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Ayuntamiento de Valladolid

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  • Añadido el 3 de abril de 2011
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    El Caracol de San GregorioEste enlace se abrirá en una ventana nueva.


    Ya se ha convertido en una tradición, promovida especialmente por los guías turísticos, localizar entre la maraña decorativa de la fachada de la Universidad de Salamanca su famosa rana.
    Como no podía ser menos que la ciudad vecina, Valladolid también quiso tener su propio talismán, no la Universidad, sino en un centro de estudios de Teología: el prestigioso Colegio de San Gregorio, actual Museo Nacional de EsculturaEste enlace se abrirá en una ventana nueva.
    Al igual que en la capital del Tormes, en Valladolid hubo quien eligió la búsqueda de un caracol como símbolo vallisoletano para probar la agudeza visual y ser recompensado por ello con mismos efectos mágicos que en Salamanca, es decir, buen augurio para aprobar los estudios, casarse y tener suerte en la vida. ¡Paciencia y encuentren al caracol!
  • Añadido el 2 de abril de 2011
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    Flores para un CrucificadoEste enlace se abrirá en una ventana nueva.


    El "Santísimo Cristo de las Cinco Llagas", realizado por Manuel Álvarez entre 1548 y 1563, en el interior de la Iglesia de San Quirce y Santa Julita antes del inicio de la Procesión del Ejercicio Público de las Cinco Llagas en la que es portado a hombros por la Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo.
    Autor de la fotografía: Fernando Miñarro
    (Para ver la fotografía mas grande, pincha sobre ella)
    e-mail de contacto del Blog: blogsemanasantavad@hotmail.com
  • Añadido el 1 de abril de 2011
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    Luz de amanecerEste enlace se abrirá en una ventana nueva.


    "La Santa Cruz Desnuda", obra de Francisco Fernández León en 1993, en la mañana del Viernes Santo durante el Vía Crucis en el que es acompañado por la Cofradía de la Orden Franciscana Seglar.
    Autor de la fotografía: José Raúl Martín Pérez
    (Para ver la fotografía mas grande, pincha sobre ella)
    e-mail de contacto del Blog: blogsemanasantavad@hotmail.com
  • Añadido el 31 de marzo de 2011
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    La maldición del Teatro ZorrillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva.


    A mediados del siglo XX comenzó a debilitarse una antigua superstición vallisoletana que, convertida en tabú, se había mantenido en torno al Teatro ZorrillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva desde el mismo momento en que fue construido por el arquitecto Joaquín Ruíz Sierra en 1884.
    Según el testimonio de personas que vivieron en años precedentes a 1950, sobre el teatro, que había sido levantado encima de las ruinas del que fuera desde la Edad Media el mayor complejo conventual franciscano de ValladolidEste enlace se abrirá en una ventana nueva, pesaba una maldición: en el momento en que el aforo del teatro fuese ocupado por completo, la sala sería pasto de las llamas.
    La idea caló como consecuencia del sentimiento de profanación que suponía haber convertido un espacio sagrado, con enterramientos incluidos, en una sala destinada a espectáculos mundanos y de variedades. Hoy día, el temor producido por aquellas creencias puede producir cierta hilaridad, pero lo cierto es que, en actitud preventiva, durante décadas en la taquilla del teatro, incluso después de que en la sala se inaugurara el 16 de octubre de 1930 el cine sonoro en Valladolid, se estuvo evitando la venta de determinadas butacas para no tentar a la fatídica amenaza, tan irracional como fantástica.
    Es posible que sobre estos temores, en parte fundados en el riesgo de los modos de iluminación, del atrezzo y de los endebles materiales constructivos del teatro decimonónico, pesara el recuerdo de una vieja leyenda que tuvo por escenario justamente ese lugar, un caso alucinante protagonizado por legiones de diablos en las dependencias de aquel enorme convento de San Francisco.
    Siguiendo una costumbre implantada desde el siglo XIII, fue habitual la realización de enterramientos en el interior de los templos y conventos que, en el caso del mencionado San Francisco de ValladolidEste enlace se abrirá en una ventana nueva, llegaron a ocupar todas las capillas de la iglesia y del claustro, apareciento el suelo repleto de un vasto conjunto de losas con sus correspondientes inscripciones. Junto a los enterramientos de frailes franciscanos, aparecieron otros pertenecientes a distintos linajes que compraban sus capillas funerarias con deseo de prestigio social e inmortalidad, no faltando la presencia de sepulcros de algunos miembros de la familia de Enrique II, con lo que el templo adquirió, de alguna forma, cierto rango de panteón real.
    Entre las sepulturas del pavimento, dos de ellas, que representaban a un hombre y una mujer, llamaban la atención por carecer de inscripción significativa. En torno a una de ellas se forjó, a principios del siglo XVII, la leyenda del Convento de San FranciscoEste enlace se abrirá en una ventana nueva, cuyo protagonista es un celebre jurista cuyo nombre se ignoró en las crónicas, posiblemente debido al impactante suceso ocurrido tras su óbito. Pero esta historia la conoceremos en un posterior artículo.
    -Fuente: El Sepulcro del Conde Ansúrez y otras historias desconocidas de Valladolid. (Elefantus Books. SE-8416-2010)
  • Añadido el 31 de marzo de 2011
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    -4

