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Ayuntamiento de Valladolid

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  • Añadido el 31 de marzo de 2020
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    Puente del Cubo o del Espolón, en la desembocadura del brazo Sur del Esgueva en el Pisuerga (Fundación Joaquín Díaz).
    Situado frente a la esquina más occidental de la calle Doctrinos y la parte trasera de la Academia de CaballeríaEste enlace se abrirá en una ventana nueva. Aparece dibujado en litografías y planos históricos, desde el siglo XVII, unido al desarrollo de la línea del Espolón. Era el último vado que existía en el Esgueva antes de su desembocadura en el río Pisuerga. Realizado en sillería caliza, contaba con un único ojo y un arco rebajado en la parte superior. Poseía una elevada altura, dado que el cauce del Esgueva en este punto era angosto y profundo, y que además servía para vadear en línea con el Espolón, en la salida de la ciudad hacia el barrio de las Tenerías.
    Puente del Espolón Viejo (Alfred Guesdon, 1854)
    Dos obras efectuadas en el año 2017 en la confluencia del paseo de Isabel la Católica con Doctrinos, una reparación de la tubería de abastecimiento de agua y la apertura de un socavón en la vía pública, han posibilitado sacar a la luz partes de la estructura del puente del Cubo o del Espolón Viejo, situado bajo el asfalto del paseo de Isabel la Católica.
    Las obras de reparación no han afectado a los vestigios estructurales conservados y tras la reparación de las averías se procedió al relleno controlado de los cortes y del propio lateral del puente.
    Se desconoce la fecha exacta de construcción de este vado, el más occidental de los levantados sobre el ramal Sur del río Esgueva, antes de su desembocadura en el río Pisuerga. Su origen debe situarse en los compases finales de la Edad Media, siglos XIV o XV, cuando se desarrolla el barrio artesanal de las Tenerías, junto al Pisuerga. Este puente serviría de comunicación de ese arrabal con el resto de la ciudad, encontrándose no muy distante de la salida natural de Valladolid hacia el Sur, coincidente con el puente del Campo, también sobre el Esgueva, pero a la altura de la calle Santiago, donde a su vez se situaba la puerta homónima, en el trazado de la segunda muralla de la ciudad.
    En el plano de 1738, de Bentura Seco, el puente forma parte de la línea del Espolón Viejo, el límite del casco urbano frente al río Pisuerga en esos momentos. Idéntica situación se observa en la planimetría histórica del siglo XIX, reconociéndose hasta 1911 como el cauce del río Esgueva discurría al aire en el intervalo comprendido entre este puente y el del Campo.
    Según el plano de Bentura Seco
     Desde 1879 se estaban llevando a cabo los trabajos de encauzamiento entre este vado y el de la calle Santiago, aunque por diferentes problemas (económicos, con contratistas, crecidas, etc.), una vez en marcha el plan de saneamiento de R. Uhagón se paralizó todo el proceso, habiéndose cubierto un trozo hasta la mitad de la actual calle de Doctrinos, mientras que el resto, que fundamentalmente discurre bajo el suelo de la Academia de Caballería, solo contaba con los muros de mampostería laterales. Posteriormente se rellenaría el tramo hasta el puente del Cubo, entre los años 1915 y 1919.
    El puente subsiste como punto final de desagüe de la Esgueva Sur en el río Pisuerga hasta la década de los años 50 del siglo XX. Entre los años 1953 y 1956 se construye el actual puente de Isabel la CatólicaEste enlace se abrirá en una ventana nueva (designado también en ocasiones con el nombre del Cubo), con proyecto del ingeniero Luis Díaz-Caneja Pando, siendo inaugurado por el alcalde J. González-Regueral.
    Fuente: VALLADOLID Y EL RÍO ESGUEVA
    Una historia de encuentros y desencuentros. Aproximación histórica y arqueológica
    al paso del cauce fluvial por la ciudad de Valladolid
    JESÚS MISIEGO Y JOSÉ IGNACIO DÍAZ-CANEJA (coords.)
  • Añadido el 7 de marzo de 2020
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    No es lugar para comentar las causas ni las consecuencias originarias de las pestes que azoraron Europa y Valladolid, de forma periódica, hasta el siglo XX. Peste era sinónimo de contagio. La pronunciación de la misma palabra, «pestilencia», sobrecogía a las gentes. Cada una de sus manifestaciones era considerada como un azote y castigo divino. Las primeras pestes documentadas que afectaron a Valladolid se producen a finales del siglo XIV.
    Procede de Asia y se la conoce con el nombre de «bubónica» por manifestarse por medio de carbuncos y bubones.
