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Inaugurada la exposición “DURERO. El artista y su tiempo”, una selección de setenta grabados del gran introductor del Renacimiento en el norte de Europa

Las obras proceden del Fugger und Welser Erlebnismuseum de Augsburgo

Publicada el 5 de septiembre de 2019
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Desde hoy jueves, 5 de septiembre, puede contemplarse en la Sala Municipal de Exposiciones del Museo de Pasión de Valladolid, la muestra "DURERO. El artista y su tiempo", que ha sido presentada por la concejala de Cultura y Turismo, Ana María Redondo, y la comisaria de la exposición y vicedirectora del Fugger und Welser Erlebnismuseum, Katharina Dehner.


Esta muestra ofrece una selección de setenta grabados de Durero con los que se pone de relieve su genialidad creadora, su curiosidad y la capacidad para captar, asumir y difundir un lenguaje nuevo, el Renacimiento, en el norte de una Europa inmersa en la preponderancia del gótico flamenco. Las obras proceden del Fugger und Welser Erlebnismuseum de Augsburgo.


La exposición se presenta como un proyecto de cultura y territorio, con un marcado carácter pedagógico, mediante un discurso en el que la producción del gran introductor del Renacimiento en el norte de Europa se contextualiza en su entorno social, político y económico además de en su producción artística. Pero lejos de querer ofrecer una imagen aislada del artista, en esta exposición se desea dar a conocer la inmensa riqueza de hechos y personajes históricos que rodearon a la figura de Durero.


Artista del emperador Maximiliano I de Habsburgo de quien este año se conmemoran los 500 años de su fallecimiento, Durero es un actor fundamental en la difusión de la imagen asociada al poder. Para ello se servirá de un excelente medio de divulgación como es el grabado, el cual le permite una libertad creativa que no le podía conceder la pintura, en la que se imponían los deseos de sus comitentes.


El grabado y la imprenta, recién inventada en Alemania, constituyen el medio escogido por el emperador para consolidar su imagen y la de su monarquía en Europa, como lo confirma el grabado presente en la muestra ‘Gran Carro Triunfal’. Y así lo hará también su nieto y sucesor Carlos V, a cuya coronación en la ciudad de Aquisgrán asiste Durero en 1520, recibiendo también de él una dote vitalicia, dando continuidad a la que le concediera Maximiliano I.


Es a través de sus grabados como la propia imagen de Durero como artista genial se difunde rápidamente por toda Europa. Numerosos retratos de personajes importantes se unen a la obra religiosa de la que se muestra obra individual y series como ‘La vida de la Virgen’ o la ‘Pasión pequeña en cobre’ de gran trascendencia a lo largo de la historia del arte. Junto a ellos, una selección de los grabados que se han conformado como grandes referentes de la historia universal del arte como ‘Melancolía I’ y ‘El caballero la muerte y el diablo’.



SOBRE LA MUESTRA


La exposición recoge una selección de los grabados más representativos del artista, desde sus primeras obras anteriores al año 1500 hasta su apogeo ya a principios del siglo XVI, que ponen de relieve su maestría y su búsqueda constante de la belleza absoluta. Entre las piezas expuestas, encontramos títulos emblemáticos como el Gran carro triunfal de Maximiliano I, Melancolía I o El caballero, la muerte y el diablo. La exposición reúne imágenes de temáticas variadas: grabados religiosos (La Sagrada familia con tres liebres; San Jerónimo en el bosque y San Eustaquio), pintorescos (Cerdo monstruoso de Landser) mitológicos (Lucha entre Hércules y Caco), alegóricos (Escudo de armas con calavera) y retratos (Willibald Pirckeimer o El cardenal Alberto de Brandeburgo), entre otros.


De hecho, Durero hizo del grabado un arte mayor a comienzos del siglo XVI e influyó, con su obra gráfica, en todo el arte europeo hasta nuestros días. A partir de sus grabados, la muestra además estudia la relevancia del contexto político, social y económico que encumbró al artista y que, en definitiva, ha acabado configurando la Europa actual. La muestra pone el acento en la influencia de los banqueros y prestamistas alemanes, en las monarquías europeas y en la Iglesia, y con ello en la conformación de la política de Europa y del Nuevo Mundo. También destaca aspectos imprescindibles de ese momento, como la aparición de la imprenta que revolucionó, entre otros, la técnica del grabado; el peso de la religión en todas las esferas, así como la pugna entre catolicismo y protestantismo con la aparición de Lutero. En suma, la muestra aborda la historia del viejo continente en el momento en que transitaba del mundo medieval al Renacimiento.



Genialidad temprana. Los grabados del artista anteriores a 1500.