    La maldición del Teatro ZorrillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva.


    A mediados del siglo XX comenzó a debilitarse una antigua superstición vallisoletana que, convertida en tabú, se había mantenido en torno al Teatro ZorrillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva desde el mismo momento en que fue construido por el arquitecto Joaquín Ruíz Sierra en 1884.
    Según el testimonio de personas que vivieron en años precedentes a 1950, sobre el teatro, que había sido levantado encima de las ruinas del que fuera desde la Edad Media el mayor complejo conventual franciscano de ValladolidEste enlace se abrirá en una ventana nueva, pesaba una maldición: en el momento en que el aforo del teatro fuese ocupado por completo, la sala sería pasto de las llamas.
    La idea caló como consecuencia del sentimiento de profanación que suponía haber convertido un espacio sagrado, con enterramientos incluidos, en una sala destinada a espectáculos mundanos y de variedades. Hoy día, el temor producido por aquellas creencias puede producir cierta hilaridad, pero lo cierto es que, en actitud preventiva, durante décadas en la taquilla del teatro, incluso después de que en la sala se inaugurara el 16 de octubre de 1930 el cine sonoro en Valladolid, se estuvo evitando la venta de determinadas butacas para no tentar a la fatídica amenaza, tan irracional como fantástica.
    Es posible que sobre estos temores, en parte fundados en el riesgo de los modos de iluminación, del atrezzo y de los endebles materiales constructivos del teatro decimonónico, pesara el recuerdo de una vieja leyenda que tuvo por escenario justamente ese lugar, un caso alucinante protagonizado por legiones de diablos en las dependencias de aquel enorme convento de San Francisco.
    Siguiendo una costumbre implantada desde el siglo XIII, fue habitual la realización de enterramientos en el interior de los templos y conventos que, en el caso del mencionado San Francisco de ValladolidEste enlace se abrirá en una ventana nueva, llegaron a ocupar todas las capillas de la iglesia y del claustro, apareciento el suelo repleto de un vasto conjunto de losas con sus correspondientes inscripciones. Junto a los enterramientos de frailes franciscanos, aparecieron otros pertenecientes a distintos linajes que compraban sus capillas funerarias con deseo de prestigio social e inmortalidad, no faltando la presencia de sepulcros de algunos miembros de la familia de Enrique II, con lo que el templo adquirió, de alguna forma, cierto rango de panteón real.
    Entre las sepulturas del pavimento, dos de ellas, que representaban a un hombre y una mujer, llamaban la atención por carecer de inscripción significativa. En torno a una de ellas se forjó, a principios del siglo XVII, la leyenda del Convento de San FranciscoEste enlace se abrirá en una ventana nueva, cuyo protagonista es un celebre jurista cuyo nombre se ignoró en las crónicas, posiblemente debido al impactante suceso ocurrido tras su óbito. Pero esta historia la conoceremos en un posterior artículo.
    -Fuente: El Sepulcro del Conde Ansúrez y otras historias desconocidas de Valladolid. (Elefantus Books. SE-8416-2010)
  • Añadido el 30 de marzo de 2011
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    My Friendly Ghost inaugura el Norterock 2011Este enlace se abrirá en una ventana nueva.

    Norterock arranca motores para su nueva edición 2011. Y quien mejor para inaugurar esta segunda edición que los ganadores de la anterior: My friendly ghost. Mañana jueves 31 de Marzo tendrá lugar el concierto presentación de la nueva edición. Será en la sala Bagur (c/Pasión 13, al lado de la Plaza Mayor) a las 21:30 [...]
  • Añadido el 29 de marzo de 2011
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    Las desaparecidas aceñas del PisuergaEste enlace se abrirá en una ventana nueva.

