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Valladolid presenta la exposición “Miró y Brossa. 100 años” que pone de manifiesto la excelente relación personal y artística entre Joan Brossa y Joan Miró

Organizada con ocasión del centenario del nacimiento de Joan Brossa puede visitarse en la Sala de la Pasión

Publicada el 18 de septiembre de 2019
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Desde hoy miércoles, 18 de septiembre, se exhibe en la sala Municipal del Museo de la Pasión la exposición "MIRÓ y BROSSA. 100 AÑOS", que se muestra con ocasión del centenario del nacimiento de Brossa y que pone de manifiesto la excelente relación personal y artística entre Joan Brossa y Joan Miró. A la presentación han asistido la concejala de Cultura y Turismo, Ana María Redondo, y el comisario de la muestra, Óscar Carrascosa.


La obra del poeta, más reconocido en su faceta como artista plástico, se muestra en paralelo a la de Miró, en una reflexión sobre la influencia que la poesía, la palabra y la semiótica tienen en la creación plástica de Joan Miró.

Brossa, uno de los más activos integrantes del grupo vanguardista Dau al Set, conoce a Miró en 1941 gracias a la amistad que unía a Brossa con el también poeta Foix. La relación entre Miró y Brossa se estrecha con el paso de los años y serán numerosas las colaboraciones artísticas que llevarán a cabo conjuntamente.


La buena relación que se establece desde entonces se manifiesta en numerosos libros, como 'Oda a Joan Miró' (1973) y 'Tres Joans' (1978) un libro homenaje a los tres Juanes: Miró, Brossa y Prats y que forman parte de la exposición.


Miró y Brossa 100 años se articula en torno a la figura de ambos artistas de manera independiente y a la interrelación que se establece entre ellos, así como al diálogo con otros artistas que configuran el panorama artístico contemporáneo en la segunda mitad del siglo xx.


La colaboración entre ambos creadores es amplia, como lo será con muchos otros poetas catalanes. Para Joan Brossa, "Miró era, és, verdaderamente el pintor de los poetas". Gran lector de poesía, Joan Miró se relaciona estrechamente con el mundo literario que le rodea, como lo atestigua su biblioteca personal, actualmente en la Fundación Miró. La relación de Miró con poetas como Foix, Salvador Espriu o Pere Gimferrer, le llevan a pintar poemas de manera plástica. Miró toma la revolución poética como un principio moral con el que poder escapar de la tradicional cultura humanística.


Brossa considera el arte y la poesía como una aventura, una pregunta abierta, como lo son sus producciones teatrales. En la poesía visual, su faceta más conocida, la letra se emancipa de la palabra ‘no es dibujo ni pintura sino un servicio a la comunicación’. Una búsqueda de nuevos terrenos entre lo semántico y lo visual para superar ambos términos. Valora la imagen en cuanto supone un cambio de código, en un juego constante entre significante y significado, creando un universo alrededor del signo que extrae del propio contexto alfabético.


Los poemas visuales, su producción artística más conocida, se suman a su incursión en el mudo del cine y sobre todo del teatro, del que escribe más de trescientas obras. Un teatro en el que Brossa rompe siempre los esquemas clásicos.


La prestidigitación y el ilusionismo forman parte habitual de su producción plástica y literaria, donde establece claros paralelismos entre la magia y la poesía, un lenguaje poético en el que investiga sobre el propio uso de la palabra.



JOAN BROSSA


Joan Brossa, es el poeta vanguardista catalán más importante del siglo XX. Comenzó a escribir ocasionalmente cuando fue movilizado durante la Guerra Civil española. De regreso a Barcelona (1941), conoció J.V. Foix, Joan Miró y Joan Prats. Gracias a sus consejos y dentro de una línea neosurrealista comenzó a escribir sonetos, prosas, odas y teatro (que él llamaba «poesía escénica»).


El mismo año 1941 y de acuerdo con los parámetros futuristas, hizo los primeros poemas visuales (que entonces llamaba «experimentales»). Su primer objet trouvé es de 1943, su primer emparejamiento de objetos distantes es de 1950 y su primera instalación, en el escaparate de una sastrería, es de 1956. En 1948 fundó la revista Dau al Set con Antoni Tàpies, Joan Ponç, Modest Cuixart, Arnau Puig y Joan-Josep Tharrats, y en 1951 participó en la exposición del grupo en la Sala Caralt con tres poemas experimentales.


A partir de 1950 y debido a los contactos con el poeta brasileño João Cabral de Melo la poesía de Brossa (con el libro Me hizo Joan Brossa) hizo un giro radical hacia el compromiso social. Este interés político también lo puso de manifiesto Brossa en odas, sonetos y obras de teatro de una estructura más tradicional (como El pedestal son los zapatos de 1955, entre los libros de poesía, o Los beneficios de la nación de 1958 y Oro y sal de 1959, entre los de teatro). Por otro lado, sin embargo, hubo un interés conceptual, que desarrolló especialmente a partir de los años sesenta (Poemas civiles, 1960; El tentetieso, 1963, etc.). Esto lo llevó durante esa década a experimentar a fondo con la poesía visual y los poemas objeto, unos géneros que jamás abandonaría. En 1960 participó, invitado por Miró, en la exposición Poètes, peintres, sculpteurs en la Galería Maeght de París.


