villa de Valladolid.
    Aunque en Valladolid ya había un núcleo importante de población en torno a lo que hoy es la Plaza de San MiguelEste enlace se abrirá en una ventana nueva, a la tarea del conde Ansúrez y de su esposa, doña Eylo, se debe el auge, promoción y engrandecimiento de Valladolid, que se transforma de aldea modesta en una villa que es el centro de un mercado comarcal (Armando Represa). Tras la tarea de este matrimonio, deja de hablarse de "Valladolid en el territorio de Cabezón", para hablarse del "territorio de Valladolid".
    Doña Eylo y su marido edificaron, hacia el año 1074, su palacio (convertido posteriormente en el Hospital de Esgueva). Siguiendo el espíritu dominante en la época y con fervor religioso, mandaron construir la iglesia condal de Santa María de la AntiguaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, la Colegiata de Santa María la MayorEste enlace se abrirá en una ventana nueva, la iglesia de San NicolásEste enlace se abrirá en una ventana nueva, el barrio de San Martín, y el Puente. Es de destacar que en las inscripciones siempre aparece que las fundaciones de estas iglesias las hicieron el conde Don Pedro AnsúrezEste enlace se abrirá en una ventana nueva y su mujer, la condesa Doña Eylo. A la muerte de ella, sobre los años 1111-1114, el conde ofreció a la Colegiata, en sufragio de su alma, sus propiedades de Fuensaldaña.
    La construcción del Puente MayorEste enlace se abrirá en una ventana nueva fue iniciativa de la condesa, llevada a cabo cuando su esposo se encontraba ausente, ya fuera luchando contra los moros del reino de Sevilla, acompañando al monarca en el destierro de Toledo o luchando contra el hermano del rey, Sancho II de Castilla. En reconocimiento por sus servicios y lealtad, el rey Alfonso VI de León le concedió el señorío de Valladolid en 1073. La condesa quería dar una alegría a su marido cuando regresara, para mitigar la pena de saber que el primogénito de ambos había muerto a los pocos días de partir él a la guerra. Pero sobre todo, el puente permitiría repoblar el núcleo inicial con familias procedentes de los señoríos que pertenecían a su familia o a la familia del conde, como Carríon, Saldaña y el valle de Liébana.
    Efectos atribuídos al Conde Ansúrez y a su esposa doña Eylo. (Museo Arqueológico de Valladolid)

    La construcción del puente era de vital importancia, pues el Pisuerga aislaba a la escasa población vallisoletana, que para trasladarse al norte tenía que desplazarse hasta Cabezón o Simancas y cruzar el río por los puentes que allí existían. La construcción del puente (hacia 1080) supone la transformación de Valladolid y la rápida comunicación con los pueblos de la otra orilla. Era un puente medieval: tendría un perfil abombado, más elevado en el centro que en los márgenes, con arcos de medio punto, luego apuntados, según las técnicas del gótico, y posteriormente, otra vez de medio punto. Parece ser que en la primera construcción el puente era más estrecho y luego el conde lo hizo ensanchar. Con el paso de los siglos, la construcción del Puente MayorEste enlace se abrirá en una ventana nueva hada origen a algunas leyendas. En 1872, una escritora que residía en Valladolid, doña Eduarda Feijóo de Mendoza, escribió una novela que calificó de "Leyenda tradicional" con el título de El Puente MayorEste enlace se abrirá en una ventana nueva, y el Ayuntamiento costeó la edición. Según esta leyenda, el malvado moro Mohamed se enamora de una criada mora (que luego resultaría ser la sultana Zoraida, hija del Emir de Ronda).
    Como los condes no le dan sus consentimiento para casarse, jura vengarse. Cuando doña Eylo le encarga a este moro la construcción del puente, lo hace muy estrecho, para que en caso de defensa no pudieran caber en él muchos hombres armados. Cuando regresa el conde advierte su angostura y un peregrino misterioso (que resulta ser el conde y señor de Llobregat), se ofrece a ensancharle. Se enamora de Zoraida, ésta se bautiza, y se casan. En 1892, periodista Antonio Martínez Viérgol publicó otra leyenda no menor fantástica, en verso, titulada también El Puente MayorEste enlace se abrirá en una ventana nueva, y en este caso es el diablo el encargado de construir el puente.
    Obra de la condesa fue también el Claustro de Las Emparedadas, en la iglesia de la Antigua, construido para recoger en él a las mujeres que se llevaban mal con sus maridos y se encerraban por propia voluntad de por vida.
    Mujer llena de virtudes y de merecimientos, y modelo de esposa y madre ejemplar, mereció la distinción por parte del rey Don Alfonso VI de encomendar al matrimonio la crianza y educación de su hija, la princesa Doña Urraca, más tarde reina de Castilla y León.
    -Fuente: Mujeres ilustres en Valladolid. Siglos XII-XIX. José Ramón González García, Mercedes Rodriguez Pequeño, Elena Maza Zorrilla y Margarita Torremocha Hernández. ISBN: 84-95389-61-4

  • Añadido el 26 de mayo de 2011
    Votos:
    +5
    -3

    La antigua iglesia de la Sagrada FamiliaEste enlace se abrirá en una ventana nueva.

    Estado de la iglesia de la Sagrada Familia poco antes
    de su demolición, a finales de la década de los sesenta. (A.S. Familia, sin signaturar).

