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Ayuntamiento de Valladolid

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  • Añadido el 19 de abril de 2021
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    César Borgia

    Nuestro protagonista llega a esta situación de nada más y nada menos, que de la mano de los Reyes Católicos, mediante el brazo ejecutor, famoso en el mundo entero, conocido como "El gran Capitán", Gonzalo Fernández de Córdoba. El Gran Capitán llega a tierras italianas para apaciguar las revueltas de las familias romañas contra los españoles que vivían en Italia, o al menos, eso creía César. Pero en Realidad, Gonzalo Fernández arriba a las afueras de Roma para detener al hijo del Papa por haber sido aliado del Rey francés contra lo que se llama el Nápoles español. De esta forma, el Gran Capitán lleva preso a César hasta España, encarcelándolo, en primer lugar, en el castillo de Chinchilla. En este mismo castillo, el batallador Borgia intenta escaparse primeramente. En la torre del homenaje, alegando subir hasta el punto mas alto para admirar el paisaje junto a Grabiel Guzmán, alcaide del castillo, intenta asesinar a este empujándolo hacia el vacío. Aunque César es un repudiado combatiente, Guzmán es capaz de equilibrarse y tomar el control de la situación. César Borgia no tuvo mas opción que pretender que todo era una broma, y no un intento de asesinato. Este relato lo encontramos de primera mano en las "Relaciones topográficas" de Felipe II. 


    Castillo de Chinchilla (Albacete)

    Ante esto, el Grán Capitán, hombre audaz y perspicaz, decide trasladar al prisionero a otro castillo, el Castillo de la Mota, en  la actual Medina del Campo (Valladolid). También hace este traslado para separarlo de la zona de mayor poder e influencia de los Borgia, el territorio Valenciano, y alejarlo de la costa. Esta vez, el alcaide, Gabriel de Tapia, no caerá en sus redes embaucadoras. Pero si que conseguirá escapar. Tras pasar un tiempo en la prisión de dicho castillo (eso sí, bajo grandes comodidades dignas de su alta alcurnia), logra conjurar su escapada junto a la ayuda exterior de Rodrigo Alonso Pimentel, conde de Benavente, el cual era contrario al Rey Fernando. Tan solo le faltaba un buen aliado dentro de la fortaleza; lo encontraría en la figura del capellán de La Mota y algunos siervos/criados.


    Castillo de la Mota (Medina del Campo)

     De esa forma, en una oscura noche de 1506, César se descuelga desde una ventana mediante una cuerda. Se dice, que hacia el final, faltaba algo de soga, por lo que tuvo que bajar de un salto para llegar al caballo que le esperaba abajo. A toda prisa, se reúne con el conde de Benavente, quien, tras pasar por Villalón, donde se escondería unos días, llega a Santander, desde donde se trasladará hacia Navarra, salvado por el rey Juan III de Albret, pues este era hermano de su esposa francesa, Carlota.

    En realidad todo esto no ocurrió, porque si veis el castillo eso es imposible. Mario Puzo, en su libro "Los Borgia" narra la realidad de los hechos:

    "Un día, pasada la medianoche, César vio cómo la puerta de su celda se abría lentamente. Pero en vez de un guardia, quien entró fue Duarte Brandao (consejero de César) llevaba una cuerda enrollada alrededor del brazo.

    —¡Duarte! —exclamó César—. ¿Qué hacéis aquí?

    —Rescataros, amigo mío —contestó Duarte—. Pero debéis daros prisa. No tenemos mucho tiempo.

    —¿Y los guardias? —preguntó César, cuyo corazón latía frenéticamente.

    —Han recibido un generoso soborno —dijo Duarte mientras desenrollaba la cuerda.

    —¿No pretenderéis que descendamos por esa cuerda? —preguntó César, frunciendo el ceño Es demasiado corta.

    —Desde luego —dijo Duarte, sonriendo—. Sólo la colgaré para proporcionarle una coartada a los guardias —continuó diciendo mientras fijaba la cuerda a la argolla de hierro que había en la pared y descolgaba el otro extremo por la ventana.

    Salieron de la celda y César siguió a Duarte por la escalera de espiral que descendía hasta una pequeña puerta en la fachada trasera de la fortaleza. No se cruzaron con ningún guardia. Duarte corrió hasta el lugar donde la cuerda colgaba, balanceándose junto al muro, a varios metros del suelo, y sacó un frasco de terracota del bolsillo de su capa.

    —Sangre de pollo —le dijo a César—. Esparciré un poco justo debajo de la cuerda y dejaré un rastro que señale hacia el sur. Así pensarán que os heristeis al saltar y que huisteis cojeando en esa dirección, cuando, en realidad, nos dirigiremos hacia el norte.

    César y Duarte atravesaron una pradera y subieron a lo alto de una colina, donde un niño los aguardaba con dos caballos. —¿ Adónde nos dirigimos, Duarte? —preguntó César—. No creo que queden muchos lugares seguros para vos y para mí. —Así es —dijo Duarte—. Hay pocos lugares donde podamos estar seguros, pero aún quedan algunos. Vos cabalgaréis hasta la fortaleza de vuestro cuñado, el Rey de Navarra...."