    Fotografía cortesía de la web Domus Pucelae

    Por Joaquín Martín de Uña
    Cuando el uso del cauce de los ríos comienza, a finales del siglo XIX, a utilizarse como productor de energía eléctrica, se amplió la utilización de su fuerza natural en un cometido que igualaba en importancia a los tradicionales batanes y aceñas que desde épocas inmemoriales facilitaron la elaboración de tejidos y de harinas. En nuestra ciudad, los cauces del Pisuerga y de los dos ramales del Esgueva tradicionalmente estuvieron bien surtidos tanto en batanes (que en algún caso derivaron al final de su existencia en fábrica de papel) como en molinos de cereales o aceñas.
    De las aceñas históricamente conservadas (según los trabajos de los investigadores María Francisca Represa y Eduardo González), las más antiguas fueron las conocidas como Aceñas del Puente, de San Benito o de los Frailes, cuya existencia era ya conocida en 1375, junto a la relación de otras de menor importancia situadas en los ramales de la Esgueva.
    En el citado año, las aceñas eran propiedad de María del Corral, antes de pasar a ser propiedad de las monjas de San Quince, quienes a mediados del siglo XV se quejaban de que estaban viejas y mal reparadas, ya que el río las inundaba todos los años.
    Fotografía: Nortecastilla.es

    No era raro que la propiedad de dichas aceñas fuera compartida por varios propietarios y se sabe que durante los siglo XV a XVII fueron propiedad de los frailes de San Benito y de los religiosos Trinitarios que compartían la molienda de granos y un batán que funcionaba un día a la semana, así como que entre 1548 y 1550 se abrió en la pesquera una compuerta de 5,88 metros para permitir el paso de naves de pequeño calado en uno de los intentos de hacer navegable nuestro río mayor.
    En 1655, las aceñas del Pisuerga pertenecían a la Trinidad Calzada, que encomendó al carpintero Antonio Pérez la reparación de las ruedas Gordilla y Flaquilla. Desde la margen izquierda del río y salvando un brazo desaparecido, se accedía a las aceñas por medio de un puentecillo de madera que en 1738 se sustituye por otro de piedra con tres ojos. Al año siguiente una crecida del río arrastró el tejado de las aceñas.

    Video extraído de la serie El Pisuerga pasa por... (Planetazul Producciones)Este enlace se abrirá en una ventana nueva

    Por el catastro de Ensenada se sabe que las aceñas tenían una producción media entre otras de la provincia, pues producía al año 100 cargas de harina y el batán 1.500 reales de beneficios. En 1822, y afectada por el Trienio Liberal y la desamortización de Mendizábal, la orden de San Benito cobra 178.600 reales al ser adjudicadas en subasta a Santos Rávago, alcanzando la subasta la cantidad más elevada en la pérdida de las propiedades benedictinas.
    Herencias (Juan Antonio Rávago), arrendamientos (Manuel Martín Curiel de San Felices), gestión conjunta (con su problemas por la utilización de aceñas y batán) y subarriendos se suceden en el tiempo.
    En 1875, las aceñas se utilizaron para elevar hasta la ciudad el agua del río hasta que se construyó el Canal del Duero. El paulatino deterioro parece que se inició en 1883, en que desaparece su casilla central, hasta que en 1902 García Valladolid da fe de que se encontraban ya en ruinas, ruinas que han ido desapareciendo en el transcurso de los años hasta nuestros días en que es difícil conocer cómo fueron unas de las construcciones más antiguas y útiles de nuestra ciudad.
    -Fuente: http://www.nortecastilla.es/20091026/valladolid/batanes-acenas-20091026.htmlEste enlace se abrirá en una ventana nueva
  • Añadido el 29 de marzo de 2011
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    Las desaparecidas aceñas del PisuergaEste enlace se abrirá en una ventana nueva.