    En 1898 llegaba a los oídos de García Crespo, párroco de San IldefonsoEste enlace se abrirá en una ventana nueva que desde hace unos años buscaba unos terrenos para levantar una iglesia que ayudase a su parroquia en el cumplimiento de de sus "deberes religiosos y […] la administración de los Sacramentos a los enfermos", la intención de un conocido industrial de la ciudad, don Pedro Pardo Urquiza, y su mujer, doña Ángela San José Goicoechea, de costear la construcción de una iglesia.
    En agosto de 1898 se solicitaba la licencia de obras para levantar la nueva iglesia en los solares existentes entre los antiguos números 42 y 44 del Paseo de ZorrillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva y su Fielato. El arquitecto elegido para llevar a cabo los planos no sería otro que Jerónimo Ortiz de Urbina, auxiliándole su hijo Antonio en las labores de maestro de obras.
    La primera piedra se colocaba el 1 de marzo de 1899. Asimismo, la conclusión de la obra llegó siete meses más tarde. El 15 de octubre se inauguraba y bendecía la iglesia, celebrándose "un suntuoso novenario a la Sagrada Familia" (a quien estaba dedicado el templo), según palabras de González García-Valladolid.
    El día de la inauguración de la iglesia

    Jerónimo Ortiz de Urbina había proyectado una iglesia de cruz latina de unos 20 metros de largo, ocupando su única nave 13,50 metros de largo y 8 de ancho, el crucero 7 metros de largo y 2,80 de ancho y el ábside, semicircular, un radio de 3 metros. En cuanto a la altura del edificio se pensó en dar 10 metros por el exterior. La superficie total sería de unos 300 metros cuadrados. La fachada adquiría, un cierto aspecto que podría evocar a las construcciones románicas. Las obras no terminaron en la erección del cuerpo de la iglesia, sino que también se levantó, lógicamente, una sacristía, en el lado de la Epístola y a la altura del ábside. A su vez, esta construcción comunicaría con la casa del capellán y la del sacristán, proyectada ya en 1903.
    Con el transcurso de los años, la iglesia apenas sufrió modificaciones. En 1906, Pedro Pardo Urquiza hizo colocar una cancela de hierro, adosada a la fachada, con el objeto de "defender la puerta de madera de entrada a la iglesia y evitar que los chicos jueguen en el espacio que queda desde la línea exterior de la fachada hasta la puerta". Sin embargo, no fue hasta 1937 cuando la fachada principal se cerraba por completo gracias a una verja decorativa.
    En cuanto al interior, en 1931 la junta directiva de la "Pía Unión" de San Antonio de Papua, presidida por doña Ángela San José Goicoechea, solicitó la edificación de una capilla dedicada al santo, coincidiendo así con el séptimo centenario de su muerte. En este sentido, no dudamos de que la dirección del proyecto corriera a cargo de Antonio Ortiz de Urbina. Ésta, adosada a la iglesia, en el último tramo de la nave y apoyándose en el crucero, debía abrirse al interior por medio de un gran arco de medio punto. Sin embargo, la falta de datos nos ha impedido constatar su construcción final.
    A finales de la década de los sesenta, la comunidad franciscana, propietaria de la iglesia, negoció con diversas sociedades constructoras para la venta definitiva del solar. Ésta, cerrada al público ya desde el 11 de octubre de 1967 sería vendida a un particular, que trasladó su fachada, piedra a piedra, a una finca particular, hoy de nombre "Los Álamos", en las afueras de Valladolid, inmediata al Camino Viejo de Simancas. Bendecida el 21 de agosto de 1971, hoy día todavía al menos esta parte del edificio se conserva, adosada a un cuerpo de iglesia, en inmejorables condiciones de conservación.
    La iglesia sería vendida a un particular, que trasladó su fachada,
    piedra a piedra, a una finca particular, hoy de nombre
    "Los Álamos", en las afueras de Valladolid.

    Aunque solamente la fachada fue llevada a esta finca, desde un principio se pensó en mantener, lo máximo posible, la imagen arquitectónica de la iglesia. De ahí la creación de una sola nave de tres tramos y la colocación de grandes ventanales entre contrafuertes. Se trata de un lugar apartado, solitario y en medio de un jardín, donde resalta aquel estilo neorrománico que con el paulatino crecimiento urbanístico del Paseo de ZorrillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva había quedado, desgraciadamente, descontextualizado –la iglesia se situó entre edificios que la superaban en altura, donde hoy se levanta el actual número 74 del Paseo de Zorrilla, c/v a la de la calle Tres Amigos.

    Ver mapa más grandeEste enlace se abrirá en una ventana nueva

  • Añadido el 25 de mayo de 2011
    Votos:
    +6
    -5

    ¡Santiago (de Cuba) y cierra España!Este enlace se abrirá en una ventana nueva.

    El Teatro de Calle ya  ha ocupado las calles vallisoletanas, pero en Valla Low Cost os proponemos hoy otra clase de teatro. Se trata de la obra ¡Santiago (de Cuba) y cierra España! de Ernesto Caballero. Serán los alumnos de 4ºA de la Escuela Superior de Arte Dramático de Valladolid quienes llevarán a escena esta [...]

Nube de etiquetas

Plaza Mayor, 1. 47001 Valladolid, España.
Teléfono: +34 983 426 100