    El siglo XV está jalonado de fechas en las que las pestilencias originaron grandes mortandades: las de 1437, 1441, 1457, 1478, 1485, 1488 y 1495. La profesora Maria A. Fernéndez del Hoyo documenta como actuaban las gentes de las diferentes capas sociales: los poderosos y ricos huyen de la ciudad (los miembros de la Chancillería, el Concejo y la misma Corte). En numerosas ocasiones se cierran las puertas de las murallas de la ciudad, previa expulsión de mendigos y forasteros pobres, además de recluir a los ya contagiados en hospitales extramuros. Entre los que se quedan, unos se dedican a hacer penitencia y otros a disfrutar de todo tipo de placeres, mientras permanecían vivos. El siglo XVI no fue menos mortífero. Comenzó con la peste de 1507, a la que siguió la de 1517 y 1527 para alcanzar su culminación en los últimos diez años del siglo. Entre 1597 y 1599 la población de Valladolid quedó diezmada. 500.000 muertes en España. La peste se manifestaba a través de «carbuncos, bubones y secas». Las medidas sanitarias adoptadas acudieron a todos los remedios: desde encender hogueras quemando plantas aromáticas a las consabidas sangrías, purgas, y un sinfín de triquiñuelas seudomédicas que se aplicaban sobre los enfermos. Pero, sobre todo, se recurriría a la Divinidad mediante procesiones y plegarias, dirigiéndose a los santos milagreros al uso San Roque y la Virgen de San Lorenzo.
     Las pestes provocaban el abandono de los contagiados con tal de salvarse uno mismo. Véanse padres que abandonaban a los hijos, o Viceversa. En Valladolid murieron durante esa peste 6.600 personas. En el siglo XVII fue el tifus el que originó importantes mortandades; en cambio en el XVIII el paludismo provocó 26.500 enfermos y 1.367 muertos entre 1786 y 1787. Durante el siglo XIX fue el «cólera morbo» que en 1834 mató en Valladolid a unas 2.000 personas. El siglo se despidió con una epidemia de gripe que afectaba a niños y ancianos, entre los que hizo estragos. En el siglo XX fue la viruela y una epidemia gripal. En el año 1918 llegó a afectar a 10.000 personas, habiendo días que morían unas 30. Más recientemente se declaró el SIDA que hizo estragos, primero en un sector de la población, para generalizarse al resto. A nivel mundial hemos tenido noticia de «la gripe del polio» que ha tenido en jaque al país más poblado de la tierra: China. Ahora, en pleno siglo XXI el coronavirus, proveniente también de China, nos vuelve a traer de cabeza. Siente uno la sensación de provisionalidad vital y estar a merced de cualquier «evento» pues, muy a pesar de todos los logros y avances médicos, el mundo de los gérmenes presenta numerosas incógnitas, ni siquiera imaginables.
    Fuente: Historias de Valladolid (Miguel Ángel Martín Móntes)
  • Añadido el 2 de marzo de 2020
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    La zona a finales del siglo XVIII, previo a la construcción de la Academia de Caballería

    Ya en 1859 se hace mención en El Norte de Castilla a la instalación de unos pequeños jardines en la parte delantera de la Academia de CaballeríaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, los cuales pervivirán, con sucesivas modificaciones, a lo largo de toda la centuria. Pero estas no son obras que rompieran con las características que había tenido este espacio desde antiguo, no formando una verdadera plaza, sino siendo más bien un cruce de caminos. Es por este hecho que en los años siguientes el espacio correspondiente a la plaza tan solo se veía afectado por la ejecución de los diversos proyectos que tenían como fin la recomposición o nueva creación de enlaces entre las diversas vías, destacando de entre ellas la de la carretera de Madrid.
    Esta carretera provocará no pocos problemas. En 1877 ésta pasaba por el centro del Campo Grande, que estaba siendo reformado de manera notable. Por este hecho Ruiz de la Sierra presentó un proyecto para variar el trazado de la citada vía a lo que en la actualidad es el paseo de Zorrilla. La idea fue acogida con entusiasmo por todos, concediéndose el correspondiente permiso sin mayores trabas y llevado a cabo en los años siguientes. En 1883, ya sin Ruiz de la Sierra en el puesto de arquitecto municipal, se concluía el proyecto, discurriendo la carretera por el paseo de Zorrilla, en aquellos tiempos acera de Sancti Spíritus.Este enlace se abrirá en una ventana nueva
     Este espacio desde antiguo, no formaba una verdadera plaza, sino siendo más bien un cruce de caminos
    No hubo grandes reformas hasta la década de los noventa, en la que hay varias alineaciones de la zona. En 1892 se trata de realizar un cerramiento del paseo mediante verjas, algo que finalmente no se llevaría a cabo. Fue al año siguiente cuando casi coincidiendo con la muerte de José Zorrilla se dé el nombre del poeta a esta avenida y se apruebe la alienación definitiva.
    La existencia de una importante vía hacía necesario un lugar desahogado que sirviera de distribución de la circulación. Por este motivo en 1894, tal y como recoge Fernández del Hoyo, se planteé por primera vez en el Ayuntamiento la posibilidad de abrir una gran plaza. Tras el correspondiente estudio, en diciembre de ese mismo año se aprobó la construcción de la plaza de Zorrilla, recibiendo todo tipo de parabienes.