    Fotografía cortesía de la web Domus Pucelae

    Por Joaquín Martín de Uña
    Cuando el uso del cauce de los ríos comienza, a finales del siglo XIX, a utilizarse como productor de energía eléctrica, se amplió la utilización de su fuerza natural en un cometido que igualaba en importancia a los tradicionales batanes y aceñas que desde épocas inmemoriales facilitaron la elaboración de tejidos y de harinas. En nuestra ciudad, los cauces del Pisuerga y de los dos ramales del Esgueva tradicionalmente estuvieron bien surtidos tanto en batanes (que en algún caso derivaron al final de su existencia en fábrica de papel) como en molinos de cereales o aceñas.
    De las aceñas históricamente conservadas (según los trabajos de los investigadores María Francisca Represa y Eduardo González), las más antiguas fueron las conocidas como Aceñas del Puente, de San Benito o de los Frailes, cuya existencia era ya conocida en 1375, junto a la relación de otras de menor importancia situadas en los ramales de la Esgueva.
    En el citado año, las aceñas eran propiedad de María del Corral, antes de pasar a ser propiedad de las monjas de San Quince, quienes a mediados del siglo XV se quejaban de que estaban viejas y mal reparadas, ya que el río las inundaba todos los años.
    Fotografía: Nortecastilla.es

    No era raro que la propiedad de dichas aceñas fuera compartida por varios propietarios y se sabe que durante los siglo XV a XVII fueron propiedad de los frailes de San Benito y de los religiosos Trinitarios que compartían la molienda de granos y un batán que funcionaba un día a la semana, así como que entre 1548 y 1550 se abrió en la pesquera una compuerta de 5,88 metros para permitir el paso de naves de pequeño calado en uno de los intentos de hacer navegable nuestro río mayor.
    En 1655, las aceñas del Pisuerga pertenecían a la Trinidad Calzada, que encomendó al carpintero Antonio Pérez la reparación de las ruedas Gordilla y Flaquilla. Desde la margen izquierda del río y salvando un brazo desaparecido, se accedía a las aceñas por medio de un puentecillo de madera que en 1738 se sustituye por otro de piedra con tres ojos. Al año siguiente una crecida del río arrastró el tejado de las aceñas.

    Video extraído de la serie El Pisuerga pasa por... (Planetazul Producciones)Este enlace se abrirá en una ventana nueva

    Por el catastro de Ensenada se sabe que las aceñas tenían una producción media entre otras de la provincia, pues producía al año 100 cargas de harina y el batán 1.500 reales de beneficios. En 1822, y afectada por el Trienio Liberal y la desamortización de Mendizábal, la orden de San Benito cobra 178.600 reales al ser adjudicadas en subasta a Santos Rávago, alcanzando la subasta la cantidad más elevada en la pérdida de las propiedades benedictinas.
    Herencias (Juan Antonio Rávago), arrendamientos (Manuel Martín Curiel de San Felices), gestión conjunta (con su problemas por la utilización de aceñas y batán) y subarriendos se suceden en el tiempo.
    En 1875, las aceñas se utilizaron para elevar hasta la ciudad el agua del río hasta que se construyó el Canal del Duero. El paulatino deterioro parece que se inició en 1883, en que desaparece su casilla central, hasta que en 1902 García Valladolid da fe de que se encontraban ya en ruinas, ruinas que han ido desapareciendo en el transcurso de los años hasta nuestros días en que es difícil conocer cómo fueron unas de las construcciones más antiguas y útiles de nuestra ciudad.
    -Fuente: http://www.nortecastilla.es/20091026/valladolid/batanes-acenas-20091026.htmlEste enlace se abrirá en una ventana nueva
  • Añadido el 27 de marzo de 2011
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    Fuerzas Armadas de Noruega: "Por todo lo que tenemos. Y todo lo que somos"Este enlace se abrirá en una ventana nueva.

    Antes de defraudar a nadie, quiero aclarar que no voy a hacer aquí ni una apología ni una crítica de las Fuerzas Armadas. Ni de las de Noruega ni de las de ninguna parte.
    Mientras leía ayer el periódico AftenpostenEste enlace se abrirá en una ventana nueva, encontré, a dos páginas, un tremendo anució con la campaña de reclutamiento de las Fuerzas Armadas noruegas, ForsvaretEste enlace se abrirá en una ventana nueva. Le acompaña un texto que me llegó, no sólo porque sea bonito, sino porque muestra bastante bien cómo se ven los noruegos a sí mismos, lo cual coincide curiosamente con muchos de los tópicos que los extranjeros que vivimos aquí tenemos sobre ellos. Con mejores palabras, por supuesto.
    ¿Cuáles son estos tópicos? "El noruego es muy naif, ingénuo. Viven en el país de las maravillas y no entienden los problemas de otros países". "Les sale el dinero por las orejas y no quieren saber de los demás". "Es un país pequeño y acomplejado". "Son unos chovinistas". 
    Y en el texto del anuncio que adjunto a continuación, se puede ver cómo dar la vuelta a todas estas malintencionadas críticas:
    SI ELIMINAMOS TODO LO QUE POSEEMOS...
    NOS QUEDAMOS CON LO MÁS VALIOSO QUE TENEMOS
    ¿Resulta fácil entender el valor de la libertad si no se tiene experiencia con lo contrario? En un país tan rico como el nuestro, es fácil medir la existencia de lo que poseemos, aunque la verdadera riqueza se encuentra en lo somos: Gente libre en un país libre. Podemos creer lo que queramos, opinar lo que queramos y decir lo que queramos. Algo básico en nuestra vida por lo que muchos todavía luchan en el mundo. 

