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Ayuntamiento de Valladolid

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Listado de entradas

  • Añadido el 9 de abril de 2018
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    Mercado en la Plaza Mayor de Medina del Campo.
    Litografía de Muirhead Bone, 1936
    EL PROTAGONISMO DE MEDINA DEL CAMPO COMO IMPORTANTE ENCLAVE DEL COMERCIO CASTELLANO DURANTE LOS SIGLOS XV Y XVI ES BIEN CONOCIDO POR TODOS. SUS FERIAS DE MERCANCÍAS EN LOS TIEMPOS DEL REINADO DE LOS REYES CATÓLICOS SON LAS MAS IMPORTANTES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA, TANTO POR EL VOLUMEN DE MANUFACTURAS Y PRODUCTOS LLEGADOS DESDE TODOS LOS CONFINES DE EUROPA, COMO POR EL NUMERO DE TRANSACCIONES DINERARIAS EFECTUADAS. 
    Asimismo su conversión en ferias de pagos a partir de las últimas décadas del siglo XV es el punto clave para entender el carácter internacional que llegaron a alcanzar, haciendo de esta villa un lugar de primera magnitud y de obligada referencia en el panorama económico europeo de finales del Medievo. Gracias a su concatenación temporal con las ferias flamencas de Brabante y luego con las francesas de Lyon, podían realizarse sin excesivas demoras importantes transacciones mercantiles y dinerarias con las ciudades más importantes de la Europa del momento. 
    Detalle de la Vista de Écija en la edición Civitates Orbis Terrarum (Colonia 1593-1594)
    Para llegar a este estatus privilegiado, que distinguía a Medina del Campo como una de las más prósperas plazas comerciales del Occidente europeo, tendrán que concurrir varios factores, unos coyunturales y otros venidos de tiempos más lejanos. En principio, cabe citar su inmejorable situación geográfica de encrucijada de caminos y cañadas, que convertía a esta villa en un lugar estratégico situado a menos de una jornada de importantes ciudades castellanas como Valladolid, Zamora, Salamanca, Avila y Segovia, siendo por tanto un lugar de paso obligado entre ellas y punto ineludible del importante eje comercial entre Toledo, Burgos y los puertos del Cantábrico.
    El Mercader. Grabado de Jost Amman, 1568
     A ello ha de añadirse la eficacia mostrada por las autoridades locales durante décadas, haciendo cumplir estrictamente las ordenanzas citadas de 1421 acerca del aposentamiento de los mercaderes llegados a la villa en tiempos de feria. Otro punto fundamental es el apoyo incondicional de los sucesivos monarcas, favoreciendo a la villa y sus ferias con privilegios de todo rango, como Enrique IV cuando establece en las Cortes de Santa María de Nieva, en 1473, que: "Ferias francas y mercados francos no sean ni se hagan en nuestros reynos y señoríos, salvo la nuestra feria de Medina y las otras ferias que de nos tienen mercedes y privilegios confirmados"; y más especialmente los Reyes Católicos quienes, en abril de 1491, las declaran "Ferias Generales de nuestros Reinos’, manifestando expresamente su supremacía sobre las de Valladolid (hasta entonces las más importantes de Castilla).
    Vista de Medina del Campo.
    Por Antón Van den Wyngaerde, 1565
    Por último, y esto es de vital importancia, las ferias medinenses cuentan a partir de esa época con el apoyo explícito de los grandes comerciantes internacionales, cuya participación efectiva se hacía a través de los mercaderes y hombres de negocios burgaleses, los más poderosos de la Castilla de entonces. Su concurso incide de modo significativo en la llegada de mercaderes "andantes en ferias" de todas las villas y ciudades manufactureras de la península, así como la activa intervención de agentes y consignatarios de las grandes compañías comerciales europeas, fundamentalmente de dos focos: el flamenco (con Amberes, Brujas, Bruselas, Malinas...) y el italiano (con Génova, Milán, Florencia...); con ellos llegarían a mediados del siglo XV, es decir, en una época muy temprana para Castilla, las novedosas prácticas mercantiles y financieras que  posibilitaban el comercio a gran escala. Se tenía, de este modo, garantizada la llegada de mercaderías, capitales e instrumentos cambiarios, todos ellos elementos imprescindibles en cualquier actividad comercial de cierta entidad.
    Fuente: Extracto del artículo publicado en la revista Historia de Iberia Vieja Núm. 3 (Medina del Campo. Las ferias generales del reino). Por: ANTONIO SÁNCHEZ DEL BARRIO. Fotografias: Museo de las ferias de Medina del Campo.
  • Añadido el 5 de abril de 2018
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    León Gil de Palacio (Anónimo), de la Biografía del señor don León Gil de Palacio (1892) de Silbén Cordal (Biblioteca Nacional de España, sign. 1-10067)
    Por su carácter de referencia única, los vallisoletanos hemos venido reconstruyendo nuestra vieja ciudad conforme al Plano de Bentura SecoEste enlace se abrirá en una ventana nueva. Pero lo cierto es que en el siglo XIX Valladolid contó con otra imagen de sí misma igualmente singular: un plano en relieve, hoy desaparecido, que realizó, en 1827, el militar León Gil de PalacioEste enlace se abrirá en una ventana nueva, autor también  en el año 1830 de otra maqueta en escala 1:432 de la ciudad de MadridEste enlace se abrirá en una ventana nueva que se encuentra en las dependencias del Museo de Historia de esa ciudad.
    Convento de Nuestra Señora de Prado, Valladolid (1828),
     León Gil de Palacio (Fotografía: Museo de Valladolid)