    Fuente: https://cesarborgiaticum.wordpress.com/tag/huida/Este enlace se abrirá en una ventana nueva

    Los Borgia (Mario Puzo)Este enlace se abrirá en una ventana nueva

  • Añadido el 3 de abril de 2021
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    El Camino de Cabezón, según el plano de Ventura Seco de 1738, pocas décadas antes de la construcción del Paseo de Floridablanca

     La fundación en 1784 de la Sociedad Económica de Amigos del PaísEste enlace se abrirá en una ventana nueva de Valladolid iba a suponer, como en otras muchas ciudades españolas, la implantación de una serie de reformas y mejoras que redundaron favorablemente en la transformación y embellecimiento de su fisonomía urbana.

    Una de las principales preocupaciones que tuvo la Sociedad Económica fue la creación de nuevos plantíos en la periferia de la ciudad, respondiendo al deseo de la época de embellecer los accesos y salidas de las poblaciones mediante hermosos paseos ajardinados. Así, en 1784, con motivo de hacerse cargo de la construcción del nuevo camino de Valladolid a Cabezón, a instancias del Conde de FloridablancaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, la recién creada Sociedad Económica decidió iniciar dicha calzada con un paseo de olmos que iría desde la Puerta de Santa Clara hasta el Convento del Carmen DescalzoEste enlace se abrirá en una ventana nueva.

    Con este nuevo Paseo y Plantío, llamado de Floridablanca en agradecimiento a la protección dispensada por el primer ministro de Carlos III, la Real Sociedad pretendía embellecer y dignificar una de las principales salidas de la ciudad, al tiempo que proporcionaba a la población un ameno lugar de esparcimiento. Su creación respondía perfectamente a las aspiraciones urbanísticas de la época, ya que no sólo se buscaba dotar de paseos arbolados a los caminos que entraban en la ciudad sino que también se pretendía dar una utilidad social a los mismos, pensando que servirían para el recreo y la distracción al mismo tiempo que proporcionarían sombra al viandante.

    Los libros de Actas del Ayuntamiento dan cumplida información sobre las vicisitudes por las que pasó la construcción del nuevo Paseo de Floridablanca. El 23 de agosto de 1784, la Sociedad Económica solicitaba del Municipio la cesión de parajes «incultos»Este enlace se abrirá en una ventana nueva cerca del Pisuerga y del Esgueva para la plantación de moreras, al mismo tiempo que presentaba el oportuno expediente para el establecimiento de un plantío de árboles fuera de las Puertas de Santa Clara, lo que se aprobó, no sin algunas dudas y vacilaciones, el 4 de diciembre de este mismo año. 

    En el primer tramo del camino, desde la Puerta de Santa Clara hasta el «llano» se deberían plantar dos hileras de olmos, siendo desde aquí en adelante dobles por cada lado. Al mismo tiempo se mandaron llevar al lugar todos los cascotes y escombros de las obras de la ciudad, echándolos en el paseo, desde la misma Puerta en adelante «para llamar las aguas al pie de ros árboles que se planten».

    El 28 de enero de 1785 se informaba a la ciudad del comienzo de las obras, así como de la cesión del Ayuntamiento de algunos terrenos baldíos para el nuevo camino, iniciándose en él las plantaciones de olmos el 3 de febrero.

    Dos meses después, la Sociedad Económica pedía a la corporación municipal examinase y reconociese la parte del paseo construida hasta entonces, manifestando su satisfacción por haber logrado poner «un paseo delicioso y evitar los atascos y mal tránsito que experimentaban los caminantes y forasteros que concurrían a esta ciudad».

    El camino debió de inaugurarse ya en 1785, según figuraba en una inscripción que se puso en la Puerta de Santa Clara y que rezaba así: «Año 1785. Plantío de Floridablanca por la Real Sociedad». Sobre las características de dicho Paseo dan testimonio los dos dibujos con proyectos del mismo que hemos localizado. A juzgar por el primero, fechado en 1784, el Plantío de Floridablanca, constaba de dos calles de olmos negrillos a ambos lados del andén central que convergían en una plaza circular rodeada de árboles, de la que partían dos brazos laterales con cuatro hileras de arbolado cada uno, continuándose el paseo por el Norte con dos filas de olmos. Más sencillo y menos vistoso es el otro dibujo pintado a la acuarela que se conserva en la Biblioteca de San CruzEste enlace se abrirá en una ventana nueva de Valladolid, y que probablemente correspondía a un primer proyecto más simplificado. Muestra en cada lado dos hileras de arbolado convergentes, con una pequeña plaza de árboles en torno a una pirámide embolada.


    Diseño del nuevo Paseo de Floridablanca en Valladolid, 1784
    Idem. Biblioteca de Santa Cruz, Valladolid.

    Una vez levantado el Paseo, la Sociedad Económica continuó con la construcción de la nueva Calzada de Valladolid a Cabezón, que le había encargado el Monarca, y cuya longitud debería ser de dos leguas (algo más de 11 kilómetros). El camino, que enlazaba con uno de los mejores del país: el de Burgos, Vitoria y Bayona, se concibió igualmente como un paseo ajardinado, plantándose árboles en sus orillas.