    La prensa recoge la ejecución de las obras, que fueron llevadas a cabo con una sorprendente rapidez, ya que en marzo de 1895 estaba perfectamente trazado el perímetro de la misma. Pero durante la ejecución de las obras comenzaron también las voces contrarias a la existencia de la citada plaza, encabezadas por el diario La Libertad, periódico republicano de Clara inclinación al Partido Democrático Progresista. Este diario, enemigo del alcalde Ramón Pardo, atacó con dureza la propia existencia de la plaza, así como las ideas urbanísticas de la misma.
    Tanto en las informaciones de La Libertad, como en las de otros diarios como El Norte de Castilla, se recogía la posibilidad de instalar una fuente monumental en el centro de la plaza. En concreto se hablaba de la posibilidad de trasladar la Fuente de la Fama a aquel lugar, aunque gustaba más la posibilidad de erigir un monumento al vate vallisoletano. Al final, las idea de trasladar la Fuente de la Fama fue desestimada, al igual que la de levantar un monumento a Zorrilla, optándose por la construcción de una nueva fuente, la cual fue concluida en los últimos meses de 1895. Ésta estaba realizada en piedra blanca, posiblemente de Campaspero, de pequeña altura y forma cuadrilobulada.
    Preparando los cimientos para la estatua de José Zorrilla
    Poco duró la plaza de Zorrilla con este nuevo elemento, ya que cuatro años después se plantea de nuevo, y en esta ocasión de manera definitiva, la erección de una estatua al poeta vallisoletano. Esta reforma, la última que sufriría la plaza en el siglo XIX, implicaba la instalación de un jardín de 52 metros cuadrados encerrado en una verja octagonal decorada con escudos de la ciudad, liras y ramas de laurel. Cabe destacar sobre este jardín que rodeaba el monumento en memoria de José ZorrillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva que no estaba colocado en el centro de la plaza, sino centrado con relación al Paseo del Príncipe.
    Fuente: El siglo en que cambió la ciudad (José Miguel Ortega del Río)
  • Añadido el 29 de febrero de 2020
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    La importancia que va cobrando el barrio de los Vadillos hacia la mitad de siglo XIX hace que en 1851 se apruebe construir un puente que salvara el ramal norte de la Esgueva en esta zona de la ciudad. Este puente, realizado con los tradicionales materiales de madera y mampostería, sufrió daños de importancia en las inundaciones de 1860, que le llevaron a una situación de ruina. Por esta razón, en 1862, se ejecuta un proyecto para la reparación y ampliación del citado puente, dándole más luz para evitar problemas posteriores
    Las obras de recomposición y ampliación del citado puente, tardaron algunos meses en llevarse a cabo. Estas comenzaron a mediados de abril de 1862, destacando El Norte de Castilla el pésimo estado en que se encontraba el maltrecho paso.
    A pesar de las obras llevadas a cabo, conforme iban avanzando los años se veía cada vez más necesaria la sustitución del puente de los Vadillos por otro de mejores características. La primera vez que aparece de manera oficial este interés seré en 1881. En ese año, en el mes de octubre, el concejal Bercenilla realiza una propuesta recogida por el resto de los munícipes para que la Comisión de obras se ocupara con toda urgencia de la construcción de un nuevo puente en aquel] sitio. Se hace constar, además, que el puente construido por Saracibar en 1862 comenzaba a dar evidentes muestras de problemas en su estructura, por lo que la obra era absolutamente necesaria. Esta noticia es de especial importancia, ya que muestra que hubo un interés mucho más temprano de lo que se conocía hasta ahora por la sustitución de la comunicación.
    Pero a pesar de las gestiones iniciadas y del mal estado de] puente existente, el proceso se dilató varios años. El arquitecto municipal Joaquín Benedicto y Lombía comenzó a realizar el proyecto de un puente metálico que sustituyese al envejecido. Este primer proyecto debió concluirse en los últimos meses de 1885, ya que hay una interesante información de abril de 1886 que recoge el envío, por parte del Gobierno, de la aprobación del proyecto para el nuevo puente sobre la Esgueva en los Vadillos. Esta interesante noticia complica enormemente el proceso de esta construcción, ya que por alguna razón este primer plan no se llevó a cabo. Benedicto realizo un nuevo proyecto en 1887, que volvía a contemplar la construcción de un puente metálico. Este tendría un solo tramo de 13 metros y estaría compuesto por vigas de palastro sostenidas por unas pequeñas bóvedas del mismo material, siendo el asiento de la calzada. Los estribos estarían realizados en mampostería y sillería, al igual que los cimientos.
    Este proyecto tuvo la aprobación de la prensa, que aseguraba que «...aventaja en bondad al que se formó antes», lo que prueba la existencia de un primer plan del cual no se tenía conocimiento y del que, desgraciadamente, no se sabe nada aparte de su ya referida existencia".