    Era aquel plano una maqueta de la ciudad que, a decir de la Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, que lo examinó y lo aprobó, "...destacaba por su exactitud, la escrupulosidad de las mediciones efectuadas sobre el terreno, la esmerada proporción y el minucioso detalle de los alzados, la acertada representación de las fachadas de los edificios principales...".
    Maqueta de Madrid realizada por León Gil de Palacio
    Detalle del Modelo de Madrid. La Puerta del Sol y su entorno en 1830.

    Fotografía: CARLOS TEIXIDOR CADENAS
    Sabemos de aquella maqueta que en 1877 estaba en el almacén municipal, por entonces en la iglesia de San BenitoEste enlace se abrirá en una ventana nueva. Pasó, ya muy deteriorada, al Museo Arqueológico, acabándose por destruir en 1923. Una pérdida que, por lo excepcional de tal objeto, fue irreparable. 
    Tanto es así que si el Plano de Bentura SecoEste enlace se abrirá en una ventana nueva es, como se dice y reconoce, un documento único y fundamental para la historia del urbanismo vallisoletano, igualmente lo hubiera sido aquél plano en relieve, maqueta o "modelo en bulto" de la ciudad, que tan esmeradamente construyó León Gil. 
    Las generaciones presentes y futuras pagan caro la desidia y falta de interés histórico de nuestros antepasados. Solo nos queda admirar con cierta envidia la que de Madrid se conserva.
    Fuente: Introducción del libro "Valladolid 1738". Eloisa Wattemberg (Directora del Museo de Valladolid)
  • Añadido el 4 de abril de 2018
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    En el Museo de ValladolidEste enlace se abrirá en una ventana nueva se expone desde 2016 una maqueta que representa el Valladolid de 1738 según el plano del escribano vallisoletano Bentura Seco Este enlace se abrirá en una ventana nueva.
    Para realizarlo Bentura Seco midió calle por calle y plaza por plaza. Tiene una gran similitud con el plano de Madrid del siglo XVII de Pedro Texeira, lo singular de ambos es una visión dual; por una parte se aprecian perfectamente el trazado de las calles y por otra la proyección de los alzados de los edificios principales de la ciudad dentro del diseño de las manzanas.
    Su procedencia y conservación es anecdótica debido a que a principios del siglo XX el arquitecto municipal Juan Agapito y RevillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, encontró la plancha del plano soportando una mesa en el ayuntamiento de la ciudad. Hoy en día es un documento importantísimo para el estudio y reconocimiento de Valladolid ya que la ciudad durante el siglo XIX y sobre todo el siglo XX ha sufrido una traumática transformación.
    Esta maqueta realizada por Juan José Fernández PérezEste enlace se abrirá en una ventana nueva reproduce en tres dimensiones la totalidad de dicho plano, logrando un realismo increíble. Si Google Earth hubiera existido en el siglo XVIII nos mostraría la ciudad tal y como la vemos en esta increíble obra de arte que se puede visitar en el citado museo.
    He aquí algunos de los rincones más significativos de la ciudad que nos muestra la magnífica maqueta:
    Plaza de San Pablo y Palacio Real

    Parte trasera de la Catedral e Iglesia de Santa María de la Antigua

    Se puede apreciar el antiguo trazado del Esgueva y sus puentes
    Plaza Mayor

    Zona San Benito
    San Benito
    Puerta del CarmenEste enlace se abrirá en una ventana nueva (Paseo de Zorrilla), donde hasta hace poco se situaba el Hospital Militar
    Puenta Mayor e Iglesia de San Nicolás en su primitiva ubicación
    Monasterio del Prado
    Plaza de la Universidad
    Otra perspectiva de la zona de San Pablo
    Otra perspectiva de la Plaza Mayor
    Plaza Mayor y sus primitivas callejuelas