    En febrero de 1785, por orden del Intendente don Bernardo Pablo de Estrada, los arquitectos Pedro González Ortiz y Andrés Hernando reconocieron y apreciaron el plan de la obra del camino. Su construcción comenzó elevando tres cuartas la Puerta de Santa Clara «para impedir con el acrecentamiento del terreno que las aguas del mismo se introdujeran en la ciudad».

    Para sufragar los gastos del nuevo camino fue necesario aplicar un impuesto especial de cuatro maravedís por cada cántaro de vino vendido en la ciudad y provincia. En junio de 1787, la Casa de Correos prestaba a la Sociedad 50.000 reales de vellón para proseguir las obras, llevándose gastados a fines de dicho mes 230.000 reales en la construcción de la nueva calzada.

    Cuando ya estaban muy avanzadas las obras, en agosto de 1787, se pensó sustituir la vieja Puerta de Santa Clara, de traza herreriana y cuya construcción databa de comienzos del siglo xvii, por otra nueva, de gusto neoclásico y más acorde con la belleza del nuevo paseo ajardinado de Floridablanca. Con motivo de los premios de la Academia de Bellas Artes de ese ario, el protector de la misma, Conde de Albarreal, ofreció uno extraordinario de una onza de oro (320 reales) al mejor proyecto para una nueva puerta «de arquitectura noble, pero sencilla y coste moderado», que sustituiría a la de Santa Clara

    «en consideración a que la actual no es digna de estar a la vista del hermoso Paseo de Floridablanca, y camino nuevo desta ciudad a Cabezón, que es la Carrera de Burgos a Francia, y su fealdad da a los extranjeros una idea bien triste de Valladolid».

    Meses después, en diciembre de este mismo ario, se fallaba dicho concurso, concediéndose el premio especial a la traza de la nueva Puerta que hizo el vallisoletano Eustaquio Baamonde. Con todo, parece ser que no llegó a construirse, dada la escasez de recursos del Ayuntamiento por estas fechas, conservándose la antigua hasta su derribo hacia 1873.

    Con el deseo frustrado de levantar una nueva Puerta de Santa Clara, de porte neoclásico, terminaban las obras del Paseo de Floridablanca, uno de los más hermosos de la ciudad, así como una de las realizaciones más interesantes que llevó a cabo la Sociedad Económica en el Valladolid dieciochesco.—JOSÉ CARLOS BRASAS.

  • Añadido el 26 de marzo de 2021
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    La localidad en 1867
    Apenas sobrepasa el centenar de habitantes y es tan pequeño que solo alcanza los 19 kilómetros cuadrados. Tan reducida fisonomía no le ha impedido labrarse una historia que para sí quisieran muchos municipios y ciudades de la península ibérica. Curiel de Duero presume de contar con dos castillos imponentes (uno de ellos, reconvertido en hotel) y dos iglesias igual de majestuosas (la de Santa María además con un soberbio artesonado mudéjar recientemente restaurado).

    Foto: www.weekendesk.es
    Curiel tuvo un pasado romano, como así lo atestigua la moneda de cobre del emperador Arcadio encontrada entre los restos arqueológicos del castillo de arriba, conocido como el de Doña Berenguela. También su topónimo. Según una tradición, sobre la puerta de la fortaleza había una inscripción que decía Hic Curules me fecere, (aquí me construyeron los Curules). No obstante, las primeras referencias documentales de Curiel datan de los años 1045 y 1065.
    Leonor de Plantagent, hermana de uno de los más destacados cruzados en Tierra Santa y rey de Inglaterra, Ricardo Corazón de León, entregó el castillo de Curiel como dote cuando contrajo matrimonio con el monarca Alfonso VII, en el año 1170. Por su parte, la artífice de la unión de Castilla y León e hija de Leonor, Berenguela la Grande, fue la señora de Curiel. Durante el reinado de Fernando IV de Castilla (finales del siglo XIII y principios del XIV) se dotó a Curiel del mismo fuero real que a Peñafiel.

    Foto: Juan Pablo Zumel Arranz
    En la Edad Media Curiel de Duero tuvo dos castillos. Uno de ellos perdura. De planta cuadrada, consta de cuatro torres, almenas y aspilleras. La fortaleza de Doña Berenguela se sitúa en lo alto de un promontorio o cerro. Conserva parte de la torre del homenaje, así como las paredes que rodean el recinto, pero quizás, una de las mejores huellas que deja en el viajero son las vistas que desde allí se obtienen.
     El castillo de arriba es la fortaleza más antigua de la provincia de Valladolid, pues su construcción data del siglo X. Existe un dicho popular que dice ‘Buen castillo tendría Peñafiel, si no tuviera a la vista el de Curiel’.