    La necesidad creciente de construir el puente chocaba de manera directa con la sempiterna falta de fondos del Ayuntamiento. A pesar de las llamadas de la prensa en este sentido, el proceso sufrió una dilatación de años. A finales de 1888 la construcción de un nuevo puente estaba tan paralizada que se decide ejecutar una serie de intervenciones de urgencia en el puente del arquitecto Martin Saracibar que amenazaba una ruina inminente. Estas obras tuvieron un presupuesto de salida de 11.785,25 pesetas, lo que prueba la importancia de las mismas.
    Es posible que esta intervención no se llegara a realizar, ya que unos meses después se decide, por fin, dar comienzo al proyecto de Benedicto y Lombía. A finales de julio de 1889 se procede a la subasta tanto de las piezas de hierro como de la pavimentación. Las obras se iniciaron a finales de año, una vez habían llegado a la ciudad las diferentes piezas de hierro que componían la construcción. A mediados de enero de 1890 se hace constar en la prensa que ya estaba instalado el puente provisional de madera cuya misión era servir de asiento a las piezas de hierro durante su colocación. Además, los obreros se afanaban en armar y remachar el material con el fin de ir colocándolo sobre el puente provisional. Estas operaciones duraron hasta mayo, mes en el que La Crónica Mercantil hace mención a la práctica finalización de las obras, siendo la recepción definitiva del puente el 4 de octubre del mismo año.
    Fuente: El siglo en que cambió la ciudad (José Miguel Ortega del Río)
  • Añadido el 17 de febrero de 2020
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    La Residencia Sanitaria Onésimo Redondo, posteriormente rebautizado como Hospital Rio Hortega, se construyó como muchos otros en España bajo el Plan de Instalaciones de Seguro de Enfermedad, aprobado por la Orden Ministerial de 19 de febrero de 1945 y es el comienzo de un sistema sanitario de salud y de la estructura sanitaria nacional, con construcción de nuevos centros sanitarios.
     Este hospital, comenzó a construirse en julio de 1948 y se inauguró el 24 de julio de 1953 en un edificio de 10 plantas y 300 camas. El edificio se construye en una parcela de 35.000 m2 , situada en la Rondilla de Santa Teresa, conocida entonces como Huerta de San Pablo. 
    Ocupando en planta (con las edificaciones anexas) 6.558 m2 y una superficie edificada de 28.248 m2 en el edificio principal, con una altura máxima de 10 plantas. El arquitecto fue D. José Martín Marcide, y la empresa constructora Agroman. Y el presupuesto total ascendió a 58 millones de las antiguas pesetas (348.000 euros).
    No hay que olvidar que los promotores del Seguro Obligatorio de Enfermedad Español, pertenecientes al régimen franquista, consideraron que estaba tan depauperada la imagen de los Hospitales en especial en la primera mitad del siglo 20 que cambiaron el nombre a los nuevos, que sobre todo estaban dirigidos para la atención de la clase obrera, con el de Residencias o Ciudades Sanitarias, que por otra parte en base a mantener un respeto a estos beneficiarios, los estudiantes inicialmente no pudieron hacer prácticas en los mismos. Posteriormente en 1972 se inician las obras de ampliación del hospital que finalizaron en 1976. 
    En 1984 cambia de nombre por el del Río Hortega y en el 2008 pasa a ocupar un nuevo edificio a las afueras de Valladolid. El edificio pasa a integrarse al Hospital Clínico Universitario de Valladolid con el fin de albergar algunos servicios y dependencias en especial para facilitar el desarrollo del Plan Director de remodelación en el edificio de Ramón y Cajal y se le pasa a denominar "Edificio Rondilla"
    Pinchar aquíEste enlace se abrirá en una ventana nueva para ver el Folleto de presentación entregado durante el Acto de Inauguración en 1953.
    Pinchar aquí Este enlace se abrirá en una ventana nuevapara ver la noticia de la inauguración oficial publicada en El Norte de Castilla.
    Fuente: 
    -HISTORIA DE LOS HOSPITALES DE VALLADOLID. Carlos Vaquero Puerta, José Antonio Brizuela, Laura Saiz Viloria
    -https://www.saludcastillayleon.es/HRHortega/es/actualidad/60-aniversario-hurhEste enlace se abrirá en una ventana nueva
  • Añadido el 14 de febrero de 2020
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    La historia de esta casona la reconstruye de forma minuciosa Jesús Urrea, doctor en Historia del Arte, quien ha fijado su mirada en esta joya
    urbanística en diversas publicaciones, como Arquitectura y Nobleza. Casas y Palacios de Valladolid. Allí repasa el devenir de esta propiedad que hunde sus raíces a mediados del siglo XVI, cuando el terreno perteneció a Juan y Fernando, los infantes de Granada, hermanastros del rey Boabdil. Sería el primero de ellos, Juan de Granada, quien se quedó con la propiedad en 1570, cuando los dos hermanos hicieron reparto de sus propiedades en Valladolid. La heredaría después su hijo y la casa perteneció al patrimonio familiar hasta su venta en 1608. Vivió así unos años de esplendor entre 1601 y 1606, cuando Valladolid fue la capital de la corte y durante una temporada albergó en sus habitaciones a Catalina de Erauso, quien pasaría a la historia como la monja alférezEste enlace se abrirá en una ventana nueva, quien durante siete meses y después de escaparse del convento sirvió en la corte disfrazada de varón (con el nombre de Francisco de Loyola) y como paje del secretario del rey.