  • Añadido el 28 de marzo de 2018
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    El 21 de agosto de 1520 Medina del Campo sufrió un incendio provocado por los jefes militares del ejército imperial en el ámbito de la guerra de las comunidades.
    Segovia fue el escenario de los primeros incidentes, donde se atacó a los representantes del poder real. A partir de aquellos incidentes, en la ciudad sólo mandaban los representantes de las cuadrillas del brazo popular. El alcalde Ronquillo intentó someter la ciudad bloqueando el suministro de alimento pero no lo logró. Los vecinos de Segovia se agruparon cada vez con mayor esperanza en torno a su caudillo, Juan Bravo. El virrey Cardenal Adriano pensó en utilizar la artillería estacionada en Medina del Campo contra los sublevados segovianos.
    Ronquillo se dirigió a Arévalo desde Santa María de Nieva; allí se unió a Antonio de Fonseca, capitán general del ejército real, que mandaba el grueso del ejército real, poco numeroso y sin artillería.
    Antonio de Fonseca, recibió la orden de dirigirse a Medina del Campo, tomar la artillería e impedir e1 paso a Padilla. Fonseca se presentó en Medina del Campo el 21 de agosto, pidiendo que se le diese posesión de la artillería real. Se encontró con una fuerte oposición: a la ciudad le repugnaba hacer entrega de unas armas que creía iban a emplearse contra Segovia. Durante toda la mañana Fonseca parlamentó sin ningún resultado. Hizo avanzar sus tropas, pero la población les impidió el paso. Fonseca entonces dio la orden de ataque. 
    Tropas de Carlos I incendian Medina del Campo, durante la Guerra de las Comunidades de Castilla
    Con el fin de distraer a la población, Fonseca -o quizá uno de sus colaboradores provocó un incendio en la calle de San Francisco, pensando que la gente abandonaría el combate para tratar de apagar el fuego, pero todo el mundo permaneció en su puesto. El incendio se extendió por una vasta zona de la ciudad y después al convento de San Francisco, donde los comerciantes almacenaban sus mercancias en los intervalos entre las ferias. Fonseca acabó retirándose, y dejó atrás una ciudad medio destruida. Estas llamas iban a provocar otro tipo de incendio por toda Castilla. 
    En efecto, los comuneros explotan de forma inteligente el incendio de Medina del Campo. Impresionado por la oleada de protestas, el Gardenal Adriano no tiene más remedio que licenciar al ejército real; renuncia así a los pocos recursos de que dispone. Se encuentra desarmado, desacreditado. 
    Este hecho contribuyó a la adhesión de ciudades y pueblos al movimiento comunero.
    Fuente: Los Comuneros- Joseph Pérez
  • Añadido el 27 de marzo de 2018
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    Retrato de el Empecinado (Goya)
    Por Jorge Sánchez Fernández
    Si Juan Martín Díaz el «Empecinado» resulta ser el más egregio de los guerrilleros vallisoletanos la verdad es que, durante la Guerra de la Independencia, luchó poco, muy poco en Valladolid. Pero no sería justo comenzar sin detenerse en su figura objeto de síntesis (Mateo Martinez) y monografías extensas (Cassinello Pérez, Hernández Girbal) difíciles de superar. 
    Nacido el 2 de septiembre de 1775, en la localidad vitícola de Castrillo de Duero, e hijo de labrador, en nuestro héroe despertaría una temprana vocación castrense que le impelió a fugarse para acudir a sentar plaza en el cercano Peñafiel, de donde fue de inmediato recogido por sus progenitores, quienes hicieron constar al encargado la corta edad (16 años) del recluta. Apenas año y medio més tarde, fallecido su padre, Juan Martín volvió a alistarse, participando en la guerra contra la Convención (1793-1795). 
    Terminado el conflicto, se licencia, regresa a Castilla y, contraído matrimonio, transcurrieron años de vida silenciosa en Fuentecén. Antes del alzamiento nacional de mayo/junio de 1808, el «Empecinado», conduciendo una pequeña partida, interceptó a varios estafetas franceses en la carretera de Burgos a Madrid, engrosando la lista de aquéllos que quieren, o pueden, atribuirse el disputado título de «primer guerrillero castellano». 