Durero ingresó en el taller de Michael Wolgemut con quince años como continuación al aprendizaje iniciado con su padre. Wolgemut es el gran maestro de la xilografía y a él se debe que este arte se emancipe del mundo de los editores.


La producción de Durero anterior a 1500 es fundamental en su trayectoria. Como defiende Erwin Panofsky, las obras creadas entre 1495 y 1500 constituyen el primer máximo de la carrera del artista. En 1495, tras sus viajes a Basilea e Italia, el artista se establece de manera independiente y ya en 1496 el elector de Sajonia, Federico el Sabio, se convirtió en uno de sus clientes de por vida, tras conocer las extraordinarias dotes del artista. El inicio de la carrera de Durero está íntimamente ligado al comienzo de la maestría de la gráfica. Erasmo de Rotterdam lo inmortalizó como grabador antes que como pintor, escribiendo que superaba al propio Apeles, pues alcanzaba con líneas negras lo que aquél lograba necesitado de la ayuda del color.


Y el propio Durero, comprobando la rentabilidad de la gráfica frente a la pintura, llegó a afirmar: "De ahora en adelante me dedicaré al grabado. Si lo hubiera hecho antes, hoy día tendría mil florines más". A partir de ese momento, sus obras contienen su conocido monograma, AD. Difundiendo su firma, Durero manifiesta su concepción del artista dentro de los parámetros del nuevo hombre del Renacimiento.



La maestría técnica (1500-1505).


Junto a la xilografía, Durero empleará también el buril y la punta seca para la ejecución de su obra gráfica de ese periodo. Su monograma AD ya no aparecerá directamente sobre el papel a modo de firma, sino que estará contenido en una tablilla o cartellino. Al mostrarse de esta manera, sobre uno de los objetos, dota al papel de la naturaleza del espacio pictórico, lejos ya de su originaria relación con el libro.


En su segundo viaje a Italia, entre 1505 y 1507, Durero es ya un maestro consagrado que busca conocimientos pictóricos para aplicar a su trabajo. A partir de este viaje a Venecia sus buriles y xilografías se diferencian de los anteriores por la ampliación de la gama de matices y el efecto de claroscuro que contienen.


En el camino de su viaje a Venecia se detuvo también en Augsburgo. Esta ciudad tenía gran peso en Venecia debido al papel económico preponderante de la familia de banqueros Fugger, tan ligados a la vida del artista como, sobre todo, a la de Maximiliano I y Carlos V. El detenimiento en la miniatura con carácter minucioso es típico de grabados de 1503 como San Eustaquio, Némesis o el Escudo de armas con calavera o Escudo de armas de la muerte.



El establecimiento del canon (1513-1514).


En torno a los años 1513 y 1514, el genio de Durero alcanza su apogeo con una serie de trabajos memorables. El caballero, la muerte y el diablo (1513), Melancolía I (1514) y La Virgen con el Niño al pie de la muralla (1514) son tres obras con una gran distancia argumental, pero con una enorme proximidad por su calidad y perfección. Si la obra El caballero, la muerte y el diablo simbolizan al guerrero de Cristo, armado por la fe y el espíritu; Melancolía I habla de forma alegórica del desasosiego del artista y su dimensión espiritual, convirtiéndose en el verdadero autorretrato intelectual de Durero.



El inicio del aguafuerte y los retratos.


Durero se inicia en la técnica del aguafuerte, que se utilizaba en la decoración de armaduras y es probable que se familiarizase con la técnica gracias a su colaboración con armeros. De hecho, se conservan los dibujos de diversas armaduras que el artista realizó para Maximiliano. El aguafuerte permite a Durero mayor libertad que con las otras disciplinas de grabado, puesto que se asemeja al dibujo a pluma, también en su inmediatez. Sin embargo, el artista pronto asume que le llevan demasiado tiempo, lo que supone un problema tanto para satisfacer el alto número de comitencias que recibe como para sus planes comerciales.


Quien puntualmente protegió a Lutero, Federico el Sabio, elector de Sajonia, es el primero que confió en la capacidad del artista, a quien realizó numerosos encargos durante toda su vida. Entre ellos el conocido como Retablo de Dresde y la Adoración de los Magos, actualmente en la Galería de los Uffizi.


El Cardenal Alberto de Brandeburgo fue retratado en verano de 1518, con ocasión de la Dieta de Augsburgo, momento en el que también pinta a Maximiliano I y a Jacob Fugger. A este último, lo retrata de nuevo a buril en 1523.