    Juan Agapito y RevillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, en su libro Las calles de Valladolid, explica que durante esta época la calle se conocía como de las Angustias, puesto que aquí se encontraba la cofradía de este nombre. «Cuando a principios del siglo siguiente (el XVII) se pasó la cofradía al edificio nuevo de la plaza del Almirante, empezó a titularse aquella como calle de las Angustias viejas». Sin embargo, y poco a poco, se fue perdiendo este nombre y se empezó a conocer como la calle de la Torrecilla, por el voladizo que tenía esta Casa Revilla. Este nombre de Torrecilla ya aparece en el plano de Ventura Seco de 1738, aunque el bautizo oficial no llegaría hasta mayo de 1842 (justo cuatro años antes de que se desmontara el torreón). Ycon este nombre ha llegado hasta el callejero actual.
    Pero, ¿qué pasó con la casa? Habíamos dejado su devenir histórico a principios del siglo XVII. Las escrituras de propiedad consignarían que en 1608 la vivienda perteneció a Luis Mercado y su esposa Leonor de Peromato, quienes transmitieron el palacio a su hija Juana de Mercado, casada con Pedro Antonio de Velasco y Fajardo, caballero de Santiago.
    Los escritos de la época se referían a ella como la Casa de los Velasco, ya que durante buena parte del siglo XVII y XVIIIl a propiedad se asoció con esta estirpe, con propietarios como Pedro Silvestre Velasco Chacón y Fajardo (corregidor de Medina del Campo)y, a su muerte, en 1742, su prima Josefa Velasco.
    ¿Cuándo pasó a conocerse como Casa Revilla? Fue en el momento en el que los marqueses de Revilla emparentaron con los Velasco. La certificación concreta está fechada en 1749. De ese año data el catastro de Ensenada y ya aparece como propietario de este palacio Toribio de Gasea, marqués de Revilla y embajador de España en la corte de Parma. A comienzos del siglo XIX,el propietario era el marqués de Revilla y Aguilares y el relato de Urrea se convierte en este punto en una suerte de reportaje del colorín, lleno de aristócratas que emparentan entre sí. Los marqueses de Revilla se unirían a con los condes de Cancelada (todavía hay quien conoce con este apelativo a la Casa Revilla) y después, la sexta condesa de Cancelada, María Francisca de Paula de Tovar Reguera y Colmenares, se casó con el primer marqués del Duero, el general Manuel Gutiérrez de la Concha. Y sí, entre sus muchas propiedades estaba la Casa Revilla. Así hasta 1852, año en la que el rector de la Universidad, Manuel de la Cuesta, compra el edificio, hace obras para su total rehabilitación y alquila varias habitaciones. Estamos ya en 1857. Cuando el rector muere, la propiedad pasa a manos de su hija Dolores de la Cuesta y Polanco, casada con Francisco de Cossío y Salinas. Y comienza la historia de los Cossío en esta casona.
    La familia Cossío
    Francisco Cossío y Salinas era el abuelo de Francisco de Cossío Martínez-Fortún (1887-1975), quien fue director del Museo Nacional de Escultura y también de El Norte de Castilla (entre 1931 y 1943). El inmueble permaneció en manos de la familia Cossío hasta ese año 1982 en el que lo compró el Ayuntamiento  para destinarla a sede de la "Casa de Cultura", albergando en la actualidad una biblioteca, sala de exposiciones y otras dependencias.
    Fuente: https://www.elnortedecastilla.es/valladolid/201410/20/treinta-anos-cultura-casa-20141019110308_amp.htmlEste enlace se abrirá en una ventana nueva
  • Añadido el 13 de febrero de 2020
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    Seguro que todos hemos visto, aunque ya cada vez con más dificultad, paseando por el casco antiguo de la ciudad, incrustados en las fachadas de antiguas edificaciones, unos curiosos azulejos con la inscripción "Asegurada de Incendios". 