    Seguidamente, aunque no existan pruebas, Juan Martín, participaría en las batallas de CabezónEste enlace se abrirá en una ventana nueva y del Moclin (12 de junio y 14 de julio de 1808). Escapado sano y salvo de ambas derrotas, reorganiza la partida, con la cual, durante lo que resta de año, hostiga a las tropas napoleónicas que se mueven entre Valladolid y Burgos. A fin de enganchar voluntarios a su grupo, garantiza el cobro de jornal diario, no soldada -puntualiza Gémez de Arteche-, a quienes se le unan. Durante este tiempo continúa en relación con su provincia natal, remitiendo a Peñafiel los prisioneros que hace en territorios próximos, para que sean enviados a los depósitos del sudeste del país. 
    Fijémonos en el retrato literario que de «El Empecinado» traza Galdés: «Era don Juan Martín un Hércules; de estatura poco más que mediana, organización hecha para la guerra, persona de considerable fuerza muscular, cuerpo de bronce. que encerraba la energía, la actividad, la resistencia, la contumacia... Su semblante moreno amarillento, color propio de los castellanos asoleados y curtidos. Expresaba aquellas cualidades. Sus facciones eran más bien hermosas que feas, los ojos vivos, y el pelo aplastado con desorden sobre la frente, se juntaba a las cejas. El bigote se unía a las cortas patillas, dejando la barba limpia de pelo, afeite a la rusa que ha estado muy en boga entre guerrilleros, y que más tarde usaron Zumalacárregi y otros jefes carlistas. 
    Casa natal de El Empecinado en Castrillo de Duero
    Envolviase en un capote azul que apenas dejaba ver los distintivos de su jerarquía militar, y su vestir era, en general, desaliñado y tosco, guardando armonía con lo brusco de sus modales. En el hablar era tardo y torpe, pero expresivo... tenía empeño en despreciar las formas cultas, suponiendo condición frivola y adamada en todos los que no eran modelo de rudeza primitiva. .. Poseía un alto grado de genio de la pequeña guerra, y después de Mina, que fue el Napoleón de las guerrillas, no hubo otro en España ni tan activo ni de tanta suerte. . .». 
    En el otoño de 1809, la guerrilla de Juan Martín sale de Castilla la Vieja colocándose al servicio de la Junta de Guadalajara. El «Empecinado» no volverá aparecer por Valladolid hasta finalizado el conflicto. 
    Aquí, su último hecho de armas ocurrió cerca de Pedrosa del Rey, el 20 de agosto de 1809. Los guerrilleros atacaron una columna enemiga compuesta de infantería y caballería, entablándose un choque feroz, con la consiguiente persecución. 
    El caudillo, herido de sable en el brazo y costado izquierdo, es llevado a Pollos, donde, curado por un galeno de Tordesillas, se recupera sin problemas. Casi repuesto marcha a Castrillo, con el propósito de visitar a familiares y amigos. Cuatro días estuvo en el pueblo, sin que los franceses llegasen a tener la menor noticia. Aquellos vecinos que el año anterior habían robado en el domicilio de su madre, y enviado al general Cuesta un escrito en que le presentaban como un verdadero forajido, provocando su entrega al afrancesado alcalde de Burgo de Osma, son sacados a la fuerza de sus escondites y puestos en presencia del guerrillero, que declara no albergar deseos de venganza, invitándoles a comer con los suyos. Tras esta estancia. el «Empecinado» se despide, por mucho tiempo, de Valladolid.
    Fuente: ¡Nos invaden! Guerrilla y represión en Valladolid durante la Guerra de la Independencia Española. 1808-1814. Jorge Sánchez Fernández
  • Añadido el 22 de marzo de 2018
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    Iglesia de estilo románico construida en el siglo XII. Se estima que la fecha de inicio de las obras en torno a 1150. Su estructura presenta una sola nave con presbítero recto y bóveda de medio cañón rematada con una cabecera semicircular cubierta con bóveda de horno. Conserva diferentes añadidos posteriores a la obra original, como la sacristía de la esquina nororiental, la espadaña y el coro que se eleva a los pies de la nave.