Simultáneamente iniciaba las colaboraciones con artistas como Antoni Tàpies o Joan Miró, que poco a poco iría ampliando hacia valores de la plástica de todas las generaciones: Eduardo Chillida, Frederic Amat, Perejaume, Alfons Borrell, José Niebla, etc. En todos los casos, el resultado son libros muy singulares como Novela (1965, con Tàpies), una obra maestra de arte conceptual, o Tres Juanes (1978, con Miró), donde la complicidad entre el veterano pintor y el poeta es total. Por otro lado, dentro del mundo de la poesía visual, fue reconocido desde el principio y en el año 1971 participaría ya en exposiciones colectivas tanto en Cataluña como en el extranjero.


Paralelamente, a partir de la sorpresa que supuso en el momento de su publicación Poesía Rasa (1970) (selección de libros escritos desde 1943, continuada en Poemas de cordura y cabello y en Rúa de libros) y los seis volúmenes de Poesía escénica (entre 1973 y 1983) Brossa se fue imponiendo como una de las figuras capitales de la literatura catalana contemporánea, al tiempo que empezaba a ser reconocido internacionalmente como artista plástico. Poco a poco la obra de Brossa era requerida por doquier, pero desde de su primera antológica en la Fundación Joan Miró de Barcelona (1986), las exposiciones se convirtieron en una constante para el poeta. Entre ellas, la del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid (1991) le otorgó auténtica reconocimiento internacional. Además, su obra había llegado a la calle mediante los llamados «poemas corpóreos», como el Poema visual transitable del velódromo de Barcelona (1984). Estos poemas fueron convirtiéndose en un paisaje habitual para los barceloneses y para los habitantes de ciudades de alrededor de la capital catalana, pero también de Mallorca, de Andorra e, incluso, de lugares tan alejados como Frankfurt am Main y La Habana. Otro hito importante en su carrera artística fue la exposición Joan Brossa, entre las cosas y la lectura en el Palau de la Virreina de Barcelona en 1994. Brossa llenó todo el palacio de instalaciones inéditas demostrando así su capacidad de transformar la realidad y sorprender al espectador.


De todos modos, la dedicación hacia la plástica nunca supuso una interrupción de su enorme obra literaria y teatral. En cuanto a la escena, ya desde los años cuarenta había escrito acciones-espectáculo (precedentes de los happening y las performances) y más tarde derivó hacia todo tipo de géneros parateatrales, como los monólogos de transformación, los ballets y los conciertos, al tiempo que profundizaba en el teatro de texto, los libretos de ópera o los guiones cinematográficos (aparte de unos proyectos de 1948, es de todos conocida su aportación al cine de Pere Portabella). Son remarcables las colaboraciones con los músicos Josep M. Mestres Quadreny y Carles Santos, con los que consiguió relieve internacional gracias a estrenos como Suite bufa (con Mestres) en Burdeos y en Nueva York en 1966 o Concierto irregular (con Santos) en St. Paul-de-Vence en 1968.


En cuanto a la poesía propiamente dicha, en la década de los setenta comenzó a desarrollar un nuevo género poético, la sextina, forma medieval con la que experimentó hasta los límites (sus cuatro libros de sextinas están recogidos en Viaje por la sextina, 1987). En sus últimos poemarios, se constata una contenida y emotiva reflexión sobre la vida y la muerte, llena de digresiones y serenidad (Pasado fiestas 1995, La llave en la boca 1997, Sumario astral, 1999). Los últimos años de su vida recibió premios en todos los géneros que había practicado y desde todo tipo de instancias. Entre otros, el Premio Ciudad de Barcelona, 1987; la medalla Picasso de la Unesco, 1988; el Premio Nacional de Artes Plásticas de la Generalitat de Cataluña, 1992, o la Medalla de Oro de las Bellas Artes del Ministerio de Cultura, 1996. En 1999, con ocasión de su 80 aniversario, debía recibir el doctorado honoris causa por la Universidad Autónoma de Barcelona, lo que no fue posible debido a su muerte inesperada.


En el terreno internacional hay que destacar la presencia de Brossa en el Art’20 de Basilea (1989) y en las bienales de Sao Paulo (1994) y de Venecia (1997) y las exposiciones individuales en Múnich (1988), Nueva York (1989 ), Ceret-Colliure (1990), Houston (1990), Londres (1992), Marsella (1993), Malmö (1993), París (1995), Kassel (1998) o México y Monterrey (1998), entre otros. Tras su muerte, fue la gran antológica de 2001 en la Fundación Joan Miró de Barcelona la que otorgó a Joan Brossa la consagración definitiva. Desde 2005 y hasta la actualidad otras exposiciones antológicas suyas han recorrido varias ciudades de Chile, Brasil, Argentina, Portugal, Austria, Chequia, Suecia, Francia, Alemania y Polonia.



