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El Ayuntamiento de Valladolid fue sujeto regulador de la mayoría de la fiestas existentes en la capital a finales del siglo XIX. Del mismo modo, el Consistorio fue el principal promotor de las posibilidades de ocupación del tiempo libre de los habitantes de la ciudad. Las ferias celebradas en Valladolid en aquellos años estuvieron pensadas tanto para el recreo de los propios vecinos como para atraer a los forasteros de los pueblos de la provincia, una fuente de ingresos económicos nada despreciable. La oferta de ocio fue creciendo y diversificándose sustancialmente entre 1875 y 1885: se inauguró el Teatro Zorrilla, se puso en funcionamiento el vapor "Miguel Íscar", se amenizaron los "paseos" con música de banda... Los toros, los bailes, el juego de pelota, la incipiente presencia de "velocípedos", los fuegos artificiales...