    Siendo el románico vallisoletano, en general, rural, tosco, sencillo, pobre y tardío, hay un pequeño grupo de edificios que ofrece peculiaridades, debidas más a los medios financieros disponibles, más cuantiosos, que a diferencias de concepción estética. Se trata, como señaló Felipe Heras en su trabajo sobre el románico vallisoletano, de las iglesias del románico occidental o de órdenes militares.
    La iglesia de Arroyo es un edificio de pequeñas dimensiones y, a pesar de haber sido muy restaurado, conserva bastante de su apariencia original.

    La portada sobresale un metro de la fachada y está formada por un arco de ingreso de medio punto, sin tímpano y con cinco arquivoltas, protegida por un tejaroz. Tanto los capiteles como los canecillos que soportan el tejaroz aparecen decorados de forma muy variada y de buena calidad; se puede ver una escena de caza.
    Lo más interesante de la iglesia de San Juan de Arroyo es la profusión y variedad de su decoración esculpida. Están tallados los capiteles del interior y exterior de la iglesia, además de las molduras, las líneas de imposta y los canecillos de cornisas y tejaroz.

    En la segunda mitad del siglo XIX pasó a propiedad del senador indiano José Manuel Golleneche, quien patrocinó la reforma y restauración del templo. 
    Foto: www.lafronteradelduero.com
    A esa actuación corresponde el muro norte y la sacristía que tiene adosada, el traslado de la espadaña a los pies con la que se cubrió la nave con bóveda de cañón con ladrillo, aunque en su origen era de una armadura de madera., y la boveda de cañon que cubre la nave, además de algunos capiteles de nueva factura y el caracol de acceso al coro.

    Las ventanas se decoran con capiteles ilustrados por un aguila, una sirena voladora y otra agarrando sus dos colas, un león engullendo una cabeza humana y motivos vegetales con bolas.
    La iglesia a principios de los años 70 del pasado siglo
    El repertorio escultórico se completa con los canecillos que sostienen la cornisa, donde figuras monstruosas arropan a un tipo en cuclillas, una liebre abatida,  búhos y un sapo plantando cara a la serpiente. En el interior del ábside sobresale la representación de la lujuria, con dos serpientes abrazando el cuerpo de una mujer desnuda.
    Del libro Recuerdos y bellezas de España. 1861. Litografía de S. Isla
    Se aprecia claramente la antigua ubicación de la espadaña antes de la reforma llevada a cabo en la segunda mitad del S. XIX

    El románico de este templo se ha asociado a la corriente difusora del Camino de Santiago.
    También se conoce como Iglesia de San Juan Ante Portam Latinam.
  • Añadido el 20 de marzo de 2018
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    La acumulación de metales nobles como el oro y la plata, en forma de monedas y joyas, ha sido práctica acostumbrada a lo largo de la Historia. Su conservación como valor seguro ha dado lugar a su atesoramiento y ocultación en tiempos de inseguridad económica y, sobre todo, en momentos de amenaza y guerra para evitar su saqueo o su requisamiento. Esto ha venido deparando hallazgos ocasionales que frecuentemente proporcionan ricos conjuntos arqueológicos y una interesante información en torno a los hechos y acontecimientos históricos que provocaron tales ocultaciones.
    En los términos municipales de Cabezón de Pisuerga y de Peñafiel tuvieron lugar, en 1963 y en 1989 respectivamente, los hallazgos de sendos tesoros: de joyas y monedas de oro y plata en Cabezón, y de monedas de plata en Peñafiel. En uno y otro caso, las fechas de los atesoramientos permiten vincular su ocultación al marco temporal de la Guerra de la IndependenciaEste enlace se abrirá en una ventana nueva (1808-1814), que tuvo importantes episodios en la provincia vallisoletanas.
    El tesoro de Cabezón
    Reúne ciento ochenta y ocho joyas de oro y plata, y setenta y tres monedas de oro de los reinados de Felipe V, Fernando VI, Carlos III y Carlos IV. Fue hallado dentro de "un ánfora" de cerámica, en el "Pago del Doctor", de Cabezón de Pisuerga, en el límite del Cerrato, zona donde ejerció su control la guerrilla de Tomás Príncipe. La cronología aportada por las monedas hizo relacionar su enterramiento con la batalla del puente de CabezónEste enlace se abrirá en una ventana nueva, pero el reciente estudio de las joyas aclara que, si bien el momento de la ocultación se debe a partir de 1795 (fecha de acuñación de la moneda más moderna), las marcas de alguna de las alhajas piden llevar su datación hasta el segundo cuarto del siglo XIX.
    Tesoro de Cabezón
    Las características del conjunto de joyas y monedas hacen pensar que pudo pertenecer a un comerciante dedicado a la compra y venta de joyas de oro, quien lo pudo ocultar o a quien fue robado por cuadrillas guerrilleras, o por sus dispersos y desertores, en un momento avanzado de la guerra o con posterioridad a la finalización de la contienda, acaso ya en las querellas políticas del segundo cuarto del siglo XIX.
    Tesoro de Cabezón
    Las monedas del conjunto son poco variadas: salvo una de dos escudos, las otras setenta y dos son de medio escudo. Sin embargo las alhajas ofrecen una amplia variedad de tipos
    El tesoro de Peñafiel
    Fue hallado en 1989, oculto también en el interior de una barrilla de barro, en un almacén de la plaza del Mercado Viejo. Está formado por 280 monedas de plata pertenecientes a los reinados de Carlos III, Carlos IV, José Napoleón y Fernando VII. Dos de las monedas son francesas, de Luis XV, pudiéndose establecer la fecha de su escondite a partir de 1810, en el momento álgido de la actividad guerrillera en la zona de Valladolid.
    Tesoro de Peñafiel
    El día 29 de septiembre de ese mismo año los guerrilleros españoles expulsaron a la guarnición francesa de Peñafiel, teniendo el general Kellermann que enviar un fuerte contingente de tropas, con dos cañones, para recuperar la población. En tal situación, es muy probable que algún vecino decidiera esconder al menos una parte de sus caudales, y no debe extrañar que más de uno no pudiera, por una y otra causa, recuperar luego su patrimonio.
    Tesoro de Peñafiel
    El tipo de moneda predominante en este conjunto, el real de a ocho, fue acuñado en grandes cantidades en las Casas de Monedas de las colonias americanas, de las que procede la mayoría del monedaje de este tesoro: 183 monedas son de México, 42 de Lima, 24 de Potosí, 4 de Guatemala, 2 de Santiago de Chile. Solo 21 son de Madrid y 2 de Sevilla. El real de a ocho, era la moneda fuerte de la época.
    Fuente: Museo de Valladolid
  • Añadido el 18 de marzo de 2018
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    La toma o batalla de Torrelobatón fue una operación militar llevada a cabo por el ejército comunero a finales de febrero de 1521, en el marco de la Guerra de las Comunidades castellanas.
    Desde todas las ciudades comuneras llegaron tropas a Valladolid hasta alcanzar la cifra de 6000 infantes, 600 caballeros y una potente artillería. 