    Placa sita en la fachada de la Casa Revilla
    En caso de que hayan reparado en ellos:  ¿Se han preguntado porque el propietario de una casa  ponía esto en la fachada? En lo que respecta a nuestra ciudad, en el Manual Histórico y descriptivo de ValladolidEste enlace se abrirá en una ventana nueva publicado en el año 1861 encontramos una explicación a estos curiosos azulejos:
    "Bajo el título de -Sociedad de Seguros mutuos contra incendios de casas de Valladolid-, se creó en 1832 y bajo la protección del Ayuntamiento esta útil y benéfica asociación de propietarios de casas, con objeto de indemnizar los daños ocasionados en las fincas aseguradas dentro de las murallas de la Capital, en los casos determinados en el Reglamento que al efecto se formó, y fue aprobado por Real orden de 18 de Junio del referido año. Asegura esta Sociedad, como queda indicado, las casas situadas dentro de la población bajo el tipo anual de 25 céntimos de real por millar. Indemniza los fuegos que ocurren en las casas aseguradas, exceptuando los intencionales por parte de los dueños, y los que procedan de motín o conmoción popular a mano airada. No admite el seguro y excluye de él a las casas, fábricas y artefactos, que tengan montadas máquinas de vapor, o fundiciones de hierro, o que se sitúen en aquellas después de aseguradas. Para acudir a los incendios ha organizado la Sociedad en unión con el Ayuntamiento una compañía de bomberos, dotada con las bombas y demás útiles necesarios al efecto. El número de casas aseguradas en 1 de Julio de 1861 ascendía a 2,268 por un capital de reales vellón 94.700,000. Los fondos precisos para atender a los gastos de su institución los obtiene por repartimientos proporcionados al capital individual asegurado, bajo el tipo anual ordinario de un cuartillo de real por millar. La Dirección de la Sociedad se compone de dos Directores, un Contador, un Tesorero, un Secretario y un Archivero, cuyos cargos son honoríficos y gratuitos, y renovándose anualmente entre los mismos Socios en la Junta general que se celebra en uno de los primeros domingos de Enero.
    En la Parroquia donde sea el fuego se toca la Campana mayor volteándola, y en las demás, después de tocar cinco minutos a vuelo se da el número de campanadas que indica la parroquia donde ocurre el fuego."
    El artículo 42 del reglamento dejaba bien claro la obligatoriedad de instalarlos en las fachadas de las casas aseguradas.

    Lo cierto es que hace algunas décadas contar con estas placas era muy importante y el hecho de que existan se debe a un gran avance en el mundo de la protección del hogar que se remonta a finales del siglo XIX.
    Los derribos y las rehabilitaciones en las que no se ha respetado el patrimonio, han acabado casi con estas placas tan características, pues en nuestra ciudad no quedan prácticamente ninguna. Por desgracia en Valladolid estamos acostumbrados a esta desidia.
  • Añadido el 12 de febrero de 2020
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    Lugares sucios y decadentes, llenos de personas idas y drogadas, donde se recluía y estigmatizaba a los locos. Esa es la espeluznante imagen que nos ha quedado de los manicomios después de 30 años del cierre general de estos establecimientos.
    Origen de los hospitales para dementes
    Durante el siglo XV comenzaron a aparecer en las principales capitales de la península ibérica establecimientos para acoger a los locos, tullidos y personas con enfermedades incurables. Hasta ese momento, la asistencia al enfermo mental o al terminal no se hallaba organizada y se consideraba un deber de cualquier cristiano.
    Normalmente, el cuidado de los locos se realizaba en el seno familiar, puesto que no eran aceptados en los hospitales normales y estaba prohibido "dejarlos sueltos" pues podrían dañar a los demás. La fundación de estos hospitales respondía a los valores cristianos de la caridad y la misericordia. Principalmente, eran monasterios medievales dirigidos por clérigos, aunque su origen se encuentra en el mundo árabe, donde se fundaron los primeros centros para cuidar a los enajenados mentales en ciudades como Bagdad, Damasco o El Cairo.
    Foto: Diario de Valladolid

    La fundación y formación de estos hospitales fue propiciada por la convicción social de mejorar la situación de los dementes, la moral cristiana, y el dominio y la tutela del clero. Los primeros manicomios se formaron en grandes ciudades como Valencia (1409), Barcelona (1412), Zaragoza (1425), Sevilla (1436), Palma de Mallorca (1456), Toledo (1486) y Valladolid (1489).
    El Hospital Psiquiátrico Nuestra Señora del Prado
    El Hospital Psiquiátrico Nuestra Señora de Prado, posteriormente rebautizado Dr. Villacian, estaba ubicado inicialmente en el Convento De los Jerónimos, posteriormente prisión en 1851, después a partir de 1899 manicomio provincial, siendo hoy actual sede de la Consejería de Cultura y Educación. En la época que estuvo funcionando como manicomio se mantenía el internamiento de enfermos de ambos sexos. El mantenimiento de las instalaciones no fue el adecuado y siempre mostró una imagen deplorable como instalación hospitalaria.
    Manicomio Provincial en 1875

     El edificio independientemente de los 500 años de historia sufrió diversos episodios como fueron en 1734 una inundación que daño el edificio y causo numerosas pérdidas de pertenencias y enseres, otra inundación en 1738, igualmente con notables pérdidas, posteriormente los efectos de la Guerra de la Independencia con la ocupación francesa, de la aplicación de la Real Orden de supresión de 1821, en tiempos del Trienio Liberal, la exclaustración definitiva de 1835 tras la orden de Desamortización, para reconvertirse en prisión en 1851. En este hospital se llegó a albergar a más de 1000 enfermos.