    Las Fuerzas Armadas no son sólo para proteger lo que TENEMOS, sino también lo que SOMOS. Las fronteras de nuestro país no se encuentra sólo en un mapa, sino dentro de todos nosotros.
    Noruega nunca será una potencia militar, pero podemos de todas formas tener unas fuerzas armadas fuertes, porque las fuerzas armadas se miden por la voluntad de defender en lo que uno cree. Las fuerzas armadas son la suma de los valores y las actitudes que viven en cada uno de nosotros.
    Unas fuerzas armadas fuertes son también el más importante seguro de su país. Ayudan en emergencias contra accidentes y desastres naturales. Y protegen nuestros recursos en el mar.
    En Noruega tenemos una rica diversidad de opiniones y puntos de vista, pero la mayoría de nosotros está de todas formas de acuerdo en algo: Tenemos suerte de vivir en este país, y TENEMOS y SOMOS mucho que merece la pena ser protegido.
    Las Fuerzas Armadas tienen muchas tareas, pero la más importante es prevenir y hacer frente a los retos de seguridad de Noruega."
  • Añadido el 26 de marzo de 2011
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    Las caminatas a San NicolásEste enlace se abrirá en una ventana nueva.


    Nicolás era hijo de padres ricos muertos en una peste. Hacía uso de sus riquezas para mitigar desgracias ajenas. Dos ejemplos milagrosos: A un padre que pasaba por años malos y pensaba empujar a sus tres hijas a la prostitución para salir del bache le fue regalando bolsas de oro con las que iba casando, bien, a sus "vástagas".
    Cuando Nicolás fue elevado a la silla obispal de Mira, una mujer, a la que había brindado importantes beneficios y favores, salió tan contenta de casa para asistir al acto, que no se dio cuenta de que dejaba cerca del fuego de la cocina a un hijo pequeño, que murió abrasado. Cuando lo supo Nicolás, pidió que se lo llevaran y, tras rezar unas oraciones, le devolvió el niño sano y salvo a su madre.
    Nicolás, que murió hacia el año 345, tiene en Valladolid mucho predicamento. Mucha mano, santa y benefactora a juzgar por las miles y miles de personas que acuden desde hace muchos años a la iglesia de San Nicolás pidiéndole algunos necesarios favores.
    Iglesia de San Nicolás

    Los favores de San Nicolás se pueden obtener de una forma muy simple: caminando. Es decir, haciendo lo que se llaman las "caminatas a San Nicolás".
    Las "caminatas" consisten, como su nombre indica, en caminar desde el domicilio del devoto peticionario que solicita al santo algún favor de difícil consecución, hasta el templo del santo en la plaza de la TrinidadEste enlace se abrirá en una ventana nueva. Conviene, para la buena marcha del (negocio) milagro, que el desplazamiento se haga en riguroso silencio, para mayor mortificación y sacrificio, no pudiendo cruzar palabra con persona amiga. Han de ser tres lunes consecutivos con una oración común, y reiteración de la petición en los dos primeros lunes. Y ya en el tercero, se insiste por tres veces con esta frase: "Señor San Nicolás, vengo por mi petición" (una especie de "qué hay de lo mío", en lenguaje paralitúrgico); se reza una alabanza, una oración y se vuelve uno/a caminando a casa (el silencio continuará siendo benefactor) en al seguridad de que la petición se cumplirá. San Nicolás de Bari no ha defraudado jamás a las vallisoletanas.
    Yo bien sé que mi confianza
    no ha de salir defraudada

    y que veré despachada
    mi ferviente petición; pues calmarás
    la aflicción
    de esta alma atribulada

    -Fuente: Aire de Siglos (Selección de Articulos) . José Delfín Val. ISBN:84-95389-82-7 y 84-96186-05-9
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