    Pedro I el cruel
    En las entrañas de la fortaleza estuvo preso Diego de Castilla y Sandoval, hijo de Pedro I el CruelEste enlace se abrirá en una ventana nueva.
    Enrique II, acabó con la vida de Pedro I y mandó encarcelar a los hijos varones del difunto rey: SanchoEste enlace se abrirá en una ventana nueva, en el Castillo de Toro, que falleció a los siete años de edad y Diego en el Castillo de Curiel. Diego murió en el castillo de Coca a los 64 años tras haber sido liberado en 1434 por la insistencia del condestable Álvaro de LunaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, que estaba casado con una hija del prisionero. Permaneció entre rejas nada menos que 54 años. Uno de los cautiverios más largos de la historia de España.
    Durante su largo confinamiento llegó a contraer matrimonio con la hija del alcalde del castillo, en los alrededores practicaba la caza, pero sin poder abandonar jamás su cautiverio. Quizás sea una de las mas extensas y desconocidas "prisiones políticas", por el único ‘delito’ de ser hijo de rey muerto y vencido.
  • Añadido el 24 de agosto de 2020
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    En la calle Cardenal Cos (en un lateral de la Catedral) pervivió hasta hace pocos años la fachada de ladrillo rojo del antiguo almacén de frutas de los Hermanos Santaolaya, un negocio que abrió en los años 50 esta familia, que gestionaba otros locales relacionados con la alimentación en la ciudad desde principios de siglo. En 1950 Evaristo Santaolaya recibió un permiso para abrir una abacería (una especie de ultramarinos donde se vendían vinos y licores) en la calle Cardenal Cos 1. En 1974, este edificio pasó a utilizarse como almacén de envases para frutas y verduras. 

    El muro, muy reconocible por sus letras pintadas sobre el ladrillo y un número de teléfono de los de antaño, con cuatro cifras, no estaba protegido ni catalogado. La hemeroteca de El Norte de Castilla guarda varios anuncios de este negocio, capitaneado por Evaristo Sataolaya.  El almacén era un ultramarinos en el que se despachaban productos de alimentación a granel y en el que también se compraba directamente a los agricultores. El último de los anuncios localizados data del 14 de octubre de 1961, cuando en una 'clasificado' se compraba almendra dulce y amarga.

    Dos años después, en 1976, Magdalena Gómez Gabriel recibiría licencia para abrir una guardería que fue ampliada en 1993 (sería entonces cuando asimilaron el patio de Santaolaya a la guardería).

    Fuente: El Norte de CastillaEste enlace se abrirá en una ventana nuevaultimocero.comEste enlace se abrirá en una ventana nueva