El otro personaje retratado que podemos contemplar es a quien Durero considera "su único amigo", el humanista Willibald Pirckheimer. Descendía de una de las familias más acaudaladas de Núremberg. Su formación, en palabras de Panofsky, lo convirtió en "uno de los hombres más doctos de una época docta en grado sumo". Fue Pirckheimer quien instruyó a Durero en el Mundo Clásico y le puso al día en el pensamiento de su época. También quien acercó al artista al emperador Maximiliano I, que dispuso una renta vitalicia para Durero y le encargó numerosa obra gráfica. También es el autor del texto y la selección iconográfica del Gran Carro Triunfal.



El Gran carro triunfal de Maximiliano I (1515-1522)


El complejo proyecto del Arco de triunfo (realizado entre 1515 y 1517) debía completarse con un gran "Cortejo o desfile triunfal". Este constaba de 137 estampas y se erigía, por su envergadura y ambición, en la segunda mayor iniciativa del emperador para cimentar su fama en todo el imperio.


Durero preparó un estudio en torno a 1516, antesala del dibujo definitivo a color que le fue presentado al emperador en 1518. La muerte del emperador un año después acabó determinando que el Gran carro triunfal se ejecutase como un tema independiente, con un programa iconográfico propio diferenciado del solicitado para el Cortejo o desfile triunfal.


Gracias al escrito de Pirckheimer, que acompañó el dibujo ofrecido a Maximiliano I, es posible desentrañar la totalidad del contenido simbólico y alegórico del carro. Los tacos de madera fueron tallados por un equipo dirigido por Hieronymus Andreae, quien desde 1515 preparó la mayoría de las xilografías de Durero. Se publicó en 1522, figurando Alberto Durero como impresor, con texto en alemán. En 1523 se realizó una nueva edición con texto en latín, y se conocen otras tres más posteriores, también del siglo XVI.


ALBERTO DURERO (Núremberg, 1471-1528).


Pintor y grabador alemán. Hijo de un orfebre procedente de Hungría que había emigrado a la ciudad imperial de Núremberg en 1455, donde se estableció y casó en 1467. Este origen familiar, así como el ambiente cultural y artístico de Núremberg, explican lo precoz de la vocación artística de Durero. Recordemos que su familia vivía en las inmediaciones de la casa de los Pirckheimer, uno de los cuales, el humanista Willibald, sería uno de los grandes amigos y valedores del artista, y Michael Wolgemut, el pintor con el que Alberto dio los primeros pasos en su arte. Otro de los hechos clave en la formación del artista lo constituyen sus viajes de juventud, el primero de ellos realizado en 1489, cuando parte para la región del Alto Rin, visitando Basilea y Colmar. Fue en la primera de estas dos ciudades en la que tuvo noticia de la muerte de Schongauer, al que tenía intención de conocer en Colmar; a pesar de este acontecimiento, no dejó de visitar la ciudad. Como es sabido, serán las estampas del maestro alemán uno de los puntos de partida de la obra dureriana. Durante 1493, Durero vivió en Estrasburgo y al año siguiente regresó a su ciudad natal, donde se casó con Agnes Frey, lo que no es óbice para que a los dos meses de su boda inicie su primer viaje a Venecia (1494-1495). Es éste uno de los acontecimientos capitales de su vida. Durante el trayecto de ida, al atravesar los Alpes, el artista realiza algunas de sus famosas acuarelas paisajísticas, verdadero descubrimiento de la naturaleza por parte del renacimiento del norte, y en Venecia entra en contacto con Bellini.


Por estos años, Durero ya ha realizado varios autorretratos, tanto dibujados como en pintura. En 1498 realiza el conservado en el Museo del Prado. Fue al regreso de Venecia cuando Durero abrió taller propio en Núremberg. Se termina así lo que pudiéramos llamar su etapa de aprendizaje. Es en estos años finales del siglo XV cuando realiza algunas de sus primeras grandes series de xilografías, como son la Gran Pasión y El Apocalipsis, que constituirán uno de los pilares de su fama hasta el fin de sus días. Son también los años del inicio de su relación con Federico el Sabio y otros amigos humanistas, que culminan con el célebre Autorretrato de la Alte Pinakothek de Múnich (1500), verdadero icono de una nueva época para todo el renacimiento alemán. En el otoño de 1505, y hasta 1507, Durero realizó su segundo viaje a Italia, visitando Venecia y, posiblemente, Roma. Se trata de una estancia, la de Venecia, muy bien documentada por la existencia de diez cartas que desde allí envió a su amigo Pirckheimer. En esta ocasión Durero fue recibido en la ciudad italiana como artista famoso: allí era considerado «como un señor», como él mismo dice en una célebre misiva a su amigo, quien, por otra parte, había costeado su viaje.