    Este ejército salió secretamente de la ciudad al mando de Padilla para poner sitio a Torrelobatón, posesión del Almirante e importante punto estratégico. 
    El duro asedio se prolongó durante cuatro días.
    La muralla y el castillo sufrieron graves daños durante el asedio. Cuando finalmente cayó la población, Padilla tomó el castillo tras amenazar con ahorcar a todos los habitantes si el alcaide no se rendía. 
    Esta victoria despertó el entusiasmo de los comuneros y la inquietud entre la alta nobleza: los comuneros habían atacado las posesiones del mismísimo Almirante de Castilla. El cardenal Adriano reprocharía la actitud negligente de los jefes del ejército, más preocupados por defender sus señoríos que por ayudar al rey.

    -Dibujos obtenidos del Centro de Interpretación del movimiento comunero (Castillo de Torrelobatón)
  • Añadido el 17 de marzo de 2018
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    Iglesia de Santa María
    En el año 672, del rey godo RecesvintoEste enlace se abrirá en una ventana nueva al parecer hizo la trashumancia buscando una mejoría a sus dolencias en las salutíferas aguas de Fuente Honcalada.
    Aposentado en este lugar de los Torozos, el día 1 de septiembre Rescenvinto falleció. La búsqueda de un nuevo rey se alargo varios días, hasta que encontraron a Wamba, en su retiro, haciendo lo que cualquier jubilado ocioso. Labrar sus tierras y disfrutar de su jubilación, tras una larga etapa como ''militar'', sirviendo a diferentes reyes Godos.  Porque fue ley de los godos que el nuevo monarca debe ser elegido en el mismo lugar en que falleciera el anterior. Esto es solo una suposición, pues toda la vida anterior a su coronación, esta envuelta en un halo de misterio, leyendas y datos poco fiables. 
    Estatua de Wamba de una serie de monarcas españoles de la plaza de Oriente (Madrid)
    Wamba se opuso cuanto pudo a recibir la corona y durante su reinado mantuvo esa distancia con los oropeles. Las lecturas escolares escenifican ese rechazo en el desafío de un Wamba labriego que se compromete a aceptar la corona si florece la garrota con la que arrea a los bueyes (cuenta la leyenda que al clavar el palo en la tierra, súbitamente reverdeció, cubriéndose de verdes hojas y blancas flores). También su breve reinado, interrumpido por una conjura, aparece salpicado de leyendas.
    Lo cierto es que murió en la localidad burgalesa de Pampliega, como atestigua un monolito rematado por una cruz de hierro.
    Aunque el relevo de reyes le dio nombre, no fue el único episodio notable ocurrido en Wamba. Tres siglos más tarde se retiró a su cenobio el obispo Fruminio, dimisionario de León, quien impulsó la construcción de la iglesia mozárabe cuya estructura todavía pervive dentro del cascarón románico. Y haciendo valer su condición episcopal, la consagró a Santa María, que era la advocación usual de las catedrales. Un refrán hace broma con las dádivas de esta mitra jubilada: El prelado de Wamba da lo que le sobra para salvar su alma. Los vestigios mozárabes de la iglesia son los más arcaizantes que se conservan de este estilo. Quedan muy lejos de la gracilidad de San Cebrián de Mazote.
    Su traza remite más a San Juan de Baños. Sin embargo, apenas nada se ha encontrado del primitivo cenobio visigodo. Dos tenantes de altar y un capitel que se usa como pila del agua bendita.
    Dos siglos más tarde, ya en el doce, Wamba pasó a ser una encomienda de los hospitalarios de San Juan, a la que se retiró en 1175 doña Urraca. Esta regia dama era hija del rey de Portugal y esposa de Fernando II de León, quien después de repudiarla la arrumbó aquí con una buena dote. Hasta fines del siglo diecinueve estuvo en pie la capilla que guardaba sus restos, derribada entonces para construir el ayuntamiento. Wamba se encuentra en el valle del Hontanija, un riachuelo tributario del Hornija que nace en la fuente de los Ángeles de Villanubla. Su menguado caudal, muy sensible al estiaje, se adorna con tupidas choperas y movió varios molinos e incluso la pesada turbina de una fábrica doméstica de electricidad. Desde la zona recreativa que rodea al Hontanija, los pasos del visitante acceden a la plaza Mayor, donde está la iglesia, por la calle de la Fuente, en la que se suceden dos caños.