  • Añadido el 31 de marzo de 2020
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    Puente del Cubo o del Espolón, en la desembocadura del brazo Sur del Esgueva en el Pisuerga (Fundación Joaquín Díaz).
    Situado frente a la esquina más occidental de la calle Doctrinos y la parte trasera de la Academia de CaballeríaEste enlace se abrirá en una ventana nueva. Aparece dibujado en litografías y planos históricos, desde el siglo XVII, unido al desarrollo de la línea del Espolón. Era el último vado que existía en el Esgueva antes de su desembocadura en el río Pisuerga. Realizado en sillería caliza, contaba con un único ojo y un arco rebajado en la parte superior. Poseía una elevada altura, dado que el cauce del Esgueva en este punto era angosto y profundo, y que además servía para vadear en línea con el Espolón, en la salida de la ciudad hacia el barrio de las Tenerías.
    Puente del Espolón Viejo (Alfred Guesdon, 1854)
    Dos obras efectuadas en el año 2017 en la confluencia del paseo de Isabel la Católica con Doctrinos, una reparación de la tubería de abastecimiento de agua y la apertura de un socavón en la vía pública, han posibilitado sacar a la luz partes de la estructura del puente del Cubo o del Espolón Viejo, situado bajo el asfalto del paseo de Isabel la Católica.
    Las obras de reparación no han afectado a los vestigios estructurales conservados y tras la reparación de las averías se procedió al relleno controlado de los cortes y del propio lateral del puente.
    Se desconoce la fecha exacta de construcción de este vado, el más occidental de los levantados sobre el ramal Sur del río Esgueva, antes de su desembocadura en el río Pisuerga. Su origen debe situarse en los compases finales de la Edad Media, siglos XIV o XV, cuando se desarrolla el barrio artesanal de las Tenerías, junto al Pisuerga. Este puente serviría de comunicación de ese arrabal con el resto de la ciudad, encontrándose no muy distante de la salida natural de Valladolid hacia el Sur, coincidente con el puente del Campo, también sobre el Esgueva, pero a la altura de la calle Santiago, donde a su vez se situaba la puerta homónima, en el trazado de la segunda muralla de la ciudad.
    En el plano de 1738, de Bentura Seco, el puente forma parte de la línea del Espolón Viejo, el límite del casco urbano frente al río Pisuerga en esos momentos. Idéntica situación se observa en la planimetría histórica del siglo XIX, reconociéndose hasta 1911 como el cauce del río Esgueva discurría al aire en el intervalo comprendido entre este puente y el del Campo.
    Según el plano de Bentura Seco
     Desde 1879 se estaban llevando a cabo los trabajos de encauzamiento entre este vado y el de la calle Santiago, aunque por diferentes problemas (económicos, con contratistas, crecidas, etc.), una vez en marcha el plan de saneamiento de R. Uhagón se paralizó todo el proceso, habiéndose cubierto un trozo hasta la mitad de la actual calle de Doctrinos, mientras que el resto, que fundamentalmente discurre bajo el suelo de la Academia de Caballería, solo contaba con los muros de mampostería laterales. Posteriormente se rellenaría el tramo hasta el puente del Cubo, entre los años 1915 y 1919.
    El puente subsiste como punto final de desagüe de la Esgueva Sur en el río Pisuerga hasta la década de los años 50 del siglo XX. Entre los años 1953 y 1956 se construye el actual puente de Isabel la CatólicaEste enlace se abrirá en una ventana nueva (designado también en ocasiones con el nombre del Cubo), con proyecto del ingeniero Luis Díaz-Caneja Pando, siendo inaugurado por el alcalde J. González-Regueral.
    Fuente: VALLADOLID Y EL RÍO ESGUEVA
    Una historia de encuentros y desencuentros. Aproximación histórica y arqueológica
    al paso del cauce fluvial por la ciudad de Valladolid
    JESÚS MISIEGO Y JOSÉ IGNACIO DÍAZ-CANEJA (coords.)
  • Añadido el 7 de marzo de 2020
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    No es lugar para comentar las causas ni las consecuencias originarias de las pestes que azoraron Europa y Valladolid, de forma periódica, hasta el siglo XX. Peste era sinónimo de contagio. La pronunciación de la misma palabra, «pestilencia», sobrecogía a las gentes. Cada una de sus manifestaciones era considerada como un azote y castigo divino. Las primeras pestes documentadas que afectaron a Valladolid se producen a finales del siglo XIV.
    Procede de Asia y se la conoce con el nombre de «bubónica» por manifestarse por medio de carbuncos y bubones.
    El siglo XV está jalonado de fechas en las que las pestilencias originaron grandes mortandades: las de 1437, 1441, 1457, 1478, 1485, 1488 y 1495. La profesora Maria A. Fernéndez del Hoyo documenta como actuaban las gentes de las diferentes capas sociales: los poderosos y ricos huyen de la ciudad (los miembros de la Chancillería, el Concejo y la misma Corte). En numerosas ocasiones se cierran las puertas de las murallas de la ciudad, previa expulsión de mendigos y forasteros pobres, además de recluir a los ya contagiados en hospitales extramuros. Entre los que se quedan, unos se dedican a hacer penitencia y otros a disfrutar de todo tipo de placeres, mientras permanecían vivos. El siglo XVI no fue menos mortífero. Comenzó con la peste de 1507, a la que siguió la de 1517 y 1527 para alcanzar su culminación en los últimos diez años del siglo. Entre 1597 y 1599 la población de Valladolid quedó diezmada. 500.000 muertes en España. La peste se manifestaba a través de «carbuncos, bubones y secas». Las medidas sanitarias adoptadas acudieron a todos los remedios: desde encender hogueras quemando plantas aromáticas a las consabidas sangrías, purgas, y un sinfín de triquiñuelas seudomédicas que se aplicaban sobre los enfermos. Pero, sobre todo, se recurriría a la Divinidad mediante procesiones y plegarias, dirigiéndose a los santos milagreros al uso San Roque y la Virgen de San Lorenzo.
     Las pestes provocaban el abandono de los contagiados con tal de salvarse uno mismo. Véanse padres que abandonaban a los hijos, o Viceversa. En Valladolid murieron durante esa peste 6.600 personas. En el siglo XVII fue el tifus el que originó importantes mortandades; en cambio en el XVIII el paludismo provocó 26.500 enfermos y 1.367 muertos entre 1786 y 1787. Durante el siglo XIX fue el «cólera morbo» que en 1834 mató en Valladolid a unas 2.000 personas. El siglo se despidió con una epidemia de gripe que afectaba a niños y ancianos, entre los que hizo estragos. En el siglo XX fue la viruela y una epidemia gripal. En el año 1918 llegó a afectar a 10.000 personas, habiendo días que morían unas 30. Más recientemente se declaró el SIDA que hizo estragos, primero en un sector de la población, para generalizarse al resto. A nivel mundial hemos tenido noticia de «la gripe del polio» que ha tenido en jaque al país más poblado de la tierra: China. Ahora, en pleno siglo XXI el coronavirus, proveniente también de China, nos vuelve a traer de cabeza. Siente uno la sensación de provisionalidad vital y estar a merced de cualquier «evento» pues, muy a pesar de todos los logros y avances médicos, el mundo de los gérmenes presenta numerosas incógnitas, ni siquiera imaginables.
    Fuente: Historias de Valladolid (Miguel Ángel Martín Móntes)
  • Añadido el 2 de marzo de 2020
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    La zona a finales del siglo XVIII, previo a la construcción de la Academia de Caballería