JOAN MIRÓ


Joan Miró nace en Barcelona en 1893, pero sus paisajes emocionales, los que lo formarán como persona y artista, son esencialmente Mont-roig, París, Mallorca y más adelante Nueva York y Japón. Mont-roig, una pequeña población de la comarca del Baix Camp, será el contrapunto a la agitación intelectual que vive en París en los años veinte junto a los poetas surrealistas, y al estímulo del expresionismo abstracto que descubre en Nueva York en los años cuarenta. Más tarde, en plena Segunda Guerra Mundial, Joan Miró abandonará su exilio en Francia y se instalará en Palma de Mallorca, espacio de refugio y de trabajo, donde su amigo Josep Lluís Sert diseñará el taller que siempre había soñado.


El arraigo al paisaje de Mont-roig primero y al de Mallorca después será determinante en su obra. El vínculo con la tierra y el interés por los objetos cotidianos y por el entorno natural serán el trasfondo de algunas de sus investigaciones técnicas y formales. Miró huye del academicismo, a la búsqueda constante de una obra global y pura, no adscrita a ningún movimiento determinado. Contenido en las formas y en las manifestaciones públicas, es a través del hecho plástico donde Joan Miró muestra su rebeldía y una gran sensibilidad por los acontecimientos políticos y sociales que lo rodean. Este contraste de fuerzas le llevará a crear un lenguaje único y personalísimo que lo sitúa como uno de los artistas más influyentes del siglo XX.


Nació el 20 de abril de 1893 en Barcelona en el seno de una familia acomodada. Era un niño introvertido y de salud frágil. Pese al talento artístico de Miró, su padre intentó persuadirlo para que fuera fraile o soldado.


Su padre logró que se matriculara en una escuela de comercio, aunque simultáneamente frecuentaba 'La Escuela de la Lonja', famosa academia artística por la que el propio Picasso había pasado fugazmente unos años antes. Al finalizar sus estudios mercantiles, fue contratado por una empresa química de la que fue despedido por pintarrajear en los libros de contabilidad.


Cursó estudios en la Escuela de Bellas Artes y en la Academia Gali de su ciudad natal. Realizó su primera muestra individual en las Galerías Dalmau (1918). En sus trabajos anteriores a 1920 aparecen influencias fauvistas, del cubismo y de los frescos románicos catalanes. En el año 1920 viaja a París donde hace amistad con Pablo Picasso, conoce a Tristan Tzara y Max Jacob y asiste a eventos dadaístas.


En 1921 expone en solitario en la Galerie La Licorne. Un año después forma parte del "Grupo de la rue Blomet" junto a André Masson, Antonin Artaud y otros. Miró parte de la memoria y de lo irracional para crear obras que son transposiciones visuales de la poesía surrealista como en El campesino catalán de la guitarra (Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid), El carnaval del arlequín (1925, Galería Albright-Knox, Buffalo) o Interior holandés (1928, Museo de Arte Moderno, Nueva York).


El éxito de Miró radicaba en su capacidad para seducir al público con la percepción espontánea de su lenguaje de formas onduladas y su irresistible atractivo cromático. La composición de sus obras se organiza sobre fondos planos de tono neutro y están pintadas en una gama corta de colores vivos, especialmente azul, rojo, amarillo, verde y negro. En ellas se disponen siluetas amorfas alternando con líneas acentuadas, puntos, rizos o plumas. Posteriormente produjo obras más etéreas en las que las formas y figuras orgánicas se reducen a puntos, líneas y explosiones de color.


Aunque identificado con la causa republicana, volvió a España en 1940 tras el inicio de la II Guerra Mundial. Experimentó con otros medios, como grabados y litografías, a los que se dedicó especialmente en la década de 1950. También realizó acuarelas, pasteles, collages, pintura sobre cobre, escultura, escenografías teatrales y cartones para tapices. Sin embargo, las creaciones que han tenido mayor trascendencia, junto con su obra pictórica, son sus esculturas cerámicas, entre las que destacan los grandes murales cerámicos La pared de la Luna y La pared del Sol (1957-1959) para el edificio de la UNESCO en París y el mural del Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid. La Fundación Miró de Barcelona fue inaugurada en 1975.


Recibió prestigiosos galardones internacionales como el premio Guggenheim, fue investido doctor 'honoris causa' por Harvard y nombrado caballero de la Legión de Honor de Francia. Además, en 1980 recibió de Juan Carlos I la Medalla de Oro de las Bellas Artes de España. Joan Miró falleció el 25 de diciembre de 1983 en Palma de Mallorca.


La exposición permanecerá abierta hasta el 1 de diciembre.



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