     La fuente Honcalada ofrece su manantial digestivo en la salida hacia Villanubla. Entrando a la plaza por este flanco, se aprecia el testero mozárabe de la iglesia, que es la parte que salvaron los hospitalarios al construir el templo románico. Lo más atractivo del exterior es la portada de los pies, en la que sobresalen los arquillos que recorren las arquivoltas, de clara filiación oriental. El tímpano recoge la fecha de su construcción: 1195. Esta portada estuvo mucho tiempo tapada por el frontón de pelota pero ahora forma un hermoso rincón con la vecina puerta del antiguo cenobio.
     Las últimas reformas despojaron a la iglesia de otros apósitos bastardos, aunque el flanco que cierra la plaza hacia el ayuntamiento desmerece el conjunto. Antes se había achatado la estatura de la torre y esta rebaja contribuyó a la imagen apaisada del conjunto.
    La visita a Wamba no puede prescindir de la entrada al interior de su iglesia y a la capilla del osarioEste enlace se abrirá en una ventana nueva, que se ha convertido en uno de los reclamos más buscados. Se trata de un recinto fascinante. 
    Osario
    Foto: www.panibericana.com/
    A lo largo de la calle de la iglesia se suceden las cruces del calvario sanjuanista unas empotradas en los muros, otra junto a la iglesia, las más alejadas en el cementerio y en la pradera de la ermita de la Virgen de la Encina, saliendo hacia Peñaflor de Hornija. La ermita del Humilladero, del dieciséis, es una construcción mínima pero de aspecto muy repulido. El circuito peatonal por Wamba se abrocha recorriendo la calle de la Cruz, que enlaza con la de la Fuente a través de los Pajares. El callejero de Wamba resulta sinuoso y se enreda en frecuentes corros y metidos.
    Fuente: Tierra de horizontes (Ernesto Escapa)
  • Añadido el 16 de marzo de 2018
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    Plaza - Foncastín (Valladolid) - En el antiguo lugar de Foncastín se creó después de la guerra civil un pueblo con colonos llegados de la provincia de León, y cuya iglesia se puede observar en el centro de la imagen.
    Foto: Fundación Joaquín Díaz
    El 28 de noviembre de 1945 se dio uno de los éxodos más tristes que un pueblo tuvo que realizar durante la época del franquismo por culpa de la inundación del mismo. El pueblo de Oliegos, en la verde y montañosa Cepeda leonesa, fue sepultado por el embalse de Villameca. 38 familias recogieron sus enseres, cerraron las puertas de sus casas y emprendieron viaje en 30 vagones, los tres primeros para las personas y los 27 restantes para el ganado y sus pertenencias. El destino, Foncastín, una finca en la llana provincia de Valladolid.
    Foto: Diario de León
    Hoy Foncastín, que un día se llamó Foncastín de Oliegos pero ya no, huele a la Cepeda. Hay una calle León, hay un bar que se llama El Rincón de Oliegos y en él toda la decoración son cuadros, fotografías que ya no se podrán volver a hacer pues son imágenes del pueblo antes de que lo anegara el pantano de Villameca. Ahora hace 73 años.
    Aquel viaje sin retorno, desde los montes de León a la llanura castellana, permanece en la memoria de Pedro Castro, uno de los vecinos de mayor edad de Foncastín. Con más de 19 años dejó atrás un mes antes Oliegos para "abrir el camino" al resto de familias en el nuevo emplazamiento, una finca de unas 1.700 hectáreas, propiedad del Marqués de la Conquista. En esta finca se levantó un pueblo blanco, de diseño geométrico, para albergar a los cepedanos transterrados.
     De allí partieron unas 200 personas cargadas con sus enseres, ganados y símbolos religiosos en un tren de 30 vagones rumbo a Valladolid aunque hubo otras que decidieron permanecer en la zona. La muerte fue en este caso anunciada. La agonía de Oliegos comenzó años antes de la década de los 40 puesto que desde 1933 se conocía el proyecto del embalse de Villameca.
    Oliegos en una foto de la época