    Ya en 1859 se hace mención en El Norte de Castilla a la instalación de unos pequeños jardines en la parte delantera de la Academia de CaballeríaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, los cuales pervivirán, con sucesivas modificaciones, a lo largo de toda la centuria. Pero estas no son obras que rompieran con las características que había tenido este espacio desde antiguo, no formando una verdadera plaza, sino siendo más bien un cruce de caminos. Es por este hecho que en los años siguientes el espacio correspondiente a la plaza tan solo se veía afectado por la ejecución de los diversos proyectos que tenían como fin la recomposición o nueva creación de enlaces entre las diversas vías, destacando de entre ellas la de la carretera de Madrid.
    Esta carretera provocará no pocos problemas. En 1877 ésta pasaba por el centro del Campo Grande, que estaba siendo reformado de manera notable. Por este hecho Ruiz de la Sierra presentó un proyecto para variar el trazado de la citada vía a lo que en la actualidad es el paseo de Zorrilla. La idea fue acogida con entusiasmo por todos, concediéndose el correspondiente permiso sin mayores trabas y llevado a cabo en los años siguientes. En 1883, ya sin Ruiz de la Sierra en el puesto de arquitecto municipal, se concluía el proyecto, discurriendo la carretera por el paseo de Zorrilla, en aquellos tiempos acera de Sancti Spíritus.Este enlace se abrirá en una ventana nueva
     Este espacio desde antiguo, no formaba una verdadera plaza, sino siendo más bien un cruce de caminos
    No hubo grandes reformas hasta la década de los noventa, en la que hay varias alineaciones de la zona. En 1892 se trata de realizar un cerramiento del paseo mediante verjas, algo que finalmente no se llevaría a cabo. Fue al año siguiente cuando casi coincidiendo con la muerte de José Zorrilla se dé el nombre del poeta a esta avenida y se apruebe la alienación definitiva.
    La existencia de una importante vía hacía necesario un lugar desahogado que sirviera de distribución de la circulación. Por este motivo en 1894, tal y como recoge Fernández del Hoyo, se planteé por primera vez en el Ayuntamiento la posibilidad de abrir una gran plaza. Tras el correspondiente estudio, en diciembre de ese mismo año se aprobó la construcción de la plaza de Zorrilla, recibiendo todo tipo de parabienes.
    La prensa recoge la ejecución de las obras, que fueron llevadas a cabo con una sorprendente rapidez, ya que en marzo de 1895 estaba perfectamente trazado el perímetro de la misma. Pero durante la ejecución de las obras comenzaron también las voces contrarias a la existencia de la citada plaza, encabezadas por el diario La Libertad, periódico republicano de Clara inclinación al Partido Democrático Progresista. Este diario, enemigo del alcalde Ramón Pardo, atacó con dureza la propia existencia de la plaza, así como las ideas urbanísticas de la misma.
    Tanto en las informaciones de La Libertad, como en las de otros diarios como El Norte de Castilla, se recogía la posibilidad de instalar una fuente monumental en el centro de la plaza. En concreto se hablaba de la posibilidad de trasladar la Fuente de la Fama a aquel lugar, aunque gustaba más la posibilidad de erigir un monumento al vate vallisoletano. Al final, las idea de trasladar la Fuente de la Fama fue desestimada, al igual que la de levantar un monumento a Zorrilla, optándose por la construcción de una nueva fuente, la cual fue concluida en los últimos meses de 1895. Ésta estaba realizada en piedra blanca, posiblemente de Campaspero, de pequeña altura y forma cuadrilobulada.
    Preparando los cimientos para la estatua de José Zorrilla
    Poco duró la plaza de Zorrilla con este nuevo elemento, ya que cuatro años después se plantea de nuevo, y en esta ocasión de manera definitiva, la erección de una estatua al poeta vallisoletano. Esta reforma, la última que sufriría la plaza en el siglo XIX, implicaba la instalación de un jardín de 52 metros cuadrados encerrado en una verja octagonal decorada con escudos de la ciudad, liras y ramas de laurel. Cabe destacar sobre este jardín que rodeaba el monumento en memoria de José ZorrillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva que no estaba colocado en el centro de la plaza, sino centrado con relación al Paseo del Príncipe.
    Fuente: El siglo en que cambió la ciudad (José Miguel Ortega del Río)
  • Añadido el 29 de febrero de 2020
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    La importancia que va cobrando el barrio de los Vadillos hacia la mitad de siglo XIX hace que en 1851 se apruebe construir un puente que salvara el ramal norte de la Esgueva en esta zona de la ciudad. Este puente, realizado con los tradicionales materiales de madera y mampostería, sufrió daños de importancia en las inundaciones de 1860, que le llevaron a una situación de ruina. Por esta razón, en 1862, se ejecuta un proyecto para la reparación y ampliación del citado puente, dándole más luz para evitar problemas posteriores
    Las obras de recomposición y ampliación del citado puente, tardaron algunos meses en llevarse a cabo. Estas comenzaron a mediados de abril de 1862, destacando El Norte de Castilla el pésimo estado en que se encontraba el maltrecho paso.