De estos momentos son obras tan importantes como La Virgen del Rosario (Palacio Sternberk, Praga), realizada para la iglesia de San Bartolomé, el templo de los alemanes en Venecia, cuya iconografía es una llamada a la concordia entre el papa Julio II y el emperador Maximiliano i, entonces en guerra, y Cristo entre los doctores (Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid), pintada, como el mismo artista dice, en cinco días, probablemente en Roma. La experiencia de este segundo viaje a Italia señala el origen del periodo de madurez de Alberto Durero. A partir de este momento, nos encontramos con un personaje no ya solo consciente de su valía, sino en posesión de una sólida formación teórica y en pleno dominio de sus facultades. La huella del incipiente clasicismo italiano, unido a sus crecientes preocupaciones religiosas, marcan ya el resto de su carrera hasta su muerte. Dos pinturas como Adán y Eva (Prado), realizadas en 1507, solo tres años después de la estampa del mismo tema, son un buen indicio de sus preocupaciones por el tema de la belleza del cuerpo humano y por el de la teoría de las proporciones. Una buena muestra de sus intereses religiosos y los de sus comitentes -recordemos que nos encontramos en el agitado ambiente espiritual de la Alemania de los inicios de la Reforma- es la tabla de La Santísima Trinidad, también conocida como Altar Heller, cuya iconografía se relaciona con La ciudad de Dios de san Agustín, así como series de estampas, como la Vida de la Virgen (1511), o la Pasión grabada (1510), auténticas exploraciones en el carácter divino, pero también humano, de los personajes clave de la Redención.


La culminación de la obra grabada de Durero la constituyen sus llamadas «tres estampas maestras». En El caballero, la muerte y el diablo (1513) nos proporciona una de las mejores imágenes del caballero cristiano, el miles christi, un tipo humano y cultural clave para el llamado humanismo cristiano, cuyo mejor representante fue Erasmo; en San Jerónimo (1514) tenemos la mejor representación del intelectual cristiano de este momento; por fin, en Melancolía I, una de las más célebres imágenes de la historia, Durero aporta su idea del artista como personaje melancólico absorto en profundas e intelectuales cavilaciones. Desde 1515, Alberto entra en profunda colaboración con el emperador Maximiliano I. Por medio de programas artísticos como el Carro triunfal, el Arco de triunfo o la ilustración de libros como el Weiskunig o el Theuerdank, Durero crea una de las iconografías del poder más potentes de toda la historia, que culminan en el Retrato de Maximiliano I (Kunst­historisches Museum, Viena). Entre 1520 y 1521, Durero realizó un viaje a los Países Bajos del que nos ha dejado un detallado diario. En este periplo, del que también conservamos numerosos dibujos, visitó a artistas como Quinten Massys, Joachim Patinir, Bernard van Orley o Conrad Meyt y conoció a humanistas de la talla de Erasmo y a políticos como Margarita de Austria y Carlos V.


Los últimos años del artista se centran en sus preocupaciones de tipo religioso, patentes en su interés por las ideas de Lutero, su relación con Erasmo de ­Róterdam, del que estampa un célebre retrato ya en 1526 y, sobre todo, en unas pinturas como Los cuatro apóstoles, de la misma fecha, verdadero testamento espiritual del artista. Pero también son los años en los que mayores son sus especulaciones puramente teóricas acerca del arte, cuando a través de obras como sus Cuatro libros acerca de la proporción humana (1528), Instrucciones sobre la manera de medir con el compás y la es­cuadra en las líneas, los planos y los cuerpos sólidos (1525) o La teoría de la fortificación de las ciudades, los castillos y los burgos (1528), completó una importante obra escrita. En resumen, ante la vida y la obra de Alberto Durero nos encontramos, por supuesto, con el más importante artista europeo de su tiempo fuera de Italia, y con el único parangonable, por sus preocupaciones y actividades, con Leo­nardo da Vinci. Como este último, Durero pensaba que «la experiencia cuenta mucho», pero que a un acercamiento empírico a la realidad hay que unir otro esencialmente intelectual: «ésta es la razón -decía- por la cual un artista experto no necesita copiar cada imagen de un modelo vivo, pues le es suficiente producir lo que a lo largo de mucho tiempo ha atesorado en sí mismo».


Para esta exposición, que se dirige a todos los públicos, se ha diseñado un material para escolares, asociaciones y colectivos que consiste en una propuesta de itineración por la exposición en la que se proponen diferentes recorridos y preguntas reflexión sobre lo visto. Los centros escolares y asociaciones que lo deseen pueden llamar al teléfono 902 500 493 para reservar día y hora para realizar la visita guiada gratuita que se ofrece.


La exposición permanecerá abierta hasta al 24 de noviembre de 2019.


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