    En los años 70 del siglo XX, se construyó el nuevo hospital psiquiátrico también denominado Doctor Villacian y situado no muy lejano a las antiguas instalaciones de Nuestra Señora de Prado, en el barrio de Parquesol, con un enfoque diferente de acuerdo a criterios psiquiátricos ya evolucionados y mantenidos en épocas anteriores y que ya no se centraban en el internamiento por lo que este establecimiento sanitario fue incorporando el perfil de hospital de día. En el Hospital Clínico Universitario, aunque no así en el otro gran hospital de Valladolid, que consideró pertinente crear un Servicio de Psiquiatría con ala de internamiento que se sigue manteniendo en la actualidad.
    Fuentes: 
    -Historia de los Hospitales de Valladolid. Carlos Vaquero Puerta, José Antonio Brizuela,        Laura Saiz Viloria.
    -https://www.psicomemorias.com/manicomios-en-espana-las-carceles-de-la-locura/Este enlace se abrirá en una ventana nueva
  • Añadido el 9 de febrero de 2020
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    En la antigüedad disponer de nieve y hielo durante los meses más calurosos para refrescar bebidas y conservar  alimentos, además de para  usos  terapéuticos, resultó ser toda una necesidad, generándose a su alrededor una industria que llegó a ser hasta tradicional, creando puestos de trabajo y contribuyendo al desarrollo de todo un entramado comercial, para acabar dejándonos al final  todo "un patrimonio industrial de la nieve".
    A comienzos de la Edad Moderna, eclosiona el consumo de la nieve y el hielo; en el siglo XVI se populariza su uso siendo las clases elevadas (la realeza, el clero y la nobleza) las que contribuyen a su expansión, lo que crea un desarrollo del comercio en toda Europa,  y que perdura hasta finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, coincidiendo con la  incipiente competencia industrial de producción de hielo. En España, el consumo se hizo masivo a partir del siglo XVI, lo que obliga a la construcción de los pozos neveros  y se convierte en artículo de primera necesidad, siendo los siglos XVII y XVIII los de su mayor apogeo.
    Nava pretende que su Pozo de la Nieve sea declarado BIC - Foto: Jonathan Tajes. (Foto: El día de Valladolid)Este enlace se abrirá en una ventana nueva

    El abastecimiento local del producto se convirtió en un obligatorio servicio público, estimándose como un servicio común más. Era inexcusable su suministro, con obligación de su venta al público en general y con la necesidad de cumplir un servicio social para con los enfermos de los hospitales y los menesterosos.
    Las neveras, pozos de nieve o hielo, que así se denominaron, consistían en la apertura de una poza (más amplia que los pozos), cuyas paredes se revestían de mampostería caliza o bien de fábrica de ladrillo, dotada en su fondo de un conducto de desagüe destinado a evacuar el agua de deshielo. En este recipiente se apisonaba, por tongadas o capas, la nieve o el hielo acarreado, extendiendo cada 30 cms una capa de paja con la doble finalidad de contribuir al aislamiento térmico y a servir de junta de rotura para extraer los trozos de hielo para su venta. A muchas de estas neveras no se las dotó de edificio protector.
    Venta de hielo
    Su uso se generalizó durante los siglos XVII-XVIII, cuando los neveros (nombre con el que se conocía a los trabajadores del pozo) transportaban la nieve desde la montaña y la almacenaban en estos edificios donde la prensaban. Una vez formada la capa de hielo de metro y medio de espesor, se ponía por encima paja para su posterior conservación y comercialización. De igual forma, la nieve se vendía en forma de aloja (nieve mezclada con miel y otras especias).
    GÓMEZ FERNANDEZ-CABRERA, Jesús: Villa de Orgaz.- Disponible en www.villadeorgaz.es

    El pozo de nieve de Nava del Rey
    Situado junto al Lavajo de las Cruces, a la derecha del camino que conduce hacia la ermita de Nuestra Señora de la Concepción, se levanta el que fue durante siglos el único refrigerador de hielo de la localidad y de los alrededores.
    El pozo de la nieve de Nava del Rey antes y después de su rehabilitación

    El pozo tiene más de seis metros de profundidad y también se han acondicionado los exteriores del edificio y se ha construido una rampa de acceso.
    En 1906 el Ayuntamiento construyó anexo al pozo una casa-asilo que hoy no existe. En la década de los sesenta del siglo XX el pozo se utilizó como depósito de orujo, e incluso de paja.
    En 2010, ante el acelerado deterioro del edificio y la falta de financiación por otras vías, el Ayuntamiento de Nava del Rey restauró el edificio bajo la dirección del arquitecto Alfonso González Gaisán.
     Las obras fueron financiadas a cargo del Fondo Estatal de Empleo y Sostenibilidad Local, el designado Plan E.