    A pesar de las obras llevadas a cabo, conforme iban avanzando los años se veía cada vez más necesaria la sustitución del puente de los Vadillos por otro de mejores características. La primera vez que aparece de manera oficial este interés seré en 1881. En ese año, en el mes de octubre, el concejal Bercenilla realiza una propuesta recogida por el resto de los munícipes para que la Comisión de obras se ocupara con toda urgencia de la construcción de un nuevo puente en aquel] sitio. Se hace constar, además, que el puente construido por Saracibar en 1862 comenzaba a dar evidentes muestras de problemas en su estructura, por lo que la obra era absolutamente necesaria. Esta noticia es de especial importancia, ya que muestra que hubo un interés mucho más temprano de lo que se conocía hasta ahora por la sustitución de la comunicación.
    Pero a pesar de las gestiones iniciadas y del mal estado de] puente existente, el proceso se dilató varios años. El arquitecto municipal Joaquín Benedicto y Lombía comenzó a realizar el proyecto de un puente metálico que sustituyese al envejecido. Este primer proyecto debió concluirse en los últimos meses de 1885, ya que hay una interesante información de abril de 1886 que recoge el envío, por parte del Gobierno, de la aprobación del proyecto para el nuevo puente sobre la Esgueva en los Vadillos. Esta interesante noticia complica enormemente el proceso de esta construcción, ya que por alguna razón este primer plan no se llevó a cabo. Benedicto realizo un nuevo proyecto en 1887, que volvía a contemplar la construcción de un puente metálico. Este tendría un solo tramo de 13 metros y estaría compuesto por vigas de palastro sostenidas por unas pequeñas bóvedas del mismo material, siendo el asiento de la calzada. Los estribos estarían realizados en mampostería y sillería, al igual que los cimientos.
    Este proyecto tuvo la aprobación de la prensa, que aseguraba que «...aventaja en bondad al que se formó antes», lo que prueba la existencia de un primer plan del cual no se tenía conocimiento y del que, desgraciadamente, no se sabe nada aparte de su ya referida existencia".
    La necesidad creciente de construir el puente chocaba de manera directa con la sempiterna falta de fondos del Ayuntamiento. A pesar de las llamadas de la prensa en este sentido, el proceso sufrió una dilatación de años. A finales de 1888 la construcción de un nuevo puente estaba tan paralizada que se decide ejecutar una serie de intervenciones de urgencia en el puente del arquitecto Martin Saracibar que amenazaba una ruina inminente. Estas obras tuvieron un presupuesto de salida de 11.785,25 pesetas, lo que prueba la importancia de las mismas.
    Es posible que esta intervención no se llegara a realizar, ya que unos meses después se decide, por fin, dar comienzo al proyecto de Benedicto y Lombía. A finales de julio de 1889 se procede a la subasta tanto de las piezas de hierro como de la pavimentación. Las obras se iniciaron a finales de año, una vez habían llegado a la ciudad las diferentes piezas de hierro que componían la construcción. A mediados de enero de 1890 se hace constar en la prensa que ya estaba instalado el puente provisional de madera cuya misión era servir de asiento a las piezas de hierro durante su colocación. Además, los obreros se afanaban en armar y remachar el material con el fin de ir colocándolo sobre el puente provisional. Estas operaciones duraron hasta mayo, mes en el que La Crónica Mercantil hace mención a la práctica finalización de las obras, siendo la recepción definitiva del puente el 4 de octubre del mismo año.
    Fuente: El siglo en que cambió la ciudad (José Miguel Ortega del Río)
  • Añadido el 17 de febrero de 2020
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    La Residencia Sanitaria Onésimo Redondo, posteriormente rebautizado como Hospital Rio Hortega, se construyó como muchos otros en España bajo el Plan de Instalaciones de Seguro de Enfermedad, aprobado por la Orden Ministerial de 19 de febrero de 1945 y es el comienzo de un sistema sanitario de salud y de la estructura sanitaria nacional, con construcción de nuevos centros sanitarios.
     Este hospital, comenzó a construirse en julio de 1948 y se inauguró el 24 de julio de 1953 en un edificio de 10 plantas y 300 camas. El edificio se construye en una parcela de 35.000 m2 , situada en la Rondilla de Santa Teresa, conocida entonces como Huerta de San Pablo. 
    Ocupando en planta (con las edificaciones anexas) 6.558 m2 y una superficie edificada de 28.248 m2 en el edificio principal, con una altura máxima de 10 plantas. El arquitecto fue D. José Martín Marcide, y la empresa constructora Agroman. Y el presupuesto total ascendió a 58 millones de las antiguas pesetas (348.000 euros).
    No hay que olvidar que los promotores del Seguro Obligatorio de Enfermedad Español, pertenecientes al régimen franquista, consideraron que estaba tan depauperada la imagen de los Hospitales en especial en la primera mitad del siglo 20 que cambiaron el nombre a los nuevos, que sobre todo estaban dirigidos para la atención de la clase obrera, con el de Residencias o Ciudades Sanitarias, que por otra parte en base a mantener un respeto a estos beneficiarios, los estudiantes inicialmente no pudieron hacer prácticas en los mismos. Posteriormente en 1972 se inician las obras de ampliación del hospital que finalizaron en 1976. 
    En 1984 cambia de nombre por el del Río Hortega y en el 2008 pasa a ocupar un nuevo edificio a las afueras de Valladolid. El edificio pasa a integrarse al Hospital Clínico Universitario de Valladolid con el fin de albergar algunos servicios y dependencias en especial para facilitar el desarrollo del Plan Director de remodelación en el edificio de Ramón y Cajal y se le pasa a denominar "Edificio Rondilla"
