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Ron Lalá aparca el Siglo de Oro en para rendir homenaje al teatro con un thriller futurista con 'Crimen y telón'

Publicada el 2 de febrero de 2018

Noticia del día: el teatro ha muerto. "Su cadáver ha sido encontrado en un teatríbulo clandestino"; así lo recogen los periódicos del día. Estamos en  el año 2037 y la compañía Ron Lalá se pone al frente de una investigación del caso Crimen y Telón, montaje con el que la formación dirigida por Yayo Cáceres regresa a sus orígenes en lenguaje y estilo y se enfrenta, por primera vez, al thriller y a una distopía futurista.

La obra reivindica el teatro y el arte a partir de una imaginada sociedad en la que cualquier amago de creatividad está penado y perseguido. Siempre con el humor como arma para remover conciencias, los ronlaleros "nos reímos de la situación de la cultura, pero para poner la lupa" en un escenario "del que tenemos una cuota de responsabilidad como espectadores y ciudadanos", según ha apuntado el actor Juan Cañas durante la presentación del montaje que podrá verse este fin de semana en el Teatro Calderón de Valladolid.

Junto a él han estado sus compañeros Íñigo Echevarría, Daniel Rohalvez, y Miguel Magdalena –también responsable de la dirección musical- y el director del Calderón, José María Viteri; teatro al que regresa la formación por cuarto año, después de haber recalado con Siglo de Oro, siglo de ahora (el pasado mes de mayo), Cervantina (2016) y En un lugar del Quijote (2015).

La historia detectivesca es, a su vez, "un striptease teatral", según Echevarría, que desnuda los entresijos técnicos –de hecho, el director y varios técnicos comparten tablado con los actores- detrás de la escena. El original tratamiento con el que la compañía aborda por primera vez el género negro pasa también por involucrar a un público que se convierte en sospechoso del asesinato desde que se levanta el telón.

Argumento y técnica se revisten del sello de Ron Lalá –"música en directo, ritmo frenético e ironía", ha señalado el actor-, pulido después de sus colaboraciones con la Compañía Nacional de Teatro Clásico en Cervantina y En un lugar del Quijote, pero que mira a sus orígenes como compañía. "Queríamos recuperar ese punto irreverente y gamberro" y su delirante ritmo narrativo, ha explicado Cañas; "que después de una hora y media el espectador salga del teatro como si hubiese estado en una centrifugadora".

Entre los retos a los que se enfrentan con este nuevo montaje –arrancar situaciones cómicas del género negro, conciliar su madurez como compañía con la frescura de sus orígenes y saltar del Siglo de Oro a un ambiente futurista, han apuntado los ronlaleros- figura una banda sonora que, superado el siglo cervantino, les ha permitido innovar y quitarse varias espinas. "La música que hemos creado para este mundo distópico es totalmente distinto, hemos recuperado la batería que utilizábamos en nuestros primeros montajes, creamos un contraste entre sonidos eléctricos y acústicos", ha explicado Miguel Magdalena, quien ha confesado haber cumplido un sueño con este montaje: introducir un piano de cola en el escenario.

 

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