    HORARIO:
    Abierto todos los días.
    - VERANO (21 de junio-14 de septiembre): 08 a 20 h.
    - INVIERNO (15 de septiembre-20 de junio): 08 a 18 h.

    Fuentes:
    -https://www.santiagonoguero.es/pozos-de-nieve-y-hielo/Este enlace se abrirá en una ventana nueva
    -EDIFICIOS Y CONJUNTOS DE LA ARQUITECTURA POPULAR EN CASTILLA Y LEÓN (José Luis Sáinz Guerra) 
    -https://www.elnortedecastilla.es/v/20110331/valladolid/nava-pide-pozo-nieve-20110331.htmlEste enlace se abrirá en una ventana nueva
  • Añadido el 9 de febrero de 2020
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    HISTORIA Y LEYENDA
    Es muy difícil separar la historia de la leyenda en la veneración sagrada a una imagen de la Virgen, sea cual fuere. Y, por ello, es fácil encontrar ambas cosas unidas -historia y leyenda en la devoción a la Virgen María en Olmedo, y muy difícil separarlas, para saber con rigor donde empieza una y donde termina otra.
    La tradición nos dice que la devoción a la Virgen vendrá a Olmedo por obsequio de San Segundo, primer obispo de Ávila, quien «dotó a la Villa de una imagen para que fuese venerada».
    Indudablemente, el nombre con el que hoy veneramos a la Virgen Soterraña es posterior a la Reconquista. Nació cuando el Rey Alfonso VI reconquistó Olmedo de manos musulmanas, descubriendo una imagen que había estado enterrada -soterrada- y escondida para que los árabes (que poco después del año 711, fecha de su entrada en España, ocuparon Olmedo) no dieran con la apreciada imagen y la destruyeran como tantas otras cosas que se oponían a sus creencias. 
    De ahí que los olmedanos la guardaran a buen recaudo, hasta el extremo que debieron olvidar dónde, o fueron transmitiendo este secreto de generación en generación.
    El caso es que fue durante el reinado de Alfonso VI, al reconquistar Olmedo y su alfoz, en el año 1085, cuando apareció enterrada en un pozo junto a su muralla la imagen de la Virgen.
    Mandó el Rey Don Alfonso VI que en este mismo lugar se erigiese un templo, el que después de sucesivas transformaciones se ha convertido en la actual iglesia de San Miguel Arcángel, y en la cripta de la Virgen de la Soterraña.
    La imagen que hoy se conserva, perfectamente restaurada, pudiera haber sufrido modificaciones, -si es la misma imagen, físicamente la misma -ya que resulta extraño que una talla que artísticamente no puede ser fechada muy anterior al año 1300 sea la que en el año 711, más o menos, fuese escondida por los olmedanos.
    Los datos más antiguos escritos que se conocen sobre la Virgen de la Soterraña son los contenidos en unos manuscritos en pergamino hechos por el pastor-clérigo D. Justo de Honrubia y Maestre, escolástico Teólogo del Cenobio Real de la Santa Cruz de Segovia, oriundo de la villa de Navares, fechado en 1770.
    IGLESIA DE SAN MIGUEL
    Cuando Alfonso VI -hacia el año 1085 y los olmedanos descubren su Virgen soterrada. construyen una ermita para su veneración en el lugar donde se encontraba el pozo en el que, según la tradición, apareció.
    Iglesia de San Miguel
    Sucesivas transformaciones han dado lugar al templo que hoy conservamos y podemos contemplar restaurado y esplendoroso: San Miguel Arcángel y la Cripta de Nuestra Señora de la Soterraña.
    San Miguel es una obra del siglo XIII que puede ser de las mejores del románico mudéjar de la provincia de Valladolid y de Castilla. Su fachada ha sufrido sucesivas modificaciones. La torre se construyó en 1782 y se restauró en 1924. Toda ella va adosada a la muralla. La fachada que hoy contemplamos es también producto de otras dos modificaciones. 
    Interior de la iglesia de San Miguel. Al fondo la entrada a la cripta

    Cripta de la Virgen de la Soterraña
    Una hacia 1940. que suprimió la espadaña que coronaba el ángulo de la nave y restauró la fachada remarcando los cuadrados de ladrillo y mampostería, y otra, la última y definitiva, que ha suprimido unas escaleras y el atrio para dejar la entrada a ras de suelo, como deberían haber estado en un principio y siempre.
    De las primeras fotografías de la iglesia de San Miguel

    Entrada al pozo en el que, según la  tradición, apareció la imagen soterrada
    Las cadenas que la rodean nos recuerdan el derecho de asiloEste enlace se abrirá en una ventana nueva y la tradición nos dice que fueron regaladas por D.ª Margarita de Austria, mujer del Rey D. Felipe III, en agradecimiento de unos favores que recibió de la Virgen.
    Fuente: "Santa María de la Soterraña" Luis Curiel Poblador
                     ISBN: 84-7852-106-2        
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