    La Guerra Civil española paralizó la construcción de la presa que inauguró Franco la tarde del 2 de octubre de 1946. Por ello, al viejo Oliegos nunca llegó la electricidad puesto que estaba condenado a desaparecer bajo las aguas del embalse de Villameca. El pueblo nombró a un defensor aunque su oposición a aquella infraestructura del franquismo no frenó su desarrollo.
    "Señores, las compuertas de la presa ya están bajadas". Éste fue el aviso que desencadenó la travesía de aquellas familias, la mayoría numerosas, y a la que se resistió Saturnino, que llegó cinco días más tarde a Foncastín. La marcha arribó en la estación del Norte de Valladolid a las 11 de la noche.
    Los enseres y animales, que ocupaban 27 de los 30 vagones, llegaron en el tren a Medina del Campo donde tuvieron que ir a recogerlos, entre ellos, las campañas de Oliegos y varios santos como Las Angustias o San José. En total, pagaron 17.000 pesetas por el viaje.
    Fotografía: LaNuevaCrónica.com
    El 30 de noviembre la caravana, que se desplazó en autobús desde Valladolid, tomó posesión de Foncastín. Las autoridades leonesas y vallisoletanas así como del Instituto Nacional de la Colonización presidieron la génesis de aquel pueblo que por azar del destino no se ubicó en tierras de Benavente o Huesca –las alternativas que se barajaron-.
    Explicaron que las casas existentes no eran suficientes, lo que obligó a algunos a ocupar las corralizas y a otros a desplazarse a Rueda. Todavía tardarían seis años en levantarse todas las viviendas, diez la iglesia y aún más el cementerio. Las campañas durante años lucieron en un alto colgadas de dos palos y la escuela se ubicó en unos barracones, donde por la noche algunos mejoraron su lectura y escritura.
    De paseo por las primeras calles de la localidad
    Foto: http://www.leonoticias.com
    A las puertas del ya duro mes de diciembre, comprobaron con decepción que del pueblo nuevo prometido no había ni rastro. Foncastín, la tierra prometida, eran los barracones de la finca de un Marqués, no había ni casas, ni agua, ni pueblo, ni nada. Por sus tierras y casas, recibieron en conjunto 4,5 millones de las antiguas pesetas, una cantidad en su opinión menor al valor real pues la tasación fue hecha antes de la Guerra y la venta se hizo efectiva en 1945. Este dinero no fue suficiente para pagar las nuevas casas y parcelas, que se dividieron en pequeñas, medianas y grandes (de 15, 20 y 30 hectáreas).
    En recuerdo de Oliegos
    Los transterrados llevaron al valle del Zapardiel sus ganados y aperos, las costumbres de La Cepeda. Rápidamente descubrieron la fertilidad agrícola de aquella amplia hondonada. Todavía hoy, después de 64 años, el bar del pueblo lleva el nombre de ‘El rincón de Oliegos’ y dos de sus calles los de Villameca y León. También sus apellidos siguen siendo los de su oriunda comarca (Magaz, Mallo, Fernández y García). Además, mantuvieron al alcalde, Nicanor Magaz, y conservaron a sus santos ya que las fiestas patronales son Las Candelas y San Pedro así como la receta de las ricas "margaritas".
    En la plaza de la localidad, la iglesia atesora las campanas e imágenes de Oliegos. También se erigió un monumento, una campesina leonesa, en memoria de aquellas gentes, cuyos recuerdos siguen evocando aquel paisaje solitario, bello y melancólico. Sin embargo, muchos lamentan el olvido de las instituciones leonesas y valoran el apoyo de la Diputación de Valladolid, que patrocinó la publicación de un libro sobre su historia de vida.
    La sequía saca a la luz los restos de la localidad de OliegosFotografía: Martínezld
    Al final del estío, se descubre con facilidad los restos del viejo poblado en la parte posterior del embalse. Perfectamente dibujadas puede contemplarse las calles, los planos de las casas e incluso el espacio alargado de la iglesia. También se distinguen los molinos, los muros de los prados y la calzada que proseguía valle arriba en dirección a Los Barrios de Nistoso (León).
    Fuente: http://www.leonoticias.com/frontend/leonoticias/Foncastin-La-Tierra-Prometida-vn41914-vst306Este enlace se abrirá en una ventana nueva
    Fuente: http://bibliotecasespecializadasdezamora.blogspot.com.es/2010/12/Este enlace se abrirá en una ventana nueva
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