    Pinchar aquíEste enlace se abrirá en una ventana nueva para ver el Folleto de presentación entregado durante el Acto de Inauguración en 1953.
    Pinchar aquí Este enlace se abrirá en una ventana nuevapara ver la noticia de la inauguración oficial publicada en El Norte de Castilla.
    Fuente: 
    -HISTORIA DE LOS HOSPITALES DE VALLADOLID. Carlos Vaquero Puerta, José Antonio Brizuela, Laura Saiz Viloria
    -https://www.saludcastillayleon.es/HRHortega/es/actualidad/60-aniversario-hurhEste enlace se abrirá en una ventana nueva
  • Añadido el 14 de febrero de 2020
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    La historia de esta casona la reconstruye de forma minuciosa Jesús Urrea, doctor en Historia del Arte, quien ha fijado su mirada en esta joya
    urbanística en diversas publicaciones, como Arquitectura y Nobleza. Casas y Palacios de Valladolid. Allí repasa el devenir de esta propiedad que hunde sus raíces a mediados del siglo XVI, cuando el terreno perteneció a Juan y Fernando, los infantes de Granada, hermanastros del rey Boabdil. Sería el primero de ellos, Juan de Granada, quien se quedó con la propiedad en 1570, cuando los dos hermanos hicieron reparto de sus propiedades en Valladolid. La heredaría después su hijo y la casa perteneció al patrimonio familiar hasta su venta en 1608. Vivió así unos años de esplendor entre 1601 y 1606, cuando Valladolid fue la capital de la corte y durante una temporada albergó en sus habitaciones a Catalina de Erauso, quien pasaría a la historia como la monja alférezEste enlace se abrirá en una ventana nueva, quien durante siete meses y después de escaparse del convento sirvió en la corte disfrazada de varón (con el nombre de Francisco de Loyola) y como paje del secretario del rey.
    Juan Agapito y RevillaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, en su libro Las calles de Valladolid, explica que durante esta época la calle se conocía como de las Angustias, puesto que aquí se encontraba la cofradía de este nombre. «Cuando a principios del siglo siguiente (el XVII) se pasó la cofradía al edificio nuevo de la plaza del Almirante, empezó a titularse aquella como calle de las Angustias viejas». Sin embargo, y poco a poco, se fue perdiendo este nombre y se empezó a conocer como la calle de la Torrecilla, por el voladizo que tenía esta Casa Revilla. Este nombre de Torrecilla ya aparece en el plano de Ventura Seco de 1738, aunque el bautizo oficial no llegaría hasta mayo de 1842 (justo cuatro años antes de que se desmontara el torreón). Ycon este nombre ha llegado hasta el callejero actual.
    Pero, ¿qué pasó con la casa? Habíamos dejado su devenir histórico a principios del siglo XVII. Las escrituras de propiedad consignarían que en 1608 la vivienda perteneció a Luis Mercado y su esposa Leonor de Peromato, quienes transmitieron el palacio a su hija Juana de Mercado, casada con Pedro Antonio de Velasco y Fajardo, caballero de Santiago.
    Los escritos de la época se referían a ella como la Casa de los Velasco, ya que durante buena parte del siglo XVII y XVIIIl a propiedad se asoció con esta estirpe, con propietarios como Pedro Silvestre Velasco Chacón y Fajardo (corregidor de Medina del Campo)y, a su muerte, en 1742, su prima Josefa Velasco.
    ¿Cuándo pasó a conocerse como Casa Revilla? Fue en el momento en el que los marqueses de Revilla emparentaron con los Velasco. La certificación concreta está fechada en 1749. De ese año data el catastro de Ensenada y ya aparece como propietario de este palacio Toribio de Gasea, marqués de Revilla y embajador de España en la corte de Parma. A comienzos del siglo XIX,el propietario era el marqués de Revilla y Aguilares y el relato de Urrea se convierte en este punto en una suerte de reportaje del colorín, lleno de aristócratas que emparentan entre sí. Los marqueses de Revilla se unirían a con los condes de Cancelada (todavía hay quien conoce con este apelativo a la Casa Revilla) y después, la sexta condesa de Cancelada, María Francisca de Paula de Tovar Reguera y Colmenares, se casó con el primer marqués del Duero, el general Manuel Gutiérrez de la Concha. Y sí, entre sus muchas propiedades estaba la Casa Revilla. Así hasta 1852, año en la que el rector de la Universidad, Manuel de la Cuesta, compra el edificio, hace obras para su total rehabilitación y alquila varias habitaciones. Estamos ya en 1857. Cuando el rector muere, la propiedad pasa a manos de su hija Dolores de la Cuesta y Polanco, casada con Francisco de Cossío y Salinas. Y comienza la historia de los Cossío en esta casona.
    La familia Cossío
    Francisco Cossío y Salinas era el abuelo de Francisco de Cossío Martínez-Fortún (1887-1975), quien fue director del Museo Nacional de Escultura y también de El Norte de Castilla (entre 1931 y 1943). El inmueble permaneció en manos de la familia Cossío hasta ese año 1982 en el que lo compró el Ayuntamiento  para destinarla a sede de la "Casa de Cultura", albergando en la actualidad una biblioteca, sala de exposiciones y otras dependencias.
    Fuente: https://www.elnortedecastilla.es/valladolid/201410/20/treinta-anos-cultura-casa-20141019110308_amp.htmlEste enlace se abrirá en una ventana nueva
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